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La huelga bancaria del año 1969

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En los años 1968 y 1969 las luchas de los trabajadores contra la política anti-obrera del gobierno oligárquico de Jorge Pacheco Areco, fue en aumento.

Estas cifras ilustran la afirmación anterior. Dan una idea de los niveles de lucha alcanzados por ejemplo en el año 1968:

134 huelgas en empresas estatales y oficinas públicas, 130 en empresas privadas, 56 en Institutos de Enseñanza. Hubo además 446 paros y ocupaciones de fábricas y oficinas. Se realizaron numerosas demostraciones obreras, 220 manifestaciones estudiantiles. Cinco paros generales, cada uno de ellos con medio millón de trabajadores parando. Hubo además tres paros generales de la industria privada.

Esto ocurrió en el año 1968 bajo Medidas Prontas de Seguridad. Las que fueron levantadas provisoriamente en marzo de 1969, pero nadie en el movimiento obrero se hizo falsas ilusiones.

El año 1969 conoció un nivel de luchas aún mayor que el año anterior.

Wladimir Turiansky solía destacar tres conflictos “eje” en ese año crucial: las huelgas de los frigoríficos, de UTE y el conflicto de los bancarios. La represión se lanzó a fondo y fue dura y generalizada buscando destruir y dividir al movimiento obrero.

En los conflictos de UTE y bancarios apareció una novedad: la militarización de todos los trabajadores en huelga. Piénsese solo por un minuto, la magnitud de una huelga que llegó a cortar los servicios de luz y teléfonos y la de AEBU que le apretó el cuello a la oligarquía y a la vez le impidió seguir estrangulando al país.

Hay que destacar la entereza de los trabajadores para enfrentar una huelga con esas características. Los trabajadores y los dirigentes sabían que se enfrentaban a un gobierno sin escrúpulos y que al afectar servicios esenciales, repercutiría en la opinión pública. Se sabía que los medios (la gran prensa) y el gobierno se iban a tirar con todo.

La huelga…

AEBU ha sido y es un baluarte de la CNT, hoy PIT-CNT. Ha demostrado en varias oportunidades su alto nivel de conciencia gremial y política. Fue puesto a prueba en ese año 1969.

El gobierno oligárquico de Pacheco que aplicaba las recetas del FMI se proponía dominar la economía uruguaya y necesitaban para ese operativo a la alta banca. Desde ese enorme poder económico que significaba el sistema bancario trustificado, los Peirano, Abadie, Charlone y cía., pensaban dominar al conjunto de la economía nacional para ponerla totalmente al servicio de sus intereses y del capital extranjero transnacional.

Por lo tanto, no podían permitir la acción de una Asociación de Bancarios, no solo filial y fundadora de la CNT, sino impulsora combativa de la nacionalización del ahorro y de la banca. Así estaban planteadas las cosas.

El gobierno reaccionario de Pacheco Areco buscaba dos objetivos relacionados:
1- Hacer una “reestructura bancaria” que en realidad consistía en una concentración bancaria acelerada.
2- Como condición para realizar lo anterior, necesitaban romper la poderosa organización sindical de los bancarios.

Como en el caso de la huelga de UTE, la reivindicación salarial iba unida a la defensa del sindicato desde el comienzo. Lo económico era la estafa del gobierno al gremio por el brutal ajuste salarial del decreto de congelación de 1968. Y en el plano político era la lucha por la reposición de los bancarios sancionados de la banca oficial por su participación en los paros y huelgas contra el decreto de congelación salarial de junio de 1968 y la Medidas Prontas de Seguridad de ese mismo mes.

¡Para el gremio bancario ni la congelación ni las sanciones eran admitidas! ¡Era inadmisible que estos dos atropellos a sus derechos quedaran sin respuesta!

Por eso se fue a la huelga con plena conciencia de las consecuencias. El gremio estaba fuerte para dar la batalla. La huelga del año 69 demostró que un gremio con una relativamente alta remuneración, con cierto nivel de ingresos, debido a las grandes conquistas obtenidas en años anteriores, no se “achancha”, no se acomoda ni se amansa, sino que hace punta en la lucha reivindicativa y sociopolítica. ¡Esto es clave!

El tener un promedio por encima de otros trabajadores, no fue impedimento para que fueran capaces de resistir y luchar con gran firmeza. Cuando se tiene claro que las conquistas no fueron regaladas sino fruto de la lucha organizada, cuando los dirigentes han conducido la lucha ayudando a elevar la conciencia política y la responsabilidad. El gremio bancario es ejemplo destacado en ello.

Los bancarios no se engañaban de lo que iba a ocurrir; el ejemplo de la huelga de UTE no ofrecía dudas. La acción del gobierno fue similar: dar un golpe definitivo para impedir todo tipo de respuesta a través de la militarización y “la baja” a quien no se presentara a las 144 horas de la convocatoria. Era el plazo de seis días que el gobierno pensaba que alcanzaba para que a través de la represión, el sindicato de desfibrara y que irían entrando al trabajo con el correr de los días.

A diferencia del golpe represivo en UTE donde entraron metralleta en mano, se obligaba a restablecer los servicios en un lugar fundamental- la Central Batlle-; en el caso de los bancarios la represión transcurrió más lentamente. El operativo en UTE fue más militar.

En los seis días de plazo aumentaron los “desertores”, llegando a más de dos mil. Los bancarios no concurrieron a sus trabajos, las actividades bancarias no se restablecieron, la huelga se fortaleció y se rodeó del apoyo de la gente. En UTE con la militarización temprana, la confrontación se resolvía de otra manera.

El gobierno subestimó la firmeza ejemplar del los bancarios. Durante los casi tres meses que duró la huelga, el gremio bancario supo además colocar en la opinión pública que se tramaba la reestructura del sistema bancario, esclareciendo ante miles de ciudadanos temas de gran calado político.

La perturbación, las quiebras, el ahogo de la economía nacional por falta del funcionamiento bancario, el paro general solidario del 4 de agosto de 1969, la activa solidaridad de la clase obrera y el pueblo. Por ejemplo, hubo medidas de lucha nuevas, como la del transporte de pasajeros que no llegaba a la zona bancaria, los trabajadores bancarios que hicieron huelga de hambre en el interior de la Catedral católica de Montevideo.

Todo ello llevó a un conflicto de poderes. La Asamblea General legislativa reclamó del Poder Ejecutivo el levantamiento de la militarización. El Ejecutivo la mantuvo, pero el conflicto había provocado la ruptura del bloque que las clases dominantes habían podido establecer en 1966 y hasta las medidas de seguridad de 1968. Una vez más se ponía de manifiesto cómo la resistencia de los trabajadores es el factor determinante para resquebrajar la fuerza del enemigo.

¡El gobierno fue derrotado políticamente! ¡La militarización debió ser levantada! Los “desertores” volvieron a sus lugares de trabajo, los sancionados de 1968 asegurados hasta el momento de su reincorporación. “Curiosamente” los dos reclamos iniciales desaparecieron momentáneamente de la escena. Pero la derrota del gobierno fue contundente y quedó tan aislado que ha nadie se le ocurrió pensar que el conflicto se hubiese perdido. ¡Al contrario! ¡Así se estableció un nuevo tipo de contabilidad de “pérdidas y ganancias”, con criterio de clase y no de almacenero!

Los trabajadores bancarios dieron un ejemplo de coraje. Y por encima de todo mantuvieron la unidad del gremio para futuras batallas.

Por el Prof. Gonzalo Alsina

La ONDA digital Nº 9o9 (Síganos en Twitter y facebook

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