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El 23 de enero | Mal día para pescar

 

Pasó el 23 de enero y demostró ser un mal día para pescar en distintos lugares de las Américas. En Venezuela gobierno y oposición siguen en rumbo de colisión, de agudización extrema entre dos multitudes numerosas, el gobierno de Maduro y la oposición. Esta patrocinada por los Trump, los Pence y los Almagro. En la extensa frontera entre México y los Estados Unidos se siguen acumulando las caravanas de migrantes, mientras Trump chantajea al parlamento con el trancazo presupuestal para conseguir los miles de millones de dólares (no menos de 5.700) que necesita para su muro metálico. En Davos, Suiza, apareció el relamido Jair Bolsonaro en la reunión mundial de los super poderosos para autopromocionarse. En el Uruguay, hicieron su acto los llamados autoconvocados con la novedad de que algunos precandidatos de partidos políticos se hicieron presentes para tender sus redes con la mira puesta en las próximas elecciones.

En todos los casos la pesca no parece haber arrojado el resultado pretendido, por la oposición venezolana, por los presidentes Trump (ausente en Davos) y Bolsonaro o por los autocombos, por lo menos en el corto plazo.

Este muchacho Guaidó, un ex dirigente estudiantil, pupilo de Leopoldo López, se autoproclamó presidente de Venezuela, pero las fuerzas armadas se mantienen apoyando al gobierno de Nicolás Maduro, aunque está claro que la manifestación opositora y los episodios de provocación organizados en torno a la misma tenían y tienen el propósito fundamental de conseguir defecciones significativas en los militares y facilitar un “reconocimiento” concertado desde Washington y Langley. Por ahora todo el engranaje militar de los Estados Unidos evita comprometerse directamente con una intervención, juega la carta de la división en las fuerzas armadas y en todo caso en la intervención de otros ejércitos como el colombiano o el brasileño en cuyos juegos de estrategia hace tiempo que figura una hipotética confrontación con Venezuela.

El mandadero Almagro desde la OEA – cuyo papel debe avergonzarnos a los uruguayos – ha promovido el llamado grupo de Lima y orquestado el reconocimiento del autoproclamado Guaidó. Sin embargo, México, Uruguay, la Unión Europea y el Papa Francisco han levantado la bandera de la paz, la democracia y el principio de la autodeterminación de los pueblos que, en este caso, requiere una rigurosa no intervención en los asuntos internos como forma de evitar la violencia y la guerra civil para conseguir un diálogo franco entre las partes y el alivio humanitario a la población venezolana. Los corifeos uruguayos, los admiradores de Macri, de Bolsonaro y de Trump, lo único que saben es echar leña al fuego: quieren una guerra civil en Venezuela porque desde el punto de vista de ellos los gobiernos que no gustan a los Estados Unidos deben ser descalificados y derribados por cualquier medio.

En los Estados Unidos más de 800.000 funcionarios del gobierno central no cobran su salario y muchos deben trabajar sin paga, merced al bloqueo presupuestal dispuesto por Trump. Más de 4 millones de contratistas, pequeños y medianos empresarios proveedores del gobierno, están sin trabajo y se estima que en un mes el costo del lock out trumpista producirá pérdidas globales a la economía por más de 6.000 millones de dólares, más de lo que quiere obtener para su muro fronterizo. Sin embargo el chantaje lo ha dejado hasta ahora con las manos vacías y no ha disipado los escándalos que envuelven al presidente o la indignación de la ciudadanía y el rechazo internacional. Sus colegas republicanos empiezan a abrirse espantados.

La gran mentira de Trump es su acusación xenofóbica de que los migrantes son delincuentes o seres inferiores y narcotraficantes, cuando en realidad son mano de obra vital para la economía de los norteamericanos, al tiempo que huyen de Honduras, Guatemala y El Salvador, los desgraciados países centroamericanos que se encuentran hoy en día en esta situación debido a muchas décadas de explotación, intervenciones militares, gobiernos dictatoriales y golpes de estado organizados por los Estados Unidos.

De hecho, las famosas maras son más estadounidenses que el pastel de manzana, como dice un antropólogo de ese país. Nacieron en los suburbios de Los Ángeles hace casi un siglo, la formaban jóvenes delincuentes nacidos y criados en los Estados Unidos y la política de deportaciones que desarrolló el gobierno de Reagan exportó las maras a los países centroamericanos pero no consiguió erradicarlas de su país y por el contrario extendió su influencia al Medio Oeste y a la costa Este.

El otro motor de la emigración centroamericana se ubica fuertemente en la década de los 80 del siglo pasado cuando la CIA y las fuerzas armadas estadounidenses organizaron el ataque a Nicaragua liberada por los sandinistas que expulsaron al tirano Somoza, títere de los Estados Unidos. Para respaldar a la “contra”, mercenarios y paramilitares, con armas y dinero, la CIA dio un impulso decisivo al tráfico de cocaína desde Colombia a los Estados Unidos, cultivó y apoyo a la mafia mexicana para que se hiciera cargo de la introducción de toneladas de cocaína y pasta base en su país y para obtener a cambio millones de dólares para financiar a los antisandinistas. La condición era que la cocaína se vendiera en vecindarios de blancos y la pasta base en vecindarios de negros y latinoamericanos.

En esa orgía de crímenes y corrupción El Tte.Cnel. Oliver North organizó la venta clandestina de armas a Irán – que entonces estaba en guerra con Irak cuando los EUA apoyaban a Sadam Hussein – y aplicaron los enormes beneficios para dotar a la “contra” de aviones y artillería pesada (operación conocida como el escándalo Irán-Contras). También promovieron el traslado de una “fuerza de tareas” de miles de hombres del ejército argentino que actuaron como instructores en torturas y formaron y entrenaron escuadrones de la muerte a los que se debe la muerte de decenas de miles de civiles especialmente en Honduras y El Salvador. Los generales de la dictadura argentina creyeron que esa intervención en Centroamérica (entre 1979 y 1982/3) los transformaba en aliados imprescindibles de los Estados Unidos pero esa ilusión se desvaneció cuando estos apoyaron con todo a Gran Bretaña durante la invasión a las Malvinas.

Siglos de represión y cruel explotación, sumadas al hecho que en Honduras por ejemplo funcionó la base más grande de la CIA en el continente (con cientos de aviones y miles de hombres) para atacar a Nicaragua, son el caldo de la desesperación de miles que emprenden esas estremecedoras caravanas.

En Davos se presentó Bolsonaro para darse un vitrinazo e intentar disipar la imagen de derechista brutal y agresivo, matón y rufián, que cultivó durante su campaña presidencial. Sin embargo la autopromoción no solamente estaba dirigida a los superpoderosos reunidos en la estación invernal sino también al consumo interno por medio de un recurso típicamente fascista: el nacionalismo chovinista ejemplificado en sus declaraciones al proclamar que “Brasil es un país desarrollado”. Naturalmente nadie le creyó, los analistas financieros y políticos del entorno de Davos se congratularon de que Bolsonaro fuese pro-empresarial y estuviera dispuesto a favorecer a los capitales internacionales pero coincidieron en que, en realidad, no dijo nada sino frases memorizadas y preparadas frente al espejo. Bolsonaro no explicó que hará y como lo hará y su discurso hueco y altisonante debe de haber causado risas pero no simpatías.

Aquí en Santa Bernardina, se reunió el autodenominado “Un solo Uruguay”, una organización fantasmagórica dirigida por ricos patrones, rematadores de ganado, vendedores de maquinaria agrícola, algunos medianos y pocos pequeños productores que ha excluído expresamente a los trabajadores rurales. Es una agrupación de patrones y los ricos del agronegocio. Este año la concurrencia fue notoriamente menor que la del año pasado. El tono de la proclama que intentó ser propositiva expuso todo el “programa” ultraconservador y reaccionario de la oligarquía vacuna y los grandes empresarios del agronegocio. Como antes los organizadores se presentaron como apolíticos aunque la mayoría de sus dirigentes (20 o 30 de distintos departamentos del país) son militantes de segunda fila del Partido Blanco.

Esta vez no hubo drones o planos abiertos que permitieran apreciar el público en su totalidad y sobre todo ver la gran concentración de vehículos, especialmente SUV y últimos modelos, que caracteriza a la concurrencia y que se estacionan en predio bien apartado. En medio de los asados y el picnic generalizado con que los asistentes socializaron aparecieron los pescadores, es decir algunos candidatos en busca de votos. Los senadores blancos Larrañaga, Lacalle Pou y Verónica Alonso y los políticos colorados Ernesto Talvi y Tabaré Viera. Los blancos vienen a reunirse con su público, a hablarle a los ya convencidos ahí no hay votos para atraer hacia el neoliberalismo, la liquidación del gasto social, la mano dura y el gatillo fácil. La mayoría del público los conoce y carece de capacidad crítica, es decir que nadie les va a preguntar cuál es su programa, por eso dicen que “vienen a escuchar al pueblo porque el gobierno no lo escucha” . Los colorados, especialmente el economista Talvi, un neoliberal de pura cepa es un fantasma político desconocido en el país y especialmente en Santa Bernardina. Este tal vez haya conseguido robar cámara pero acá tampoco habrá pesca digna de tal nombre.

Otro político presente fue el senador Pablo Mieres del Partido Independiente, seguramente en representación de su flamante coalición con el operador ex-izquierdista Esteban Valenti y el diputado ex-colorado Fernando Amado. Pero Mieres es un bagre en medio de las tarariras, su discurso aunque marcadamente derechista no es competencia para el que desarrollan los blancos cerriles como Larrañaga, los de alta alcurnia como los Lacalle o los explotadores del fanatismo religioso como Verónica Alonso. Mieres fue a pescar sin sedal, sin anzuelo y sin carnada. En esas aguas, para su proyecto de atraer a “los desencantados de la izquierda”, no hay pique.

En suma, el 23 de enero del 2019 fue un mal día para pescar.

 

 

Por Lic. Fernando Britos V.

Fuente: Foto portada Bles.com

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