No tenés ni idea, Luis

Años atrás un programa español de entretenimientos, (“Si lo sé no vengo”), ponía a prueba a los concursantes en arriesgadas pruebas que además tenían el adicional de sumar preguntas que debían evacuarse mientras se sorteaban aquellas. En suma, un programa que imponía riesgos a quien se dispusiera a enfrentar los retos de un concurso por TV.

En plena campaña electoral, los uruguayos asistimos días pasados a un escenario similar cuando el presidenciable blanco fuera entrevistado por el periodista Gabriel Pereyra en su programa “En la mira” de VTV. Fue tal el riesgo que asumió Lacalle Pou que a todos los televidentes les quedó la imagen marcada de un punzante entrevistador que tuvo enfrente a un candidato a Presidente que dio muestras claras de “no tener ni idea” (sic) de lo que se ha hecho hasta ahora en materia de seguridad. Al punto que tildó de “sanateo” lo expuesto en su programa de gobierno (aunque lo relativizara enseguida), programa que el propio líder nacionalista dió muestras claras de no haber desarrollado ni estudiado en profundidad.

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Un programa a pura “sanata”
La entrevista comenzó muy ligth, muy “por la positiva”, se apreciaba un aire de comodidad en el entrevistado que empezaba anunciando un golpe bajo. “Me arrancaste enterneciendo”, dijo, al referirse a imágenes que le hacían ver que la vida del político le hacía perder espacios de familia con sus hijos. Ni por asomo se imaginaba lo que vendría casi enseguida ante lo que fue una verdadera tesis periodística de cómo hacer una entrevista a un candidato a la presidencia de un país.

Porque lejos de hacer el juego al entrevistado el entrevistador hurgó en el manual de todo presidenciable que se precie de tal: el programa de gobierno. Y con el programa encima de la mesa comenzó a deshilvanar lo que muchos pensábamos de Luis Lacalle Pou pero que el maquillaje de campaña no permite ver con claridad: su falta de contenidos. O más que eso aún, la falta de profundidad y de estudio como para encarar la tarea de pretender dirigir un país.

Es cierto que todos los programas de los partidos políticos esgrimen frases genéricas, intenciones hechas verbo que nadie, (o casi nadie), lee (mucho menos en profundidad). Algo que sí hizo el periodista Gabriel Pereyra. Alguien que -me consta- ha hecho de la seguridad pública una de sus materias de estudio, con una pertinaz consulta y/o solicitud de datos, al que suma un seguimiento de la gestión como pocos periodistas han hecho durante esta administración.

Y a poco de comenzar vinieron los “aprietes” para un entrevistado que empezaba a ponerse nervioso. Si para un simple televidente fueron obvios los gestos de incomodidad que pudieron apreciarse, (que fueron incrementándose a medida que el periodista ponía en evidencia la escasa o nula preparación del líder nacionalista), imagino que para un semiólogo, esta entrevista fue un manjar.

¿Para qué te traje?
O para qué habŕe venido… habrá pensado Lacalle Pou. Porque la cosa se le empezó a complicar cuando Pereyra desnudó la estrategia nacionalista al expresarle que es claro que no acompañan -con la firmeza que le reclaman desde tiendas coloradas-, la campaña por la baja de la edad de imputabilidad. Y no lo hacen porque “el tema de la seguridad y el de la baja de la imputabilidad, en particular, no encajan en por la positiva”. A la incomodidad que significó esa afirmación, Lacalle Pou respondió con un desglose de su pasado a modo de argumento que lo ubicaría en tema. Algo que el propio Pereyra aterrizó con un lapidario “¿y eso qué tiene que ver?”, con lo cual el clima se hizo espeso e inocultable por el resto de la entrevista.

A medida que avanzó la misma, el invitado pretendió desviar el libreto o guión del periodista, fracasando en el intento. Esgrimiendo el Programa del Partido Nacional, Pereyra lo trajo a lo concreto y lo interrogó sobre ¿cómo mejorarán la articulación entre el sistema de cámaras de seguridad y la respuesta operacional?. La respuesta dejó escapar un nivel de improvisación propio de quien no conoce el tema. Al extremo que ensayó una que develó el grado de desinformación que tiene sobre los avances alcanzados hoy día.

Hoy está conectada la videovigilancia con la respuesta, a tal punto que en Ciudad Vieja -exitosa experiencia- la respuesta operacional está indisolublemente unida a la videovigilancia, circunstancia que refuerza la herramienta haciéndola sumamente efectiva y principal responsable de la baja notoria de la criminalidad en esa zona.

Asimismo los tiempos de respuesta son notoriamente mejores que en años anteriores y hoy el promedio es de 5 a 7 minutos, menor a los parámetros establecidos para las emergencias médicas en casos de riesgo de vida (10 minutos).

Pero el punto que detonó el clima y develó la desinformación que padece el candidato fue el de las certificaciones de calidad para las unidades policiales que menciona el programa nacionalista. Tema sobre el cual el periodista calificó al invitado de no tener “ni idea”.

“¿Vos conocés a Julio Guarteche, el Director Nacional de Policía?”, interrogó Pereyra, y el derrape fue total. Que conocía al hermano, que conocía a cercanos a él por su filiación religiosa, en fin. El que dijo que no sanateaba, terminó haciéndolo en lugar de dar una respuesta sólida que debió tener para esa pregunta. Quien pretende ser Presidente de la República y salió a criticar la seguridad pública de la administración Bonomi, no conoce a una de las principales figuras encargada de la misma. Patético, por donde se lo mire.

La entrevista se convirtió en viral en las redes y no hay ámbito en el que no se haga referencia a ella. Ni proponiéndoselo hubiera alcanzado semejante repercusión, al punto de significar -a todas luces- un quiebre en esta campaña. Si la entrevista hecha por Ignacio Alvárez a Lacalle Herrera en la anterior elección fue un punto de inflexión, esta lo es en esta campaña de 2014, sin dudas.

Fueron dos bloques contundentes, pero el asignado a la seguridad pública marcó la cancha y desnudó las carencias de un candidato al que le hace falta agregar conocimientos a su discurso.

No precisaba mucho, le bastaba con haber aceptado las invitaciones que le hizo el Ministerio del Interior en su momento. Se hubiera evitado un papelón.

el hombre no podía creer lo que veía,
el perro se tapó el hocico con las patas.

Por El Perro Gil
Columnista uruguayo

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