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Reconozcamos a quienes hacen posible que las cosas funcionen

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Por Eduardo Platero

La fragilidad
Me atrasé un día en la producción semanal de estos artículos que me gusta escribir. Porque me obligan a pensar y eso es tan bueno para una cabeza como el trabajo de gimnasio para el físico.

La excusa sería ampliamente aceptada en todo el mundo ya que fuimos noticia planetaria. ¡Me atrasé por el Apagón!

¡Vaya que fue grande! Extenso y prolongado. No sé, tal vez alguien podría ocuparse de ver si no podemos conseguir con el mismo una mención en el Guines.

Es una desagradable sorpresa esa de despertarse; mejor dicho, aceptar que estás despierto y sano por lo cual ya no tendrás excusa para continuar en la cama y “cliquear” sin resultado la perilla de la portátil. Fallar en el primer “clik” de los innumerables que presionamos todos los días sin siquiera poner atención el ello.

“Cliquear” ¡y fallar! No enciende, de mala gana te levantas y a la turbia luz de una mañana de invierno, “cliqueas” la luz cenital y ,,,¡tampoco responde!

No es la lámpara que se agotó sino la energía eléctrica la que está fallando. En el Centro hace años que un “apagòn” sólo puede ser una cuestión momentánea. En general la UTE se ha vuelto tan confiable como el sucederse de las estaciones con sus poéticas hojas secas en el otoño avanzado.

Antes, cuando las casas eran bajas, las vecinas barrían la vereda y su parte de cordón. Como sabían que no se podía quemar montones grandes quemaban montoncitos que vigilaban.

¡Era tan lindo ese olorcito de hojas quemadas!

El especial olor del otoño.

Ahora, o las barren los servicios municipales o quedan por ahí. Molestando y poniéndose resbaladizas con la humedad.

Volviendo al apagón, que me atrasó y me dio para pensar. Ni luz, ni agua caliente, ni ascensor con lo cual tu mañana arranca patas arriba.

En invierno, con un buen ventanal pero los ojos cansados únicamente tenés las horas del mediodía para leer. Yo me prendía a un Martín Fierro de lujo, ilustrado y con letras grandes que le habían regalado a mi padre. Me gusta, casi, casi, que tengo partes que recuerdo de memoria. Pero un apagón como ese te pone inquieto.

Calculás si las dos miserables pilas de la radio durarán lo suficiente como para escuchar el partido y ahorrás batería. Te ponés cerca la linterna, las velas y los fósforos para no tener que buscar a lo oscuro y te le prendés al mate.

Y al pienso.

En lo primero en que pensé es en aquellos que estarían trabajando denodadamente para volvernos a la luz.

¡A la Civilización!

Que es, en lo segundo en que pensé.

¡Vaya, que son frágiles esa cantidad de comodidades de las que disponemos sin siquiera pensar en ello!

Somos, sobre todo las ciudades, un sub producto, o un desarrollo paralelo e interdependiente, de la energía.

¿En qué queda una ciudad sin energía? Artificial, por supuesto. Siempre tenemos las piernas para caminar, pero, sin transporte ya las ciudades se convierten en un imposible.

¿Cultivamos lo que comemos¿ ¿Ordeñamos la vaca? Recuerdo hace ya muchos años, creo que cuando Fiorello La Guardia fue Alcalde de Nueva York, se manejó un proyecto brillante: Hacer un Zoológico de animales de granja. Los enseñantes de primaria habían constatado con alarma que todos los niños tenían idea de lo que era un león. Muchos, hasta lo habían visto en el Zoo, pero no sabían lo que era una vaca. ¡Ni idea de todo el proceso!

No sé en qué quedó el proyecto, pero no vendría nada mal que todos supiésemos de dónde vienen las cosas.

Antes de que se pierdan los hábitos.

Cuando Cuba entró en el durísimo “Período Especial” la escasez de combustible llevó a pensar en volver a la tracción a sangre para la vital producción de azúcar. Bueyes, caballos y mulas para el acarreo.

Una buena idea irrealizable. Ya no quedaban boyeros, ¡nadie sabía hacer un yugo y mucho menos enseñar a una yunta.

¿Cuántos que lo sepan nos quedaran a nosotros?

Dependemos de la energía. Fósil o eléctrica. En ambos casos procesada, preparada para los distintos usos y distribuida.

Dependemos de los otros. ¡Inter dependemos! Como individuos, como países.

¡Seguro! Podríamos aislarnos en nuestra recién lograda autosuficiencia en la producción de energía eléctrica. Nos evitaría el “contagio” de los fallos ajenos. Es bueno tener en cuenta que conectarse implica un acuerdo, expreso o no, de no fallar porque “contagiás”.

Como vacunarse no es, únicamente una medida de protección personal. Lleva consigo la solidaridad de no enfermarse y no contagiar.

Por eso no simpatizo con los “anti vacuna”, me parece que se oportunizan. Si ninguno se enferma porque están vacunados yo puedo reafirmar mi libertad: -¡”No me vacuno nada”!

Jajaija, porque la peste no salta si todos se inmunizan.

Pero, es harina de otro costal: ¿Hasta dónde la Libertad es libre si se vive en sociedad?

¡No estoy dispuesto a meterme en ese berenjenal! ¡Que se devane los sesos algún otro!

Dependemos de la energía y de su distribución y eso, en la práctica, se traduce en que dependemos de un grupo no demasiado numeroso de seres humanos que cumplen tareas que nos benefician a todos.

Del otro lado de la moneda, y esto me trae más cerca de los temas que han sido gran parte de mi vida, ese grupo, no demasiado numeroso, tiene especiales responsabilidades. Para con la Sociedad y para con ellos mismos.

Queda claro el primer escalón. Hay responsabilidades para con el conjunto de la Sociedad que deben ser contempladas. Así como les confiamos la tenencia de las armas a la Policía y las fuerzas Armadas con la limitación absoluta de que únicamente podrán utilizarlas de acuerdo a la Ley. También, quienes manejan los servicios que se prestan a la ciudadanía, tienen y respetan limitaciones escritas o no.

Se ha hecho y se hará mucho escandalo con el asunto de la “Dictadura Sindical” porque es un punto muy explotable por la Derecha.

Muy propensa a gritar, victimizarse y tratar de convencer a todos de que son víctimas de los sindicatos. Del odioso Pit-Cnt. ¡De los comunistas! Para ocultar que el principal delito es apropiarse en forma desmedida y egoísta del fruto del trabajo ajeno.

Para eso, aprovechan nuestros errores. Que los tenemos. Si fuésemos perfectos, tal vez ya estaríamos en el Poder.

Escandalizarse con el proclamado “Control Obrero” de la producción a sabiendas de que el mismo no pasa de ser una consigna entusiasta.

Y un compromiso de mantener el suministro.

No hay “control obrero” posible si, como requisito previo, los obreros no se han adueñado del Poder. De todo el Poder. De los medios de producción y del Estado mismo.

Porque, somos interdependientes y no hay “control obrero” que funcione si el resto de la Sociedad queda por fuera.

Si nadie te vende insumos, si nadie transporta y vende tu producción, si “la fuerza pública” no está en tus manos y la Ley tampoco.

La Derecha lo sabe y cuando finge horrorizarse es para arrimar brasas a su asado.

A veces, en el fragor de la lucha y bajo el aguijón de la injusticia que se nos hace; olvidamos nuestros límites y aquello de que no alcanza con no ser “agente del enemigo”. Hay que no actuar como “agente del enemigo”.

La lucha tiene un componente emocional. Si no sintiéramos la injusticia. Si no nos enfureciera la desigualdad que favorece desmedidamente al Poder. El del Dinero y el de las leyes, seríamos carne muerta. Sin reacción.

Tiene que haber indignación y deseo de terminar con la injusticia. Tenemos que tener la sangre caliente. Pero, también tenemos que tener presente que no se lucha para “Demostrar” sino que se lucha para “Vencer”-

Que, sin duda, no será al cabo de una o mil acciones sindicales y que es imposible de apreciar en términos materiales. Se “vence” si se avanza en niveles de consciencia y de organización.

La mejor medida, la más “radical” es aquella que acumule en la dirección de cambiar al mundo de fase.

Como dice “La Internacional” y como algún día lo lograremos.

Todo dicho sin dejar de ser absolutamente solidario con los compañeros del Gas que se enfrentan a la peor de las situaciones. La de ser rehén de una multinacional que busca su ventaja despidiendo obreros y sembrando ira y desesperación.

¡Sí que la tienen mala! ¡Sí que necesitan una solución! Porque el despido es el hambre y la pérdida de identidad.

Mucho peor aún que el desempleo es la pérdida de tu identidad como “trabajador”. Tu lugar en la Sociedad.

¡Eso es lo que no se puede perder!

Volviendo a los comienzos, la Sociedad, ¡la Civilización! De la cual estamos tan orgullosos y que sentimos tan, pero tan firme, es, nada más que una red de inter dependencias que, sin energía no sería posible.

Es bueno que lo tengamos en cuenta.

Y que reconozcamos a quienes hacen posible que las cosas funcionen.

Porque, mientras yo le daba al mate y ahorraba batería para escuchar el partido, cientos se afanaban tratando de restablecerme las comodidades que dependen de la energía eléctrica.

¡Muchas gracias!

Se aprecia el esfuerzo.

Por Eduardo Platero
17 de junio de 2019

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