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Los GAU y la memoria

Comenzando la segunda mitad de este año, Martín Ponce de León y Enrique Rubio presentaron un libro sobre la historia de los Grupos de Acción Unificadora (GAU). Lo primero es el porqué de este libro, su necesidad histórica, ya que hay un desconocimiento generalizado sobre el accionar de este grupo, sus ideas y sus fines. Y desde el prólogo se propone un método para abordar su historia: a) rumbo, b) historia, c) la gente que lo compone, d) la estructura orgánica, y e) el programa, y en sus 170 páginas va recorriendo la trayectoria de los GAU, desde su fundación como movimiento político el 19 de abril de 1969 hasta su disolución en 1985 en el marco de la fusión del grupo en la Izquierda Democrática Independiente (IDI).

Este libro hace una valoración histórica del periodo, desde 1958, año del “impulso y su freno” al decir de Carlos Real de Azúa, donde comienzan a verse los graves problemas económicos y políticos que signarán la década hasta desembocar en la represión del pachecato y luego en la dictadura, con los desencuentros políticos dentro de los partidos tradicionales, el colegiado, la crisis económica y la carta de intención con el FMI y el surgimiento del MLN, entre otros aspectos. Después de instaurada la dictadura cívico-militar, entre octubre de 1973 y marzo de 1974 son detenidos decenas de miembros de los GAU y 25 de ellos son procesados y enviados al penal de Punta Carretas, pero lo más violento de la represión, que dejó casi una veintena de desaparecidos, se da en noviembre de 1977, en Buenos Aires, con la coordinación de los aparatos represivos uruguayos y argentinos, en el marco del llamado Plan Cóndor.

Como coordinación política los GAU surgen, en 1967, en torno a algunos grupos políticos y alrededor del diario Epoca, que permaneció en circulación desde 1962 hasta su clausura por el pachecato en 1967 (los distintos directores que estuvieron en distintas etapas del periódico nos da una muestra de la amplitud ideológica del mismo, aunque en sus inicios estuvo vinculado a los socialistas. Vale decir: Carlos Quijano, Gutenber Charquero y Gerardo Gatti, Guillermo Chifflet y Carlos María Gutiérrez, y finalmente Eduardo Galeano, que desde su independencia política se vincula a todos ellos por afinidades ideológicas o de amistad —fue el director más joven en la historia del país, con 22 años—). Estos grupos políticos fueron: 1) Militantes de arraigo sindical, y fundamentalmente la figura señera de Héctor Rodríguez, dirigente textil y parlamentario, 2) MAPU (Movimiento de Acción Popular Uruguaya), con cierto peso estudiantil y con una afinidad evidente con Acción Popular Brasileña y la figura de Herbert José de Souza (Betinho), 3) Independientes que apoyaban al diario Epoca, en especial el Dr. Seré, 4) Activistas independientes nucleados en torno a la Parroquia Universitaria (Iglesia católica), 5) En torno a Emaús, que era la expresión nacional de la fundación creada por el abate Pierre, y 6) Estudiantes e independientes.

La estructura de los incipientes GAU fue formar agrupamientos en torno a los centros de trabajo o áreas de actividad. El objetivo estratégico era: “1) la creación de un frente antioligárquico y antiimperialista, capaz de superar la atomización y la dispersión táctica y estratégica que habían esterilizado a la izquierda y al progresismo durante décadas, para orientar al país hacia el desarrollo y la liberación de la dependencia externa”, que desembocará, unos años más tarde, en la creación del Frente Amplio, y “2) la construcción de un partido unificado, con el objetivo de conducir las luchas ciudadanas hacia objetivos socialistas de largo plazo”, y acá desemboca en la Corriente (cuya prensa será el periódico Lucha Popular), grupo que vio trancado su desarrollo por la dictadura, y luego en la IDI y el semanario Respuesta.

Su principal característica es “marcar perfil” dentro de la izquierda, con una consigna tercerista (ni Estados Unidos ni la Unión Soviética), alineada, justamente, con la teoría de que todos los métodos de lucha son válidos pero sin hacer hincapié en una cuestión metodologista, sino partiendo del análisis concreto de la situación concreta ir hacia la lucha por el programa establecido. El primer gran impulso fue, sin duda, la revolución cubana, que puso sobre el tapete el tema de las vías de la revolución, la teoría foquista, por un lado, y de acumulación de fuerzas, por el otro (es interesante ver, al respecto, el artículo de Regis Debray, publicado en el número 3 de los Cuadernos de Marcha, de julio de 1967: “El castrismo: la larga marcha de América Latina”, donde afirma que “El castrismo no es más que el proceso de recreación del marxismo-leninismo a partir de las condiciones latinoamericanas y a partir de las “condiciones anteriores” de cada país”. La cuestión de las vías de la revolución fue una discusión muy intensa en el periodo). El nacionalismo político, dentro de la izquierda —y la revaloración artiguista—, dieron otra visión sobre el rumbo que debía seguir el país, y las luchas estudiantiles, por la Ley Orgánica en 1958, junto a la conflictividad sindical, que desembocaría en el Congreso del Pueblo y luego en la CNT, son las ramas de las que se nutre los GAU. Es más, en medio de la agudización de la confrontación sindical, hay intentos de golpe de estado por parte de un sector de las fuerzas armadas, ligada a la logia Tenientes de Artigas, y la reafirmación constitucionalista de Seregni (colorado) y Pomoli (blanco) que crean una “estructura militar antigolpista” (es de hacer notar que ya en 1964 se había dado el golpe de estado en Brasil).

Enrique Rubio

En medio de ese cuadro, la violencia va aumentando los decibeles, la JUP y otras organizaciones derechistas, por un lado, haciendo atentados y llegando a matar a algunos referentes estudiantiles o sindicales, más la represión estudiantil —donde se dan los primeros mártires: Líber Arce, Hugo de los Santos y Susana Pintos—, y luego con las Medidas Prontas de Seguridad, y el MLN por otro, con sus dos fases, la llamada “robinhoodiana” (de sacarle a los ricos para darles a los pobres, y medidas propagandísticas) hasta la de confrontación directa (robos, secuestros, toma de Pando), así como la acción de otros grupos armados menores. Es en medio de esa situación, que nace primero el MAPU, con una conformación estudiantil y sindical, aglutinada en torno a Héctor Rodríguez, y luego, por convicción, se da la necesaria estructuración política que terminará en los GAU. Los autores del libro quieren destacar su personalidad y su trayectoria, principalmente en “la organización de las fábricas, la unificación de los textiles y de todo el movimiento sindical”, como un verdadero maestro que, junto a Gerardo Cuesta y Gerardo Gatti serán los artífices de la unidad de la central obrera, la CNT.

Martín Ponce de León

Definiciones políticas
El primer documento que se elabora, y que podemos signar como el inicio de estos grupos de acción, es el Documento Básico de 1967, donde el objetivo estratégico es “la búsqueda de un camino que permita encauzar a nuestro pueblo en el camino de construir una sociedad socialista”. “Para lograrlo —afirma dicho documento— será preciso luchar contra el capitalismo, a nivel nacional, y en oposición al imperialismo norteamericano, en el plano internacional”. Y es claro que para ello había que construir un “frente común” de las fuerzas populares. Esa es la misión de los GAU. No se trata de conformar otro partido político más, sino de unificar a la izquierda y a los grupos populares y progresistas, bajo un ala común, tendiente al socialismo y antiimperialista. El documento analiza la situación económica y política, en una exposición de la realidad nacional, y llama la atención sobre las organizaciones de izquierda, en una crítica por la falta de estudio de la realidad, el esquematismo y el sectarismo (donde niega la proclamación de vanguardia puesto que no condice con la unidad, y a ese respecto deja como una enseñanza, comprobada en la práctica, en que: “…el concepto de partido de vanguardia no se ha expresado. El pensamiento democrático ha seguido otros caminos. Rechaza lo que parece “elitista” (toda vanguardia supone una retaguardia). No habla de “masas” sino de ciudadanos o de sociedad civil, de corrientes, vertientes o redes, o elige otros conceptos y expresiones… Las formas de participación y comunicación han adquirido una extraordinaria diversidad”), y por un electoralismo básico donde se da una dispersión orgánica o ideológica. A pesar de ello, la influencia de esa izquierda en el movimiento sindical operó como dinamizador del propio movimiento sindical, en la confluencia de la unidad, la CNT, en las jornadas de movilización y la creación de un programa de soluciones a la crisis elaborado por el Congreso del Pueblo de 1965. Ese mismo proceso alientan —según dice el Documento Básico— las perspectivas para crear un frente político amplio, traspasando las organizaciones de izquierda y “un plan político común”, movilizador. Es decir, se ve a los GAU no como finalidad política, sino como un instrumento para tal fin. Otro aspecto en que se hace hincapié es en la formación de cuadros: “promover la investigación teórica articulada con la práctica política”.

El segundo Documento son reflexiones sobre el movimiento sindical a raíz de las duras luchas de 1968-1969 y también reflexiones sobre el movimiento estudiantil “al que considera un aliado con sus virtudes y limitaciones”. Hay, también, algunos aspectos polémicos como por ejemplo en torno a la reforma constitucional de 1966 y en especial contra la reforma amarilla, porque dispersaba la unidad sindical (la reforma “amarilla” fue iniciada por un grupo de sindicatos y apoyada por el FIDEL. Promulgaba un Poder Ejecutivo unipersonal aunque se le quitaban facultades al presidente, como, por ejemplo, las Medidas Prontas de Seguridad. Obtuvo el apoyo del 5.21% del total de votantes habilitados. La reforma “gris”: fue presentada por una parte del Partido Nacional. Proponía, principalmente, un gran fortalecimiento del Poder Ejecutivo, dándole facilidades para disolver las Cámaras, romper con la autonomía de la educación, etc. Capturó el voto del 10.57%. La reforma “rosada” fue obra del Partido Colorado, coincidía con la “gris” en el fortalecimiento del Ejecutivo, aunque con mayor respeto a las garantías individuales, pero al iniciarse las alianzas con los blancos para presentar una reforma conjunta, quedó en un segundo plano, siendo una porción minúscula de las preferencias del electorado. La reforma “naranja” fue presentada por la mayoría del Partido Colorado y del Nacional. Proponía la sustitución del Consejo Nacional de Gobierno por un Presidente con mandato de cinco años (con el Colegiado eran de cuatro) sin posibilidad de reelección inmediata. Cambiaba fuertemente la relación entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo, dándole más poderes al primero y otorgándole total control en el orden económico-financiero. Fue la reforma que triunfó, con el 75% de los votos, superando el 35% que era necesario para ser aprobada); y también sobre las medidas de luchas que se dieron en 1969, donde los GAU, que eran minoría dentro de la CNT, impulsaban un combate más frontal contra la militarización de las empresas públicas y no estuvieron de acuerdo con la política de la lucha del movimiento sindical de que actuara meramente como un “instrumento de acumulación de fuerzas” y más que nada que girara en torno a un partido.

Es en torno a esos dos documentos, y al crecimiento de sus integrantes, que se consolidan los GAU, dándose un conjunto de medidas organizativas a la interna.

La unidad programática debe primar sobre la ideológica
Esa orientación fue la que mantuvo Héctor Rodríguez “en la unificación sindical, en la creación de los GAU y en la creación… del Frente Amplio en 1971… y con el llamado de la Izquierda Democrática Independiente en 1984”, con dos objetivos fundamentales: 1) crear un frente antioligárquico y antiimperalista, y 2) creación de un partido de vanguardia. Ese es el Frente Amplio, creado para “la acción política permanente” y no con una mera conjunción electoralista. Al nacimiento de esa herramienta, el FA, los GAU dedicaron ingentes esfuerzos, e incluso cuando llegó la elección de 1971 no presentaron candidatos propios y trabajaron por todas las listas.

Con el aumento de la represión, la estructura se adecuó al momento, y establecieron nuevas formas de funcionamiento, el actuar “de a tres”: “cada uno le transmitía la información a dos, y esos dos, cada uno a otros dos, y así sucesivamente”.

Después los autores abordan la etapa de la dictadura y la represión hacia los GAU que se desata tras el episodio de la bomba de la Facultad de Ingeniería, que nunca fue aclarada del todo y que según sus autores fue una maniobra montada de provocación. Es a raíz de ello que 25 GAU son procesados y pasan a alojar las celdas del tercer piso de una de las alas del penal de Punta Carretas, constituyendo “la categoría especial” (a propósito de ello hay un libro, llamado Uno x dos, escrito por Enrique Rubio y su esposa, Luisa Manzanar —fue un libro editado como conmemoración del 50 aniversario de casados y no forma parte del circuito editorial— donde se publican las cartas desde y hacia el penal, que nos dan la medida de cómo era la vida en Punta Carretas y, sobre todo, del enorme esfuerzo que tuvieron que hacer los familiares de los presos, especialmente las mujeres, para seguir con su vida, mantener una casa, a los hijos, y, más que nada, mantener la moral alta y enfrentar los rigores de la visita carcelaria, el manoseo y todo tipo de destrato). Y también nos habla de la feroz represión que se da en Buenos Aires, con lujo de detalles, y con la sensación de que no hubo una conciencia real del peligro y eso fue fatal para la organización, tanto afuera como adentro del país, más allá que sabían que la violencia era previsible, porque “una muy larga historia tiene la derecha en desatar la violencia cuando se siente cuestionada”.

Por último, nos habla del último tramo de la dictadura, la recuperación democrática, el nexo que establecen con la generación 83, las distintas movilizaciones que se dan hasta el fin de la dictadura y luego la disolución de la misma.

Se complementa el libro con Anexos sobre Táctica y estrategia sindical, sobre el Penal de Punta Carretas y fichas individuales y testimoniales de algunos de los compañeros que aún permanecen desaparecidos y por los que hay que seguir buscando la verdad y la justicia.

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(Los GAU, Una historia del pasado reciente (1967-1985) – Vivencias y recuerdos, de Martín Ponce de León y Enrique Rubio, Ediciones de la Banda Oriental, 2018, Montevideo, 172 páginas)

 

Por Sergio Schvarz
Escritor, poeta, y ensayos breves.

La ONDA digital Nº 8783 (Síganos en Twitter y facebook)

 

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