«La ideología de género» es una invención, un artificio

La ministra Damas Alves inició su mandato al frente de la nueva cartera de la Mujer, Familia y Derechos Humanos generando controversia, al conmemorar una supuesta «nueva era» en el país: niños vestirían azul, y niñas, rosa. Al justificarse, dijo que la frase sería una «metáfora» a lo que ella llama «ideología de género».

La expresión no es nueva, pero ganó destaque durante la campaña electoral pasada, siendo popularizada por el presidente Jair Bolsonaro y sus hijos. Mucho antes de convertirse en candidato, el ex diputado ya había incorporado el término en su discurso político y se convirtió en uno de sus principales propagadores en el país.

El término, sin embargo, no tiene base académica. La supuesta «ideología de género» surgió como una expresión peyorativa para descalificar los estudios de género, un campo científico interdisciplinario que analiza e investiga todo tipo de cuestiones relacionadas con el género. Esto incluye, por ejemplo, procesos sociales y relaciones de poder involucrando hombres y mujeres, además de la propia construcción del género y sus representaciones.

«Los estudios de género surgieron porque la ciencia predominante investigaba solamente la historia y la vida de los hombres. Así, ella no era objetiva, sino unilateral. Este campo se ocupa de cuestiones, temas y personas que eran a menudo olvidadas u omitidas. «Al ampliar la perspectiva científica, contribuyó a aumentar la objetividad», afirma Henning von Bargen, director del Instituto Gunda Werner para Feminismo y Democracia de Género, vinculado a la

Fundación Heinrich Böll.
En los estudios de la mujer que se desarrollaron en los Estados Unidos a partir de la década de 1970 con el avance del movimiento feminista, los estudios de género comenzaron a tomar forma a partir de mediados de los años 1980. Su enfoque científico parte del principio de que el género es principalmente una construcción social, y no restringida sólo al sexo biológico.

Es decir, la sociedad, al imponer patrones que cabrían al hombre ya la mujer, acaba determinando lo que es entendido como característico de lo masculino y lo femenino. Un ejemplo sería el azul como color de niño y rosa de niña o que las niñas deben jugar a las muñecas y los niños en coche.

Los estudios de género no niegan fundamentalmente el sexo biológico, pero rechazan el entendimiento solamente biológico del género. Ellos investiga, entre otras cosas, esa construcción de categorías de diferenciación de personas, que son mutables. A principios del siglo XX, por ejemplo, rosa era el color de los niños, y azul, de las niñas. Estos patrones sociales y culturales generan, sobre todo, desigualdades y discriminaciones en el cotidiano, que también se analizan en este campo de investigación.

«El género es un concepto analítico que no tiene relación con una concepción del mundo. Es una categoría de análisis para observar mejor y entender mejor la sociedad, pues se organiza mucho en las diferencias entre los géneros «, añade Regina Frey, del Instituto para Asistencia Social y Pedagogía Social.

Cruzada antigénero
Con la expansión y consolidación de este campo científico, que supuestamente estaría amenazando principios religiosos, se lanzó una contraofensiva católica en defensa de su doctrina y del modelo tradicional de familia. En 1998, en una nota de la Conferencia Episcopal del Perú, aparece por primera vez la expresión «ideología de género».

Según el investigador de la Universidad de Brasilia (UnB) Rogério Diniz Junqueira, en Brasil, religiosos comenzaron a usar la expresión en 2011. Pero fue sólo en 2014 que el término ganó destaque al aparecer en las protestas para la exclusión de las expresiones género y orientación sexual de los hombres, planes de educación. A partir de entonces, «ideología de género» se ha convertido en una categoría de movilización política.

«La» ideología de género» es una invención, un artificio retórico. No puede confundirse con un término científico. Su elaboración jamás siguió principios y preocupaciones de orden científico. El término afloró en el marco de un proyecto de poder: se decidió utilizar el término que mejor funcionara políticamente según los objetivos de los actores que fomentan esa ofensiva reaccionaria «, evalúa Junqueira.

Pero no fue sólo en Brasil que el término ganó popularidad. Diversos grupos políticos y religiosos ultraconservadores iniciaron en varios países una verdadera cruzada antigénero, contra no sólo la igualdad de género y el feminismo, sino también contra la diversidad sexual y de identidad.

«Detrás de la movilización antigénero están diferentes actores, organizaciones, partidos, redes religiosas fundamentalistas, que se clasifican en el espectro político de centro a la extrema derecha. Con la expresión «ideología de género» se vuelven contra avances de la democracia liberal y de una sociedad abierta «, argumenta Von Bargen.

«Quien cuestiona el género debería explicar por qué es negativo y por qué hombres y mujeres no deberían tener los mismos derechos. Esto no es un poco explicado con el término «ideología de género», añade Frey, que coordinó el segundo informe sobre equiparación del gobierno de Alemania.

Políticas de género
A pesar de la contraofensiva político-religiosa, los estudios de género contribuyeron a la comprensión de diferencias y desigualdades generadas por esas construcciones sociales y, de esta manera, ayudaron en el desarrollo de políticas públicas para promover la igualdad de género y combatir la discriminación.

En la Unión Europea, desde 1999, la perspectiva de género se ha convertido en un punto central en el desarrollo de políticas. Este concepto, que se conoce como Género de Género, busca alcanzar la equiparación al pensar en los impactos que las decisiones políticas y estructurales causarán para hombres y mujeres y cómo aumentar la igualdad de oportunidades para todos los sexos.

«El objetivo de Gender Mainstreaming es la creación de la igualdad de oportunidades efectiva. Esta política no comprende al hombre ya la mujer como grupos homogéneos, pero toma en cuenta que dentro de esos grupos hay una diversidad de situaciones de vida y necesidades «, afirma Von Bargen.

Frey destaca que el Gender Mainstreaming no significa que mujeres y hombres deben ser iguales y que no busca un reajuste en el comportamiento, sino la equiparación de los derechos. Al pensar en los impactos de políticas percibiendo y teniendo en cuenta las diferencias entre los géneros, el Estado evita aumentar las desigualdades en derechos y oportunidades.

«Se trata de establecer una nueva forma de pensar sobre todos los niveles que integra el aspecto equiparación como objetivo parcial sustancial en la política. La categoría género no sólo plantea la cuestión de la igualdad de género, sino que es un factor fundamental para la solución de problemas económicos, sociales y políticos «, subraya Von Bargen.

Entre las medidas resultantes de este concepto forman parte proyectos para igualar el acceso a cargos de dirección y políticos, de equiparación salarial y de combate a la violencia sexual.

 

Por Clarissa Neher

Fuente Carta Capital -Brasil-

 

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