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Brasil | Resistir y derrotar

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El golpe lo dieron en 2016. Fue principalmente mediático como lo fue el mismísimo Plan Cóndor desde sus raíces, anteriores a 1964.

El panamericanismo mediático fue intocable e intocado incluso cuando se integró con mayor peso al partido militar en el bloque de poder fascista.

El plan militarizador de 1964 pudieron concretarlo en los años setenta, aislar a la Argentina para que no tuviera refugio cercano el peronismo, al que el imperialismo no había podido destruir como opción de poder. Perón, pese a la parte de su bagaje ideológico fascistoide, fue considerado por la CIA como su mayor enemigo americano del siglo XX, mayor como enemigo incluso que Fidel, por el potencial histórico y geopolítico de Argentina.

Cuando lograron aislar a Argentina casi completamente, en 1976, para golpearla hasta que no quedara vivo ni un solo revolucionario -«matar a todos» de Harguindeguy-, tras los golpes en Uruguay, Chile y Bolivia, seguían contando con el Paraguay de Stroessner, pero algo había cambiado en la dictadura de Brasil. El general Geisel fue una piedra en el zapato del imperialismo. USA respondió incluso con sanciones económicas a Brasil.

El gobierno militar de Geisel -1974-1979-, a contrapelo de Bordaberry, Videla, Stroessner, Banzer y Pinochet, viró del «neoliberalismo» a un modelo patriótico, desarrollista, con crecimiento estatal como palanca para la soberanía económica. Reconoció a los gobiernos revolucionarios de Àfrica, establecidos tras la revolución de los Capitanes de Abril en Portugal y paranoiqueó al Pentágono sobre las internas militares en nuestro continente.

Hoy ganó Temer, ganó Globo, ganó Trump, ganó el corrupto chantajista Sergio Moro, pero querían ganar con Alckmin, no con Bolsonaro, querían ganar con un partido político fuerza real, pero los partidos políticos que tuvieron fuerza real y apoyaron a Temer -el Socialdemócrata, el PMDB, el Socialista-, fueron percibidos como políticos, en tanto el casi inexistente como partido, PSL, de Bolsonaro, invocó al partido militar.

La resistencia al golpe de 2016 creció con el pueblo rodeando a Lula, con el martirio de Michelle Franco y con los actuales casi cincuenta millones de votos alcanzados por el candidato del PT en circunstancias totalmente adversas por antidemocráticas: Lula preso e impedido de cualquier tipo de participación, las fake news de la caja 2 de Bolsonaro y Moro.

Lo más detestado por el imperialismo y la oligarquía brasileña juntos es el PARTIDO DE LOS TRABAJADORES, que sigue siendo el de mayor bancada parlamentaria, el que tiene los gobernadores de las regiones más proletarias del país y el bastión para un nuevo avance de proyecto nacional y popular que derrote al fascismo golpista, pero lo más detestado no es exactamente lo más temido por el imperialismo y la oligarquía brasileña juntos, que lograron inculcar su odio en determinada categoría de masas, determinada por los medios de comunicación que, sin embargo, en estas elecciones -en ambas vueltas- demostraron, al quemar sus naves, que han perdido posibilidad de precisión.

Llegada esta situación, con cierta similitud a la que tuvimos en Uruguay cuando Bordaberry le robó las elecciones a Wilson, el imperialismo no teme una insurrección del PT, aunque el petismo resiste liberadas sus manos hasta de los medios masivos. En aquel momento el Frente Amplio hizo exactamente lo que tenía que hacer y tiene que hacer hoy el PT; resistir, movilizar, evitar un baño de sangre cuando no da a favor la correlación de fuerza entre gendarmes y unir y converger con todo lo antifascista.

El PT no pudo concientizar al pueblo de sus conquistas ni de la verdadera corrupción de lo humano porque no tuvo medios -tampoco pudo evitar organizar el nefasto Mundial de fútbol-, pero es posible un bloque de poder -e histórico ahora- que sí resista la censura mediática del imperialismo.

El proyecto nacional y popular del lulismo, que se consolidó tan históricamente indestructible como el peronismo, hizo a Bolsonaro amenazar a los militantes de Lula con una variante de la fórmula Harguindeguy: «vamos a destruir al PT; que sus militantes se vayan del país o irán presos», pero alguien le dijo al oído que no conviene que fuerzas armadas que estuvieron con Lula cuando fortaleció empresas del Estado y privadas que compitieron con las yanquis, anden en Planalto cuando vaya a consumar la línea Temer sobre el Presal, Petrobrás y la Amazonia.

La resistencia determina, marca plazo y Etchegoyen no ha de ser todo en las fuerzas. Ganó el fascismo, lo más terrorista del capital financiero imperialista, Globo y Sergio Moro -sin ellos Bolsonaro no existe-; es tremendo revés para toda nuestra América; pero al fascismo se lo resiste y se lo derrota.

Por José Luis González Olascuaga
Periodista y escritor uruguayo

La ONDA digital Nº 883 (Síganos en Twitter y facebook)

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