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El tipo que vino a la función. Obra de Raquel Diana.

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Ayer mi nombre legal se aventuró a subir esos escalones del teatro El Galpón que conducen a la sala Atahualpa. Dijo que quería ver a Raquel Diana y una de sus tantas obras tan premiadas y aclamadas en el mundo entero. No sé que me viene con eso siendo que yo la conocí antes que él. Ni me preguntó ni nada, se zampó y ya. Siempre fue asi. Una vez se metió en una ratonera y sacó todo el material que me comprometía en abultados bolsos jugando inconscientemente conmigo y con todo lo que había detrás. Era literatura prohibida mayormente. Sos un kamikaze, le fui diciendo yo en todo ese viaje suicida, y nada. Bueno, la ratonera todavía no estaba, tampoco la pavada, pero al salir se cruzó con los “inteligentes” que venían a instalarla y no lo reconocieron, no me reconocieron, si no no estaba contando el cuento.

Fernando Gallardo

Yo me senté y enseguida lo vi. El tipo que vino a la función se me sentó casi al lado e instintivamente disparé los mecanismos de autodefensa largamente aprendidos. No. No estudiados ni leídos en esa profusa literatura de otras realidades sino en la carne propia, que guarda marcas en las piernas del submarino y esas otras que nadie las ve pero que a veces emergen en lo que escribo (¿escribimos?) como dijo mi terapeuta.
Salir ahora es peor. Quedaré en evidencia. Además, ponele que pueda bajar las escaleras, a la salida la quedo. Mejor amoldarse y tratar de pasar desapercibido. Ta. Me hago el sota.

Mi nombre legal repasaba el boletín y se perdía lo mas pancho en admirar las virtudes de actores, escenógrafos, vestuaristas y todo eso sin advertir los riesgos. Como siempre.

El tipo representado por Augusto Mazzarelli es sencillamente magistral, hasta en los mínimos detalles, piensa el anormal y yo cagado hasta los pelos. Y la Dianita (bueno, ya está crecidita como para diminutivos, eso era cuando la conocí yo, no vos, en épocas de secundaria y había que luchar tirando papelitos y pintando consignas con crayones de grasa, negro humo y parafina, y conspirando en reuniones de parroquia donde El tipo, precisamente, si, este mismo tipo, solía ir para husmear y capturarte) Raquel Diana , como decía, en lo más alto de su propia dramaturgia, magistral. Ya usé la palabra magistral? Que redunde, me importa un carajo. No hay otra palabra posible. Todo lo demás, que también es cierto, adorna: dominio absoluto en escena, cautivante, provocativa…Bueno, en términos teatrales, claro, ese juego de los tiempos, ese ir y venir de Marianita Pineda al “corto” Buscaglia y el Chim Pum fuera, ese manejo del hoy con toda la necesidad imperiosa de contarle cosas al mundo, gritarle cosas al mundo, buscando las formas del arte, que es lo mismo que decir de la sensibilidad, ya que otros mecanismos mas formales no parecen funcionar demasiado.
Vine a ver teatro. Ta. Ese es el verso obvio y me planto. No hay otra.

-¡Te pregunté “a qué” viniste al teatro, piche de mierda!- dice El tipo y me acomoda la capucha como una madre plancharía con la palma de sus manos la túnica de un hijo, hasta me parece que con dulzura…

-Soy teatrero, me gusta, prácticamente nací en un teatro allá en mi pago, es una expresión artística que…
-Bla, bla, bla, bla…-No me dejó terminar, claro, y ajustó suavemente, los pliegues de esa capucha inmunda, sobre mi cuello y comenzó a presionar con todos sus dedos, como ahorcándome. Ahorcándome.- Sabemos todo, nene, te gusta tanto que en el Penal de Punta Carretas formaste un grupete de pantomima con dos tupamaros…te encanta el teatro!

La actuación de la muchacha mas jovencita, Melina Gorzi, a mi nombre legal, le pareció al principio un tanto titubeante. Luego apreció que precisamente estaba representando un papel de estudiante de teatro que necesariamente debía ser un tanto titubeante. Asique todo bien. Y la otra muchacha, Florencia Salvetto, aguantó bien, lo que a él le pareció el punto más alto de la función, ese diálogo-duelo con la bestia del Mazzarelli, ella atacándolo a preguntas y propuestas, él volando altísimo en una metamorfosis donde tiene que haber metido todo, todo él y todo el posible teatro del universo, desde los primeros gestos expresivos del hombre de las cavernas, pasando por Marcel Marceau por decir alguien, hasta el mejor Florencio posible de nuestro país, y fundamentalmente, hasta él mismo. Mirá lo que te digo. Y el loco que hacía de director, Rafael Beltrán también descolló, bueno descolla porque habrá más funciones, eso espera. Yo también espero. Es como seguir peleándola, ahora con otras herramientas en lugar de papelitos y crayones.

-¿Querías ver si decían “algo” que alentara a las masas, como dicen ustedes? ¿Que les sacara el miedo así salen “a las calles”, como ustedes ilusos sueñan? -decía mientras desatándome las manos me desabotonaba la camisa, botón por botón, mientras sonaba a contraescena el agua cayendo en un tanque metálico, “para que fuera recordando”, como me decía el hijo de puta.- ¡Para eso estoy yo, gil! ¡Esa es mi función! ¡Para eso me pagan! ¿Y… se me pasó alguna frasecita subversiva que no pude captar, acaso? Jaaa! Estaría bueno que trabájaramos juntos! Jaaa!- y luego, cambiando de humor, y salpicándome el pecho desnudo con gotitas de agua- ¡¿No querrás dejarme sin trabajo, no?!

Hector Spinelli impresionó a mi nombre legal. Seguro en su papel. Consistente. Pero siguió impresionándole el texto. La captación precisa de aquella época donde los niños no podían dibujar pájaros, los ciudadanos estaban divididos en categorías A, B y C, y nadie podía cumplir años sin el certificado de la seccional correspondiente, no se podía elegir una película sencillamente porque El tipo la censuraba y escuchábamos música con frazadas en las ventanas, ya que en vivo era imposible salvo letras fragmentadas y un lai larai de relleno.

-¿Se te refrescó la memoria, nene?
-Si- dije, tosiendo por el agua que ya inundaba mis pulmones.
-¡Muy bieeen! Te felicito…entonces: ¿a qué fuiste al teatro?
-¡A adivinar lo que piensan los actores!- dije, claro, firme, y me dispuse a la muerte, como le gusta a mi nombre legal.
Gracias, Raquelita Diana y todo el elenco. Y queremos más!

Por Juan (nombre legal: Fernando Gallardo)
PD: los párrafos en letra inclinada es ficción basado en hechos reales, claro.

 

 

 

 

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