Argentina: ¿Qué será de ti en 2019?

El último año ha distado de satisfacer las expectativas económicas de los argentinos, y es probable que el actual 2019 no proporcione muchas buenas noticias.

El 2018 terminó con una inflación del 48% cifra tres veces mayor a la estimada en el presupuesto, hace no más de nueve meses. Una caída del PBI del 2,5%, pobreza superior al 33%, devaluación del peso frente al dólar superior al 100% y una tasa del riesgo país superior a los 800 puntos.

A su vez el 2018 demostró también que se agotó en un gobierno democrático la posibilidad de resolver problemas de la magnitud que dejó el anterior gobierno, en forma gradualista, tal como lo intentó hacer en sus inicios el presidente Macri.

Independientemente de que algunos factores externos, tales como la suba de la tasa de interés internacional, – que implicó la fuga abrupta de los capitales buscando, ahora ya con rentabilidad aceptable, posibilidades de inversión más seguras- así como también una sequía sin precedentes que deterioró el 30% de la cosecha y las exportaciones, es indudable que el Gobierno cometió severos errores empezando por no haber sincerado la gravedad de la crisis heredada del gobierno anterior., y además haber insistido, como se señaló, en el gradualismo.

Resulta imprescindible, en consecuencia, que la Argentina deje atrás el círculo vicioso del elevadísimo gasto publico financiado forzosamente ya sea con inflación, y/o
con una increíble presión impositiva , o con endeudamiento sea interno o externo, apelando en el primer caso a tasas de interés que terminan afectando la competitividad de la actividad privada.

Por ende, el camino que está transitando hacia una salida de ese laberinto económico, es y seguirá siendo, muy duro. (1)

Las perspectivas para 2019 no son mucho mejores tanto por cuestiones locales como externas.

El principal factor endógeno se relaciona con la incertidumbre electoral, y en particular con la posibilidad de un retorno al poder de Cristina Fernández de Kirchner, hoy procesada en varias causas judiciales.

Por su parte, las subas ya experimentadas de las tasas de interés seguirán golpeando a la economía argentina que requiere financiamiento externo para los programas de inversiones públicas y privadas, y que afectarán las perspectivas de crecimiento global, con su consecuente efecto negativo en las exportaciones argentinas.

No obstante, y casi inesperadamente, el gobierno del presidente Macri disfruta de una suerte de veranito cambiario, acompañada de una baja muy modesta del riesgo país, aun cuando nadie puede asegurar que dicha tranquilidad de los mercados sea algo más que un alivio transitorio y pueda prolongarse hasta las elecciones de octubre.

Sorprendentemente la Argentina transitó los últimos meses sin que se produjeran hechos de violencia política, (algunos largamente preanunciados) incluso en el conurbano bonaerense.

Si las condiciones internacionales ayudaran, esto es si la economía de Brasil se fortalece y por su parte EEUU ratifica que el ciclo de aumento de tasas de interés haya llegado a su fin al menos por este año, existirían razones para confiar en que la situación argentina no estaría peor que en la actualidad, cuando sea el tiempo de votar. Lo difícil es que esa posible recuperación económica haya llegado al bolsillo de los votantes, es especial de los que menos tienen y de la clase media baja que en los últimos comicios apoyó electoralmente al gobierno actual.

En este escenario, una opción del gobierno es explicar que la pobreza cero que había prometido e incumplido, no solo debe medirse en términos de ingresos, sino en función de otros parámetros asociados con la calidad de vida y la inclusión social.

De hecho la crisis cambiaría de 2018 con su correlato de mayor inflación y pobreza, borró de la memoria colectiva avances ya metabolizados por una sociedad que requiere soluciones inmediatas. Estos avances genuinos logrados por el actual gobierno tales como salir de un posible default y del cepo cambiarlo, eliminar trabas y controles sobre la actividad productiva, obras de infraestructura, aumento de las conexiones aéreas internas, hacer olvidar muchas de las tradicionales inundaciones y reiterados cortes de luz, no bastaron. La sociedad ya los ha incorporado como hechos naturales, (a pesar que no lo son) sino que fueron la resultante de mayores inversiones en infraestructura.

La mayor amenaza para el presidente Macri hacia su reelección continua siendo el deterioro de la actividad económica y la percepción de un vasto sector de la clase media y media baja, no beneficiaria de planes sociales, que han venido perdiendo poder adquisitivo , que paga impuestos, transportes que se encarecen, servicios encarecidos y que hoy sufre la perdida de las fuentes de trabajo y su capacidad de consumo, que no ocultan su decepción con las políticas actuales del gobierno que votaron en 2015 y 2017.
No le será fácil al Gobierno explicar que si bien hay más pobres que antes en términos de ingresos, hoy ese segmento vive con mayor dignidad. Además, a menos que la economía imprima un rápido e improbable giro de mejoría, solo podría recostarse en los avances de la institucionalidad y en las políticas de seguridad que siguen siendo importantes para este sector.

En ese sentido, se inscriben tanto el proyecto que se enviará al Parlamento, rechazado anteriormente por la oposición, sobre baja de la edad de imputabilidad penal, como asimismo, en un tema relevante para la opinión pública como es la lucha contra la corrupción, el gobierno firmó un Decreto de Necesidad y Urgencia llamado de “extinción de dominio”, por el cual se facilita la restitución de bienes sustraídos a la sociedad por actos de corrupción.

Mientras tanto, el futuro electoral depende de tres factores fundamentalmente: mejora de las condiciones económicas respecto a 2018, que la coalición oficialista ratifique su unidad, y que el peronismo en su versión kirchnerista y el ala racional, marchen divididos a las urnas. Ninguno de esos tres condicionantes se encuentra asegurado hasta el presente.

No obstante, aunque el momento actual diste de ser bueno y el futuro no asome como el mejor, lo peor que podría pasarle a la Argentina sería que se piense que
las soluciones provendrán del pasado.

Referencias del diario LA NACION de Buenos Aires. (1) 20-1-19

Por Pablo Broder
Economista argentino

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