Venezuela en la mira: América cruje bajo la ofensiva conservadora

Animados por sus recientes triunfos electorales, en particular el de Jair Bolsonaro en Brasil, los sectores más conservadores del continente han concentrado este inicio de año su ofensiva contra el gobierno de Venezuela, debilitado por una grave crisis económica y denuncias de corrupción.

Agrupados en el Grupo de Lima, 14 países han coordinado su campaña para desconocer el nuevo mandato de Maduro, al que pidieron no asumir el cargo el pasado 10 de enero. A esta solicitud se sumaron los gobiernos de Estados Unidos y la Unión Europea, quienes expresaron su apoyo al nuevo presidente de la Asamblea Nacional, el opositor Juan Guaidó. De un modesto y relativamente desconocido diputado, Guaidó pasó, en pocas horas, a ser figura central en el conflicto político en Venezuela, un ascenso que sorprendió a la misma BBC, que trataba de explicar como eso había ocurrido.

El gobierno de Brasil fue el más reciente en reconocer a Guaidó no solo como presidente de la Asamblea, sino como presidente de Venezuela, sumándose, en esa decisión, a la del Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro. “El presidente Guaidó tiene nuestro respeto ganado como político venezolano, al pertenecer a una generación de jóvenes que ha mantenido su coherencia en luchas por las libertades fundamentales y la democracia en su país”, tuiteó Almagro.

El Secretario de Estado de los Estados Unidos, el general Mike Pompeo, también felicitó a Guaidó, a quien llamó por teléfono después de que este asumiera la presidencia de la Asamblea y se reivindicara como presidente del país. “La Asamblea Nacional lleva la llama de la democracia en nombre de Venezuela en estos días oscuros de la dictadura de Maduro. Aplaudimos sus esfuerzos para recuperar fondos robados para el pueblo venezolano”, escribió Pompeo.

A Guaidó lo llamaron también los presidentes de Argentina y de Chile.

Miembro de Voluntad Popular, el partido de Leopoldo López, uno de los dirigentes opositores que promovió las protestas más violentas contra el gobierno de Maduro, Guaidó, de 35 años, diputado por el estado de Vargas, convocó a nuevas marchas callejeras y a una gran manifestación para el miércoles 23 de febrero, para apoyar un “plan de transición” al gobierno de Maduro. Pidió también el respaldo de las fuerzas armadas para que lo ayudaran a “restituir la democracia” en el país.

Cabeza de playa
La aspiración de Guaidó está fundada en el desconocimiento del gobierno de Nicolás Maduro, que asumió funciones la semana pasada, luego de las elecciones de mayo del año pasado, que la oposición desconoció.

La base para el movimiento de Guaidó fue la declaración del Grupo de Lima, firmada en la capital peruana el pasado 4 de enero, en la que afirman que el proceso electoral venezolano en el que se reeleigó a Maduro no contó con «las garantías y estándares internacionales necesarios para un proceso libre, justo y transparente». Los partidarios de Maduro rechazaron esa afirmación y difundieron el porcentaje de votos obtenidos por el mandatario, comparado con los de sus colegas de Estados Unidos, Argentina o Chile. Maduro obtuvo lo equivalente a un 31,7% del padrón, por encima del 27,3% de Trump, o el 26,8% de Macri y el 26,5% de Piñera.

En su documento el Grupo de Lima ratificó también el «pleno respaldo y reconocimiento» a la Asamblea Nacional, cuya elección, el 6 de diciembre del 2015, califican de legítima.

No fue esta la primera reunión del Grupo de Lima, pero fue la primera a la que asistieron los cancilleres de los nuevos gobiernos d brasil y México, el único que no firmó la declaración.

El cambio de gobierno en Brasil consolidó un bloque conservador con Argentina y Chile, al que se suman, en sudamérica, los gobiernos de Perú, Colombia y Paraguay. Este último, encabezado por el hijo del una vez secretario del dictador Alfredo Stroessner, decidió romper relaciones con Venezuela.

Por Centroamérica integran el grupo Guatemala, Honduras y Costa Rica, al que se suman también Canadá, Panamá, Guyana y la isla de Santa Lucía. Estados Unidos, que lo apoya, prefiere no participar.

La resolución del Grupo de Lima afirma que «la solución a la crisis política de Venezuela corresponde a los venezolanos», con lo que quedaría descartada una intervención militar extranjera, pero no así una intervención política que busca aislar el gobierno de Venezuela. Para eso anunciaron que continuarán impulsando iniciativas en la OEA donde, la semana pasada, se reunió el Consejo Permanente, para tratar la situación de Venezuela.

Esa reunión, celebrada el jueves 10, aprobó por 19 votos a seis una declaración declarando ilegítimo el gobierno venezulano. De este modo se pretende crear una “cabeza de playa” donde instalar un gobierno que pueda ser reconocido por países del Grupo de Lima. Una situación novedosa que no deja de recordar el intento realizado en abril de 1961, en Cuba, para instalar un gobierno provisional en una cabeza de playa, al que Estados Unidos reconocería y apoyaría, sumando fuerzas militares para derrocar a Fidel Castro.

El reconocimiento de un gobierno encabezado por Guaidó permitiría a los países del Grupo de Lima y sus aliados responder a sus demandas y expondría las extensas fronteras de Venezuela con Colombia y Brasil a presiones militares de dos regímenes cuya beligerancia contra Caracas han sido expresadas reiteradamente. Pompeo visitó los dos países este mes, donde el tema Venezuela ocupó papel destacdado en la agenda. Después de asistir a la toma de posesión de Bolsonaro, en Brasil, visitó a Duque, en Colombia, al que elogió por su compromiso con el “restablecimiento de la democracia en Venezuela”.

Cerco
La posibilidad de que la crisis venezolana sea resuelta por los venezolanos, como lo propone el Grupo de Lima, se ve afectada por las reiteradas sanciones económica impuestas por Estados Unidos a Venezuela.

Un análisis de esas sanciones y sus efectos ha sido publicado en el libro titulado “Radiografía de un país bajo asedio”, ublicado por el gobierno venezolano y que puede ser visto aquí: misionverdad

Una nueva serie de sanciones contra funcionarios del gobierno venezolano y 23 empresas del país fue aprobada por Washington la semana pasada.

Según el Departamento del Tesoro los sancionados son parte de un “esquema de corrupción” que habría desviado miles de millones de dólares de dineros públicos.

La nueva ofensiva opositora en Venezuela tiene como base la catastrófica situación económica del país, caracterizada por el desabastecimiento, una inflación desbocada y denuncias de corrupción.

Economistas y académicos que una vez estuvieron cercanos al régimen han sumado sus voces a las críticas a las políticas económicas del gobierno. Uno de ellos, Edgardo Lander, afirma que “entre los años 2014 y 2016 se produce una sostenida baja del producto interno bruto, se acelera la inflación hasta pasar a ser la más elevada del planeta. La escasez de productos básicos, la mengua del salario, una creciente inseguridad, así como el deterioro de los servicios públicos, conducen a un acelerado retroceso en la mejoría de las condiciones de vida de la población logradas en los lustros anteriores. Los masivos niveles de corrupción se hacen más visibles. Como consecuencia de todo esto, se genera un creciente rechazo al gobierno de Maduro”. Este deterioro de la situación económica no se ha detenido.

A favor y en contra
Pese a esa crisis, la oposición que no ha podido presentarse unida, ni ofrecer un programa alternativo al del chavismo que despierte un entusiasmo mayoritario entre la población.

Sin embargo, otro grupo internacional, esta vez conformado por 20 expresidentes latinoamericanos, todos de tendencia conservadora, han sumado su voz a la ofensiva contra el gobierno de Venezuela. El grupo está integrado por algunos expresidentes responsables de crímenes como el asesinato de miles de personas, en el caso del colombiano Álvaro Uribe, o actos de corrupción que los han a la cárcel o a los tribunales, como la panameña Mireya Moscoso, entre otros. El país con mayor representación en esa lista en Costa Rica, con cuatro expresidentes.

Los 20 arremetieron contra el papa Francisco quien, en su homilia navideña, expresó sus deseos de que en Venezuela «se encuentren vías institucionales y pacíficas para solucionar la crisis política, social y económica, las que consientan asistir sobre todo a los que son probados por las tensiones de estos años y ofrecer a todo el pueblo venezolano un horizonte de esperanza y paz». Por el contrario, desconocen cualquier posibilidad de diálogo y reivindican el derrocamiento del gobierno

La ofensiva conservadora no sería posible sin los cambios políticos ocurridos en el continente, consolidada con el reciente triunfo de la extrema derecha en Brasil. Pero si los venezulanos enfrentan una dramática crisis económica, tampoco pueden los gobiernos conservadores presentar grandes éxitos. Ni Estados Unidos, ni Argentina, Chile, Colombia, Paraguay o Brasil han logrado enfrentar con éxito los desafíos del desarrollo.

Para el excomandante del ejército brasileño, el general Eduardo Villas Bôas, hablando en el acto de traspaso del comando la semana pasada, Bolsonaro “trae la necesaria renovación y la liberación de las amarras ideloógicas que secuestraron el libre pensar, embotaron el discernimiento e indujeron a un pensamiento único y nefasto” en el país.

No parece fácil de convencer a los brasileños, ni a los latinoamericanos, de que Bolsonaro será capaz de eso. Pero, animados por sus éxitos electorales, han decidido concentrar su ofensiva contra el gobierno de Venezuela.

Si a esto se agrega la crisis de los regímenes que, en su momento, se identificaron con el progresismo, reina el desconcierto en la región, sin que se vislumbre soluciones alternativas.

Por Gilberto Lopes
Escritor y politólogo, desde Costa Rica para La ONDA digital
gclopes@racsa.co.cr

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