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Hacer “política diferente”: La difícil propuesta de Nayib Bukele, el nuevo presidente de El Salvador

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Poner punto final al periodo de posguerra, encarnando él mismo las dos fuerzas políticas que desde los acuerdos de paz de 1992 han gobernado el país –Arena y FMLN– es la propuesta del nuevo presidente de El Salvador, Nayib Bukele, que asumió el cargo el pasado 1 de junio.

Alcalde de Nuevo Cuscatlán, y luego de San Salvador, en representación del Frente Farabundo Martí, Bukele fue expulsado del partido en 2017 por discrepancias con su dirigencia.

Se pasó entonces a Nuevas Ideas, un grupo organizado por un antiguo dirigente de la conservadora Arena, Walter Araújo. Como no lo pudieron inscribir a tiempo para participar en las elecciones, Bukele se cobijó bajo el alero de GANA, también escisión de Arena, liderada por el expresidente Antonio Saca, condenado a diez años de cárcel por corrupción.

Difícil de encasillar
Su trayectoria lo hace así difícil de encasillar y quizás ese haya sido un factor que contribuyó a catapultarlo a la presidencia, con el 53% de los votos en las pasadas elecciones presidenciales.

Un político joven, con difusas propuestas para gobernar el país, cómodo en el manejo del mundo digital y con experiencia empresarial en el marketing y la publicidad, asume ahora el desafío de dirigir El Salvador.

Bukele parece encuadrar perfectamente en la clasificación de “populista” con la que académicos y políticos se refieren a personajes como él. Como un “populista clásico” que supo aprovechar “los sentimientos viscerales de la gente descontenta”, lo clasificó Rafael Castellanos, un empresario salvadoreño conservador, miembro del Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana.

En declaraciones a la BBC, el economista e investigador social César Villalona estimó que, con Bukele, llegará al gobierno un grupo económico empresarial que no está representado por las familias más ricas del país –ya agrupadas ARENA–. En su opinión el desafío para el nuevo gobierno es tratar de quitar las trabas estructurales al crecimiento. Una de las más importantes sería la dolarización de la economía.

Sin apoyo
Pese a la amplia mayoría lograda en la disputa presidencial, Bukele llega a la presidencia sin apoyo parlamentario, con una asamblea controlada por Arena, que cuenta con 37 de los 84 diputados que la integran. Le sigue el FMLN, con 23; el también conservador PCN, con nueve; y la Democracia Cristiana, con 3; además de dos diputados independientes. Gana, el partido por el que fue elegido Bukele, tiene apenas diez.

Son votos que necesitará el gobierno, tanto para la negociación de préstamos en el exterior como para la creación de una comisión contra la impunidad por los crímenes cometidos durante los años de conflicto armado. Una ley a la que se han opuesto tanto el FMLN como Arena, quienes han apoyado en la asamblea un proyecto sobre esta materia que es considerado por mucho como una ley de amnistía.

Para mostrar su compromiso con esta propuesta, Bukele anunció su primera medida apenas asumió el poder: ordenó a las fuerzas armadas retirar el nombre del coronel Domingo Monterrosa del Cuartel de la Tercera Brigada de Infantería, en la ciudad de San Miguel.

Monterrosa fue el responsable de la masacre de El Mozote, en diciembre de 1981, probablemente uno de los actos más sangrientos y cobarde de la guerra en ese país, en el que fueron asesinadas cerca de mil personas, niños, mujeres y hombres.

Considerado un “héroe” por los grupos conservadores, Monterrosa perdió la vida en una emboscada que le tendió el FMLN, derribando el helicóptero en que viajaba.

Desafíos
Bukele asume la presidencia en una Centroamérica que parece haber perdido el rumbo, cerca de tres décadas después de haber encontrada salidas negociadas a los conflictos armados por los que atravesó al región en los años 70 y 80 del siglo pasado.

El Salvador enfrenta una situación de violencia que se expresa en una tasa de homicidios que, si bien ha venido bajando en los últimos tres años, fue de 51 muertes por cada 100 mil habitantes el año pasado, cinco veces más que la cifra considerada por los organismos especializados como epidemia en esa materia.

Bukele fue denunciado por el diario salvadoreño El Faro por haber negociado con las maras cuando fue alcalde de San Salvador. Pero el entonces alcalde negó haberles pagado y afirmó haber “lidiado” con ellas, invirtiendo en sus comunidades.

Los demás desafíos son comunes a los países de la región, sobre todo los del llamado triángulo del norte: Guatemala, Honduras y El Salvador: la pobreza y la corrupción.

Cifras de la Cepal indican que casi 38% de la población vive en la pobreza en El Salvador, cifra superior al 29,6% como promedio de la región.

Cerca de un tercio de la población vive fuera del país, sobre todo en Estados Unidos, desde donde sostiene la economía salvaforeña con sus remesas. El año pasado esas remesas llegaron a más de cinco mil millones de dólares, lo que representa 18% del Producto Interno Bruto y casi dos tercios de las exportaciones.

Bukele ha anunciado dos grandes proyectos para reactivar la economía. Uno para promover la agricultura en la empobrecida franja norte del país, afectada por las medidas privatizadoras de anteriores gobiernos de Arena, que encarecieron las materias primas y los créditos, entre otras medidas.

El otro gran proyecto sería en la costa del Pacífico, donde Bukele anunció su intención de construir un nuevo aeropuerto para promover el turismo y un sistema de trenes para el transporte de pasajeros y mercancías.

“Nosotros no queremos ser ayudados, queremos hacer negocios con ustedes”, dijo en su primer discurso público después de su elección, en la muy conservadora Heritage Foundation, en Washington, lo que, para algunos comentarista, podría ser una señal de hacia dónde pretende orientar sus iniciativas. Su programa incluye propuestas  de austeridad fiscal para reducir el déficit público, lo que entra en contradicción con los grandes gastos anunciados para obras, por lo que el economista César Villalona estima que Bukele no cumplirá las promesas hechas en las redes sociales en campaña y mucho menos lo planteado en el Plan Cuscatlán de gobierno.

Ni Nicaragua, ni Honduras, ni Venezuela

Con la región cada vez más convulsa, con enfrentamientos en las calles contra medidas privatizadoras del gobierno de Honduras y contra el gobierno de Daniel Ortega, en Nicaragua, Bukele anunció su posición internacional negándose a invitar a los gobernantes de ambos países a los actos de toma de posesión. Tampoco invitó al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

Si bien invitó al presidente de Guatemala, también lo ha criticado y ese país enfrenta una situación de incertidumbre de cara a las elecciones generales del próximo 16 de junio.

Con Washington desempeñando un papel cada vez más agresivo en la región, Bukele “debe tener una visión internacional para articular relaciones diplomáticas importantes, especialmente con Estados Unidos que es donde se encuentra la mayoría de salvadoreños que han emigrado”, afirmó el excomandante del FMLN, Roberto Cañas.

La Casa Blanca anunció la semana pasada un aumento de aranceles para las exprotaciones mexicanas, por considerar que el país no hace lo suficiente para detener la migración centroamericana hacia el norte. Ha promovido un cerco económico contra Venezuela, amenaza con hacer lo mismo en Nicaragua y trata de crear una mesa de diálogo en Honduras –cuyo gobierno conservador apoya– para evitar que la violencia se salga de control. Bukele tendrá que encontrar su lugar en este escenario, que hace recordar la situación que ya vivió la región en el siglo pasado.

Por Gilberto Lopes
Escritor y politólogo, desde Costa Rica para La ONDA digital
gclopes@racsa.co.cr

La ONDA digital Nº 908 (Síganos en Twitter y facebook)

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