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Umberto Eco y los síntomas del fascismo origina

 

El 24 de abril de 1995 Umberto Eco pronunció su célebre charla sobre “Los catorce síntomas del fascismo eterno” en la Universidad de Columbia que fue incluida en un par de libros suyos, ya en este siglo (Cinco escritos morales del 2010 y Contra el fascismo del 2018). Eco, el erudito filólogo, filósofo y novelista, utilizó el término de “Ur-fascismo”. Ur- es un prefijo proveniente del alemán que significa “original”, “primitivo”, “el primero” y en un sentido amplio,  aludió al “fascismo eterno” como sinónimo de “primitivo”, “protofascismo”, “fascismo genuino u original”.

La afilada precisión de Eco es especialmente oportuna en momentos en que hay que aplicar cuidadosamente su fórmula para detectar el hedor del fascismo en múltiples formas contemporáneas y pasadas de la política que pretenden ser novedosas. Esto va muy bien con los pretendidos outsiders, es decir a personajes que aparecen jactándose de ser ajenos a la política, renovadores o específicos y mesiánicos light, en todo caso diferentes al “fascismo eterno”.

El detector de Eco es revelador porque, como él advirtió, el Ur-fascismo puede volver bajo las apariencias más inocentes. “Nuestro deber – señaló – es desenmascararlo y apuntar con el dedo a cada una de sus formas nuevas, cada día y en cada parte del mundo porque libertad y liberación son tareas eternas que no acaban nunca”.

No hay un manual para prevenir el eterno retorno del fascismo porque como advirtió el piamontés este se adapta de modo que parece multiforme. Sin embargo, la aparición de uno solo de los indicadores propuestos por Eco basta para detectar la presencia de esa ideología. Quítenle al fascismo el imperialismo – decía – y verán un Franco o un Salazar (aunque ambos fueron colonialistas). Añádanle al fascismo italiano un anticapitalismo radical (que nunca fascinó a Mussolini) y obtendrán al literato estadounidense Ezra Pound. Añádanle el culto de la mitología céltica y el misticismo del Grial y obtendrán “uno de los gurús fascistas más respetados Julius Évola”.

Al parafrasear las catorce características típicas del Ur-fascismo aparecerán de Hirohito a Bolsonaro, de Netanyahu a Bordaberry, para no citar sino algunos personajes diversos. Veamos.

1 – El primer indicio es el culto de la tradición – El tradicionalismo es el indicio más antiguo porque se remonta a la edad helenística tardía en que se enfrentaba al nacionalismo griego clásico. En la cuenca del Mediterráneo, los pueblos de religiones diferentes (que el Olimpo romano aceptaba con indulgencia) “empezaron a soñar con una revelación recibida en el alba de la historia humana”. Esta revelación había permanecido durante mucho tiempo bajo el velo de lenguas ya olvidadas. Estaba encomendada a los jeroglíficos egipcios, a las runas de los celtas, a los textos sagrados, aún desconocidos, de algunas religiones asiáticas. Todos los mensajes originales contienen un germen de sabiduría y, cuando parecen decir cosas diferentes o incompatibles, lo hacen sólo porque todos aluden, alegóricamente, a alguna verdad primitiva. Como resultado, ya no pueden incorporarse nuevos conocimientos. “La verdad ya ha sido anunciada de una vez por todas – dice Eco – y lo único que podemos hacer nosotros es seguir interpretando su oscuro mensaje. Es suficiente mirar la cartilla de cualquier movimiento fascista para encontrar a los principales pensadores tradicionalistas. La gnosis nazi se alimentaba de elementos tradicionalistas, sincretistas, ocultos. La fuente teórica más importante de la nueva derecha italiana, Julius Evola, mezclaba el Grial con los Protocolos de los Ancianos de Sión, la alquimia con el Sacro Imperio Romano.

2 – El tradicionalismo rechaza el modernismo Tanto los fascistas como los nazis y los militaristas japoneses adoraban la tecnología, mientras que los pensadores tradicionalistas suelen rechazar la tecnología como negación de los valores espirituales. En el caso de los nazis, pesar de que se enorgullecían de sus logros tecnológicos, esto era sólo el aspecto superficial de una ideología basada en la «sangre» y la «tierra» (Blut und Boden). El rechazo del mundo moderno aparecía como condena de la forma de vida capitalista, pero en realidad estaba apuntado contra las revoluciones del siglo XVIII, como la francesa de 1789 o la norteamericana de 1776. La Ilustración, la Edad de la Razón, se ven como el principio de la depravación moderna y en esto hay una coincidencia importante con la Iglesia Católica. El Ur-Fascismo puede definirse como una forma de “irracionalismo”.

3 – El culto de la acción por la acción –  El irracionalismo también se vincula con el culto de la acción por la acción. La acción es bella de por sí, y, por lo tanto, debe actuarse sin más y sin reflexión alguna. Pensar es una forma de castración. Por eso la cultura es sospechosa en la medida en que se la identifica con actitudes críticas. La sospecha hacia el mundo intelectual ha sido siempre un síntoma de Ur-Fascismo. El mayor empeño de los intelectuales fascistas oficiales consistía en acusar a la cultura moderna de haber abandonado los valores tradicionales. En concreto y acá cerca, véase el ataque de Bolsonaro a las ciencias sociales y las universidades de su país.

4 – Contra el pensamiento crítico – Ninguna forma de sincretismo puede aceptar el pensamiento crítico. El espíritu crítico no traga entero sino que distingue y distinguir es señal de modernidad. En la cultura moderna, la comunidad científica entiende el desacuerdo como instrumento de progreso de los conocimientos. Para el Ur-Fascismo, el desacuerdo es traición.

5 – Contra la diversidad, odio a lo diferente – El desacuerdo es, además, un signo de diversidad. El Ur-Fascismo crece y busca el consenso explotando y exacerbando el natural miedo de la diferencia. El primer llamamiento de un movimiento fascista o tendiente al fascismo, es contra los intrusos, los inmigrantes, los diversos. El Ur-Fascismo es, pues, racista por definición, xenófobo, homófobo y fanático discriminador.  Las sectas religiosas y los grupos fanáticos promueven campañas de odio y por eso se asimilan directamente al fascismo. Las campañas contra los derechos humanos y por la derogación de leyes que los consagran son típicas del fascismo. Esto le cabe al diputado Iafligliola, por ejemplo. Los derechos humanos no son plebiscitables.

6 – Hijos de la frustración El Ur-Fascismo surge de la frustración individual o social. Lo cual explica por qué una de las características típicas de los fascismos históricos ha sido el llamamiento a las clases medias frustradas, desazonadas, por alguna crisis económica o humillación política, asustadas por la presión de los grupos sociales subalternos. “En nuestra época, en la que los antiguos “proletarios” se están convirtiendo en pequeña burguesía (y los lumpen se autoexcluyen de la escena política), el fascismo encontrará su público en esta nueva mayoría” – decía Eco en 1995. Véase si no la explicación de muchos de los votantes de Trump y/o de Bolsonaro.

7 – El nacionalismo y la creación del enemigo A los que carecen de una identidad social cualquiera, el Ur-Fascismo les dice que su único privilegio es el más vulgar de todos, haber nacido en el mismo país. Es éste el origen del “nacionalismo”. Además, los únicos que pueden ofrecer una identidad a la nación son los enemigos (ver las tesis de Carl Schmitt). De esta forma, en la raíz de la psicología Ur-Fascista está la obsesión por el complot, posiblemente internacional. Los seguidores deben sentirse asediados. La manera más fácil de promover la idea de  un complot o conspiración es apelar a la xenofobia. Ahora bien, el enemigo también debe estar en el interior: los judíos suelen ser el objetivo mejor, puesto que presentan la ventaja de estar al mismo tiempo dentro y fuera. Pero históricamente el enemigo interno pueden ser los izquierdistas, socialistas, comunistas, los gitanos, los palestinos, los negros, los blancos, cualquier minoría.

8 – Enemigos fuertes y débiles al mismo tiempo  Los partidarios en el Ur-fascismo deben sentirse humillados por la riqueza ostentada y por la fuerza de los enemigos. “Cuando era niño dijo Eco – me enseñaban que los ingleses eran el “pueblo de las cinco comidas”: comían más a menudo que los italianos, pobres pero sobrios. Los judíos son ricos y se ayudan mutuamente gracias a una red secreta de recíproca asistencia. Los partidarios de la propuesta fascista, con todo, deben estar convencidos de que pueden derrotar a los enemigos. De este modo, “gracias a un continuo salto de registro retórico, los enemigos son simultáneamente demasiado fuertes y demasiado débiles. Los fascismos están condenados a perder sus guerras, porque son incapaces constitucionalmente de valorar con objetividad la fuerza del enemigo”.

9 – Vida para la lucha o la guerra permanentePara el Ur-Fascismo no hay lucha por la vida, sino más bien, “vida para la lucha”. El pacifismo es complicidad con el enemigo; el pacifismo es malo porque la vida es una guerra permanente. Esto, sin embargo, lleva consigo un complejo del Armagedón: los enemigos deben y pueden ser derrotados y tendrá que haber una batalla final, después de la cual el movimiento obtendrá el control del mundo. Una solución final de ese tipo implica una futura era de paz, una Edad de Oro que contradice el principio de la guerra permanente. Los líderes fascistas o proto-fascistas son guerreristas, armamentistas, amenazan, sancionan, agreden, intervienen. Sin embargo ningún líder fascista ha conseguido resolver jamás la contradicción que les plantea la paz eterna después de la batalla final.

10 – El elitismo y la teoría del gallinero El elitismo es un aspecto típico de toda ideología reaccionaria porque esta siempre tiene un fundamento aristocrático. En el curso de la historia, todos los elitismos aristocráticos y militaristas han implicado el desprecio por los débiles. El Ur-Fascismo no puede evitar predicar un “elitismo popular”. Cada ciudadano pertenece al mejor pueblo del mundo, los miembros del partido son los ciudadanos mejores, cada ciudadano puede (o debería) convertirse en miembro del partido pero no puede haber patricios sin plebeyos. El líder, que sabe perfectamente que su poder no lo ha obtenido por mandato, sino que lo ha conquistado con la fuerza, sabe también que su fuerza se basa en la debilidad de las masas, tan débiles que necesitan y se merecen un “dominador” (un führer, un duce, un emperador o un presidente imperial. Puesto que el grupo está organizado jerárquicamente (según un modelo militar), todo líder subordinado desprecia a sus subalternos, y cada uno de ellos desprecia a sus inferiores (esta es la teoría del gallinero).

11 – Los héroes y el culto a la muerte En la perspectiva elitista, los seguidores son educados para convertirse en héroes. En todas las mitologías, el “héroe” es un ser excepcional, pero en la ideología Ur-Fascista el heroísmo es la norma: el culto a los superhombres, la raza superior, el pueblo elegido, etc.. Este culto al heroísmo está vinculado estrechamente con el culto a la muerte: no es una coincidencia que el lema de los falangistas (en realidad de los africanistas legionarios españoles) fuese “¡Viva la muerte!”. A la gente normal se le dice que la muerte es enojosa, pero que hay que encararla con dignidad; a los creyentes se les dice que es una forma dolorosa de alcanzar una felicidad sobrenatural. El héroe Ur-Fascista, en cambio, aspira a la muerte, anunciada como la mejor recompensa de una vida heroica. El héroe Ur-Fascista está impaciente por morir, y en su impaciencia – advierte Eco –  más a menudo consigue hacer que mueran los demás.

12 – El sustituto degradado del sexo en el Ur-fascismo  Puesto que tanto la guerra permanente como el heroísmo son juegos difíciles de jugar, el Ur-Fascista transfiere su voluntad de poder a cuestiones sexuales. Éste es el origen del machismo (que implica desdén hacia las mujeres y una condena intolerante de costumbres sexuales no conformistas, desde la castidad hasta la homosexualidad). Y puesto que también el sexo es un juego difícil de jugar, el héroe Ur-Fascista juega con las armas, que son su sustituto fálico: sus juegos de guerra se deben a una invidia penis permanente.

13 – El populismo cualitativo del Ur-FascismoEn una democracia los ciudadanos gozan de derechos individuales, pero el conjunto de los ciudadanos sólo está dotado de un impacto político desde el punto de vista cuantitativo (se siguen las decisiones de la mayoría). Para el Ur-Fascismo los individuos en cuanto individuos no tienen derechos, y el “pueblo” se concibe como una cualidad, una entidad monolítica y homogénea que expresa la “voluntad común”. Como ninguna cantidad de seres humanos puede poseer una voluntad común, el líder pretende ser su intérprete. Habiendo perdido su poder de mandato, los ciudadanos no actúan, son llamados sólo a desempeñar el papel de pueblo. El pueblo, de esta manera, es sólo una ficción teatral. Para poner un buen ejemplo de populismo cualitativo, ya no necesitamos Piazza Venezia (desde donde discurseaba Mussolini) o el estadio de Nuremberg (donde lo hacía Hitler). En nuestro futuro se perfila un populismo cualitativo por Televisión o Internet (mensajes en las redes), en el que la respuesta emotiva de un grupo seleccionado de ciudadanos puede ser presentada o aceptada como la “voz del pueblo”. En razón de su populismo cualitativo, el Ur-Fascismo debe oponerse a los “corruptos” gobiernos parlamentarios. Una de las primeras frases pronunciadas por Mussolini en el parlamento italiano fue: “Hubiera podido transformar esta aula sorda y gris en un cuartel para mis unidades de combate”. De hecho, encontró inmediatamente un alojamiento mejor para sus fasci di combatimento, pero poco después liquidó el parlamento. Cada vez que un político arroja dudas sobre la legitimidad del parlamento porque no representa ya la “voz del pueblo”, podemos percibir olor del Ur-Fascismo.

14 – La neolengua del Ur-Fascismo  Formas diversas de dictadura han desarrollado una especie de nuevo lenguaje. Todos los textos escolares nazis o fascistas se basaban en un léxico pobre y en una sintaxis elemental, con la finalidad de limitar los instrumentos para el razonamiento complejo y crítico. Pero debemos estar preparados para identificar otras formas de neolengua, incluso cuando adoptan la forma inocente de un popular reality-show.

Conclusión – Que éste sea nuestro lema, proclamó Umberto Eco: “No olvidemos” y dio fin leyendo una poesía de Franco Fortini :

Canto degli ultimi partigiani

En el pretil del puente
las cabezas de los ahorcados.

En el agua de la fuente
las babas de los ahorcados.

En el enlosado del mercado
las uñas de los fusilados.

En la hierba seca del prado
los dientes de los fusilados.

Morder el aire morder las piedras
nuestra carne no es ya de hombres.

Morder el aire morder las piedras
nuestro corazón no es ya de hombres.

Pero nosotros lo leímos en los ojos de los muertos
y en la tierra haremos libertad

pero apretaron los puños de los muertos
la justicia que se hará.

Por Lic. Fernando Britos V.

La ONDA digital Nº 904 (Síganos en Twitter y facebook

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