Argentina: ¿Podía haber sido diferente?

Frente a la muy difícil situación por la que está atravesando la Argentina, surge, entre tantas, la pregunta del título: Podía haber sido diferente el curso de la historia de los recientes casi tres años de gobierno del Presidente Macri?

No existen certezas para una respuesta única ni segura. La sumatoria de factores externos, unido a un cúmulo de decisiones de gobierno, desacertadas a los ojos de muchos analistas, condujeron al país a una situación muy difícil que está atravesando los distintos sectores de la vida argentina.

Lo concreto es que la conjunción de endeudamiento, escasez de capitales en el mundo, tasas de interés elevadas, enorme inflación, complicada situación político social y minoría parlamentaria, llevaron al país a suscribir no uno, sino dos planes de rescate con el  Fondo Monetario Internacional, en el corto lapso de tres meses.

El último de esos acuerdos, uno de los tres más importantes que el organismo firmó en su historia, evitó que la Argentina tuviera que pedir una angustiosa refinanciación, casi compulsiva, de su deuda externa.

Es a partir de esta realidad que se deben evaluar las decisiones del Gobierno. En principio era optar entre lo que se hizo, o un cuasi default.

El FMI al apoyar al país, también expuso sus condicionamientos tendientes a sanear las cuentas públicas, y poner racionalidad a los números del Estado.

Cuestión prioritaria consistía en frenar la fiebre del dólar, tan cara a los espíritus argentinos (que apenas vislumbran una anomalía, acuden presurosos al rey dólar), pero a costa de un programa de cero déficit para 2019, nula emisión monetaria hasta junio de dicho año y tasas de interés gigantescas, que pudieran disuadir a los espíritus adictos a la divisa norteamericana, de correr hacia ella. En otras palabras, un incentivo para jugosos intereses a partir de una más renovada confianza en el devenir  futuro. El costo inevitable sería una gran recesión atravesando  a todos los estratos de la sociedad.

Un componente de la actual situación es el rol que juega el conflicto social. Es indudable que muchos argentinos viven muy mal, anteriormente  y peor luego de la crisis de los últimos meses. Pero sin duda existen  dirigentes opositores ( cristinistas y otros ligados a la izquierda más radicalizada) que aspiran, callada o explícitamente, a la conclusión de la presidencia Macri. Y las acciones que desarrollan en este sentido, son visibles para tortura de los sufridos habitantes de la capital argentina que se ha convertido en un espacio invivible por la presencia de marchas, concentraciones y piquetes de la más diversa conformación. A su vez, hacia finales de octubre es augurable un recrudecimiento del clima caótico, en vísperas de la importantísima reunión del G 20, que convocará en el país  a los líderes políticos de todo el mundo.

Las causas de la crisis
Puede que sea aún prematuro tratar de discernír con precisión todos los factores que han llevado a la Argentina a un estado cercano al default.

No obstante, sin limitar el análisis, por fuera de los errores propios de la conducción de Gobierno, caben destacar algunos elementos que contribuyeron al actual estado de cosas:

– En primer lugar, el actual gobierno recibió un país desquiciado, con sus cuentas públicas al límite del agotamiento, sin estadísticas, con una infraestructura devastada, las instituciones avasalladas y servicios públicos con un cuadro tarifario cercano a la gratuidad ( que generó la imposibilidad de inversión por parte de las empresas prestadoras, y a la vez un enorme déficit fiscal a mérito de los inevitables subsidios).

– Otro factor  causal, el de origen externo, significó la irrupción del presidente Trump en el escenario mundial, que trajo como consecuencia, entre otras, la reversión de la corriente de capitales hacia los países emergentes a mérito de la suba de la tasa de interés, el mayor proteccionismo comercial, la elevación del precio del petróleo, hechos éstos que perjudicaron en forma directa a la Argentina.

– El accionar de los movimientos radicalizados (sociales y sindicales) aportaron a la escena local  un clima de conflictividad y conmoción permanente, en muchos casos más motorizados por sus condicionamientos políticos que por sus legítimas, en muchos casos, reivindicaciones.

– Finalmente, los errores propios, producto de inexperiencia en muchos casos, y una inadecuada lectura de una realidad económico- social muy complicada. La concepción gradualista adoptada desde el inicio de la gestión Macri, solo sirvió para postergar el estallido de la situación explosiva dejada por el gobierno de Cristina Kirchner, pero que finalmente detonó.

Angeles o demonios
Si bien, tal como se decía en el párrafo anterior la ex presidente  argentina, el presidente Trump y los movimientos altamente radicalizados podrían ser ubicados en un lugar de privilegio entre las causales de la crisis argentina es dable también observar que pueden ostentar un rol dual.

– La ex presidente, que  generó las condiciones para el calamitoso estado del país, y  se convirtió en una frenética opositora, comandando un sector fanatizado del electorado nacional de gran virulencia,  a la vez constituye una expresión del peronismo que en una eventual segunda vuelta de las elecciones de 2019, podría perder  contra el presidente Macri.

– Si bien las decisiones del presidente norteamericano contribuyeron a generar  parte de los actuales problemas, también fue el único mandatario que hizo público un enfático documento en apoyo del gobierno argentino, justo cuando se estaba en la negociación final con el Fondo Monetario Internacional. Inédito por donde se lo mire. Sumado a las permanentes demostraciones de afecto que hace públicas en forma permanente.

– Los movimientos sociales y sindicales agresivos y virulentos, al mismo tiempo de crear un clima de malestar y conmoción social, generan, especialmente en los sectores medios y moderados de la sociedad, el hastío por su despliegue, temor por su accionar, y la voluntad que no vuelvan a ser partícipes del poder político.

 Brotes verdes
El gobierno ya ha dicho que esperan meses muy duros, aspirando a que a partir de un marco más estable, con inflación desacelerada a partir del primero o segundo trimestre del año venidero, se frene la inevitable recesión que las medidas tomadas ya están generando. De todos modos, ese rebrote de un insipiente crecimiento (o mejor dicho, de detener la caída) se podría lograr en forma no pareja entre los distintos actores económicos.

El interior se debería recuperar mucho antes por los ingresos de una esperada cosecha récord (que haga olvidar en parte la desastrosa sequía que asoló la actividad agropecuaria en 2018).

En este mismo sentido, la gran cosecha producirá, sin dudas, un impacto multiplicador, en las zonas agrarias.

A mérito de la gran devaluación el turismo tendrá un rol importante, al verse desalentados los viajes al exterior, e incentivados los viajeros de otros países.

Mientras tanto, el sur del país presenta una actividad petrolera con un gran empuje, en línea con la recuperación del precio internacional del petróleo, y por las enormes expectativas, muchas de ellas ya convertidas en realidad, puestas en los yacimientos de Vaca Muerta, que podrían en pocos años, transformar sustancialmente el mapa económico del país.

El futuro

Turbulento, duro e incierto.

Para el Gobierno, y también para la oposición razonable, cualquier alternativa era peor al acuerdo con el FMI.

El problema es que los costos del programa emprendido son dolorosos e inmediatos, mientras que  los beneficios son futuros y eventuales.

Los analistas señalan que el manejo de la comunicación oficial, tan criticada hasta ahora, será de fundamental importancia mientras persistan las actuales circunstancias y a medida que se acerque la fecha del acto electoral del próximo año, ante la incertidumbre  propia de una elección, pueda incrementarse la demanda de dólares, tan usual en épocas similares en la República Argentina, poniendo en riesgo el objetivo de recuperación perseguido.

*Referencias del diario LA NACION de Buenos Aires: 30-9-18

 

Por Pablo Broder
Economista argentino

 

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