El Occidente que conocimos ya no existe

Editorial
El Occidente que conocimos ya no existe

La presencia de Donald Trump al frente de la Casa Blanca viene deparando cambios sustantivos y traumáticos en el mundo.

Los golpes de timón que da casi que de continuo y en forma sorpresiva, y que algunos tildan de incoherentes, ponen en duda alianzas tanto multilaterales como bilaterales, así como también el hecho de que antiguos socios pasan a ser probables adversarios.
Malestar alemán

Como manifiesta Klaus Brinkbaumer, editorialista en Der Spiegel, el renombre de Trump está arraigado en los mitos del héroe estadounidense. “El mito más grande”, añade el editorialista, “sin embargo tiene que ver con la supuesta experiencia de negociación de Trump. Esto también es una tontería. Trump nunca fue competente en el arte del trato. (…) su preparación es inexistente. La estrategia y las tácticas son extrañas para él. Trump solo es hábil en la destrucción. Y eso es lo que hace”.

Mas adelante, Brinkbaumer, manifiesta algo lapidario: “Occidente, como lo conocíamos, ya no existe. Nuestra relación con los Estados Unidos actualmente no se puede llamar una amistad y difícilmente se puede llamar una asociación”.

Los siguientes dos párrafos del editorial de marras son una muestra precisa de la dramática situación en la que se halla Europa, perpleja ante el aislacionismo extremo norteamericano.

Los párrafos son los siguientes:
“El presidente Trump ha adoptado un tono que ignora 70 años de confianza. El quiere aranceles punitivos y exige experiencia. Ya no se trata de si Alemania y Europa participarán en intervenciones militares extranjeras en Afganistán o Irak. Ahora se trata de si ya existe la cooperación transatlántica en política económica, exterior y de seguridad”.

“La respuesta: No. Es imposible exagerar lo que Trump ha desmantelado en los últimos 16 meses. Europa ha perdido su poder protector. Ha perdido su garante de valores conjuntos. Y ha perdido la influencia política global que solo pudo ejercer porque Estados Unidos estuvo a su lado. ¿Y qué sucederá en los restantes dos años y medio (o seis años y medio) el liderazgo de Trump? Hay mucho tiempo para una escalada adicional”.

El periodista alemán culmina su editorial de la siguiente manera: “Es necesaria una resistencia inteligente, por triste y absurda que parezca. Resistencia contra América”.
Como podemos apreciar tan destacado analista expresa su consternación y dolor con una queja y una confesión. Reniega contra el americano, al tiempo que reconoce el quietismo alemán – por extensión, europeo – en buscar una salida propia, luego de haberse recostado durante decenios al imperio americano.

La apelación final a resistir lleva consigo un adjetivo calificativo: “inteligente”. Es decir, que la rabia alemana va arropada de una determinación firme junto con una sabia mesura. Asimismo, define con claridad el sujeto contra el que hay que resistir: los Estados Unidos de Norteamérica.

Semanas después y por otro motivo Arnaud de La Grange, editorialista de Le Figaro, manifiesta en otra editorial, intitulado “malestar alemán”, que es como si el pesimismo y el autoengaño hubieran cruzado el Rhin.

Informarse – pensar – actuar.
Así estando las cosas, nosotros, que vivimos en un país joven y pequeño, no debiéramos darnos el lujo de estar desinformados. Menos aún los políticos, a quienes les compete, por su especificidad, el conocer los asuntos del mundo. Máxime cuando estos son de la importancia y la gravedad como los aquí tratados.

Un político desinformado es un ser menor que apenas obtendrá un papel como actor de reparto en una pieza teatral insignificante.

Occidente ha entrado en un cono de sombras de donde emergerá antes que un nuevo orden mundial, un relativo caos expresado en polaridades múltiples con sus propias identidades, esferas públicas y un orden político tan diverso como ambiguo. Para bien o para mal, está en curso un cambio de poder a escala global.

Ha comenzado una era de personalismos y relativismo moral de la que hemos visto apenas el inicio.

No se trata, entonces, solo de teorizar ni mucho menos de producir homilías laicas. Como aquél alemán, debemos presentar tanto en teoría como en la práctica una “resistencia inteligente”, pero hecha según medidas e intereses de nuestro Sur. Para ello, hay que trabajar, tanto a mediano como a largo plazo, con hipótesis duras, de baja expectativa y cero ilusiones.

Debemos tener banderas, sin dejar de ser pragmáticos.
A esta altura del análisis parece estar claro lo del título: el concepto de Occidente que conociéramos ya no existe y nos comprende la responsabilidad de ser protagonistas, aunque débiles y aleatorios, en la construcción de un nuevo mundo.

Finalmente, estamos obligados a salir de la modorra latinoamericana y plantar cara al horizonte así arrecie la tormenta. No hay otra alternativa. Hay que hacia adelante. A nuestras espaldas está la nada.

Por Héctor Valle
Investigador social y periodista

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