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El honor y las leyes del Dr. Globke (II)

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Por Lic. Fernando Britos V. / 

La trayectoria del Dr. Hans Josef Maria Globke, jurista fundamental del nazismo, sus acciones, su mimetización, su contumacia y las circunstancias y los actores que le permitieron escapar de la horca y ser un mandamás de la Guerra Fría – con especial participación en la “seguridad nacional” – muestran la pervivencia de las fuerzas que ponen en riesgo la democracia, la libertad y la justicia.

Del honor y la sangre alemana – Los antecedentes del Dr. Globke se remontan a una decada anterior a la llegada de Hitler al poder. Nació en Düsseldorf, en Renania del Norte, y pronto sus padres – ambos católicos en un medio protestante – se establecieron en Aquisgrán, la ciudad más occidental del Imperio Alemán donde el padre operaba un almacén de paños. El joven estudió en un colegio católico de elite (el Kaiser-Karl-Gymnasium) y apenas egresado, en 1916, participó en la Primera Guerra Mundial como soldado de artillería. Después de la guerra estudió leyes y ciencias políticas en las universidades de Bonn y de Colonia. Católico practicante pertenecía al Partido de Centro (el Deutsche Zentrumspartei o DZP un partido político identificado con la Iglesia Católica) que se autodisolvió, en 1933, a instancias del Cardenal Pacelli (futuro Papa Pío XII), lo que fue decisivo para el ascenso del nazismo al poder.

En 1922 se recibió de abogado y en 1924 actuó como juez en la corte policial de Aquisgrán y pronto como subjefe de policía en esa ciudad. En 1926 ascendió a Regierungsassessor (Asesor Distrital). En diciembre de 1929 ingresó al Ministerio del Interior de Prusia. En noviembre de 1932 – dos meses antes de que Hitler llegara a ser nombrado Canciller – Globke formuló una serie de reglamentos para hacer casi imposible que los alemanes de origen judío, en Prusia, pudieran modificar sus nombres y apellidos para germanizarlos. Un párrafo de esta reglamentación antisemita en los últimos tiempos de la República de Weimar establecía que los cambios de nombre dificultaban el seguimiento de los lazos familiares, la verdadera situación marital y los ancestros. Se trataba de una anticipación de las leyes persecutorias y discriminatorias que el propio Globke coproduciría para Hitler poco después.

El honor y las leyes del Dr. Globke (I) – El honor y la actitud de la comunidad hacia esas invocaciones, el encubrimiento o la banalización de los crímenes y la transformación de los testigos o las personas con poder en encubridores, las acciones de los carroñeros de la política, no son episodios exclusivos de una época, aislados en un momento, una época, una región. Esto amerita un par de notas. En la primera nos detendremos en el honor abstracto de las corporaciones, sus formulaciones y contenidos hasta llegar al caso emblemático del jurista y político alemán Hans Globke (1898 – 1973). En la segunda nos detendremos en la carrera del Dr. Globke, sus acciones, sus transformaciones y las circunstancias y fuerzas que le permitieron escapar de la horca y ser un mandamás de la Guerra Fría.

Demagogos armados y desarmados y la condescendencia de los guerreros – Muchos fenómenos convergen en los acontecimientos de los últimos días cuando altos mandos del ejército quedan en evidencia como indiferentes ante crímenes atroces, sostenedores de la impunidad y su correlato (que algunos identifican con la ley mafiosa de la omertá); un ministro y un viceministro que no pusieron el empeño debido y contribuyeron a la banalización de la confesión mendaz de Gavazzo; unos políticos carroñeros que muestran su escasa adhesión a la democracia y su complicidad de décadas en el ocultamiento y la benevolencia hacia los perpetradores de crímenes de lesa humanidad. LEER MÁS

El que fue dirigente estudiantil del partido católico fue uno de los promotores de la llamada “Ley para solucionar los peligros que acechan al Pueblo y al Estado” (Gesetz zur Behebung der Not von Volk und Reich), mejor conocida como la Ley habilitante (Ermächtigungsgesetz) aprobada por el parlamento alemán el 23 de marzo de 1933, cuando todos los diputados del Partido Comunista habían sido encerrados en campos de concentración, los socialdemócratas se habían retirado y el Partido de Centro católico había negociado su aprobación con los nazis. Esa ley le otorgó a Hitler plenos poderes dictatoriales sobre el Reich. Pero eso no fue lo único, Globke también fue el autor de la Ley del 10 de julio de 1933 que dispuso la disolución del Consejo de Estado Prusiano.

Poco después Globke fue uno de los redactores, junto con su jefe y principal impulsor Wilhelm Frick, de la “Ley de Ciudadanía del Reich” y de la “Ley para la Protección de la Sangre Alemana y el Honor Alemán” (del 15 de setiembre de 1935, ambas conocidas como Leyes de Nuremberg) que el Reichstag dominado por los nazis (que habían encarcelado a todos los opositores) aprobó por unanimidad durante una reunión anual del partido que se celebró en Nuremberg. Estas leyes prohibían los matrimonios y todo tipo de relaciones extramaritales entre judíos y alemanes, además prohibían que mujeres alemanas menores de 45 años trabajaran como empleadas en hogares alemanes.

En cuanto a la ciudadanía establecía que solamente los alemanes o personas de sangre aria eran ciudadanos del Reich, los demás individuos eran clasificados como sujetos sin derechos de ciudadanía. Dos meses después y presumiblemente de la mano de Globke se agregó un decreto complementario que definía la condición de judío y días después se incluyó en la normativa racista a los gitanos definidos como “enemigos del Estado basado en la pureza racial” al igual que los judíos. Estas leyes excluían a “las razas inferiores” (los untermensch) de todos los cargos públicos, especialmente de la docencia, limitaba el ejercicio de las profesiones y dio pie a expropiaciones y abusos.

En noviembre de 1934, cuando el Ministerio del Interior de Prusia se unificó con el Ministerio del Interior del Reich, la carrera meteórica de Globke le llevó a ocupar el puesto de portavoz del Ministerio. Allí trabajó ininterrumpidamente hasta 1945 como principal colaborador del ministro Wilhelm Frick (este fue juzgado y condenado por crímenes de lesa humanidad en Nuremberg, después de la Segunda Guerra, y ahorcado en 1946).

Globke no fue solamente el redactor de las leyes monstruosas que dieron pie a los crímenes del nazismo sino que llegó a ser el principal consejero legal de la Oficina para Asuntos Judíos que encabezaba el SS-Obersturmbannführer Adolf Eichmann en el Ministerio del Interior. En 1940 para continuar su ascenso trató de afiliarse al Partido Nacionalsocialista pero a pesar de todos los méritos que había hecho, Martin Bormann lo bochó por su anterior pertenencia al Partido de Centro y a su catolicismo aristocratizante que a los nazis no les inspiraba confianza. En la misma época, su colega, el jurista Carl Schmitt que había conseguido afiliarse al partido nazi en 1933, era mirado de reojo por Himmler y su séquito.

Al principio de la Segunda Guerra, Globke fue responsable de las fronteras del Reich, visitó los países conquistados con Frick y el secretario de Estado, otro abogado, Wilhelm Stuckart. Los historiadores sospechan que Globke fue el autor de un memorando dirigido a Hitler en junio de 1940 que proponía la anexión al Tercer Reich de los territorios orientales de Francia y de Bélgica y la deportación de cinco millones de sus habitantes. Después de una visita de Globke a Eslovaquia (que entonces era un Estado títere de la Alemania nazi) se implantaron en ese país las leyes raciales que sirvieron para iniciar las expropiaciones y deportaciones de judíos de ese país hacia los campos de exterminio.

Escapando de la horca – El astuto jurista como muchos de sus colegas en la cúpula del Tercer Reich empezó a prepararse para el ocaso del nazismo, posiblemente en 1943 cuando se dio cuenta de que la derrota militar era inevitable. Entonces desarrolló discretos contactos con la ultra derecha anti nazi, los aristócratas militares prusianos y sus correligionarios católicos que querían despegar de Hitler para salvarse del derrumbe. De este modo se transformó en informante del obispo de Berlín  Konrad von Preysing (1880-1950), un derechista opuesto al nazismo, un hombre de Pío XII a quien los nazis no se atrevieron a arrestar y que después de la Guerra actuó abiertamente como el furibundo enemigo del socialismo.

Se sabe que Grobke estaba en conocimiento de la conspiración del economista y político derechista Carl Goerdeler y del aristócrata Gral. Ludwig Beck. Si el atentado contra Hitler del 20 de julio de 1944 hubiera tenido éxito, Goerdeler habría sido designado Canciller para negociar una paz separada con Inglaterra y Estados Unidos y Globke habría ocupado un ministerio.

salvó la vida. Fue ahorcado por los nazis en febrero de 1945. Globke había tomado sus precauciones y su colaboración con los conspiradores no llegó a ser descubierta. Sin embargo, para perfeccionar su fachada afirmó que la Gestapo había intentado detenerlo en 1945 pero que no lo consiguió por la desintegración del régimen. Esta aseveración nunca pudo probarse.

Durante los procesos de desnazificación, Globke se presentó ante el Comité de Arbitraje como un simple burócrata y adujo que había tomado parte en la resistencia anti nazi. De este modo consiguió ser clasificado, en setiembre de 1947, en la “categoría 5”, como “persona exonerada de cargos” por su desempeño durante el Tercer Reich. De este modo participó muy suelto de cuerpo en los juicios de Nuremberg contra los criminales de guerra y en especial en el llamado “juicio de los ministerios” en donde actuó como testigo calificado, tanto de la defensa como de la acusación, a sus antiguos jefes y camaradas.

Mientras su colega, coautor de las leyes racistas y compañero de correrías, Wilhelm Stuckart era juzgado, Globke aseguró que él no sabía que los judíos estaban siendo exterminados. Pero Stuckart había participado personalmente en la Conferencia de Wannsee, en enero de 1942, en la que bajo la conducción de Reinhard Heydrich se estableció “la solución final”, es decir el exterminio de los judíos y otras “razas inferiores”. En medio de la  benevolencia con que los tribunales aliados trataron a los reos y gracias al testimonio de Globke, Stuckart salió muy bien librado con unos meses de prisión preventiva. Volvió tranquilamente al ejercicio de su profesión en la RFA y murió en un accidente de tránsito en 1953.

El amo de la seguridad nacional – En cambio Globke inauguró una segunda etapa de su brillante carrera política que le convirtió en uno de los hombres más poderosos de la flamante República Federal. Desde la inauguración de la misma, en 1949, fue nombrado subsecretario del Canciller alemán Adenauer y no pasó mucho tiempo para que su pluma de leguleyo le llevara a producir una ley que, desde 1951, le devolvió los cargos y sueldos a todos los funcionarios públicos del Estado nazi y además les aseguró el pago de las remuneraciones y beneficios que hubieran dejado de percibir por cualquier razón. Esta norma, que le beneficiaba a él personalmente, recompuso el aparato gubernamental del nazismo, le devolvió el poder y recompensó a miles de jerarcas que habían estado presos, se habían ocultado o habían huído al extranjero.

Al respecto John Le Carré dijo que esa ley de la RFA le otorgó a todos los que habían hecho posible el funcionamiento de la Alemania nazi los privilegios y premios que habrían recibido si hubieran ganado la guerra. Además la norma les reconoció a los nazis su antiguedad para la jubilación como si la Segunda Guerra Mundial no hubiera tenido lugar. Las carreras de decenas de miles de funcionarios y militares fueron reconstruidas como si no se hubiese producido “el inconveniente de una victoria de los Aliados” al decir de Le Carré.

Globke continuó ampliando sus poderes. Llegó a ser Secretario de Estado en la Cancillería Federal, cargo que desempeñó entre 1953 y 1963. Fue el omnipotente Jefe de Gabinete del Canciller Adenauer y su principal consejero (según parece cocinaban a solas en largas caminatas cotidianas por los jardines). Su experiencia policial durante el nazismo le transformó en el principal responsable de todos los asuntos de la seguridad nacional y de supervisar al BND (Bundesnachrichtendienst, el servicio federal de inteligencia, la CIA alemana, dirigidas por el general nazi Reinhard Gehlen) bajo su supervisión.

Fue el principal enlace del gobierno alemán con la OTAN, la CIA y el resto de los servicios de inteligencia occidentales. Fue un activo antisemita (aunque solapado) y un feroz anticomunista por lo que políticamente se transformó en una de las piezas claves de la beligerancia durante la Guerra Fría. Se le atribuye un papel fundamental en los acuerdos para el pago de reparaciones que Adenauer alcanzó con el gobierno de Israel.

Globke fue uno de los padres de la doctrina militar de la seguridad nacional en la RFA y la OTAN, aplicando los mismos “principios” que había desarrollado en el Tercer Reich. Para “los guerreros de la Guerra Fría” estadounidenses fue fácil adoptarla para su aplicación en América Latina salpimentándola, desde el punto de vista táctico y operativo, con la metodología de la Gestapo y de la llamada “Escuela Francesa” (Vietnam, Argelia, Argentina y el Plan Cóndor en general).

Por otra parte, el hombre de Adenauer fue “el secretario general en la sombra” del derechista partido demócrata cristiano (Christlich Demokratische Union Deutschlands) que gobernó la RFA casi ininterrumpidamente desde su constitución  (y que es el de la actual Canciller Angela Merkel). Aunque no ocupaba cargos directivos en el CDU su papel era determinante y superior al de su jefe el Canciller. Este conocía perfectamente los siniestros antecedentes de su mano derecha y su implicancia en crímenes de lesa humanidad pero por encima de esos inconvenientes apreciaba su lealtad a los principios de la derecha conservadora, religiosa, ultranacionalista y profundamente antizquierdista que encajó perfectamente con la política de los regímenes estadounidense y británico que llevaron a cabo la Guerra Fría.

El Hans Globke de la posguerra se disimuló entre las filas de la derecha católica, aristocrática y autoritaria que primero facilitó al ascenso del nazismo, durante la República de Weimar, y después adoptó una actitud reservada o de oposición solapada a Hitler. Esa derecha fue rápidamente cooptada, por Churchill y Truman y sus entornos, para gobernar la llamada RFA que crearon para enfrentar a los soviéticos pero también a las izquierdas y movimientos socialistas y antifascistas.

De la misma manera que Franco y su sangriento regimen fueron amparados después de la caída de la Alemania nazi y la Italia fascista que lo habían promovido, una de las claves ocultas de la Guerra Fría fue la facilitación para la fuga y el ocultamiento de miles de criminales de guerra alemanes, italianos, franceses, belgas, croatas, húngaros, ucranianos, que habían actuado como verdugos y exterminadores. Los más impresentables encontraron refugio en las Américas pero la mayoría fueron reciclados en la República Federal Alemana y en Austria. Los ejemplos son abundantes.

Se estima que apenas al 10% de los militares y civiles que habían cometido crímenes de guerra o de lesa humanidad fueron juzgados y aún estos recibieron un tratamiento benévolo. Muchos de ellos fueron exonerados como Globke a pesar de las pruebas irrefutables de su participación en todo tipo de crímenes. La Guerra Fría les utilizó, les premió y les promovió a través de acciones que, en la mayoría de los casos, todavía están por ser investigadas.

Hans Globke poseía una personalidad deslumbrante, según decían quien le trataron desde las épocas de la República de Weimar hasta su muerte. No era un leguleyo cualquiera y “se volvió bueno” mejor que algunos de sus colegas como el jurista Carl Schmitt, el arquitecto Albert Speer o el filósofo Heidegger, en lo fundamental porque ocupó una posición de poder que le permitió seguir practicando el racismo y el antisemitismo además de sentar las bases de la doctrina militar de la seguridad nacional que fue funcional al imperialismo estadounidense.

Los principios fundamentales de la “seguridad nacional”, imperantes durante el Tercer Reich, comprendían a) una política de expansión y de conquista del espacio vital (el lebensraum del nazismo), en lo posible sin derramamiento de sangre (esto le funcionó a los nazis en Austria y Checoeslovaquia) antes de recurrir a la agresión armada; b) la promoción de un pensamiento político conservador, racista y ultra nacionalista, el nazismo, capaz de extenderse desde el centro hacia las áreas dominadas o incorporadas; c) la definición del enemigo como base de la política nacional e internacional al uso de Carl Schmitt (el enemigo interno – los judíos, los comunistas, los socialistas, la masonería, el liberalismo, la democracia, etc.- y el enemigo externo – las potencias rivales, la conspiración antigermana o anti estadounidense según la versión en uso); d) la propaganda y la divulgación ideológica basada en la descalificación del enemigo (los pueblos inferiores, el bolchevismo);  e) el mantenimiento de una tensión geopolítica constante, llevando permanentemente las acciones al borde de la guerra o a los conflictos localizados; f) el espíritu de cruzada y de “guerra total” que caracterizó todos los conflictos, campañas de desestabilización y agresiones que tuvieron lugar durante el siglo XX y que se proyectan al siglo XXI.

Tanto el gobierno alemán como la CIA se cuidaron de ocultar los antecedentes de Globke y de amparar sus acciones posteriores. Como responsable de los servicios de inteligencia de la RFA (BND) habría sido quien ocultó a los israelíes el seudónimo y el paradero de Adolf Eichmann que la agencia conocía desde 1952 (cuando entró a trabajar en la Mercedes-Benz en la Argentina). En 1960, la revista Life había conseguido una especie de memorias dictadas por Eichmann años antes de ser secuestrado por los israelíes. La revista fue presionada por la CIA para que no publicara las repetidas menciones a Globke quien, como se recordará, había sido un estrecho colaborador del criminal nazi juzgado y ahorcado en Jerusalén.

En 1963, cuando Adenauer dejó la Cancillería, su principal consejero se fue con él, pero el Presidente alemán, Heinrich Lübke, le concedió la máxima condecoración de la RFA: la Gran Cruz de la Orden del Mérito. Tras su retiro se propuso instalarse en Suiza, pero el gobierno helvético temeroso del rechazo que suscitaban sus antecedentes se lo impidió como extranjero indeseable. Globke murió tranquilamente en su casa en 1973.

Pocos jerarcas europeos recibieron tantas condecoraciones como él, antes y después de la guerra.  En 1956, Austria le confirió la Gran Insignia de Honor con Banda en Oro por los servicios prestados. El mismo año Italia le otorgó la Gran Cruz de Caballero de la Orden del Mérito y al año siguiente Luxemburgo lo homenajeó con la Gran Cruz de la Corona de Roble del Gran Ducado. En 1960, Portugal le impuso la Gran Cruz de la Orden de Cristo.

Sin embargo, el encubrimiento de Globke tuvo fisuras y hubo escándalos que requirieron intervenciones de Adenauer, de la CIA, del CDU para librarle de acusaciones por sus crímenes. En 1950, el Partido Socialdemócrata dio a conocer en el parlamento las apostillas de Globke a las Leyes de Nuremberg. Entonces, el Ministro del Interior Heinemann (del CDU) salió en defensa del autor de las leyes racistas señalando que el Fiscal Robert Kempner, que actuó en los juicios a criminales de guerra, le había exonerado señalando su buena voluntad para prestar testimonio.

La famosa frase del “agua sucia” fue proferida por Adenauer para justificar la presencia de su denostado jefe de gabinete en el gobierno. Después , en 1956, el viejo Canciller declaró que las acusaciones que se hacían a Globke como gran colaborador del nazismo carecían de fundamento. Entonces empezaron a aparecer testimonios blanqueadores más o menos vagos, desde las filas de la Iglesia Católica, que sostenían que Globke había protegido a personas perseguidas por los nazis.

El Dr. Maximilian Merten, un jurista alemán que se había desempeñado como consejero de la administración militar del grupo de ejércitos E de la Wehrmacht (Kriegverwaltungsratwas) entre 1942 y 1944, acusó a Globke de ser responsable de la deportación de 20.000 judíos de Salónica hacia Auschwitz. Merten – que fue colaborador de Eichmann y compartió con Globke la condición de nazi reciclado en la RFA – declaró que el prolijo burócrata Obersturmbannführer  Eichamann pidió permiso a Globke, como jererca del Ministerio del Interior, para enviar a los judíos a los campos de exterminio  y este se lo había otorgado. Al conocer esas declaraciones, el Fiscal General de Hesse, Fritz Bauer inmediatamente promovió actuaciones contra Globke. Entonces intervino el gobierno de la RFA y la investigación fue trasladada a la oficina del Fiscal en Bonn. En 1961, una intervención directa del Canciller Adenauer motivó la clausura de las actuaciones por falta de pruebas.

Por la misma época, el gobierno de la República Democrática Alemana llevó a cabo un juicio en ausencia contra Globke, como autor de las leyes racistas y organizador de la persecución de los judíos. El gobierno de la RFA desconoció las actuaciones tildándolas de propaganda soviética y la CIA y los medios estadounidenses sirvieron al encubrimiento.

En 1961, el investigador Reinhard Strecker escribió un libro titulado “Hans Globke, archivos y documentos basados en la investigación de Strecker en archivos polacos y checos” que publicó la editorial Bertelsmann en la RFA. Globke trató de bloquear la publicación recurriendo a una interdicción judicial y la BND, dirigida entonces por el general nazi reciclado Reinhard Gehlen gastó decenas de miles de marcos para sacar el libro de las librerías. Después una corte descubrió dos pequeños errores en el libro y se apoyó en eso para prohibirlo. Bertelsmann, amedrantada por el gobierno, descartó cualquier nueva edición de la obra.

El gobierno de Adenauer hizo grandes esfuerzos para desvincular a Globke de Eichmann durante el lapso en que este último fue juzgado en Jerusalén. Aún hasta la actualidad, existe cierta controversia en la Alemania unificada acerca de este encubrimiento persisten los intentos por presentar al coautor de las Leyes de Nuremberg como un resistente anti nazi o como un honesto funcionario del gobierno de Adenauer.

Las leyes de Globke perviven en el neonazismo – En el presupuesto de Alemania para el 2017 se incluyó un rubro de 4 millones de euros para investigar los antecedentes de nazis que participaron en el gobierno de la RFA, especialmente en la Cancillería y en los ministerios. Según parece, el proyecto no ha pasado de la definición conceptual acerca de sus alcances y del diseño del programa de investigación que están tratando el Comisionado Federal para la Cultura y los Medios, los Archivos Federales y representantes de la ciencia que, según Der Spiegel (30 de abril de 2016), estarían elaborando una biografía colectiva de los nazis reciclados . Transcurridos tres años de la noticia no hemos registrado novedades en el asunto.

Por otra parte, el periodista español Antonio Martínez, a raíz del complot ultraderechista descubierto en octubre pasado en Alemania, se pregunta “¿Tiene el ejército alemán un “problema nazi?”. Dos de los tres conspiradores que iban a cometer atentados eran integrantes de la Bundeswehr. Lo que ha despertado grandes dudas y agudas críticas es que la conducta e ideología extremista de los ultraderechistas no era desconocida entre sus compañeros en el cuartel y entre los mandos. Uno de ellos había evidenciado su orientación ideológica en el trabajo final de sus estudios en el ejército – en el que dijo que la inmigración estaba provocando un “genocidio” en Europa – sin que esto tuviera consecuencias. El otro tampoco disimulaba sus posiciones políticas entre sus compañeros. En el cuartel en el que ambos estaban destinados se sabía que había desaparecido munición el año pasado, se dejó constancia de las “irregularidades” pero no se investigó. Además, allí había una sala en la que se exhibía abiertamente parafernalia de la Wehrmacht, el ejército del Tercer Reich. Estos hechos deberían haber hecho sonar la alarma, hace años, pero fueron pasados por alto hasta que estalló el escándalo.

 

Por Lic. Fernando Britos V.

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