En Colombia habrá segunda vuelta entre izquierda y derecha el próximo 17 de junio por la presidencia

El candidato del Centro Democrático, Iván Duque, y el de la Colombia Humana, Gustavo Petro, volverán a medirse en las urnas el próximo 17 de junio en la segunda vuelta presidencial. Más de 19 millones de colombianos votaron el domingo 27 de Mayo.

Ser el ungido del ex presidente Álvaro Uribe pareció haberle dado un cupo seguro en segunda vuelta al candidato del Centro Democrático, Iván Duque, quien renunció al Congreso de la República para hacerse elegir como el nuevo presidente de Colombia. La mayoría de los departamentos de Colombia y los distintos sectores en el exterior se marcaron con tendencia uribista, representados en más de 7.562.171 de votos, el 39,14% de los votos.

UNA MUJER
Colombia tendrá a una mujer en la Vicepresidencia. O Marta Lucía Ramírez, fórmula de Iván Duque, o Ángela María Robledo, compañera de Gustavo Petro. Las dos son las candidatas a la vicepresidencia para la segunda vuelta

Gustavo Petro también logró su objetivo de pasar a segunda ronda. La tendencia ya se muestra irreversible, con el 99% de las mesas informadas consigue más de 4.848.018 y se consolida con el 25.09% de los electores. El mapa electoral muestra que la Colombia Humana se impuso como mayoría en Bogotá, Chocó, La Guajira, Córdoba, Sucre, Atlántico, Cauca, Nariño, Putumayo y Vaupés. (elespectador.com)

El perfil de los más votados

Votado por el 39,14%. Con Iván Duque, el uribismo llega con fuerza a la segunda vueltaIván Duque, el más joven de la baraja, representa la cara amable del uribismo. Sus prioridades, además de la seguridad,son la confianza de los inversionistas y la “economía naranja”.

PESIMISMO Y MIEDO
… Lo anterior no significa que los electores están tranquilos. Su insatisfacción con el rumbo del país es más alta que en las elecciones más recientes. El pesimismo es alto, tanto en un nivel general sobre las perspectivas futuras del país como sobre el capítulo final del proceso de paz, que aún está en proceso de escritura. La implementación de lo pactado ha sido lenta y los incumplimientos, palpables. La detención de Jesús Santrich, las disidencias de las Farc, los incumplimientos del gobierno y la falta de consenso sobre la paz pactada han llevado a que los acuerdos de La Habana hayan generado más temor que esperanza.

El miedo es un factor decisivo en la actual campaña electoral. El temor hacia la posibilidad de que Colombia tome la ruta que condujo a Venezuela hacia su actual catástrofe política, social y humanitaria es el gran fantasma de la campaña. Todos los estudios indican que los votantes son pesimistas sobre el rumbo del país y que no están dispuestos a reconocer los avances que –según múltiples estadísticas– ha logrado en los últimos 15 años. Las instituciones políticas están afectadas por una profunda crisis de credibilidad. Hay una versión colombiana de la crisis global de la democracia liberal, con sus preocupantes brotes de nacionalismo y populismo. En materia política, los electores colombianos van en busca de cambio. Los partidos políticos –y más aún los tradicionales– no son los grandes protagonistas. A finales de 2017 se alcanzaron a registrar más de 50 comités promotores de ciudadanos para inscribir candidaturas por firmas, que hoy se han decantado a 5 o 6.

No menos inédita es la función de las redes sociales y su amenazante difusión masiva de versiones mentirosas disfrazadas de verdades. Las noticias falsas. Un virus con capacidad de poner en peligro el carácter democrático del régimen político porque no puede haber electores libres si están mal informados o, peor aún, manipulados. Así de sencillo. El plebiscito por la paz, en octubre de 2016, dejó el sabor de que en Colombia hubo manifestaciones de las anomalías que contaminaron las últimas elecciones presidenciales de Estados Unidos y el referendo en el Reino Unido sobre el brexit. De paso, dividió a los electores y los polarizó entre alternativas radicales que estrecharon los espacios en los que normalmente se movía el centro del espectro político/Semana com/

Temprano, aún antes del inicio de la campaña, el exministro Fernando Londoño Hoyos –una de las voces más influyentes del uribismo– dijo que Iván Duque era un “mozalbete inteligentón”. La frase, reseñada como fuego amigo dentro del Centro Democrático, buscaba restarle vuelo a la proyección del joven senador, al resaltar su inexperiencia en contraste con el kilometraje probado del excandidato Óscar Iván Zuluaga, quien a los ojos de Londoño debía ser la carta del partido a las presidenciales. Pero Duque no solo se impuso sobre Zuluaga y con los sectores más radicales del uribismo, sino que derrotó a otras figuras internas con la misma combinación: juventud e inteligencia.

Duque, con el definitivo beneplácito de su jefe, el expresidente Álvaro Uribe, salió avante del inédito ejercicio adoptado por el partido según el cual el precandidato que más relegado apareciera en una serie de encuestas semanales quedaba eliminado. Pero luego en una consulta interpartidista se enfrentó en las urnas a la exministra Marta Lucía Ramírez y al exprocurador Alejandro Ordóñez, ambos de extracción conservadora, pero renegados de ese partido. Por primera vez el nombre de Duque apareció en un tarjetón electoral, y hacerlo de la mano de Uribe convirtió su debut en fenómeno.
El apabullante resultado (Duque, 4.044.509 votos; Ramírez, 1.538.882; y Ordóñez, 385.110) llevó a dos grandes conclusiones: que el guiño del expresidente se refleja en millones de votos y que la alianza garantizaría para ‘el que dijo Uribe’ el paso a la segunda vuelta con un caudal estimado en cerca de 6 millones de votos. Duque hizo la suma elemental y el mismo día de la victoria, el 11 de marzo, nombró a Ramírez su fórmula vicepresidencial.

La rutilante carta del Centro Democrático tiene 41 años y pasó 13 de estos en Estados Unidos. Antes de salir del país trabajó con Juan Manuel Santos en el Ministerio de Hacienda. Se marchó a Washington y fue consultor de la Corporación Andina de Fomento y luego, entre 2001 y 2013, fue alto consejero del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). En la capital estadounidense, cuando Duque trabajaba en el BID, conoció a Álvaro Uribe con quien congenió desde el primer momento.

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Votado por 25,08%. Gustavo Petro, la mayor votación de la izquierda en la historia de Colombia

Gustavo Petro – Llena plazas públicas con un discurso contra la corrupción y la política tradicional, y con propuestas sobre energía limpia que seducen, sobre todo, a los jóvenes.

De los 58 años que acaba de cumplir Gustavo Francisco Petro Urrego, lleva 38 en la política. Y la ha hecho más desde las convicciones y las posiciones que desde el trabajo partidista o gregario. Quienes lo conocen dicen que ha marcado su vida un estilo disruptor heredado de su bisabuelo Francisco Petro, un inmigrante italiano que llegó a Córdoba a finales del siglo XIX. Pero así como Gustavo dice tener un alma alegre y caribe, también es profundamente serio y reservado. Cuando tenía 13 años, su papá, maestro de escuela, fue trasladado a Zipaquirá. Allí el hoy candidato presidencial pasó su adolescencia, y su alma personal y política se convirtió en una lucha entre dos tensiones: un espíritu contestatario heredado de sus parientes de Ciénaga de Oro, y un silencio frío aprendido en su juventud andina.

La mezcla entre sus dos personalidades se evidenció en marzo de 2014, mes en que el procurador Alejandro Ordóñez destituyó al entonces alcalde de Bogotá por cuenta del escándalo de las basuras. Un año y medio antes, y sin muchas consultas, Petro había cambiado el esquema de aseo de la capital para devolverle al Distrito la responsabilidad de manejar 6.500 toneladas diarias de desechos. Por no haber tomado previsiones para esa decisión, materializada dos meses antes de terminar los contratos con recolectores privados, la ciudad entró en la peor crisis de aseo de su historia.

Ordóñez, además de destituir al alcalde, lo inhabilitó por 15 años para ejercer cargos públicos. Petro, sus funcionarios, algunos sectores de la ciudadanía y los líderes de opinión consideraron exagerada esa medida. Como respuesta, durante varios días el alcalde hizo política de balcón. Respaldado por su secretario de Gobierno, Antonio Navarro, y por fuerzas políticas y sindicales, saludaba desde el Palacio Liévano a miles de personas que en la plaza de Bolívar gritaban “Petro no se va”.

Una de esas noches, con la plaza a reventar, le comunicaron al alcalde que su tía Carmen, corazón de la familia Petro, había muerto en Córdoba. Sin decir nada, viajó a Montería y llegó al velorio en Ciénaga de Oro. Llegó cargado de emoción y fuerza con la que le habló duro a la plaza, pero en privado dijo poco. Allí sus parientes le recordaron que su tía siempre lo evocaba como un niño rebelde que retaba a su padre cada vez que lo corregía.

¿Le dicen que soy un castro-chavista? ¿Un comunista? Solo somos una vanguardia política sintonizada con el siglo XXI

Esa rebeldía se la llevó a Zipaquirá y posteriormente a Bogotá, donde estudió Economía en el Externado. Tras graduarse a comienzos de los ochenta, fue elegido concejal del municipio por la Anapo. Estando en ese cargo, en 1984, confesó en un evento de plaza pública que desde siete años atrás hacía parte del M-19. Entre 1985 y 1987 el Ejército lo capturó y lo torturó en el Cantón Norte, “No sentí dolor, solo una soledad enorme, como si fuera un enano triste y flaco atrapado por un monstruo invencible. Mi silencio los exasperaba”, asegura refiriéndose a su dimensión silenciosa.

Cuando una temporada después salió de la cárcel Modelo, Petro volvió a las filas del M-19. Recorrió las montañas de Santander y Tolima con Carlos Pizarro y lo acompañó cuando este decidió avanzar en un proceso de paz con Virgilio Barco.

Una vez en la civilidad, Petro ayudó a formar el movimiento ADM-19, protagonista de la Constituyente de 1991, y por ese partido fue elegido en 1992 representante a la Cámara. En el periodo siguiente no pudo repetir y Ernesto Samper lo nombró en un cargo diplomático en Bélgica. En 1997 volvió a Colombia, decidido a ser alcalde de Bogotá. Le fue mal. En su primera campaña contra Enrique Peñalosa perdió por escasamente el 0,58 por ciento de la votación.

Desde que se reintegró a la vida civil, Petro ha jugado en casi todas las elecciones. Las siguientes a Congreso, en 1998, cambiaron su destino político. Nunca volvió a perder. Llegó a la Cámara en la lista encabezada por Antonio Navarro y cuatro años después fue reelegido con la mayor votación. Desde su curul denunció la infiltración paramilitar en varias entidades del Estado. Ese mismo tema lo motivó como senador, y en 2006, durante tres horas, sin parar, realizó un debate sobre las Convivir y el paramilitarismo en Antioquia. Al publicar una foto de Santiago Uribe junto al narcotraficante Fabio Ochoa, se convirtió en el principal líder de la oposición antiuribista.

Desde que se reintegró a la vida civil, Petro ha jugado en casi todas las elecciones
Pero Petro también criticó las relaciones de algunos políticos de izquierda con las Farc. Eso lo llevó a romper con su partido, que para entonces ya era el Polo Democrático Alternativo. Esas mismas relaciones confrontacionales con las colectividades a las que ha pertenecido han estado presentes en toda su carrera política. Una pelea similar sucedió en 2008, cuando lideró una disidencia con María Emma Mejía y Lucho Garzón para definir candidato presidencial del partido. O cuando se enfrentó con Carlos Gaviria por no tomar decisiones tempranas contra Samuel Moreno porque se especulaba que era corrupto. O cuando rompió relaciones con Jorge Robledo en el momento en que, en la segunda vuelta de 2014, su movimiento Progresistas ayudó a la campaña de Santos con el argumento de defender la paz.

Como alcalde de Bogotá mostró que en su estilo de gobierno no están los grandes consensos. Tomó decisiones controvertidas como la de la recolección pública de las basuras o la de bajar en 2012 la tarifa de TransMilenio, que llevaron a algunas confrontaciones con su equipo y le costaron investigaciones. Y aunque en 2014 la Corte Interamericana de Derechos Humanos le dictó medidas cautelares y dejó sin piso la inhabilidad de la Procuraduría, aún le falta resolver parte del embrollo en el que se metió cuando la Contraloría distrital lo multó y congeló sus cuentas por supuesto detrimento patrimonial por el tema de las tarifas del transporte.

Pero su gestión en Bogotá, que las encuestas no calificaron bien, le permitió consolidar apoyos en sectores populares que agradecen medidas en cobertura educativa y de salud, así como en aspectos como aumentar a 6 metros cúbicos la cantidad de agua considerada mínimo vital. En esta campaña presidencial, el vibrato gaitanista y el llamado a las banderas liberales convierten a Petro en una figura apasionada, ajena de la política convencional y partidista.(Semana com)

Fuente: Semana, elespectador/prensa colombiana.

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