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La política como espectáculo en la frontera colombiana

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Llegó la hora de la verdad. El viernes se había producido el megaconcierto, organizado por Richard Branson, un multimillonario británico fundador del conglomerado de empresas Virgin, para apoyar a la oposición venezolana. Era la víspera del sábado 23, fecha previstapara el gran operativo del ingreso a Venezuela de miles de paquetes con productos básicos de consumo, que Estados Unidos había estado acumulando en la ciudad fronteriza de Cúcuta, en Colombia,en la frontera brasileña, en el estado de Roraima y en Puerto Rico, desde donde la iban a mandar en barco.

Hacia la capital de Roraima, Boa Vista, había viajado el canciller de Jair Bolsonaro, Ernesto Araújo, acompañado de la embajadora de Guaidó en Brasil, María Teresa Belandria. Iban a coordinar el envío dela ayuda brasileña a Venezuela (ver nota aparte).

En Cúcuta se concentraban el presidente Iván Duque y sus colegas de Chile y Paraguay. Después llegó Juan Guaidó. El vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, seguramente informado de lo que iba a ocurrir, finalmente no llegó el sábado. El diario colombiano El Tiempo informó que llegó el domingo, “para potenciar el cerco contra Maduro”, en la reunión del Grupo de Limael lunes, en Bogotá.

El sábado la tensión iba en aumento, a medida en que avanzaba el operativo para trasladar a Venezuela los paquetes de la Usaid. Al mediodía se podía ver canales internacionales trasmitiendo todo desde territorio fronterizo colombiano.Entre ellos el canal nacional chileno TVN. Una cámara fija mostraba una imagen caótica, que las llamas y el humo dramatizaban. Capturaban la atención.

La ayuda humanitaria ha pasado por el frontera brasileño-venezolana
“La ayuda humanitaria ha pasado a través de la frontera brasileño-venezolana en Pacaraima”, afirma, en la tarde del sábado, la embajadora venezolana designada por la oposición en Brasil, María Teresa Belandria.

Desde la vísperadel sábado 23, fecha prevista para el gran operativo del ingreso a Venezuela, Estados Unidos había estado acumulando, en la ciudad colombiana de Cúcuta y en la frontera brasileña, en el estado de Roraima, miles de paquetes con productos básicos de consumo. Hacia allá había viajado el canciller de Jair Bolsonaro, Ernesto Araújo, acompañado de Belandria, embajadora de Guaidó en Brasil.

El ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Ernesto Araújo, confirma la entrada a Venezuela, a través de la frontera con Brasil, del primer camión con ayuda humanitaria, decía CNN.

Pero luego agregaba, con prudencia: “El equipo de CNN en Paracaima, estado Roraima, Brasil, no ha observado que camiones con ayuda hayan ingresado a Venezuela”.

Desde un escenario más discreto, con menos presencia de la prensa internacional que en la frontera con Colombia, poco antes de las tres de la tarde del sábado,Araújohabía confirmado en su twitter: “hace unos minutos tuvimos noticia de que el primer camión con ayuda humanitaria brasileña y norteamericana entró en territorio venezolano”.

Después vinieron informaciones de enfrentamientos ocurridos del lado venezolano que habrían dejado por lo menos dos muertos. Particularmente alejado de todo gran centro de población, las noticias eran difíciles de comprobar, mientras desde Brasil informaban que habían ingresados heridas diversas personas a sus hospitales.

El viernes el gobierno venezolano había desplegado carros de combate y baterías antiaéreas y radares a unos 20 km de la frontera, tema que fue explotado por la prensa brasileña como una amenaza militar al país.

Pero el mismo viernes 22 el vicepresidente, general Hamilton Mourão, le dijo a la BBC que Brasil jamás entraría en una confrontación bélica con Venezuela, “a menos que nos ataquen. Eso sería diferente. Pero no creo que Maduro esté lo suficientemente loco para hacer eso”.

Una semana antes, Mourão había dicho que el gobierno brasileño había perdido contacto con los comandantes militares que apoyan Maduro, pero que sus informes de inteligencia mostraban que los niveles militares más bajos del ejército venezolano estaban “muy infelices”.

Según Mourão, Maduro durará “tres o seis meses más en el poder y que su gobierno puede colapsar de repente, como un castillo de naipes, cuando los oficiales se vuelvan contra él”.

Dos vehículos
La tensión había crecido también en la fronteracon Brasil desde que el gobierno de Venezuela la cerró. El gobierno brasileño no parecía muy cómodo con el esquema asignado para trasladar los suministros a Venezuela, el sábado. “Solo podemos ayudar a hacer que los suministros y la ayuda humanitaria estén disponibles en nuestro lado de la frontera para que los venezolanos vengan a recogerlos a Brasil”, dijo Mourão.

El miércoles 20 la cancillería brasileña había anunciado una operación “para facilitar el envío de ayuda humanitaria a la frontera con Venezuela, a pedido de Juna Guaidó, que quiere movilizar este 23 de febrero a cientos de miles de voluntarios para que ingresen ayuda a Venezuela”.

El sábado, un corresponsal del diario brasileño Folha de São Paulo describía así el operativo: – Pese a la intensa movilización del gobierno federal para el envío de artículos y medicinas para Venezuela en las dos últimas semanas, solo dos vehículos salieron de Boa Vista rumbo a la frontera (a 215 km de distancia), en la madruga de este sábado.

“Los camiones trajeron cuatro kits de emergencia de salud con medicinas de baja complejidad, arroz norteamericano y leche brasileña. De acuerdo con la cancillería brasileña, son suficientes para abastecer seis mil personas durante un mes”.

Este operativo, dice la nota, “hace parte de una acción coordinada entre Estados Unidos, Colombia, Brasil y la oposición venezolana para provocar la caída del dictador Nicolás Maduro que, impopular y aislado internacionalmente, depende del apoyo de las fuerzas armadas para mantenerse en el poder”.

Análisis diplomático
Con el gobierno comprometido con la política norteamericana contra Maduro, Mourão iba a representar a Brasil en la reunión del llamado Grupo de Lima, reunido el lunes 25 en Bogotá para analizar lo ocurrido el fin de semana y programar nuevas medidas contra el gobierno venezolano.

“Venezuela está en el medio de una crisis muy peligrosa, creada en gran medida por la fuertes sanciones desde hace mucho impuestas por los Estados Unidos, que impide la importación de comida y medicamentos”, según un diplomático brasileño.

“Las sanciones financieras impuestas han escalado hasta el nivel de expropiación de los fondos venezolanos en bancos norteamericanos, así como la apropiación de las reservas de oro en los bancos ingleses por el gobierno de ese país. A eso se suma el financiamiento masivo de la oposición y los esfuerzos para desestabilizar el país. Todo esto ha creado un enorme sufrimiento humano”, agregó.

En su análisis, el diplomático –que prefiere no hacer pública su identidad– señaló que era “extremadamente importante destacar que, si Venezuela aceptaba las donaciones impuestas unilateralmente, se podría interpretar oficialmente que el país estaba en estado de calamidad humanitaria, una situación que, de acuerdo con el Capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas, permite una intervención militar, repitiendo una vieja táctica que facilitó a Washington y a sus aliados militares intervenir en Corea, Vietnam, Santo Domingo, Yugoslavia, Somalia, Irak, Libia, Siria, etc.” La ayuda humanitaria, agregó, “debe ser una acción organizada y controlada por al Cruz Roja Internacional,a pedido de Naciones Unidas. No puede ser unilateralmente impuesta”.

Una posición similar expresó el excanciller y exministro de Defensa brasileño, Celso Amorim, en entrevista concedida al periodista Jamil Chade. “Un cambio impuesto o estimulado desde fuera, inclusive con la amenaza del uso de la fuerza, es ilegítimo e inaceptable”.

Amorim se lamentó por el rumbo que ha adoptado la política externa brasileña. La posición de Brasil era racional y respetada. Ahora, en la mejor de las hipótesis, tendremos una política de bajo perfil. En la peor, crearemos hostilidades innecesarias”.

Para Amorim, lo que está en juego en Venezuela es el principio de no intervención y de respeto a la soberanía de los Estados.

“Brasil no puede aceptar un proyecto de cambio de régimen patrocinado por la mayor superpotencia, basado en una concepción ultrapasada de seguridad hemisférica o en una reedición de la Doctrina Monroe”, afirmó.

“No veo legitimidad en la autoproclamación de Guaidó. Eso no que decir que Venezuela no necesite cambios políticos. Pero tendrán que venir por medio del diálogo y no por gestos unilaterales, con fuerte inspiración en intereses exógenos, motivada por intereses geoestratégicos”.
Por Gilberto Lopes-

Jóvenes encaramados en un camión, en medio del incendio y del caos, descargaban bolsas plásticas, sin que fuera posible saber qué contenían, ni exactamente hacia donde las tiraban. Si eso caía en territorio venezolano, controlado por las fuerzas del gobierno de Maduro o, como parecía más claro, caían sobre el puente fronterizo, en territorio colombiano, sin que pareciera posible que los incendios los hubiesen provocado desde el otro lado, donde fuerzas venezolanas permanecían algo distante de los incidentes.

Era el relato de una periodista el que enfatizaba lo humanitario de la ayuda. Pero no podían dejar de manifestar su perplejidad ante lo que veían, lo que parecía un movimiento improvisado, que los opositores, no pudieran explicar nunca cómo pensabanllevar esos paquetes a Venezuela. La línea fronteriza había sido bloqueada por las autoridades venezolanas, que habían rechazado el envío organizado por los norteamericanos.

“Buscamos que se abra un corredor humanitario, que se rompa el celofán. Eso es lo que se está buscando”, escribió una periodista de la BBC a bordo del MidnightDream, barco que llevaba los mismos paquetes desde Puerto Rico, en una conversación telefónica con el dirigente opositor, Leopoldo López, que algunas ONGs califican de preso político. Responsable de las manifestaciones del 2014, que dejaron decenas de muertos, López cumple pena de prisión domiciliar, lo que no le impidió hablar por teléfono con el barco que navegaba por el Caribe con destino a algún puerto venezolano, que tampoco quisieron explicitar a la periodista. El barco volvió a Puerto Rico sin llegar a ningún destino en Venezuela.

Eran los tres escenarios por el que transitaba la ayuda: Cúcuta, en Colombia; Pacaraima, en el estado de Roraima, en Brasil; y el barco puertorriqueño, que navegaba por el Caribe sin destino conocido.

Desde Cúcuta, la periodista chilena hace un alto para dar espacio a los patrocinadores. Pero animaba a los espectadores a seguir luego la  trasmisión sobre el conflicto en Venezuela. Siemprehablando desde Colombia.

La política como espectáculo
Era la política como espectáculo. Ninguna imagen desde Venezuela. El ojo de la cámara del canal chileno era el ojo de la oposición venezolana, su operativo desde Colombia.

Había, sin embargo, otros escenarios. Desde Caracas, a estas alturas, Maduro había anunciado la ruptura de relaciones con Colombia, ante la evidencia del compromiso del presidente colombiano Iván Duque en la preparación de este movimiento de la oposición venezolana, organizado por Estados Unidos.

“Lo que se quema es ayuda, ayuda humanitaria. Es una actitud genocida”, se oye en la televisión chilena, mientras las imágenes muestran a grupos enmascarados, con armas hechizas, desde el lado colombiano. Y las columnas de humo, los camiones quemándose.

“La ayuda se quemó, es la desazón que produce esta situación”, afirman los periodistas.

Desde Venezuela autoridades del gobierno señalaban que, si en vez de todo esto, Estados Unidos solo suspendiera el bloqueo que impide que el país tenga un acceso normal alos mercados mundiales, incluyendo el de comida y medicinas, la ayuda humanitaria sería del todo innecesaria.

El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) Luis Almagro, lamenta del fracaso del intento. También está en Cúcuta.

(El canal insiste en que está llevando a su audiencia “lo que está pasando en Venezuela”.)

Nada de eso parece ayuda humanitaria, diría el senador chileno y exsecretario general de la OEA, José Miguel Insulza.”Esto que vaya el jefe del Comando Sur de EstadosUnidos, que vayan todo tipo de generales, el senador Rubio y otros, la verdad es que ya huele cada vez menos a ayuda humanitaria o huele a la búsqueda de un pretexto de confrontación”.

El presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja en Colombia, ChristophHarnisch, ya había dicho que su organización no participaría en esta operación, porque “esa ayuda no es humanitaria”.

El canal norteamericano Univisión había dejado en claro lo que estaba en juego: “Todos los ojos se centran en la disyuntiva que tiene la Fuerza Armada (venezolana): si permite la entrada de la ayuda humanitaria no cumplirá la orden de Nicolás Maduro y enviará la señal de que no hay un respaldo férreo al gobierno; y si emplea la violencia para evitar el ingreso de civiles desarmados con cajas de alimentos y medicinas, lo más probable es que crezca el apoyo internacional a la oposición y se intensifique la confrontación con Estados Unidos”.

El periodista chileno se lamenta por el resultado del intento. La periodista, por su parte, se pregunta qué pasaría con las 17 toneladas de ayuda que se había recaudado en Chile. Podría enviarse a Colombia, pero, ante lo que se estaba viendo, ¿cómo hacerla llegar a Venezuela?

La cámara sigue mostrando los camiones incendiados. Jóvenes enmascarados tiran al suelo los bultos de la ayuda.

Luego la imagen se traslada a Santiago. Frente a la embajada de Venezuela, los opositores a Maduro tratan de repetir el asalto que ya hicieron en San José y en Quito. Se enfrentan a los que apoyan al gobierno venezolano. –¡Traidores, vendepatrias!, se oyen los gritos en la trasmisión. Es la voz de los opositores venezolanos en Chile. Luego gritarían: –¡Comunistas, maricones, les mataron los parientes por huevones!

Motociclistas de Uber y otros similares, muchos de ellos venezolanos, provocan los incidentes. La cámara del canal da voz a los opositores. Se despachan contra el gobierno de Venezuela. La reivindicación de la tortura. ¡Es la política como espectáculo!

Por Gilberto Lopes
Escritor y politólogo, desde Costa Rica para La ONDA digital
gclopes@racsa.co.cr

La ONDA digital Nº 894 (Síganos en Twitter y facebook)

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