Sectas y derecha | Un combo amenazante

 

Días revulsivos promueven esta necesidad de escribir…

El aniversario del mayo del 68 y  los recuerdos, el impulso a escribir por una actividad que promovemos para la Facultad de Psicología junto con Ana María Araújo con  invitación a  colegas afines en reuniones de domingo por medio nos sirven para organizar e ir  conversando y afinando nuestras ideas sobre el mejor abordaje de la temática.

El primer impulso fue casi una poesía, no por escritora de poemas, sino que al hablar de los 68, con la precaución de impedir las nostalgias indujo a una inicial poesía.

Tiempos de acontecimientos diversos, Argentina convulsionada y aplastada por un gobierno derechista, Brasil con la destitución de la Presidenta Dilma Roussef por un golpe de Estado y la persecución a Lula, la sensación de una derecha implacable que crece en todo el hemisferio y los recuerdos, las remembranzas siempre de aquel 68 acá en Uruguay desde el ahora por la convocatoria “ Los 68, hoy”

En medio de esto de pronto un nuevo libro de María Urruzola que necesito urgentemente leer pues me implica necesariamente: “De la Gestalt a la secta”,  me place este camino diseñado sin censura en la tapa … mi implicancia desde lo personal me remueve aquel episodio de hace tantos años:

Mi hija, hija de dos psicoanalistas practicantes, se define por la Gestalt.  No perdemos contacto, hablamos poco de su terapia, pero me perturban ciertas afirmaciones, la Gestalt que ella adolescentemente me tira en la cara,  no trabaja la transferencia y tampoco se interesa por el pasado de sus pacientes.

La abuela de mi hija, acaba de fallecer por decisión propia, como toda su vida anunció en determinadas circunstancias,  su historia tan  presente con aquel padre alemán partícipe del nazismo que la declara muerta por haberse casado con un judío, en pleno auge del fascismo alemán. Mi hija muy apegada a ella ha estado esperando esta hora con uno de los gestálticos mas renombrados desde hace mucho que “casualmente”  la llama el día de esa muerte,  para decirle que le ha quedado una hora para ella finalmente.

El nombrado como “Cofundador del Centro Gestáltico de Montevideo y líder del Camino Rojo autoproclamado “hombre medicina”  y derivador de la secta no aparece implicado en forma más directa ni es enjuiciado y encarcelado por la Justicia que lleva a la cárcel por “delito continuado de violencia privada…” a sus tres colegas gestálticos como él,  por haber privado de libertad y hecho víctimas a pacientes que se fueron sometiendo hasta aislarse del mundo y caer en este lugar aislado, entregando bienes y vidas de ahora en más.

Me pregunto cómo abordará alguien que no trabaja sobre el pasado ni la transferencia el suicidio de la abuela adorada de mi hija.

Veo en la lectura del libro la peligrosidad del grupo y la victimización de los seres humanos entregados en cuerpo y alma a sus abusadores.

Al día siguiente de mi ansiosa lectura me llega una comunicación de la presentación del libro y voy sin dudarlo. Oigo, participo, estoy entre pares y una frase permanece insistiendo en mi cabeza: “el 80% de la población de nuestro país es creyente”.

Pienso mientras escucho la ponencia de Viñar y los dichos de María, que debería decir que trabajar sin transferencia ni historia, es muy peligroso y da lugar a una impunidad muy profunda, de lo que esta historia da cuenta, sin lugar a dudas.

Mi padre eligió este país entre muchas cosas maravillosas que lo caracterizaban como la escuela pública laica y popular, un país con leyes sociales como las del Batlle aquel que fuera autor de lo que pude estudiar en mi Bachillerato como lo mejor de nuestra historia nacional, y tantas cosas más como la no discriminación del extranjero que huía de una persecución letal desde la Alemania nazi, entre tantas otras que aprendí a conocer y amar yo misma en esa maravillosa escuela pública en la que me formé y donde aún muy joven supe que Uruguay había construido la Ley Orgánica del 1958 en la Universidad de la República desde donde yo aún casi  niña sólo pude entender que era absolutamente revolucionario.

En este país donde tantas cosas más del mismo tipo podrían decirse de aquellos tiempos simultáneos y anteriores al mayo francés de a poco comenzó a gestarse junto a todo el movimiento latinoamericano una derecha avasallante y devastadora.

Persecución, dictadura, fascismo desembozado, cárcel a tantos y tantos queridos hermanos… Y el festejado final de la misma con la presencia de Pablo Milanés cantando en la explanada municipal y Silvio Rodríguez.

Y nos creímos que todo había terminado.

Y me creí que volvía a vivir el maravilloso Uruguay que mi padre eligió.

Volví a la Universidad como tantos -ahora como docente-  milité, tuve compañeros maravillosos tanto en el Cogobierno como en el día a día.

Parecía que éramos aquellos mismos que tuve de maravillosos docentes de los sesentas.

Algo sin embargo iba minando mi alegría, una cierta onda de tono no pensante, obligatorio, opuesto en todo a la “imaginación al poder…”  en la concepción de la docencia se iban abriendo camino desde lugares primero mínimos, luego cada vez más visibles, los saberes impuestos cuadriculados, asertivos, no pensantes…

Crecían simultáneamente iglesias sectarias,  la gente iba transformándose en algo que me era desconocido: “en algo hay que creer…” fue la primera frase que me asustó cuando la dijo un ser para mí inteligente…

Años atrás  había salvado de morir a una vecina mía, espiritista que llamó a que la atendiera el Pai de la secta por un intenso dolor de vientre, le impuse un médico que la internó para operarla urgente de apendicitis que ya iba camino a una peritonitis, con una muerte segura si no la hubiese convencido de ver al médico, en lugar de aquel profeta de la mentira.

Yo seguía creyendo que eran episodios aislados, gente con poca cultura, o con complejas estructuras psíquicas que caían en estos dislates, pero…

Hoy María Urruzola nos dice que el 80% de nuestra población uruguaya es creyente.

Y yo lo estaba viendo, sin querer mirar.

Existen sectas que destruyen seres humanos y apenas llevan en un juicio a 6 meses de prisión.

Claro que no hay militancia como la de antes en los liceos o en la Universidad, pululan las Universidades privadas inimaginables en otros tiempos.

La droga es un flagelo imparable porque la juventud sin ideales no tiene de donde asirse para tener una vida digna y enriquecedora e interesante.

La memoria tiene poco rating y la historia no es materia de interés.

Muchos jóvenes abandonan la secundaria antes de finalizarla y las vocaciones son asunto de muy pocos…

Vamos por el tercer gobierno del Frente Amplio, al que llegamos casi cómodos electoralmente, que hasta hace poco parecía ilusionarnos con una América Latina progresista (palabra demodé por demás) pero que hoy entre Macri y Temer, Sebastián Piñera y Peña Nieto, por sólo recordar a los más nombrados, tenemos  sectas, falta de interés por lo ideológico, drogas sin alegre rock and roll y bandas de narcos.

Así con ingentes esfuerzos por no perder este tibio gobierno de izquierda, que se  mantiene bajo el lema de  no hacerle mal a nadie, tan afín a las almas uruguayas, hoy se transforma en el peligro que de  no mostrar lo que desde Trump hacia el sur, nos  infunden sectariamente,  la  nueva modalidad de sometimiento universal que ni tan siquiera el disfraz de la tibiez podrá impedir que la ideología desde el misticismo contra la que algunos podríamos pelear, nos capture peligrosamente.

 

Por Doris Hajer
Psicoanalista. Docente Area de Psicoanálisis – Facultad de Psicología. Universidad de la República Oriental del Uruguay.

 

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