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Paso Tranqueras: pasado y presente

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I: El ayer
La ciudad de Tranqueras nació como una necesidad de los pobladores de la zona en comunicar el norte con el sur, ya que antes todo traslado debía hacerse por malos caminos hasta Salto y desde allí en botes hacia el sur, hacia Montevideo. Sobre el río Tacuarembó, en épocas que no se han podido precisar, un ocupante de estas tierras construyó una “tranqueras”, con el fin de evitar las reyertas causadas por los animales que invadían tierras ajenas. De esta circunstancia deriva su denominación. En el año 1798, Manuel Vázquez, en sociedad con Ventura Martínez, solicitó campos situados entre Tacuarembó, Cuñapirú y la cuchilla de Santa Ana.

En enero de 1809 Liniers autoriza y Artigas fue el encargado de ampararlo en la posesión de los inmensos campos (según consta en el Archivo de Escribanía de Gobierno y Hacienda). En el año 1892 cruza la red de ferrocarril y un año después se hizo la estación, construida en piedra, en una extensión de campo donada a tales efectos por el vecino Marcos Bourré, comerciante de origen francés establecido a escasa distancia del paso de la “Tranquera” del río Tacuarembó. Fue en estas parcelas constituidas por unas 90 hectáreas que se levantó el núcleo inicial del pueblo, cuyas construcciones fueron en su mayoría de ladrillo y barro, o de madera y techo de zinc. En el año 1898 la población se extendía sobre la margen derecha del río, entre la estación de ferrocarril y el paso sobre el río Tacuarembó. Tras la estación se trasladó la Escuela Nº 7 de Batoví.

Alrededor del 1900 existían varias casas de comercio, dos hoteles y una fábrica de tabaco y manufactura de cigarros: “La Tabacalera” (“en las inmediaciones de la Estación Tranqueras, cuyas tierras regadas por el caudaloso Tacuarembó no reconocen rivales, se ha instalado una tabacalera y no se conoce lugar en el país donde la naturaleza sea más pródiga para esta industria…”, palabras del representante por el departamento de Rivera Joaquín Fajardo). A la localidad afluían a efectuar sus compras vecinos de la zona, del Lunarejo y hasta del Cuareim, pese a los obstáculos de los malos caminos sobre todo en la época invernal. El taller tipográfico fue establecido en 1898 por Nicolás Connio, de origen genovés, y publicó, en una máquina de transmisión manual varios periódicos, entre otros: El Comercial, El Colibrí y El Imparcial, continuando su obra sus hijos Francisco y Alejandro Connio que orientaron Tribuna del Norte y El Pueblo.

En 1909 se instaló la fábrica a vapor de panadería y fidería de Capdevilla de Florida, que luego perteneció a Reis y Campos (la cual alimentaba a 30 familias y surtía los departamentos de Rivera, Artigas, Salto, Paysandú y Cerro Largo). Pionero de los arrozales de la zona fue don Francisco Radunzz, alemán, con sus plantaciones en las que trabajaban cientos de personas. En ese entonces Tranqueras contaba con 200 habitantes.

El 22 de julio de 1914, el Presidente Batlle y Ordóñez y el Ministro del Interior Feliciano Viera, daban el cúmplase a la ley 5.107, quedando así sancionado el decreto de creación del pueblo de Tranqueras: “Declárase oficialmente pueblo a la localidad conocida como Tranqueras, existente en la tercera sección del departamento de Rivera”.

El 1 de noviembre de 1960, los entonces diputados por Rivera Mario Heber, Maximiliano Luz y Osvaldo Lezama, presentaron a la Cámara de Representantes un proyecto de ley por el cual Tranqueras era elevado a la categoría de villa. El 15 de octubre de 1963 quedó sancionada la ley 13.167. Desde aquellas primitivas calles sin aceras (arenales en verano y lodazales en invierno), casas aisladas, agua de cachimbas y pozos, Tranqueras ahora estaba unida a las ciudades de Montevideo y Rivera por ferrocarril. La zona tenía una producción agrícola y ganadera: cultivos de maíz, naranjales y explotación de ganado ovino y bovino, principalmente.

El Liceo de Tranqueras comenzó los cursos el 2 de abril de 1956 aunque el acto de inauguración se llevó a cabo el 13 de mayo. En 1957 el Liceo pasa a la condición de habilitado y el 7 de abril de 1962 fue oficializado.

El Artigas Fútbol Club, el Club Atlético Tranqueras, Club Nacional y el Club Atlético Peñarol, son las instituciones deportivas de la ciudad. Actualmente hay tres clubes sociales, donde el Centro Artigas Uruguay es el más importante, pero antes hubo un Club Sirio Libanés y un Club de Gente de Color. A principios de 1924 se instaló la Policlínica y la apertura del Banco República se realizó el día 1 de junio del año 1926. Desde 1927 funciona la agencia del Instituto de Pensiones del Uruguay (llamado así en esa época). En el año 1950 se cambió el nombre por Caja de Jubilaciones y Pensiones de los Trabajadores Rurales y Domésticos y de Pensiones a la Vejez (actual BPS). Desde el año 1895 hasta 1916 funcionó una Agencia de Correos y a partir de dicho año es la sucursal oficial. El Juzgado de Paz funciona desde el año 1914.

También están las instituciones de servicio como el Rotary Club y el Club de Leones. La Iglesia de la Parroquia del Sagrado Corazón funciona desde el año 1951. Actualmente hay multitud de templos e iglesias de varias órdenes y cultos religiosos.

ll- El presente
El 13 de diciembre de 1994 por ley 16.667 fue declarada ciudad, y la misma cuenta con más de diez mil pobladores.

Entre los atractivos naturales que rodean a la ciudad, se encuentra la conocida Bajada de Pena en la ruta 30, a 18 kilómetros de Tranqueras, enclavada en la cuchilla Negra. Otros puntos cercanos destacados son la Sierra de la Aurora; el Valle del arroyo Lunarejo, importante por su biodiversidad, y donde se encuentra la Posada del Lunarejo; el río Tacuarembó y los arroyos Zanja Honda y Rubio Chico. La ciudad de Masoller, cercano al sitio de la muerte de Aparicio Saravia, dista alrededor de 30 kilómetros de Tranqueras, y es el punto más cercano de la frontera con Brasil.

La planta urbana de la ciudad está conformada por unas 240 manzanas, ubicadas en un damero irregular de unos 5 kilómetros de largo por seis cuadras de ancho, aunque ha crecido hacia el sur, de forma más o menos irregular. Las calles pavimentadas o con bitumen son las centrales y el alumbrado público es parcial; cuenta con algunas plazas y tiene un estadio, hoy sin funcionamiento, pendiente de arreglos estructurales y locativos aunque se había aprobado, por presupuesto participativo, la inversión para ello. Hay dos radios locales, en FM, que son las únicas que se escuchan. La televisión llega por cable. Y un gran número de comercios, sobre todo minoristas, almacenes, de ropa y calzado, de electrodomésticos y muebles. La ciudad cuenta con dos taxis. Hay seis conjuntos de MEVIR que dan vivienda para gente de escasos recursos. Hay una biblioteca municipal y el Museo y Casa de la Cultura de Tranqueras, donde tiene objetos diversos en exposición y una biblioteca importante.

Una particularidad es que el ferrocarril, en esta zona, ha seguido funcionando, intermitentemente, sobre todo en función de la madera (hizo algunos transportes hacia Nueva Palmira), y las vías han sido arregladas y mantenidas con periodicidad. Hay un proyecto, incluso, de hacer viajes con pasajeros desde Tacuarembó hasta Rivera, pasando por Tranqueras, los fines de semana, cosa que no afectaría (demasiado) el transporte carretero.

La fiesta Criolla y, fundamentalmente, la Fiesta de la Sandía y la Forestación, son los principales eventos de la zona. Ultimamente se le hado un impulso al carnaval tranquerense, único en toda la región.

Recientemente, en junio de 2018, se creó la Unidad Especializada de Violencia Doméstica que atenderá la situación específica de la violencia hacia la mujer, donde, lamentablemente, se han registrado varios casos de femicidios y agresiones físicas y/o de otro tipo.

La conectividad es medianamente buena, y en todos los hogares hay por lo menos una computadora, ya sea del Plan Ceibal, del Plan Ibirapitá o personales. La Escuelita “Pelota de Trapo” instruye a los niños en el fútbol y en valores de vida, y cuenta con el apoyo de la Fundación Celeste.

El basurero es un problema bastante grave, ya que está situado cerca de la ciudad y cuando hay quema el humo y los olores inundan la misma. A su vez, contamina el río Tacuarembó ya que está a pocos metros del mismo y muy cerca de un barrio que tiene muchos niños. Hay un proyecto para crear una planta tratadora de residuos, pero recién estaría en funcionamiento, si se aprueba el mismo y si se obtienen los fondos (que provendrían de un préstamo del BID) para el año 2020.

El polen de los pinos y eucaliptos provocan enfermedades respiratorias y el aumento de conjuntivitis. El Sida es bastante problemático en la ciudad (sobre todo entre la población joven), y si bien hubo campañas importantes para su prevención, en los últimos tiempos no ha habido grandes esfuerzos en esa dirección. Cuenta con una policlínica pública y dos mutualistas privadas.

Una curiosidad es el habla común de la gente, una mezcla de portugués y español, el portuñol. En ese sentido se ha pedido a la Unesco que otorgue a ese dialecto la calidad de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, como señal de identidad fronteriza, no sólo entre Brasil y Uruguay, sino entre las otras fronteras que tiene Brasil donde se usa un lenguaje similar (Venezuela, Bolivia, Perú, Paraguay y Colombia).

La forestación como principal industria
El primer impulso de la forestación se dio por el señor Balerio, dueño de la empresa FYMNSA (Forestadora y Maderera del Norte S.A.), nacida el 15 de noviembre de 1974, transformándose en una de las empresas forestales más sólidas y prestigiosas del Uruguay, que cuenta con una planta industrial y genera su propia electricidad. El turno nocturno, por ejemplo, está compuesto por trabajadores de la ciudad de Tranqueras.

Pero también hay otras empresas en la zona (Colonvade, Weyerhauser, Cofusa, Urufor, con capitales nacionales, extranjeros y mixtos, y que ocupa mano de obra de la zona y de la región) y varios aserraderos (incluso dentro de la ciudad, cosa que no debería estar permitida), aunque los beneficios de la forestación no se han hecho sentir sobre la ciudad, y esa podría ser la mayor crítica al respecto. También hay un aspecto ambiental, en el sentido de que, se dice, falta el agua para otro tipo de producción y, además, porque actualmente la forestación ha obligado, en cierta medida, a vender los terrenos que antes estaban afectados para la producción agrícola, y sobre todo por el uso intensivo del glifosato.

Debido a esta actividad la población ha aumentado considerablemente (porcentualmente es la ciudad que más crece al norte del Río Negro). Pero también hay, en torno a la forestación, unas 500 familias de Tranqueras que dependen de la voluntad de los contratistas, manejando en favor de sus propios intereses los contratos de trabajo, el pago de salarios, aguinaldos, etc. Hay muchas mujeres trabajando en estas condiciones, la mayoría de ellas jefas de hogar y jóvenes que acceden a un trabajo por primera vez. A eso hay que sumarle que los días de trabajo efectivo se ven reducidos por lluvia o sobrestock, y son zafrales.

Los trabajos que se hacen son sobre todo de plantación, herbicida, poda, marcación y algún poco de tala rasa, aunque generalmente eso lo hacen las cosechadoras. La inspección y el control son nulos, y se habla también de que los trabajadores “problemáticos” (es decir los sindicalizados o que buscan mejorar las condiciones de trabajo o bien que se respeten los acuerdos de los consejos de salarios) integran las “listas negras” que les impiden conseguir trabajo en el rubro. La afectación de la ruta 30, que une Tranqueras con la ruta 5, por el tránsito pesado de camiones con madera, fue muy importante, ameritando que se reparara en forma total recientemente por el MTOP.

Nota: Los datos sobre la historia de Tranqueras (el primer capítulo de este artículo) fueron sacados, mayormente, de una monografía realizada por Natalia Neireitter Bernardi y Claudia Garín. El resto está hecho en base a textos aparecidos en la prensa como a aportes “in situ”.

Por Sergio Schvarz
Escritor, poeta, y ensayos breves.

La ONDA digital Nº 876 (Síganos en Twitter y facebook)

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