Termino el Mundial y se largó Argentina 2019!

Apenas a horas de haber terminado la fiebre del Mundial futbolero (de lamentables resultados para la Argentina) no caben dudas que ya han arrancado las eliminatorias electorales para el año 2019.

Fundamental para la vida del país la próxima elección, podrá determinar si intentamos, un poco a los tumbos, encaminarnos a ser nada más ( ni nada menos) que un país normal, o si desbarrancamos otra vez, en un precipicio similar al que está sumergido Venezuela.

En ese camino se pondrán en juego algunos temas cruciales como son, entre otros 1) acuerdos y desacuerdos para llevar adelante el ajuste al que la Argentina se comprometió ante el FMI, 2) la aprobación del presupuesto para el año 2019 , 3) la definición de candidaturas y, fundamentalmente, 4) encaminarnos a algo parecido a la paz social y a la recuperación económica o, por el contrario, a la profundización de los problemas.

El proceso previo arranca, según las encuestas últimas, con el oficialismo (Cambiemos) y el kirchnerismo posicionados como los dos espacios que hasta el momento se ubican claramente con posibilidades de triunfo, después de desatado el terremoto cambiario.

La mayoría de los sondeos realizados en las últimas semanas muestra que el péndulo de movimiento continuo argentino está llevando, en pequeñas porciones, el humor social de un polo al otro. La decepción, el malestar o el enojo que provocó la crisis del dólar en adherentes, votantes ocasionales o electores independientes sin opción, se tradujo en un descenso leve pero sostenido de la imagen positiva de la mayoría de las figuras del oficialismo. Al mismo tiempo, se está registrando una mejoría de la imagen de Cristina Kircher, esto es disminución del rechazo que suscitaba pocas semanas atrás.

Entre estos extremos, aparenta crecer una ancha franja central que constituye una auténtica incógnita. Carece de un abanico de aspiraciones o reclamos compartidos, ni ha emergido aún una figura que los vehiculice.

Este escenario básicamente bipolar es un espacio grato para el macrismo y el kirchnerismo, y un gran acertijo para los que no tienen destino en esos dos polos.

Sobre todo, para las principales figuras del peronismo no kirchnerista, quienes depositan su ilusión en que crezca la cantidad de desencantados con la actual gestión, pero que tampoco se inclinaría por una reedición K, con lo cual se podría generar una tercera opción que ocupe esa franja central no enrolada en ninguno de los extremos.

El desenlace de la crisis que empezó en abril y aún no concluyó del todo, tendrá una gran influencia en el reacomodamiento de las piezas y las posibilidades de los distintos espacios de cara a las eliminatorias electorales. Y en este sentido, no solo importará el cómo sino también cuándo será superada.

Salvo algunos diagnósticos catastrofistas, no abundan los pregoneros de un apocalipsis, pero sí son muchos los que prenuncian dificultades, de distinto grado, para reencauzar la economía.

Por su parte, los hay otros, más optimistas, no solo entre los macristas practicantes, sino también algunos importantes inversores extranjeros con activos en el país, que anticipan que el deterioro se detendrá y que la recuperación llegará.

De todas maneras, resulta un pensamiento casi unánime que las elecciones presidenciales del año 2019 son de muy difícil pronóstico, que tendrán una paridad de fuerzas, definiéndose inevitablemente en el ballotage.

La suerte de unos u otros dependerá de la reacción de la economía, muy dura en los próximos meses, que habrá de influir, sin dudas, en la decisión ante las urnas. (1)

Los problemas del oficialismo
Jorge Fernandez Diaz en una columna estupenda, no exento de un decir casi poético, respecto a la actual realidad argentina esto reseñaba: “En este océano borrascoso, un gobierno republicano sin mayorías, con un barco averiado y rodeado de monstruos marinos, debe realizar su tarea homérica. Que consiste en atarse una mano y fajarse con el cíclope (renunciar a los aprietes oscuros con que gobernaba el peronismo y aun así domar a las bestias del mercado), encadenarse al mástil y desoír el canto de las sirenas (no dejarse seducir por el facilísimo y las anomalías), negociar con enemigos que le desean secretamente el mal (gobernadores y legisladores que irán a las urnas y necesitarán doblegarlo en unos pocos meses) y regresar sano y salvo a casa sin que la tropa se le amotine ni el pueblo lo queme en la hoguera (mantener unida la coalición, ganar las elecciones y evitar la idea de que fueron un breve paréntesis en el largo monólogo del partido único)…” Adicionalmente, las dificultades del actual gobierno tienen a su vez otra complicación: debe regenerar confianza y nuevas expectativas después de haberlas defraudado.

En este sentido, no tiene mayoritario anclaje en la percepción social que la realidad actual, por fuera de errores propios de la conducción actual, está también determinada por una tremenda herencia, producto de 12 años de un gobierno devastador, no sólo de la economía, sino de las instituciones y de todo lo que se le oponía, incluyendo también a la prensa libre. Tampoco ha calado con profundidad en la sociedad, el rol desempeñado para la crisis actual por una serie de calamidades ingobernables endógenamente, tales como una sequía sin precedentes, suba de tasas de interés internacionales, aumento del precio del petróleo y baja de la soja, guerra comercial entre los poderosos del mundo, entre otros factores, que contribuyeron a agravar y ser los desencadentes últimos de la tormenta.

En reiteradas oportunidades hemos mencionado en estas columnas el “déficit comunicacional” del Gobierno. Aparenta, por ahora, ser incapaz de convocar una ilusión y menos aún a transmitir a la sociedad la esperanza (ni siquiera la convicción) de un futuro más promisorio. Incluso no sería un hallazgo menor que recordara, e hiciera recordar a quienes lo han votado anteriormente, que fue elegido para sacar a la Argentina del marasmo destructivo en que se hallaba a lo largo de los últimos doce años. No obstante, ha demostrado tener capacidad para superar los peores momentos y salir adelante. (2)

Por su parte la oposición…
…cuando el país atraviesa una crisis, sería esperable de sus dirigentes democráticos una propuesta superadora, una visión lúcida, que invite a una acción colectiva potenciando fortalezas y evitando reincidir en fracasos.

Sin embargo, se ha observado que la oposición, quizás por su propia debilidad estructural, por fuera de su política ostensiblemente obstruccionista al accionar oficial, lejos de acercar propuestas fundadas y consistentes, da muestras permanentes de presentar con más o menos alharaca, propuestas, iniciativas y/o seudo planes que pueden sonar como cantos de sirena para la mayoría de la población.

Por ejemplo, una de las vertientes del peronismo no kirchnerista (no kirchnerista hasta ahora. Nadie puede asegurar si no convergerá finalmente con la anterior presidente) ha presentado, con características de plan, un serie de buenos deseos disfrazados de un lenguaje seudo técnico. No se habla de inversión, ni de competitividad, ni de tecnología, ni de cadenas de valor, ni de reducción de costos, ni de espíritu emprendedor, ni de integración al mundo, ni de economías de escala, ni de sinergias, ni de reconversión laboral, ni del salario real, ni de empleo genuino. Ignora el insostenible desequilibrio fiscal y cómo se podrán financiar sus buenos y atractivos deseos.

La historia no los ayuda. Salvo escasas excepciones, el peronismo cumplió siempre con el lema de «combatir al capital», (uno de los slogans de su tradicional “marchita”), de modo que en su laboratorio no existen instrumentos para lograr el crecimiento siendo la seguridad jurídica un eterno ausente.

A pesar de ello, las propuestas demagógicas, sin claro sustento fáctico, también infiltran las ideas y creencias de sectores numerosos de la población argentina, especialmente los que menos tienen o los más desesperanzados.

El plan presentado para «sacar a la Argentina de la crisis» no tiene importancia en sí mismo, sino porque refleja esas creencias colectivas, y pone de manifiesto la dificultad para el Gobierno de acordar con la oposición (y con alguno de sus socios en la coalición) sin verse forzado a adoptar algunos de sus dogmas. (1)

La realidad, ese inevitable límite.
Un «escenario francamente adverso» quedó plasmado en el informe que los técnicos del FMI elevaron al directorio del organismo el mes de junio pasado para la aprobación de la línea de crédito de US$50.000 millones, otorgada a la Argentina con características de excepcionalidad, tanto por su magnitud como por la rapidez con que se concretó.

Según un hipotético escenario – calificado como el “peor”- previsto por el mencionado staff , de producirse un ajuste más rápido de lo esperado de las condiciones financieras mundiales, podría llegar a agravarse la crisis y profundizar la recesión de la economía argentina hasta provocar una caída del 1,3% en el producto bruto interno (PBI) en el corriente año 2017.

Así dadas las cosas, en ese hipotético contexto, a una recesión más profunda, que además estaría acompañada con una inflación del 31,7% para todo 2018, le seguiría un año de estancamiento y una recuperación mucho más tenue, con una expansión de apenas 1% recién en 2020.

El gobierno argentino confía en que ese escenario hipotético y extremo no habrá de ocurrir, y que la economía cerrará el año con una módica expansión de la economía gracias al arrastre de los primeros meses del año. En un pronóstico más probable y no tan pesimista como el anterior, los técnicos del Fondo prevén en el escenario base una expansión del Producto Bruto Interno (PBI) del 0,4% este año seguida de un crecimiento del 1,5% el próximo. (3)

La Argentina, eliminada en el campeonato…(de educación).

Francia no solo se convirtió en bicampeón mundial de fútbol al marcar cuatro goles frente al seleccionado de Croacia. Si en vez de fútbol hubiera jugado una «copa educativa», también se habría llevado el máximo galardón mientras que la Argentina no hubiera pasado de la primera ronda; en Rusia solo llegó a octavos.

En un análisis que medía la inclusión y la calidad educativa del nivel secundario entre los 32 países que participaron del campeonato mundial de fútbol, si la Argentina fuera un equipo tendría niveles de desempeño muy bajos y dificultades para resolver los problemas (matemáticos) más sencillos, según un informe de Argentinos por la Educación, la ONG que agrupa en su plataforma interactiva casi 70 millones de registros públicos sobre indicadores del sistema educativo.

En este estudio comparativo de «selecciones» se tomaron en cuenta los datos de tasas brutas de escolarización de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) de 2015 y los resultados obtenidos en matemática por los estudiantes de 15 años en las pruebas PISA de 2012, donde el 67% de los estudiantes argentinos de 15 años obtuvieron niveles de desempeño bajos, y muy pocos, el 0,3%, alcanzaron niveles altos de aprendizaje.

Tal como señala la nota que recoge el informe :»En comparación, estos datos educativos son más graves que la crisis que mostró nuestra selección de fútbol en el Mundial. Deberían generar mayor urgencia e indignación, pero no lo hacen. ¿Acaso renunciamos a nuestras aspiraciones para el sistema educativo? Esta es una renuncia que no podemos permitirnos; les debemos un compromiso mayor a las próximas generaciones». (1)

Absolutamente cierto!

 

 

Por Pablo Broder
Economista argentino

Referencias del diario LA NACIÓN de Buenos Aires, año 2018: (1)16-7; (2) 15-7; (3) 17-7

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