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Argentina: El lento paso del tiempo

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Cada día que transcurre sin una mala noticia es celebrado en el Gobierno argentino como una buena nueva, y la zozobra continuará en un clima nacional e internacional enrarecido, al menos en una primera etapa, hasta el 22 de junio próximo, fecha en la que deberán inscribirse las fórmulas presidenciales que competirán en las próximas elecciones nacionales.

Los datos de la economía distan de ser los mejores. La actividad en la industria se contrajo un 11,1% interanual en el primer trimestre del año, la construcción disminuyó un 11,3% en igual período, el empleo privado registrado cayó un 2,4% en el bimestre y la producción automotriz se desplomó un 31,6% entre enero y abril. En paralelo, la inflación se aceleró en marzo, mostrando la dificultad para quebrar su inercia en un marco de volatilidad cambiaría.

El sector externo, que prometía a mérito de una excelente cosecha un ingreso importante de divisas por la exportación, debido a la puja entre USA y China se desplomó en su cotización internacional, a la vez que la economía brasileña, principal socio comercial argentino,  no está ofreciendo señales de una consistente  recuperación.(1)

Las elecciones provinciales, por otra parte, no le ofrecen al oficialismo buenas noticias. En general se confirman los liderazgos locales de orientación peronista, mostrando una pálida performance  de la alianza Cambiemos.

Las encuestas siguen mostrando un escenario de polarización entre el presidente Macri y Cristina Kirchner. Otros candidatos potenciales  (como Lavagna), no muestran aún certeza sobre su participación, si bien la urgencia de los plazos estaría indicando una muy próxima definición.

En este escenario, los actores económicos siguen alterados por la incertidumbre. El regreso de un gobierno estatista y cerrado al mundo continúa como una posibilidad, si bien los analistas no le auguran una probabilidad más definida aun. Por su parte,  el Gobierno necesita imprescindiblemente, en el camino a su  reelección, cierta estabilidad cambiaría y exhibir al menos una ligera mejora en la inflación en los próximos índices.

Las últimas jornadas  terminaron  con el dólar en relativa calma,  Donald Trump – agitando los mercados globales que ahondan la desconfianza en la Argentina- le proporcionó  al presidente  Macri otro gesto de apoyo con una llamada desde Washington, y finalmente  Cristina Kirchner rompió el silencio. Presentó su libro donde mostró su mejor (o peor) cara. La de la confrontación y el rencor. Cuanto más hable ella  o lo hagan sus compinches (D’Elia,  Bonafini, Grabois, etc.) serán buenas noticias para el Gobierno.

No obstante, la mala nueva pueda estar a la vuelta de cada esquina.

El cambiante escenario

Parecía impensable que el  Fondo Monetario Internacional (FMI) avalara expresamente que el Banco Central realice ventas sorpresivas de dólares para evitar saltos alarmantes como el de fin de abril, cuando en una semana la cotización trepó más de 9%. No solo porque el nuevo esquema desactivó virtualmente la restricción  impuesta hace siete meses, sino también porque, de hecho, salteó el estatuto del organismo, que impediría a los países miembros utilizar sus préstamos para atender su mercado doméstico.(2)

La flexibilización de la rígida política cambiaria fue interpretada por los operadores como otro auxilio , una vez más,  de Donald Trump a través del FMI.

Si en 2018 ya estaba claro que los EE.UU. y sus socios europeos buscaban evitar que la Argentina recayera en otro default (en este caso, involuntario) de la deuda, esos temores se acentuaron ante la posibilidad marcada por las últimas encuestas, de un eventual triunfo de Cristina Kirchner, que junto con la alta inflación y el descenso de la imagen positiva de Macri, se tradujeron en subas del dólar y del riesgo país.

El nuevo escenario cambiario, tuvo como contrapartida otro endurecimiento en la política monetaria, que se tradujo en tasas de interés superiores al 70% anual  (récord desde 2002) para las letras que licitan los bancos.

A su vez,  en los primeros y accidentados días del nuevo esquema y a pesar del agitado entorno (que incluyó el paro de las centrales obreras CGT-CTA con sus consignas kirchneristas,  más las amenazas de ganar la calle)  en los mercados habría  consenso que se podría  mantener al dólar en cierta calma hasta el 22 de junio, cuando se deberán oficializar las listas, y que a partir de entonces su comportamiento dependerá de los datos de intención de voto que surjan de las encuestas, ante los ya ciertos candidatos. Si se confirmara el ascenso relativo de las chances electorales de Cristina Kirchner, las variables podrían complicarse aún más.

Los problemas, paradojalmente,  también pueden provenir de un amigo, como por ejemplo de  Donald Trump. Si bien el presidente norteamericano es quien le asegura el apoyo constante del Fondo Monetario, al mismo tiempo, provoca cada tanto una inestabilidad en la economía internacional que perjudica a la Argentina. Ya sucedió el año 2018, cuando el presidente norteamericano anunció políticas que succionaron los dólares disponibles para los mercados emergentes, y en consecuencia la Argentina se quedó sin financiamiento.  En la actualidad, es la guerra comercial que declaró Trump a China. La inmediata consecuencia negativa para la Argentina, fue una baja significativa en el precio de la soja. Los Estados Unidos son proveedores importantes de China de ese producto y sus derivados. Los mercados internacionales estiman  que China le cerrará las puertas a la importación de la soja norteamericana y sus derivados. Por ende,  los estadounidenses volcarán en el mercado internacional su enorme producción, con la ya efectiva consecuencia del derrumbe de los precios, y por ende de los ingresos para la Argentina, de la principal fuente de ingreso de divisas provenientes de  la exportación.

Una buena…

La Argentina tendrá una mejora en su calificación  en los mercados financieros internacionales:  pasará a la categoría de “Mercado Emergente” , que beneficiará a algunas de las acciones de empresas locales,  si bien no es esperable que ofrezca en el corto plazo,  una mejora sustantiva  para la economía.

A partir del próximo 28 de mayo, el  índice de la Argentina se unirá al  de países como China, Brasil, Colombia o Rusia y dejará de pertenecer al grupo conocido  como “Mercados Frontera”, poco recomendables para los inversores. (3)

Las perspectivas

Según recientes encuestas, se ha profundizado la polarización entre Mauricio Macri Cristina Kirchner. Con todas las relatividades propias de mediciones a tres meses de las primeras elecciones (las primarias de agosto), los resultados consignan que el Presidente recuperó algo de la imagen positiva que había perdido en abril, pero también que la imagen de Cristina creció. El resto de los candidatos, en posiciones muy por debajo de ellos, conservan números módicos o tienden a descender aún más.

Según esas encuestas, los problemas de la sociedad son fundamentalmente económicos. Ingresos que no alcanzan. Tarifas con precios insostenibles para vastos sectores sociales. Temor a perder el trabajo, si es que ya no lo perdieron. Una agobiante presión impositiva. En este marco, para muchos argentinos, si bien  los escándalos de la corrupción pasada pueden ser muy  importantes, quedan relegados en su influencia por el malestar económico, producto éste no sólo de las acciones (y errores) propios, sino también consecuencia del estado del país recibido por el actual gobierno. (1)

En la próxima elección, probablemente se enfrenten no solo  dos personas muy diferentes (Macri y Cristina) sino también  dos modelos de economía, de política y de sociedad distintos. Macri habla de una economía abierta al mundo, de  infraestructura, de nuevas tecnologías y de institucionalidad. Cristina mira hacia el pasado (evoca, por ejemplo,  al ministro precursor de la hiperinflación de 1975, Jose B. Gelbard),  es decir, al peronismo de los años 70, cuando el Estado decidía sobre los   precios de la economía  y protegía una industria nacional, poco competitiva y cerrada. (La historia enseña, a este respecto, que han fracasado no solamente en nuestro país, las políticas de “vivir con lo nuestro” y las de “vivir de prestado”.)

Asimismo la ex presidente comenzó a predicar un nuevo “contrato social”, eventual sinónimo de reforma constitucional, de enorme peligro en manos de regímenes populistas (véase Venezuela).

La convocatoria oficial

Es en este contexto donde emerge la convocatoria del Gobierno para buscar acuerdos con dirigentes políticos y actores sociales que permitan extender el horizonte de la Argentina más allá de las elecciones de 2019, con base en diez lineamientos planteados a la oposición como un acuerdo de gobernabilidad, y que recibió desde su inicio, el apoyo – entre otros- de las entidades empresarias de mayor envergadura.

Entre los temas salientes de la iniciativa se encuentran: afirmar la seguridad jurídica,  equilibrio fiscal, un Banco Central independiente, sistema federal transparente, legislación laboral moderna, estadísticas profesionales, confiables e independientes, acceder a una integración inteligente al mundo,  favorecer la creación de empleo, la reducción de impuestos, diseñar un sistema previsional sostenible y equitativo, y asegurar el cumplimiento de las obligaciones con los acreedores. (1)

Esta invitación, tras varias semanas en las que solo pudo administrar malas noticias, sobre todo en materia económica, permitió al gobierno, al menos recuperar la iniciativa, en medio de un panorama económico nacional e internacional sumamente volátil y complicado.

La CGT (Confederación general del trabajo) y el kirchnerismo, se apresuraron a rechazar la propuesta, actitud probablemente esperada por el Gobierno, y que tiende a evidenciar que las proposiciones de seguridad jurídica y bases para el crecimiento genuino allí planteadas,  no estarían en el portafolio programático ni de unos ni de otros.

En un acto de campaña, el hijo de la ex presidente y actual diputado nacional Máximo Kirchner declaró, preanunciando el rechazo,  que en un eventual futuro gobierno kirchnerista la prioridad será pagar la “deuda interna”. En un mensaje a los mercados, dijo: “Van a tener que esperar; primero tenemos que poner adelante la enorme deuda interna que está generando este gobierno“.(4)

Por primera vez en décadas, la situación económica hace coincidir a analistas de distintas ideologías en el diagnóstico y hasta en su visión de la crisis argentina: el país se verá condenado al estancamiento eterno si no emprende medidas, que aunque antipáticas, hagan posible el camino hacia el crecimiento sustentable.

A ese fin, si el electorado se mantiene dividido en tres tercios en la primera vuelta electoral (que define la elección de legisladores) , cualquier candidato que triunfe en el ballottage no tendría mayoría en el Congreso y necesitará de acuerdos políticos para gobernar, en un contexto donde no podrá desentenderse de la herencia de la anterior y de la actual gestión, ni de los límites que impone el acuerdo con el FMI para corregir los desequilibrios macroeconómico haciendo más que imprescindible un acuerdo político. (5)

El inicio de la campaña K.

La presentación del libro de la ex presidente Cristina Kirchner, “Sinceramente”, fue, antes que un acontecimiento literario, un acto abiertamente político con aires de lanzamiento de campaña.

Uno y otro, el libro y el acto de presentación, mostraron  las facetas ampliamente conocidas del kirchnerismo: un relato a medida de sus deseos, con presencias y omisiones, ambas desdibujando la realidad ( como lo fueron las estadísticas oficiales durante su Gobierno), pero que, a pesar de la exhibida imagen de moderación en su discurso de presentación,  tanto el texto del libro como las actitudes de sus seguidores, evidenciaron escasa adhesión a la verdad, e intolerancia  y  paroxismo de la  violencia en los hechos y en sus cánticos,  una vez más con la agresión, ya sea a funcionarios oficiales como  a la prensa, tan usual durante su gestión de gobierno. (5)

Mientras tanto, en el mundo…

Por primera vez en 40 años, las elecciones  para la renovación de Parlamento Europeo se convertirán, en la práctica,  en un referéndum sobre el futuro del bloque, amenazado por el nacionalismo extremo y por la  demorada y desgastante salida de Gran Bretaña ( Brexit ).

Nunca, como hasta estas elecciones europeas, fue tan evidente  el enfrentamiento entre fuerzas que impulsan más integración y las que, por el contrario, quieren “una Europa de naciones”, mientras cargan todos sus males sobre el modelo comunitario actual.

A eso se suma el inédito escenario sobre el que parte la elección. Los sondeos pronostican que por primera vez en 40 años las dos grandes corrientes políticas del continente -liberales y socialistas- no superarán el 50% de escaños y abre la posibilidad que los populistas y antieuropeos se conviertan en una efectiva fuerza de bloqueo.

La ultraderecha capitaliza la crisis en los viejos socios fundadores de la UE: Francia  amenazada, la eterna figura fuerte del bloque, la canciller alemana Angela Merkel, erosionada ,   Gran Bretaña luchando  para reducir los estragos del Brexit,  y además el complejo escenario de Italia. La única excepción entre los grandes parece ser España, con el triunfo del socialismo en sus recientes elecciones generales y el consecuente afianzamiento de la opción europeísta.

A su vez en el este europeo, al que el bloque abrió las puertas en 2007, el poder se encuentra mayormente en manos de gobiernos populistas.

Un ingrediente no menor para la preocupación lo constituye  el escaso interés de los 350 millones de personas que están llamadas a votar. El fenómeno de la abstención no ha dejado de crecer. La participación bajó en forma constante en las últimas cuatro décadas, desde el 62% de la primera votación, en 1979, hasta el 42,6% en 2014, y en este contexto los menos afectados por el abstencionismo, son justamente aquellos críticos a la unidad europea. (1)

Y en nuestro continente…..

La democracia y la seguridad jurídica parece no importar a determinados sectores.

El historiador y ensayista Loris Zanatta, escribía:  “¿Cómo no pensar en la plaza de Tiananmen?” al comentar una  frase del ex presidente uruguayo  José Mujica que se hizo viral: “No hay que ponerse delante de la tanqueta” (referida a  los manifestantes venezolanos arrollados por un blindado de la policía bolivariana). (5)

Pareciera ser que los valores de la seguridad jurídica y los derechos humanos tienen para algunos, distinta lectura según la ideología que profesan quienes detentan  circunstancialmente el poder. Y no debería ser así. Deben ser defendidos en toda circunstancia. También en los desdichados sucesos que están ocurriendo en la devastada Venezuela.

Referencias del diario LA NACION de Buenos Aires, mayo de 2019: (1) 12-5; (2) 5-5; (3) 13-5; (4) 7-5; (5) 11-5.

 

Por Pablo Broder
Economista argentino

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