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El Uruguay del vaso

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Que la campaña lo tiñe todo se sabe y se notaba aún antes que terminara la veda, rápidamente los espacios publicitarios de la caja boba se inundaron de política electoral; pero aún a sabiendas de ese dato, aparecen enunciados desde la oposición que parecen de otros lugares. O viven en otro país diferente al nuestro o padecen de una miopía tal que les impide reconocer la realidad misma de un rincón del mundo que sigue recogiendo elogios de los organismos internacionales que nos auditan. Tanta mezquindad no es buena, ni siquiera en estos tiempos electorales… menos aún para un pueblo que disfruta de forma ostensible los beneficios de una década y media de crecimiento. Basta salir un fin de semana para darse cuenta que los shoppings desbordan de público, los peajes forman largas colas, y el Aeropuerto de Carrasco tiene entre sus principales clientes a uruguayos que disfrutan sus vacaciones por el mundo.

Es cierto que hay aspectos que se deben mejorar, pero seguimos siendo esa isla que resalta en la región a pesar de los vaticinios de los mismos de siempre (de antes y de ahora), que alientan crisis que nunca llegan y añoran tiempos en los que sólo ellos vivían mejor, porque eran los dueños de la torta. Esa torta que hoy se reparte mucho mejor y que tanto les duele reconocer al punto que critican un spot que no hace más que informar a la ciudadanía todo lo que se avanzó durante los gobiernos frenteamplistas. Pero claro, el vaso lo vemos medio lleno o medio vacío según sea el observador de turno, y esa peculiar forma de ver las cosas se incrementa y llena de prejuicios adicionales cuando estamos en campaña.

El vaso medio lleno
Festejaron goles ajenos que poco sirvieron ya que les están dando vuelta el resultado y los que celebraron entonces hoy hacen un llamativo silencio. Celebraron el triunfo de Macri en Argentina y de Bolsonaro en Brasil, pensando que por extensión llegaría el turno a este rincón del Sur, donde -cual una piedra en el zapato- gobierna un partido de izquierda que ha sorteado crisis internacionales, mantiene su grado inversor, no dejó de crecer durante los años que gobernó y diversificó su mercado dejando de ser dependiente de sus vecinos. Impulsó las reformas que nunca se animaron a llevar adelante, mejoró su sistema de salud, elevando el nivel de la salud pública a puntos de excelencia que destacan los propios usuarios, sin nada que envidiarle al sector privado. Ni hablar de la reforma impositiva, esa que demonizaron desde el inicio pero que distribuye mejor bajo la máxima de que pague más el que tiene más. Una reforma diseñada con la consigna de democratizar los impuestos siguiendo criterios diferentes a los tradicionalmente impulsados por los gobiernos de turno; esos que seguían directivas de organismos internacionales de los que dependía nuestro rumbo económico.

Es clarísimo que hoy la torta es apetecible, pues el país creció y tiene respaldo financiero con un nivel histórico de reservas como nunca tuvo (16 mil millones de dólares, un 30% del PBI, según consignó el ministro Astori hace pocos días). Hay un público oriental que puede dar fe de esta década y media y no son precisamente “los ceibalitos” (los miles de niños uruguayos que fueron objeto de una de las políticas públicas que impulsó el Frente Amplio desde su primer gobierno y cuyos destinatarios “no votan”, como bien dijo el Pte. Tabaré entonces), sino los que podríamos llamar la generación “Ibirapitá”, los jubilados. Esos que no solo reciben una tablet (más de 200 mil entregadas) para estar más informados en este mundo tecnológicamente conectado, sino que han merecido un permanente incremento de sus jubilaciones de forma ininterrumpida desde la asunción del FA en el gobierno, (triplicando el valor de la jubilación mínima).

Vivíamos en un país petróleo-dependiente, donde el precio del barril era un dato a consignar casi a diario pues del mismo dependía toda una economía que centraba su actividad en el valor del crudo. La OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), era una sigla harto conocida que inundaba los noticieros con sus idas y vueltas de mayor o menor producción y, al influjo de ese valor de mercado, se regía la economía global y con ello también la nuestra, por supuesto. Pero un día nos dimos cuenta que por esta zona corrían buenos vientos, y así empezamos a levantar esos gigantes de acero que vinieron para quedarse y empezar a modificar la matriz energética nacional. Hoy Uruguay es energéticamente sustentable, gracias a una política aplicada en ese rumbo estratégico que permitió cambiar la fuente de donde se nutre la industria nacional y la internacional que nos sigue eligiendo para sus inversiones. Hoy ya no se habla de futuro sino de presente eléctrico, con parques eólicos que empiezan a amortizarse para ser -en un futuro próximo- una inversión completamente uruguaya. (Uruguay ocupa hoy el 2º lugar -en el mundo- en producción de energía eólica).

En Uruguay, el 75% de las conexiones son de fibra óptica, uno de los 10 valores más altos del mundo; tiene el 82% de sus hogares conectados a internet; 98,4% de electrificación, uno de los valores más altos del mundo (datos brindados por el ministro del MIEM – Guillermo Moncecchi – en Treinta y Tres).

Critican la inclusión financiera, pero la alternativa dejaría un flanco abierto para la evasión que hoy alcanza niveles históricamente bajos, lo que siembra mantos de sospecha para los detractores de un sistema que se apoya en las nuevas tecnologías y se aplica mundialmente. Porque si algo debe quedar claro es que mientras se critica puertas adentro, a ninguno de los que están contra el sistema se les ocurre siquiera intentar negarlo cuando viajan al exterior y donde el uso de los medios electrónicos de pago es corriente.

No sé -verdaderamente- en qué país viven, o en que país quisieran vivir, pues a estar por sus críticas parecen añorar los tiempos donde se vivía de ajuste en ajuste, anunciando el derrame que nunca llegó al bolsillo de los trabajadores; tiempos en que no se convocaban los Consejos de Salarios o se aplicaban normas de flexibilización laboral como en los años 90, tiempos del “hacé la tuya”, tiempos en que perdíamos la gran mayoría de los uruguayos.

Se pasaron criticando el estado de las rutas, y lo hicieron hasta el absurdo de negar el recupero de olvidadas carreteras que debieron esperar décadas para volver a ser transitables como la Ruta 30, la que al momento de ser inaugurada se quiso minimizar con imágenes falsas de pozos inexistentes. Nadie me lo contó, la hice el mismo día de su inauguración y comprobé la falsedad de aquellas fotos y audios viralizados. Hoy tenemos un verdadero shock de infraestructura en lo que a carreteras se refiere y basta recorrer un poco el interior para apreciar los kilómetros de nuevas carreteras que hacen posible el tránsito a lo largo y ancho del país. Claro que falta, si nos dejaron un país fundido y deteriorado al extremo, devolverle movilidad necesita de recursos y tiempos de obra que se vienen cumpliendo.

En materia de vivienda se construyeron más de 23.500 viviendas nuevas, se regularizaron casi un centenar de asentamientos desde el año 2005, y más de 30 mil soluciones habitacionales generó la Agencia Nacional de Vivienda.

El turismo es otra de las fuentes de ingreso potenciadas durante los gobiernos del FA, representa el 7,3% del PBI, genera más de 110 mil puestos de trabajo. Un turismo que se benefició con el mejor ingreso de los uruguayos que han podido acceder al disfrute de su tiempo libre en vacaciones vitalizando el turismo interno y la temporada baja, sin desconocer que son muchos miles los uruguayos que año a año disfrutan viajando al exterior en sus vacaciones.

El vaso medio vacío
Es cierto que la seguridad nos pegó fuerte con los últimos datos reportados, que no eran los esperados ni los que se venían obteniendo tras dos años consecutivos de baja hasta la sanción del nuevo CPP. Un instrumento necesario y consensuado con todos los partidos políticos, pero que tuvo un efecto inesperado producto de la aplicación incorrecta por algunos operadores (jueces, fiscales y policías), y por defectos que fueron corregidos por el Parlamento, pero que generó un impacto no previsto en la conducta delictiva. De todos modos, dejando atrás el 2018 los datos empiezan lentamente a revertirse con una marcada desaceleración de los delitos de rapiña, una baja notoria de los homicidios y una reducción de los hurtos, que hacen previsible la mejora de los indicadores para el cierre de este año.

Nos siguen doliendo los muchos uruguayos que están en situación de calle y que un reciente informe del MIDES dejó en claro que tuvo un incremento en los últimos tiempos que es imperioso revertir. A pesar de políticas públicas en ese sentido, donde la creación de refugios han contribuido a erradicar la presencia de niños en esa situación, no deja de ser un fuerte golpe el incremento de personas en la calle y en lugares emblemáticos de la ciudad que le dan notoria visibilidad al problema. Urge atender ese puñado de orientales para que la calle no sea su lugar elegido para vivir, que tengan oportunidades y puedan regresar al circuito social que un día los excluyó. Conocer la problemática es importante y es un primer paso para diseñar estrategias que aborden el tema en procura de su mejor solución, y ese es el objetivo de todo informe. Claro que ese aspecto será utilizado en campaña, son las tristes reglas del juego electoral, que hará foco siempre en el vaso medio vacío.

A pesar de esos y otros aspectos que no se lograron, el Uruguay es otro país muy distinto al que recibió esta fuerza política en el año 2004. Un país que construyó su solvencia honrando los compromisos, enfrentando a poderosos intereses internacionales (juicio de la tabacalera Phillips Morris, por ejemplo) y saliendo airoso en la contienda. Aprendió a sobrevivir con los puentes cortados ante la intransigencia argentina por la instalación en tierra oriental de la planta de UPM. Y si será tal el grado de seriedad que genera nuestro país y sus autoridades que la mega empresa finlandesa la vuelve a elegir para la instalación de su segunda planta, cumpliéndose con las etapas finales de la concreción de la instalación de ese emprendimiento que significará un antes y un después para el departamento de Durazno (Pueblo Centenario, es el lugar elegido para su instalación) y para el Uruguay todo. A pesar de los conceptos en contra que virtieran algunos candidatos que ponen en duda la credibilidad del país sin reparar que con ello conspiran contra inversiones que traerán trabajo para los uruguayos. Inmersos en la campaña no escatiman en incurrir en dobles discursos que los dejan en posiciones insostenibles. Son abonados a la visión del vaso medio vacío.

Sería bueno conocer qué es lo que ellos ven cuando emiten conceptos que conspiran contra los intereses del país y su gente. No todo vale en la campaña si con ello alejamos a los inversores creando falsas realidades que no se corresponden con la situación actual del Uruguay. Claro que los inversores no son tontos y manejan información de calidad gracias a la que siguen apostando por nuestro país como destino para sus inversiones, tomando información real de aquellos organismos internacionales que miran “el vaso llamado Uruguay” con la objetividad suficiente para decidir el futuro de sus socios apostando por este rincón de América del Sur.

Ni medio lleno ni medio vacío, basta con vernos a nosotros mismos como un país posible que quiere seguir avanzando, mejorando lo bueno que se ha hecho, corrigiendo lo que se hizo mal y apostando por llevar adelante políticas públicas de Estado en la que nos comprometamos todos.

el hombre llenaba el vaso,
el perro ladraba el corte…

 

Por Julio Fernando Gil Díaz – El Perro Gil

La ONDA digital Nº 908 (Síganos en Twitter y facebook)

 

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