Partido Nacional: Candidatos autoconvocados

Editorial
PN: Candidatos autoconvocados

Rápidos para las fotos, lerdos para construir consensos y estrategias de Estado, los autoconvocados candidatos blancos se reunieron públicamente, entre chanzas y risas. Sólo faltó el “tercero en discordia” (el llamado “grupo de intendentes”) que, para la ocasión, envió a un intermediario con el que se alcanzó la media docena interesada en el sillón y la banda presidencial.

Los blancos, sabido es, son la punta de lanza de la oposición. Téngase en cuenta, pues, que del mantel de la mesa de los blancos cuelgan – intentando hacer de contrapeso, o tan siquiera de lastre, para que el mantelito blanco que la cubre no se arrugue, los ex jorgistas (Novick y su Gente) y un poco más abajo, haciendo un mayor esfuerzo para no rozar el piso, los ex democristianos (Mieres y sus compañeros de ruta).

Por las dudas, del otro lado de la mesa cuelga entusiasta pero discretamente, asiendo otra punta de la nívea tela, el círculo de amigos de “papá”.

Ya en el piso, y debajo de la mesa, yace casi exánime el partido tradicional restante.
Éste es, entonces, el arco opositor uruguayo, con escasísimas y honrosas excepciones.

Los otros, los pobres.
Cruzando el charco, el inefable Horacio Rodríguez-Larreta, pariente ideológico porteño de los blancos “de bien” y sus adláteres, pronunció una de sus frases trágicamente célebres: “(…) Para que entendamos, la única manera de que no haya gente, en este caso llamados ´cartoneros´, que abren bolsas en la calle es que no haya cartón”.

Es así que Rodríguez, junto con Macri y Vidal, refleja el sentir de los autoconvocados candidatos blancos al coincidir en puntos tales como estigmatizar al pobre y más aun a los planes que el Gobierno uruguayo les brinda, sea a través del MIDES, como de Salud Pública y otros servicios públicos.

Planes que la embestida baguala y los autoconvocados (esos mismos neoliberales que exigen – contradiciendo su ideología – que el Estado intervenga y les dé una mano con las deudas que mantienen con privados) tildan de asistencialistas y que son mucho más que una mera regalía.

Da la impresión de que piensan igual que los republicanos norteamericanos.
Si no, veamos qué nos dice Paul Krugman al respecto en el artículo intitulado “La guerra de los republicanos contra la pobreza” publicado por el Times de Nueva York: “La persistente afirmación de la derecha de que los Estados Unidos están repletos de ´aprovechadores´ que viven de los programas sociales, cuando debieran estar trabajando, puede ser aquello en que los conservadores quieran creer, pero no es la verdad”.

Culmina Krugman su reflexión de la siguiente manera: “(…) Y lo que motiva a la élite es la ideología. Las identidades políticas, bien como las carreras de sus integrantes dependen de la idea de que más gobierno siempre es peor. Por eso, ellos se oponen a programas que ayudan a los pobres en parte por hostilidad generalizadas contra los ´aprovechadores´, pero también porque odian la idea de que el gobierno ayude a alguien. Y si ellos llegaran a conseguir lo que desean la sociedad dejará de ayudar a decenas de millones de norteamericanos que precisan desesperadamente ser ayudados”.
Resumiendo, una consigna dura de todos estos autoconvocados podría ser expresada así: Angurria para con nosotros, mezquindad para con los otros.

La ideología neoliberal que los mueve les cercena toda chance de entender al diferente, al punto de negarle su derecho a ser considerado persona y así proporcionarle las herramientas para emerger hacia una condición humana digna; lo que conlleva un trabajo de reinserción social a largo plazo, con revisiones periódicas, por decir lo menos.
Todo partido político democrático y republicano tiene por delante un desafío tremendo: responder a las ambiciones de unos pocos o dirigir su mirada y su acción hacia la gente, pero desde el llano y cara a cara, sin subterfugios ni, menos que menos, con arrogancia y desdén.

Por otro lado, y para finalizar, los tiempos actuales, tanto en la región como en el resto del mundo, precisan encontrar en aquellos Estados-nación que quieran permanecer dignos e independientes, partidos políticos que, sin desoír las distintas voces sectoriales, cuenten con estrategias y planes de gobiernos consensuados y llevados a cabo con seriedad y conocimiento para ofrecer a los electorados respectivos.

Por todo esto, entonces, es que resultan tan huecas como increíbles sea la apresurada presentación en sociedad de los candidatos blancos autoconvocados, como “hacer la bandera” en julio del 2018 al anunciar que en abril del 2019 tendrá un sector blanco, un plan.

Es poco serio.

Por Héctor Valle
Investigador social y periodista

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