Jénnifer Paola López, hondureña de 16 años: “No hay cómo vivir en Honduras. No hay dinero. En Honduras no hay nada”

“La salida fue en la madrugada. Con mochilas, bolsos y carriolas para los niños, más de 3.000 personas que forman parte de la primera caravana migrante abandonaron el estadio donde permanecieron una semana en Ciudad de México. En menos de una hora el enorme campamento quedó prácticamente vacío”.

Así describía el periodista Alberto Nájar, de BBC News Mundo, la partida de la caravana de migrantes centroamericanos de la ciudad de México, el sábado pasado, camino a la frontera con los Estados Unidos. Van por un camino más largo, por Tijuana, por Baja California, tratando de evitar la más peligrosa ruta del Golfo. El objetivo está aun lejos, a unos 2.500 kilómetros, pero su sueño podría estar a una distancia inalcanzable.

El secreto de la marcha
La marcha comenzó hace un mes, con una convocatoria hecha en la ciudad hondureña de San Pedro Sula. Y se fue engrosando en el camino, hasta sumar las cerca de siete mil personas que llegó a tener en algún momento la inimaginable caravana de desesperados: hombres y mujeres, cargando a sus niños, que van camino a ninguna parte.

Detrás suyo dejaron las especulaciones sobre quienes los habrían empujado a la aventura.

¿Quién está detrás de la caravana de hondureños que se dirige a EE.UU.?, se preguntaron Matías Caciabue y Paula Giménez, investigadores argentinos del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE).

“Los hondureños más desamparados, que sufren un aumento de la violencia social y política desde el golpe de Estado de 2009, han sido lanzados cual ejército de infantería en un enfrentamiento entre diferentes fracciones de la oligarquía financiera que controla el globo”, afirmaban, en un extenso artículo en el que sustentaban su argumentación en el análisis de las corrientes que se disputan la hegemonía de la política mundial.

Unos apuntaban a la Open Society del multimillonario húngaro George Soros, de la fracción globalista; enfrentada a la fracción neoconservadora, que encarna Donald Trump. La Open Society negó cualquier responsabilidad con la promoción de esta iniciativa o de su financiamiento, mientras Trump apunta a la demócratas, a los que acusa de pretender mantener las fronteras abiertas y poner en peligro la seguridad del país. Eran las vísperas de las elecciones del pasado 6 de noviembre y el presidente trataba de sacar provecho del tema migratorio, ya presente en la campaña.

El secreto aclarado
En medio del debate, Oscar Martínez –probablemente el periodista que ha reporteado más de cerca el fenómeno de la migración centroamericana a los Estados Unidos y ha contado historias extraordinarias, tanto en el periódico salvadoreño El Faro, como en un par de libros sobre el tema– echó luz sobre las especulaciones.

“Los que ven esta romería como una oportunidad más para explicar juegos políticos sucios pierden de vista lo que realmente simboliza el éxodo. Los nadies de Centroamérica dejan al desnudo a sus países”, afirmó. Es él quien cita a la hondureña de 16 años, Jénnifer Paola López, cuya frase da título a este artículo.

Jénnifer “se unió a la caravana que atraviesa México porque no tenía dinero para pagar coyotes ni la travesía. Quien crea que esta gente marcha porque los engañaron unos políticos maliciosos subestima su inteligencia y los años de horrores de la historia de las migraciones en nuestro siglo”, dice Martínez.

Su artículo, publicado en el New york Times en pasado 30 de octubre, se titula “ellos deben migrar en avalancha”. Martínez lo explica: “La caravana no solo rompe el México de las violaciones, también el México de los cordones de seguridad. Tradicionalmente, ha sido en Chiapas y Oaxaca donde el gobierno mexicano, muchas veces con dinero estadounidense, ha establecido sus cinturones de seguridad contra los indocumentados. Desde 2014, aquí se desarrolla la estrategia del presidente Enrique Peña Nieto contra los migrantes. Se llama Plan Frontera Sur, y consiste en dificultar el paso de los migrantes en ese territorio, la cintura de México. Hoy, la multitud pasa oronda por el embudo mexicano”.

El secreto está en hacerlo en multitud, en avalancha. “No ha habido redadas ni asaltos, ni violaciones, ni lapidaciones, ni machetazos, ni balazos, ni secuestros, ni extorsiones policiales”, afirma. “Los que decidieron sumarse a esta caravana, al menos hasta hoy, hicieron un buen cálculo. Ahora que migran en avalancha, el México doloroso de los migrantes se aparta del camino”.

Lo que Martínez ve con claridad y explica con detalles es compartido por otros observadores de la gran marcha.

Sus causas son simples, dice la emisora alemana DW. “Los migrantes son, en su mayoría, víctimas de la violencia irrefrenable de la criminalidad, del callejón sin salida de la pobreza extrema, y de la negligencia y el abandono de gobiernos e instituciones corruptas. Caminan miles de kilómetros y desafían todo tipo de obstáculos para llegar a cumplir su sueño”: llegar a la Tierra Prometida, sea eso lo que sea, esté donde esté.

El lingüista norteamericano Noam Chomsky apunta un dedo acusador: «La caravana huye de la miseria y de los horrores de los que Estados Unidos es responsable». Los migrantes, agrega, “escapan de la violencia y de la pobreza en tres países que han estado bajo la dura dominación de Estados Unidos desde hace mucho tiempo, pero sobre todo desde la década de los 80”.

Los datos parecen sustentar estas afirmaciones. Habitantes de algunas de las ciudades más violentas del mundo, de países con cerca de 70% de la población viviendo en la pobreza, comiendo una vez al día; donde el crimen organizado controla el narcotráfico, la trata de personas y los asesinatos por encargo, Jénnifer Paola López, resume bien la situación: –No hay cómo vivir en Honduras. En Honduras no hay dinero, en Honduras no hay nada. Sobre todo, no hay esperanza.

Fuerzas militares
A la caravana centroamericana la espera una poderosa fuerza militar en la frontera de los Estados Unidos, conformada por unos 15 mil soldados, apoyados por voluntarios, todos decididos a enfrentar la “invasión”.

«Estamos listos para dar apoyo a la Patrulla Fronteriza y pedimos que más personas se unan a nuestro movimiento. La llegada de la caravana es una invasión«, dijo a BBC Mundo Shannon McGauley, presidente de Texas Minutemen, uno de los grupos paramilitares que se han sumado a este esfuerzo.

En todo caso, la avalancha centroamericana no es más que otra parte de la ola de desesperados en busca de la tierra prometida. Todos van detrás del “capital” que se genera en los “sures” pero se concentra en los “nortes”.

Si Estados Unidos los espera con armas en la frontera, Europa está tratando de enfrentar el desafío a su manera. Se trata de “La estrategia migratoria de Europa en África”, un extraordinario reportaje de la DW alemana divulgado el pasado 23 de octubre y que se puede ver en su página de internet.

Lo único que podría detenernos de verdad –diría un africano entrevistado en el reportaje de la DW– “es que Europa deje de financiar a nuestros dictadores y ejércitos africanos. Que África sea realmente independiente y explote a beneficios de todos nuestras materias primas y yacimientos. Pero ni nosotros ni los niños africanos se benefician. Y mientras eso siga así ¡marcharemos hacia Europa!”

Más de 2.000 inmigrantes han muerto en el Mediterráneo en lo que va del año, afirmó esta semana la agencia de Naciones Unidas para los refugiados. ¡Los muertos del Mediterráneo se ven, los del desierto no!, se oye en el mismo reportaje de la DW.

El desierto es donde Europa trata de frenar a los que buscan cruzarlo para llegar a las costas de Libia. En Mali y en Níger (uno de los países más pobres del mundo) se intenta frenar la corriente de refugiados. Patrullas del ejército alemán vigilan la zona. Son más de mil soldados, desplegados en medio de la nada. “Los estados europeos quieren neutralizar ese flujo antes de que sea visible a las puertas de Europa”, dice el reportaje.

“Esto nunca ha parado. Antes se veían los migrantes por todas partes, ahora tenemos que esconderlos. Pero la inmigración clandestina continúa, simplemente se hizo más arriesgada”. En el Sahara los muertos son muchos más. El desierto –afirma– “se ha convertido en cementerio”.

Por Gilberto Lopes
Escritor y politólogo, desde Brasil para La ONDA digital
gclopes@racsa.co.cr

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