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Un libro, en formato papel, de excelente calidad gráfica, y con una tirada anual de cien mil ejemplares (más cien ejemplares en audio y veinticinco en sistema braile), la convierte en la edición de mayor tiraje del Uruguay. A eso hay que sumarle que es gratuito (se distribuye entre los asegurados), sin valor comercial y que llega a todo el país. Y fundamentalmente, tiene una amplia variedad de información y la sobriedad estilística de los colaboradores. Se trata del Almanaque del Banco de Seguros del Estado.

Tengo en mis manos la edición del año 2018, que generosamente me obsequió un amigo, y que se enfoca en el tema de la inmigración. Es sabido que a últimas fechas han ingresado al país miles de extranjeros, principalmente de otros países de América Latina —por diversas circunstancias que no vamos a analizar aquí— y ello ha generado dos corrientes opuestas en la opinión pública: la de quienes sostienen que la llegada de inmigrantes, con una buena proporción de los que tienen estudios o calificaciones laborales, puede ser un aporte más o menos significativo para el país, y de los que tienen miedo, y por eso rechazan a estos inmigrantes, a que les “roben” las posibilidades de trabajo. Sin embargo, los números dicen que los inmigrantes que están trabajando apenas llegan al 1,5% de la población activa.

Además, de todo esto algo sé en carne propia, ya que me tocó estar exiliado (en México), por dos veces. La primera a causa de la dictadura, en donde mis padres debieron exiliarse y por tanto yo los acompañé, con 12 años, y la segunda vez después del primer gobierno de Sanguinetti en un exilio económico debido a la falta de oportunidades laborales. Quiero decir, los argumentos que se dan, sobre todo del pretendido “robo laboral” (eso de que “nos quitan el trabajo de los uruguayos”), también lo viví, del otro lado, siendo que esa proporción, en el país que me acogió, era muchísimo menor.

Es evidente que la verdadera causa de este rechazo se da en otro ámbito, ideológico y, por supuesto, de falsa oposición.
Pero en realidad, “los procesos migratorios forman parte de las capacidades de adaptación de los seres humanos al entorno y han estado presentes a través de relatos en la casi totalidad de las culturas del planeta. Asimismo, las migraciones para muchas sociedades están íntimamente relacionadas con su devenir histórico y con la construcción de su cosmovisión del mundo” (pág. 32).

Lo que dice la historia
Desde la colonia tras el dominio español de la Banda Oriental, y el declive de la población originaria, se da un entrecruzamiento entre portugueses, españoles, indígenas y, en menor medida africanos (alrededor de 2500 esclavos). Por lo tanto, el origen de nuestro país (como país independiente de España) no es homogéneo, sino el “fruto de la coexistencia de individuos con muy diversos orígenes”. En aquel tiempo, el país y la región era percibida “como una tierra próspera y con inmejorables condiciones para el progreso”. Para los que llegaban, “comenzaba una nueva vida en otro continente y permitía avizorar un futuro progreso económico y social. El apoyo de sus paisanos constituía una herramienta fundamental para la prosperidad. Con los años, muchos fueron asumiendo nuevas funciones en el mercado laboral y la adquisición del idioma fue fundamental en este aspecto” (pág. 50).

De esa manera, una segunda oleada de inmigrantes provienen de Italia y España, principalmente, “aunque también de otras tantas regiones empobrecidas de Europa”, siendo predominante el grupo “conformado por hombres jóvenes entre 15 y 39 años”, con la esperanza de encontrar su lugar, donde afincarse y poder trabajar. Entre 1825 y 1980, según Renzo Pi Ugarte, la población de Uruguay se multiplicó por 32 veces. En palabras del antropólogo brasileño Darcy Ribeiro, esa primera y segunda inmigración hizo que su población y su cultura tuvieran una fisonomía europea.
De esta forma, hay estudios que estiman que el 60% de la población cuenta con un antepasado español, de procedencia vasca en gran medida, incluso franceses. La guerra y sus consecuencias, y razones de índole política, étnica o religiosa, fueron los motivos, más allá o junto con los económicos, de la llegada de estos inmigrantes.

Así, podemos destacar “el escenario económico-financiero que se vivía en la Europa mediterránea de la segunda mitad del siglo XIX, el nuevo mapa europeo a partir de la caída del imperio Otomano y la disolución del imperio Austro Húngaro, el genocidio armenio, el avance del fascismo en Europa, el derrocamiento de la Segunda República Española y, por supuesto, los millones de desplazados producto de la Primera y de la Segunda Guerra Mundial” (pág. 27). Y cuando llegan, lo hacen con sus oficios, sus costumbres y sus religiones; traen ideas nuevas y visiones distintas del mundo. La nostalgia, como característica nacional, es una de las consecuencias de la añoranza, “es herencia de aquella idealización que el migrante hizo de lo que un día dejó”.

“Las redes de las asociaciones y colectivos de inmigrantes fueron fundamentales para la instalación de los recién llegados”. Eso posibilitó la creación de “colegios, centros culturales, sociedades de ayuda mutua, clubes, bancos, hospitales y hasta cementerios para atender los requerimientos de cada colectividad” (pág. 56), estableciendo vínculos y relaciones humanas. Creación de instituciones “en la educación, la salud, el sistema financiero, el deporte y la religión”.

Como ejemplos podemos citar: Asociación Española de Socorros Mutuos (fundada en 1853), el Hospital Británico (1857, con el nombre de Hospital Extranjero. Desde 1913 lleva el actual nombre), el Hospital Italiano (1890, como Umberto I), Casa de Galicia, en 1917; Hospital Evangélico de Colonia (1964, funcionaba en dependencias de la Iglesia Evangélica Valdense). El Liceo Francés Jules Supervielle (1897) como Collège Carnot, Colegio y Liceo Alemán (Deutsche Schule, 1857), The British Schools (1908), Colegio Nubarian (pertenece a la Unión General Armenia de Beneficiencia (NGAB 1973, Liceo Alex Manoogian 1974) y el Nersegian (depende de la Iglesia Nacional Armenia).

También Colegio Yavne (judíos askenazhíes, 1952, de perfil religioso), Colegio Ariel (1978, se fusionó con la Escuela Integral, fundada en 1962). Colegio Libanés (década de 1930), La Scuola Italiana de Montevideo (1886, en el departamento de Paysandú). Círculo Republicano Español (1934, que nucleará a exiliados por la dictadura franquista). Asociación Japonesa en el Uruguay (AJU, 1967), fundada para mantener las tradiciones, la cultura y el idioma.

En los años sesenta se revierte el flujo migratorio por la recesión económica al finalizar la época llamada de “vacas gordas”. La dictadura cívico-militar fue la causante de una oleada de emigración, por motivos políticos (de seguridad), y si bien con el retorno de la democracia en 1985 muchos de ellos volvieron, una nueva crisis, en el año 2002, hizo expulsar a “muchos otros, principalmente jóvenes, configurando una nueva oleada de exilio económico”.

Exilio, insilio y pertenencia
Actualmente, hay partidas de jóvenes profesionales “que se instalan en el exterior para cursar maestrías y doctorados”. De ellos, pocos retornan (ha sido una costumbre por las pocas posibilidades de desarrollo profesional sobre todo en el área científica). “En la última década, una vez que el país comenzó a afianzar la estabilidad y a recorrer la senda de una importante reactivación de la actividad productiva, un número significativo de orientales fueron regresando…” (pág. 29) y además la inmigración se ha diversificado, viniendo “desde asiáticos a españoles, desde norteamericanos a africanos, pero especialmente latinoamericanos provenientes de Argentina, Perú, Colombia, República Dominicana y últimamente Venezuela”. El fenómeno de la inmigración cubana es más nuevo, y hay allí razones de otro tipo, no sólo económicas” (y/o políticas), y además “hay otros actores” como intermediarios y traficantes que lucran con esta situación.

“La exportación de lana y carne consolidó un modelo netamente exportador, a la vez que se desarrollaba la industria frigorífica y la cuenca lechera al sur del país”, y eso hizo necesario mano de obra, dio trabajo. “A pesar de ciertas condiciones excepcionales, la incorporación de los extranjeros a la sociedad local no fue sencilla en todos los casos y operaron mecanismos de discriminación para con los recién llegados, prejuicios acerca de sus costumbres, sus ideas políticas o simplemente a partir de su condición social o su procedencia” (pág. 33), todo lo cual podemos catalogar como de xenofobia. “El Estado jugó un papel trascendental para la llegada de inmigrantes provenientes de Europa y que tuvieron como destino la creación de colonias en el interior del país”. El desarrollo del ferrocarril fue muy importante. Además, “los inmigrantes fueron grandes protagonistas de las primeras huelgas y contribuyeron a la fundación de los primeros sindicatos, gracias a los cuales los asalariados comenzaron a avanzar en la conquista de derechos laborales, como la jornada de ocho horas impulsada por el presidente José Batlle y Ordóñez en 1915 a través de la Ley N° 5.350” (pág. 53).

¿De dónde vinieron los primeros inmigrantes?
“De Castilla, Asturias e Islas Canarias llegaron los primeros barcos”, se afirma. A partir de 1880 vienen desde Galicia, Valencia, País Vasco y Cataluña.
Los italianos: tras las luchas por la unidad italiana y sus consecuencias, que sacudieron toda la península, se da “la salida de un número muy importante de italianos con destino a América. Cuando por fin llegó la Unificación, se conformó una sociedad muy clasista y desigual y no se dio cumplimiento a las promesas de reforma agraria que el campesinado había estado aguardando. A partir de 1860, una importante corriente de italianos, “contadinos” de oficio (campesinos), se instalaron en las afueras de Montevideo y Paysandú. El flujo de italianos fue muy importante en las décadas siguientes, y cobró un nuevo impulso con el inicio del nuevo siglo. Muchos se emplearon como obreros, albañiles o herreros, conocedores de oficios vinculados a la construcción y a la arquitectura. Los que llegaron a nuestro país para quedarse fueron principalmente piamonteses, genoveses, venecianos, calabreses, sicilianos y napolitanos. Los italianos emigraron en masa a América, principalmente a Estados Unidos, Argentina, Brasil y Uruguay” (pág. 37).

Los franceses: en 1830, 1840 y 1850, vinieron desde el País Vasco francés y región de Bearnes y pequeñas localidades como Oloron, Sainte Marie y Pau (un 10% es de ese origen).

Libaneses, sirios y griegos (de Andros, Chíos, Calimnos y Asia Menor, y luego desde Samos, Lesbos y Limnos, quienes vivieron principalmente en la Aduana y Villa del Cerro) sobre fines del siglo XIX y principios del siglo XX.

Armenios desde 1900 en adelante, sobre todo a partir del 24 de abril de 1915 (que es la fecha del genocidio armenio realizado por los turcos). También hay inmigrantes que llegaron de la región de Cilicia, en el Mar Mediterráneo.

Los rusos, más propiamente de la región del Cáucaso (por motivos religiosos) se establecieron en San Javier (1913, al norte del río Negro), y los que se establecieron en Colonia Ofir (a doce kilómetros de San Javier, cuya fundación fue en 1966) venían de China, aunque étnicamente eran rusos y practicaban una religión ortodoxa de rito antiguo, aún hablan eslavo antiguo y no aceptan utilizar la tecnología o la informática (no tienen celular, ni radio, aunque a últimas fechas se comunican vía WhatsApp con otros integrantes de su misma religión que están esparcidos por varios lugares del mundo). En las escuelas públicas de San Javier y Colonia Ofir se dan clases de ruso. Llegaron, los primeros, sobre fin de la Primera Guerra Mundial y después de la Revolución Rusa de 1917; los ortodoxos de Colonia Ofir vinieron después de la Segunda Guerra Mundial y más concretamente desde 1949 (que es cuando en China triunfa la revolución comunista).

Después de 1917 llegarán polacos, alemanes, checos, eslovacos, ucranianos (del Volinia, en el oeste de Ucrania, y de Bucovina, este de Ucrania y oeste de Rumania), rusos, bielorrusos y húngaros. También lituanos, montenegrinos, serbios y croatas de Dalmacia, Lika, Kordun, Eslavonia y Srijem.
Entre 1925 y 1930 llegaron aquí 40.000 judíos askenazíes (de Europa del Este y Central), y en 1928 alrededor de 10 mil lituanos, con una pequeña colectividad judía. Además vinieron judíos sefaradíes de Turquía, Grecia, Líbano y Siria (desde ciudades como Esmirna, Aydín o Alepo). El Cementerio Israelita, ubicado en La Paz, comenzó a funcionar desde 1917, y allí reposan los restos de judíos sefaradíes, askenazíes, húngaros, alemanes.

Los suizos llegaron sobre la segunda mitad de 1800, en el siglo XIX, eran calvinistas y luteranos.
Alemanes conforman, en 1948, la colonia menonita El Ombú; Gargental en 1951, y Colonia Delta en 1955; las migraciones grupales están vinculadas a grupos étnicos que residían en la región del Volga.

Británicos: desde el siglo XVIII, irlandeses (campesinos de Kilrane) y de Westmeath y Longford, y a partir de las invasiones inglesas, tras la independencia, vienen para trabajar en bancos, frigoríficos, ferrocarriles.

Japoneses mediante migraciones individuales, entre 1950 y 1960, desde la isla de Okinawa, y por la misma época coreanos y chinos.
El recopilador de esta información, nos advierte que “no es posible en todos los casos establecer fechas exactas para la llegada de los grupos, salvo cuando existe prueba documentada de ese acontecimiento, lo que sí es posible definir son los periodos vinculados al aumento o a la disminución del flujo de inmigrantes de un origen en particular y en el caso de algunas nacionalidades que ya estaban presentes con algún integrante desde la época de la colonia, recién fue posible determinar la existencia de una corriente migratoria hacia finales del siglo XIX” (pág. 39).

Otros grupos poblacionales
A pesar de lo dicho anteriormente, “en las últimas décadas, se han creado asociaciones que reivindican el origen e identidad charrúa, intentan grupar a los descendientes, dar visibilidad a los reclamos, al tiempo que promueven la discusión acerca de una reparación histórica” (31%, un tercio de la población, tiene ascendencia indígena materna, pero en Tacuarembó y Salto ese porcentaje es mayor). Han quedado registros de su lengua (junto a la de otros grupos indígenas) en la toponimia y en los nombres de plantas y animales (sobre todo en guaraní y quechua), más el portugués en la zona de frontera (portuñol, que tiene 250 años de antigüedad, principalmente en las ciudades de Artigas/Quaraí, Río Branco/Yaguarón y Rivera/Santana do Livramento).

“Otro de los grupos que sufrió una grave discriminación y fue sistemáticamente postergado y dejado por fuera de la historia de nuestro país es el conformado por los descendientes de esclavos, traídos desde el continente africano a partir del siglo XVII” (pág. 43). “Se calcula que entre los siglos XV y XIX la cifra de esclavos traficados al continente americano superó los diez millones de seres humanos” (la influencia africana está en un 6% en todo el país, pero es mayor en Tacuarembó con 15%, Cerro Largo 10% y Montevideo 7%).
Principalmente correspondían a la etnia y cultura bantú (Angola, Sierra Leona, Guinea, Cabinda, Kenia, Camerún y Congo). “Tener un esclavo negro en la casa era un signo de distinción para la sociedad de la época”, además de las duras condiciones a que fueron sometidos e incluso a permanentes abusos sexuales.

Antes de llegar, eran alojados en el Hotel de Inmigrantes en la isla de Flores, donde debían pasar en cuarentena por si tenían enfermedades. Luego eran desembarcados en el Puerto de Montevideo, que fue una de las principales vía de entrada de los esclavos en Latinoamérica.
La Ley de Vientres, ley que establece la libertad de los hijos de padres esclavos, y que recién se aplicó en 1830, y la abolición de la esclavitud, en 1842, contribuyó a que ex esclavos argentinos y brasileños se instalaran en Uruguay.

La cultura inmigrante
La influencia de los inmigrantes se da en varios aspectos culturales, pero principalmente a través del tango (en 1880, cuando en los alrededores del puerto y los barrios “bajos”, que introducen el lunfardo —etimológicamente la palabra tango, aunque hay cierta controversia, según la teoría más aceptada es que es africana, y significaría “lugar cerrado” según ciertos dialectos, pero también como derivada de “tambo” y que significa celebración o fiesta; “reunión de negros para bailar al son de un tambor”, dice el Diccionario Etimológico de la Lengua Española. También del quechua “tampu” que significa “sitio o reunión” en referencia a los indios— ), y en la arquitectura con maestros de obra, mayormente italianos, desde la segunda mitad del siglo XIX.

Hay, entonces, un antes y un después en la cultura local. “Los inmigrantes llegaban munidos de instrumentos, canciones y literatura, pinceles, saberes y oficios, tradiciones, gustos y estilos”, y sobre esos conocimientos se da el intercambio cultural. También los paisajistas, por ejemplo, de origen francés, cambiaron la fisonomía de las ciudades en el Parque Rodó, Parque del Rosedal, Parque del Jardín Botánico del Prado (Charles Racine), y otros en Melo, Paysandú, Dolores y Salto. Distintas construcciones se destacan, como las del ingeniero italiano Luis Andreoni (Hospital Italiano de Montevideo, 1890, y la Estación Central de ferrocarriles, 1897), o Carlo Zucchi, quien participó en el diseño del Teatro Solís y del Hospital Maciel. O bien Giovanni (Juan) Veltroni, con la sede central del Banco República Oriental del Uruguay y el edificio que es hoy sede del Ministerio de Salud Pública, y ni que hablar del arquitecto Vittonio Meano, oriundo de Susa, en Turín, quien diseñó el Palacio Legislativo en 1925. Tomás Toribio, español, diseñó la Iglesia de la Inmaculada Concepción (Iglesia Matriz) durante el periodo colonial.

En la pintura se destacaron inmigrantes como Juan Manuel Bésnes e Irigoyen (1808, desde San Sebastián, vasco), y José Gurvich (1927, de Lituania).
En el deporte el aporte británico se dio en el cricket (1842), rugby (realizó el primer juego internacional, fútbol (1870), con instituciones como Montevideo Rowling Club (fútbol institución y remo). Club Alemán de Remo, fundado en Montevideo en 1922. Los vascos franceses y españoles introdujeron la pelota vasca, y los estadounidenses que llegaron para instalar la frigorífica Swift (1913) el básquetbol en 1912, por medio del profesor Jess T. Hopkins y el voleibol, el tenis y el golf.

¿Cuántos son, cuántos somos?
Las cifras disponibles a 2017, dice que en Uruguay viven, según publica la ONU, 79.586 inmigrantes en total, lo que supone un 2,3% de la población de Uruguay. La inmigración femenina es superior a la masculina, con 43.588 mujeres, lo que supone el 54.76% del total de inmigrantes, frente a los 35.998 de inmigrantes varones, que son el 45.23%. En el ranking de inmigración vemos que es el 119º país del mundo por porcentaje de inmigración. Sin embargo, sin temor a equivocarnos, podemos cifrar en más de diez mil los nuevos inmigrantes durante 2018 y lo que va de 2019. Jorge Muiño, director de Asuntos Consulares, dijo que desde 2012 la Dirección de Migraciones otorgaba unas 3.500 residencias al año, “hoy entre ellos y nuestra Dirección superamos las 13.000, y la tendencia es a que siga aumentando el número de solicitudes”. A esta altura los venezolanos han sido el grupo de población inmigrante que más ha llegado a este país, sobrepasando a los argentinos.

La Ley Orgánica sobre inmigración, de 1890, Ley N° 2.096, fomentaba la inmigración (sin embargo el 19 de julio de 1932, durante la dictadura de Terra se hizo otra ley, la Ley N° 8.868 que, “además de la prohibición casi absoluta del ingreso, otorga potestades al gobierno para expulsar del país a extranjeros ya residentes”, llamada la Ley de Indeseables. Los “indeseables”, dice la ley, serán los extranjeros que “…se hallasen vinculados a organizaciones sociales o políticas que por medio de la violencia tendieran a destruir las bases fundamentales de la nacionalidad; y a los que no tuvieran una industria, profesión, arte o recursos que les permitiera vivir con sus familiares, por sus propios medios, sin constituir una carga social”). Desde ese tiempo, dictatorial, hay ya una creencia en contra de la inmigración, que se ve reforzada en el discurso de la derecha en países de Europa y también de Latinoamérica.

La importancia, por otra parte, de la escuela pública es muy grande, porque es parte de la construcción de un sentimiento “de identidad nacional”. De los 17 mil estudiantes que concurren a 195 escuelas públicas a fines del siglo XIX, a fines de 1960 eran alrededor de 400 mil estudiantes (en 2016 habían 2323 escuelas de Educación Inicial con 87 mil alumnos y Primaria Pública con más de 300 mil). Era un modelo educativo, el de José Pedro Varela, que toma como referencia la educación estadounidense, en su carácter público, gratuito y obligatorio que hizo incorporar a los jóvenes a la vida escolar, “con énfasis en la igualdad”. La laicidad, resistida por la religión con la visión estrecha de un dogma inalterable, es impuesta por ley. A esa misma religión (religiones, cabría decir), se cuestiona el hecho de que no paguen impuestos (contraviniendo el artículo 5° de la Constitución, que entró en vigencia en 1919, donde dice que el Estado “declara asimismo exentos de toda clase de impuestos a los templos consagrados al culto de las diversas religiones”). Por tal motivo habría que derogar esa ley si se lo entendiera pertinente.

El revertir de una tendencia
Uruguay, entonces, a lo largo de su historia, recibió 600 mil inmigrantes, pero a partir de 1970 hubo un exilio considerable por razones políticas pero también económicas, y a principios del 2000 hubo una nueva oleada de exilio económico (tras la crisis del año 2002). Ultimamente, han ingresado otros nuevos inmigrantes, principalmente latinoamericanos (Perú, Venezuela, Argentina, Brasil, Cuba, Colombia, Bolivia, República Dominicana y Estados Unidos), pero también desde China, países europeos y la India. Por otra parte, gracias al éxito de ciertas políticas económicas en el país (y al deterioro de estas condiciones en los países en que se habían exiliado), también han regresado miles de compatriotas.

“Los argentinos residentes en el Uruguay constituyen la principal corriente demográfica de las últimas décadas”, se afirma en otro de los artículos del Almanaque 2018 del BSE. Los brasileños principalmente se han establecido en las zonas de frontera, y en Montevideo y Punta del Este. Los peruanos, provenientes de Lima y del norte de Perú, de la ciudad de Chiclayo, y departamentos de Piura, Cajamarca y Junín, rondan los 4.500, y han fundado la Asociación Cultural y Casa de los Inmigrantes César Vallejo, en 1993. “Desde el 2004 llegaron 5.000 venezolanos. Dominicanos más de 6.000”. Se cifra en más de 8.000 los cubanos que han ingresado al país (en los últimos días muchos de ellos piden visas en la embajada de Nicaragua para ir allá, sobre todo por la dificultad de conseguir trabajo o bien por no tener cierta capacidad de ahorro para enviar recursos monetarios a sus familiares, y para estar más cerca de Cuba) aunque se sospecha de una red de traficantes que los hacen salir de Cuba vía Guayana y luego atravesar el Brasil hasta Porto Alegre, siendo los puntos de entrada principalmente por Cerro Largo (Aceguá) y la frontera norte por Rivera. También, y debido a condiciones económicas y otras, llegan desde España y Alemania.

“El desafío para los que llegan es encontrar oportunidades y hacerse de un lugar en nuestra sociedad, mientras que para los uruguayos radica en hacer prevalecer determinados valores y acciones para recibirlos”. “Uruguay mantiene una política abierta para la llegada de estos nuevos inmigrantes y existen numerosas dependencias estatales que contribuyen a garantizar un marco legal para su ingreso al país y posterior inserción” (pág. 96), dando respaldo a personas y familias, cuidando que “puedan ser víctimas de tráfico, prostitución o explotación laboral”, y “como en todo proceso migratorio existen, en mayor o menor medida, dificultades para la plena incorporación a la sociedad de acogida, y no todos los que llegan consiguen adaptarse, ya sea por cuestiones económicas, afectivas o por la sumatoria de ambas. Por otro lado, para una porción de la sociedad uruguaya, las nuevas migraciones suponen una oportunidad para probar cuán tolerantes y solidarios somos”. La inmigración “aporta dinamismo a la economía”, y a la sociedad.

La tradición culinaria como aspecto de identidad
La llegada de los inmigrantes impactó en la cocina criolla. La mezcla con la cocina española y la italiana conforma la actual culinaria uruguaya que, desde una cocina básica compuesta por sopa, puchero, asado, lengua, matambre, charqui, o bien más en campaña con pollo, perdiz, huevos, choclo y zapallos, más agua, pan y vino, se ha “aggiornado”, creando nuevos sabores y nuevas texturas. Además, a esto se le ha agregado la cocina francesa, y condimentos, frutos y recetas de Medio Oriente.

Hay una variedad de comidas de origen italiano, desde las pastas, los quesos (parmesano, el sardo, el reggianito, la mozzarella o la ricota), helados y postres. El pescado y sus variantes (por ejemplo el chupín) de origen español, como también guisos, ensopados y puchero.

Hablando de modo general, los inmigrantes trajeron consigo sus tradiciones culinarias. La Fiesta del Queso (Ecilda Paullier, en el departamento de Colonia), la Fiesta Nacional del Chocolate en Nueva Helvecia (localidad de inmigrantes suizos, donde actualmente, en abril de 2019, se inauguró el Tambo Tecnológico Educativo en la Escuela Superior de Lechería, en donde la UTEC invirtió 400.000 dólares), o las Fiestas Suizas; Encuentro Británico Oriental (se celebra en San Jorge, Durazno, pueblo fundado por Thomas Fair, británico nacido en el siglo dieciocho en Edimburg. San Jorge es el patrono de Inglaterra), o la Fiesta de San Javier, de tradiciones rusas, desde 1913, y también el Festival de Japón.

Por otra parte está el clásico Desfile de llamadas, donde desfilan los grupos al son del candombe, que es el evento cultural más representativo de la cultura afro-uruguaya, o la Fiesta del Inmigrante del Cerro, o el de la ciudad de Salto, que, junto a la Fiesta de las Migraciones, organizada por la Red de Apoyo al Migrante, son algunas de las festividades más importantes que se realizan anualmente.

Finalmente, el Almanaque 2018 del Banco de Seguros del Estado, que incluye fotos de muy buen nivel que ilustran los artículos respectivos, nos aporta información sobre otras temáticas, como ser, entre otras, el ruido y lo molesto del mismo, “que altera el normal descanso”; los sistemas de retención infantil, sobre la gestión de riesgos de la diversidad de los trabajadores, sobre las rentas personales (como inversión y cobertura). Hay lugar para un contrapunto entre Sarmiento y Varela como fundadores de una concepción educativa de tanta importancia, y que aún tiene una clara influencia en la educación; una breve historia de la bandera nacional; la etimología del nombre de Montevideo y sus siete hipótesis, y la infaltable historia de los ataques de piratas y corsarios en el río de la Plata.

Otros temas, de divulgación científica, sobre los bichitos de humedad, Dipters antárticos (Parochlusis steinenii y Belgica antarctica), que son insectos parecidos a los mosquitos, o las especies invasoras como la vaquita asiática (al que llamamos vaquitas de San Antonio o mariquitas), o bien como la conservación de humedales, el arbolado de las ciudades, la conservación de los suelos para la agricultura, y en torno a la célula y la auto reparación del material genético.

Y por supuesto, la información correspondiente al nuevo Sanatorio del BSE y a los aportes del Banco de Seguros del Estado a la estabilidad de la producción agropecuaria, por medio de la Misión de Departamento Agronómico (incluyendo una visión totalizadora y global), estabilizando la renta de los productores agropecuarios ante las pérdidas por eventos climáticos adversos.

Por Sergio Schvarz
Escritor, poeta, y ensayos breves.

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