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CINE | “Michelangelo infinito”: La epopeya del arte

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La inconmensurable pasión de un genio de la escultura, la pintura y la arquitectura que vivió y conformó una obra realmente magistral en el mutable Renacimiento italiano, es la fermental materia temática de “Michelangelo infinito”, el impactante trabajo biográfico del realizador italiano Emanuele Imbucci.

Este semi- documental de acento dramático recrea la monumental epopeya artística del maestro florentino Miguel Ángel Buonaroti, quien fue el creador de alguna de las esculturas y piezas pictóricas más famosas de todos los tiempos.

Su producción, que por su intrínseca calidad y esplendor trascendió naturalmente a su mero tiempo histórico, es un auténtico legado y un patrimonio permanente de la humanidad.

En este caso, el personaje de Miguel Ángel es encarnado por el actor Enrico lo Verso, quien, además de su parecido físico, rescata también su fuerte temperamento, su rebeldía, su espíritu competitivo y su inclaudicable obsesión por la creación.

Desde el comienzo del relato, el artista es visualizado trabajando sobre una auténtica mole de mármol a partir de la cual engendró algunas de sus más célebres esculturas.

Mientras va moldeando el mármol a golpe de martillo y cincel, Miguel Ángel lucubra y reflexiona, en una suerte de frenesí que devino inexorablemente en la inspiración de su genio creativo.

Esas primeras escenas trasuntan la agobiante soledad de un artista perfeccionista, exigente, exacerbadamente riguroso, crítico, auto-crítico e intransigente hasta con su propio trabajo.

No en vano sus obras primigenias despertaron la admiración incluso del propio Lorenzo el Magnífico, estadista y gobernante de facto de la República de Florencia, quien lo acogió en su Palacio de la Via Longa.

Esta circunstancia le permitió crecer, aprender, perfeccionarse e incluso entablar relación con prestigiosos humanistas de la corte de los Médicis y hasta nutriste de las teorías idealistas de Platón, que naturalmente plasmó en su trabajo artístico.

El otro protagonista de esta película que seduce y embriaga los sentidos, es Giorgio Vasari (Ivano Marescotti), uno de los más famosos historiadores y biógrafos de arte, quien, mirando fijo a la cámara, recrea minuciosamente los comienzos artísticos de Miguel Ángel, las diversas contingencias de su vida y el origen de su brillante producción pictórica y escultórica.

Este intrínseco aporte didáctico ilustrado por imágenes del pintor cuando era joven y adolescente, es complementado por oportunos apuntes del propio Buonaroti.

Intercalando las reflexiones de ambos personajes con la visualización de las obras de Miguel Ángel, el relato va condensando las diversas alternativas de una existencia consagrada únicamente al arte y la contemplación.

Empero, esta película no se limita únicamente a la recreación del artista y su obra. También aflora el Miguel Ángel ser humano, con todas sus enconadas luchas, sus más íntimas pasiones, sus disfuncionalidades emocionales y hasta sus envidias.

En tal sentido, no faltan referencias a sus disputas y rivalidades con el pintor Rafael de Urbino y con el arquitecto pontificio Donato Bramante, durante el papado de Julio II.

Fue precisamente dicho pontífice quien encargó a Miguel Ángel la decoración de la bóveda de la Capilla Sixtina, que devino, a la sazón, en tal vez la más inconmensurable epopeya pictórica de todos los tiempos.

La titánica tarea, que padeció múltiples contratiempos, enojos, postergaciones y agrios entredichos entre el pintor y el papa, insumió más de cinco años de trabajo.

En efecto, salvo por la colaboración de un grupo de obreros que se limitaron únicamente a preparar los andamios de la techumbre, las pinturas, que fueron realizadas por el propio Miguel Ángel, tienen, en todos los casos, una intransferible simbología bíblica.

La cámara rescata los grandes tesoros artísticos del egregio creador florentino, como El David, La Piedad, el Moisés, la Cúpula de San Pedro, El Juicio Final y, por supuesto, los magistrales frescos que ilustran la inmensa bóveda central de la Capilla Sixtina, que constituyen toda una proeza artística.

Por supuesto, este fascinante periplo permite apreciar la mega-obra que se despliega en dicho templo religioso, cuya clave son las nueve escenas del Génesis, que incluyen la creación del universo, de los astros y de las plantas, la separación de la luz de la oscuridad, la separación de las aguas de la tierra, la creación de Adán, la creación de Eva, la caída del hombre, el pecado original y la expulsión del paraíso, la embriaguez de Noé, el diluvio universal y el sacrificio de Noé.

Paralelamente a la sucesión de imágenes, una voz en off explica detalladamente el significado de cada pieza escultórica y de cada pintura, en una suerte de esclarecedora lección de arte.

En concreto, este film, que mixtura el documental con el relato de formato biográfico no exento de pinceladas de dramatismo, es una suerte de inspirador viaje al corazón mismo de la peripecia creativa del genial Buonaroti.

Más allá de las eventuales connotaciones de naturaleza cristiana que transformaron a Miguel Ángel en un paradigmático protagonista de la historia de la cultura universal,  esta película es un auténtico deleite para los sentidos y la sensibilidad.

En ese marco, el excepcional trabajo fotográfico de Maurizio Calvesi conforma un auténtico festival de colores, contornos, formas e iconografías de elocuente acento alegórico.

Por Hugo Acevedo
(Analista)
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