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España comienza el curso | Se espera un otoño caliente

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El tiempo es, junto al espacio, el mayor condicionante del ser humano. Pero ni uno ni otro son absolutos, y medirlos, sobre todo el tiempo, puede que no sea más que una forma de cuadricular nuestra vida para comprenderla mejor y adaptar el tiempo a nuestras necesidades. En función de nuestra vida: jornada, meses, años… y el devenir de la historia: períodos, eras, épocas, edades…

Aunque no lo parezca, el tiempo no es medible. Pero no es absoluto, sino relativo. Toda medida sobre él no resultará más que puro artificio y acomodo de los humanos, cuya finalidad no es otra que entendernos para diferenciar algo, desde un estado de ánimo, al devenir de la historia. Así decimos que la noche es eterna cuando se sufre, o se hace corto el día cuando hay mucho que hacer, o se siente uno feliz, sin caer en la cuenta, incluso cayendo en la cuenta, de que no se trata más que de una sensación subjetiva o de una división de la historia ficticia. Y mientras en el hemisferio norte se acaba de ir el verano y las vacaciones, en el sur comienza la primavera y se anuncia el calor y el turismo. Tampoco la duración del día es igual en los planetas de nuestro sistema solar, por ejemplo, en Mercurio dura casi dos meses terrestres (ideal para los fiesteros cada fin de semana). Tampoco el año comienza en la misma fecha en nuestro mundo: China celebra el año nuevo en marzo… Y en Canarias, una hora después que en el resto de la península ibérica. Según esto, se puede concluir que la medida del tiempo es un capricho humano, como lo es el cambio de hora, tan discutido estos días en Europa en que toca atrasarla. Sin embargo, está comprobado que los “biorritmos” de las personas, su psique, cambian según sea de noche o de día, que nuestras células se comportan de manera distinta con luz solar que con oscuridad.

Mantienen los filósofos que el uso de nuestro propio tiempo personal, “arrojados” como estamos en el mundo, condicionados por el tiempo y el espacio, nos ata, y cuadricula para entender y explicar cuanto sucede a nuestro alrededor, forjando nuestro conocimiento, nuestro criterio y nuestras labores cotidianas. Así pues, el tiempo escapa a nuestra rigurosa cronometría, y nos provoca una visión del mismo que aun pareciéndonos absoluta e inalterable, hacemos lo posible por medirla y adaptarla a nuestras necesidades e intereses. Por eso, según nuestras actividades, alejadas de la cultura rural, marcada por las estaciones, bien pudiera fijarse, como inicio del año, el comienzo del curso (escolar, político, deportivo…), marcado por las actividades profesionales y demás, que se reanudan después del tiempo de ocio, o vacaciones, cuya duración siempre nos parece demasiado corta, aunque se alargue durante meses… Por tanto, puede uno pensar que el año, en la zona norte del planeta, comienza realmente con la vuelta al cole, la vuelta de la liga, la vuelta de la actividad política, incluso la vuelta ciclista a España… Y ¡cómo no!, la vuelta a esta columna, abandonada durante estos dos meses -cortos, añado, de mi ausencia por vacaciones-. Una vuelta más de quien esto escribe para sumar opinión sobre materias diversas de eso que llaman la “actualidad”, que casi siempre es la misma, o al menos, si no es la misma, es su repetición constante: que si el gobierno, la administración, como prefiero llamar, no administra como debiera, y recurre a quimeras que aplaude la oposición, para ocultar la triste realidad; que si la constitución y su reforma; que si los jueces y su falta de independencia; que si la corrupción sigue y no se remedia; que si el fútbol está manejado por mercenarios; que si el cole no se adapta a la sociedad, etc., etc…. Tantos temas y problemas que siguen emponzoñando esta sociedad y empobreciendo este rico país, donde las diferencias sociales cada vez son más largas, abundantes, y aberrantes; donde los pobres cada vez son más pobres, mientras aumentan un 500 por cien los muy ricos a costa de esa pobreza y esa crisis inventada por quienes manejan el cotarro, para sembrar el miedo y la incertidumbre, incrementando la inmovilidad, promoviendo la mediocridad y manteniendo la ignorancia. Porque hasta ahora, incluido el cambio de gobierno y presidente, poco ha cambiado la realidad española. También es cierto que apenas si ha tenido tiempo, han pasado poco más de cien días, para que algo cambie, pero hay temas que debieran haber sido enfrentados al día siguiente de haber tomado posesión el PSOE y su presidente Pedro Sánchez de la Moncloa. Por ejemplo la Reforma de la Ley Educativa, antes de que se iniciara el curso, como prometió, aboliendo de un plumazo la perjudicial LOMCE promulgada por el PP y contra la cual se han mostrado en su inicios todos los estamentos sociales y educativos. Y también la otra reforma pendiente, como es la anulación de la Reforma Laboral hecha a la medida de los empresarios, y que lejos de servir para paliar el desempleo, lo ha incrementado. O una ley energética que impida que suban desmesuradamente las facturas, sobre todo la luz, o la nueva ley de habitabilidad que impida también una subida exagerada, como ha ocurrido en estos meses, de los alquileres de vivienda, que afecta sobremanera y gravemente a las  familias precisamente más necesitadas y menos pudientes. Y no hablemos ya de la olvidada Ley de Dependencia…

Bien es cierto, repito, que lleva poco en el poder el nuevo gobierno, sobre el que se habían depositado grandes esperanzas de “cambio”, como anunciaba en su moción de censura el presidente socialista. Es cierto que han estado por medio las vacaciones, y ya se sabe, en estos dos meses, sobre todo, julio y agosto, España se paraliza y no comienza a andar con normalidad hasta finales de septiembre u octubre, que marcan, en este hemisferio norte, el final del verano, y el inicio del comienzo del curso, desde el escolar, al político. Tan es así, que bien pudiera tomarse como principio del año la vuelta al cole, y a la actividad política, con la marcha sin interrupciones largas de fiestas, o de cambio de horarios y su disminución, por el calor, de las jornadas laborales, que vuelven a la normalidad a partir de este mes recién iniciado.

Se prevé, pues, un otoño caliente en la actividad política y parlamentaria. Muchos son los temas y reformas candentes que tendrá que abordar en breve plazo el nuevo gobierno, desde las comparecencias ante la mesa del congreso que investiga la financiación irregular del PP, por donde recientemente han pasado varios ex ministros, y los dos ex presidentes del PP, Rajoy y últimamente Aznar, hasta el problema candente de Cataluña, para el que no se vislumbra ninguna solución y cuya virulencia va en aumento.

Paralelamente a la toma del poder por el Partido Socialista, el Partido Popular ha cambiado de presidente, tras unas primarias internas, celebradas por primera vez en este partido en toda su historia. De ellas salió elegido, el hasta ahora portavoz, Pablo Casado, de 37 años, tratando de ofrecer de esta manera una nueva imagen de un partido que quiere ponerse en sintonía con otros semejantes, las derechas con rostros jóvenes, en la UE.

Otoño caliente en España del que seguiremos informando cuando haya noticias de alcance para que los uruguayos, que tanto interés muestran por España, estén al corriente. Son muchos los vínculos que unen ambos países. Emulando la premisa del filósofo de que por ser humano, ningún asunto es ajeno, así también, los problemas e intereses de ambas naciones no son ajenos. Aunque haya un enorme charco por medio, actualmente, las distancias han dejado de ser grandes, para volverse, junto a sus devenires, cercanas.

Por Ramón Hdez de Ávila
Crónica de nuestro corresponsal en España

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