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Si alguien cree que Marx es útil para pensar nuestra realidad, aquí, en el Cono Sur y el siglo XXI, tiene que comenzar por leerlo para tratar de captar qué quería hacer. Leerlo de nuevo, si ya lo leyó, porque seguramente lo leímos con lentes de colores. Diría que la mitad de lo que creemos que pensaba Marx, está equivocado o es solo parcialmente cierto.

Que creó una filosofía que llamamos Materialismo Dialéctico, la que expone las leyes fundamentales de la lógica, el pensamiento y la naturaleza. Que la dialéctica consiste en tres leyes. Que pensaba que la historia humana es una progresión de aumentos en la productividad, que llevó a las sociedades a evolucionar  por una serie de formas socioeconómicas sucesivas. Y muchas cosas más.

No es que nos hayan engañado. Es que sus escritos filosóficos propiamente dichos se publicaron desde 1932 y hay mucho sin publicar. Y en general son muy juveniles y además, obras incompletas,

Antes de 1932, tres generaciones de marxistas se habían formado sin conocerlos. O leyendo a Engels, que con ser uno de los intelectuales europeos más notables del siglo, tuvo una formación distinta. Y nosotros bebimos de la interpretación parcializada de estas generaciones. Y, para rematar, de una simplificación de Stalin que pasó a ser la base de todos los manualcitos.

Aquí queremos asomarnos a su Crítica de la Filosofía del Estado de Hegel, uno de estos trabajos filosóficos juveniles para ver si nos ayuda a entender qué era lo que quiso hacer en general en el resto de su vida, y en particular para intentar comprender con más profundidad su posición ante el Estado, la sociedad moderna y el comunismo. No por curiosidad, sino porque nos puede ayudar con las tareas que tenemos planteadas hoy y aquí.

Hegel contra la democracia
¿Cuál era la tarea filosófica que a Marx le parecía prioritaria para pavimentar la revolución alemana? Hacía un año quería escribir una crítica a la Filosofía del Derecho de Hegel en la que se expresan ideas reaccionarias que a su generación revolucionaria le complicaba, porque defendía la filosofía de Hegel contra la oficial prusiana desde 1840, de Federico Guillermo IV. Quería a la vez dar un fundamento a la lucha democrática y extender el materialismo de Feuerbach al terreno de la historia y la política.

Feuerbach, recordemos, sostenía que no es Dios quien creó al hombre, sino el hombre quien creó a Dios. El hombre que sufre idealiza todas sus buenas cualidades y las proyecta, las enajena elevadas al infinito en un ser imaginario. Y creía que esta revelación sobre la verdadera naturaleza de Dios liberaría a la humanidad del error y abriría un feliz reino del amor.

Hegel, acepta la descripción de Adam Smith que, contra la búsqueda de un contrato social originario, opinaba que lo importante es estudiar cómo funciona la sociedad. Acepta que hay una escisión entre el estado y la sociedad civil (el mercado, lo que cada uno hace por su interés fuera del Estado). Esta sociedad civil “es la guerra de todos contra todos los demás” y todos contra el Estado. Por eso, en su Filosofía del Derecho fundamenta mecanismos de conciliación, a veces resucitando instituciones feudales, básicamente dando preeminencia a la voluntad del Rey, negando las elecciones de diputados, y hasta la posibilidad de que los representantes burgueses sepan lo que quieren y lo puedan exigir al Estado: “El pueblo, si por esta palabra se entiende un sector especial entre los miembros de un Estado, representa el sector que no sabe lo que quiere.

No extraña que a los antiabsolutistas alemanes esta filosofía no les haya gustado nada.

La crítica de Marx
El manuscrito de Marx de la Crítica de la filosofía del Estado de Hegel, del verano de 1843, está incompleto. La idea no es hacer aquí un resumen. Pero vale la pena destacar algunas de las cosas que Marx fue descubriendo.

– Critica que Hegel explique todo con ideas abstractas: “Él no dice: la voluntad del monarca es la última decisión, sino: la última decisión de la Voluntad es el monarca.” Y, para peor, en realidad solo está describiendo lo que hay. Aquí Marx hace bastante más que “poner de cabeza” a la dialéctica. Y el hecho de que al discutir el método de Hegel cayera toda la explicación, le probó que la obra que criticaba no era una debilidad de carácter para conservar la cátedra, como pensaban algunos, sino fruto del núcleo de su filosofía.

– En otro pasaje concluye que el Estado existe para preservar la propiedad y pone a la propiedad en cuestión.

– Pero Marx insiste en que lo que hace Hegel es pintar un panorama verdadero. “No debe culparse a Hegel por describir la naturaleza del Estado moderno tal como es, sino por presentar lo que es como esencia del Estado.” Y, en otro lado, “Lo notablemente profundo en Hegel es que sienta como una contradicción la separación entre la sociedad civil y la sociedad política. Pero lo falso es que se conforme con esta solución aparente (fundamentar la unidad en el seno del Estado. J.S.) presentándola como una cosa misma.”

– Es el mismo esquema que Marx usará para criticar la Economía Política. No sólo en los Manuscritos del año siguiente, sino en la Historia Crítica de las Teorías de la Plusvalía, último tomo de El Capital.

– Marx va más allá. Señala que el misticismo no se origina en la filosofía de Hegel, sino que refleja la realidad misma. Lo que está de cabeza, no son los escritos de Hegel, sino la realidad. Estas menciones son la primera versión del concepto de ideología en Marx.

– Toda la cuestión de la representatividad versus la participación directa universal está relacionada con la escisión de la sociedad civil y la política. “La participación de la sociedad civil en el Estado a través de diputados (no es una integración, sino) precisamente la expresión de su separación”. Si no son cargos para evitar el pronunciamiento de cada uno, si se trata sólo de un trabajo que alguien tiene que hacer, cualquiera es mi diputado en relación a su trabajo, “por ejemplo, mi zapatero”. Y en otro lado cita la fórmula de Saint Simon sobre “la administración de las cosas” en lugar del gobierno sobre las personas.

– Queda claro, a esta altura, que Marx ya no está hablando con poner a Alemania al día con las monarquías constitucionales de Francia e Inglaterra. Ya ni siquiera le sirve el régimen revolucionario jacobino.

– La escisión del Estado y la sociedad civil es algo moderno. En la antigüedad clásica, el vecino y el ciudadano eran la misma cosa. En la era feudal, la posición social y la posición política eran lo mismo. No es así desde la sociedad moderna que escindió ambos campos.

– Y esta escisión atraviesa a cada individuo. El ciudadano burgués se encuentra en una organización doble. Es burgués en la sociedad civil y ciudadano ante el estado. “el individuo sufre un cisma en sí mismo”. El año siguiente dirá que el surgimiento del Estado, como esfera escindida, lleva el hombre, no sólo en el pensamiento, en la conciencia, sino en la realidad, en la vida, una doble vida, una celestial y otra terrenal, la vida en la comunidad política, en la que se considera como ser colectivo, y la vida en la sociedad civil, en la que actúa cómo particular; considera a los otros hombres como medios, se degrada a sí mismo como medio y se convierte en juguete de poderes extraños.”

Este es el punto central que vinimos a proponer a Rivera y Livramento. El Estado político surge con la escisión de la época moderna y debe terminar para acabar con esa escisión. El comunismo, la abolición de la propiedad y otras cosas que Marx estudió mejor luego, eran las formas que encontraba para acabar con la escisión. ¿Verdad que no es lo que habíamos aprendido?

Sólo para resaltar la el interés de este concepto, que a veces repite casi con las mismas frases, décadas después, al comentar la Comuna de París, piénsese en Engels, retrotrayendo el origen del Estado a primitiva división en clases. O en El estado y la Revolución, de Lenin, quien no conoció este manuscrito. Allí desarrolla una teoría del Estado, pero este es presentado meramente como una maquinaria a desmontar. Creada conscientemente por las clases dominantes, lo que por lo tanto plantea tareas voluntaristas. Marx pensaba el Estado como producto de una situación general.

Empezar todo de nuevo
A esta altura se hace evidente que su trabajo lo había llevado más allá del objetivo inicial. No arrepentido de lo que había descubierto, sino para potenciarlo. La Filosofía del Derecho de Hegel ya no era el problema principal. Ahora:

– Había que meterse con el núcleo de la filosofía de Hegel: la Fenomenología del Espíritu. La parte que defendían los hegelianos de izquierda.

– Había que estudiar y criticar a los Economistas.

– Había que analizar mejor el tema de la propiedad. Y el tema del comunismo, que dijo que tenía pendiente y ahora parecía tener sentido.

– Había que revisar a Feuerbach, ya que es insatisfactorio que hable de Dios como respuesta a los sufrimientos sin analizar de dónde vienen estas penas. Es inconsecuente con el empirismo de Feuerbach, que rechazaba partir de pensamientos abstractos.

– Finalmente, al releer y releer la Crítica, me terminó llamando la atención una frase de Hegel sobre por qué los impuestos hay que cobrarlos en dinero y no en trabajo, como hacían los faraones y como recomienda Platón. “Estas situaciones carecen del principio de la libertad subjetiva… su acción sustancial no se halla mediada por su voluntad particular… En el  principio del  Estado moderno se halla implícito que todo lo que hace el individuo se halla mediado por su propia voluntad.” Me gusta pensar que a Marx también le quedó sonando.

La etapa de Paris
Marx fue a París, donde publicó una introducción a su Crítica de Hegel, pero ya por completo en otro tono que comenzaba afirmando que la crítica de la religión estaba completada en Alemania, con la explicación de que Dios es un reflejo del hombre. “Pero el hombre no es algo abstracto, un ser alejado del mundo. Quien  dice: ‘el hombre’, dice el mundo del hombre: Estado, Sociedad. Este Estado, esta Sociedad produce la religión, una conciencia subvertida del mundo, porque ella es un mundo subvertido… La religión… es el opio del pueblo.” Opio no como somnífero, era casi el único analgésico conocido: la religión es la aspirina del pueblo. Aquí, ya no está en el terreno feuerbachiano del “hombre genérico”, sino de uno social. Estaba a un paso de la formulación de que no es la conciencia social la que determina el ser social, sino al revés.

Luego, analiza la posición de distintas clases que no van a llevar la revolución a cabo y termina cifrando su esperanza por primera vez en el proletariado.

Los manuscritos de 1844
Casi en seguida comenzó a trabajar en un nuevo proyecto. Una nueva manera de decir lo que quería decir: los hoy famosos Manuscritos Económicos y filosóficos de 1844.

En ellos, critica a la economía moderna y los economistas, critica la Fenomenología de Hegel, acepta el comunismo pero llama bárbaro a la versión de Cabet, su ideólogo.

Y otra sección, la más conocida, la dedicó al trabajo alienado o enajenado. ¿De dónde sale al final el dolor que nos induce a crear un dios?, ese desajuste de la realidad que, como vimos, ha escindido a la sociedad y a los hombres. Hegel consideraba que todo ser anhela conocerse a sí mismo por medio de su trabajo. Por ejemplo, uno nunca sabrá si es buen ajedrecista si no juega al ajedrez. El Espíritu absoluto se enajenó de sí mismo para convertirse en mundo y así conocerse. Marx estaba de acuerdo en la importancia del trabajo, pero criticaba el concepto limitado que le daba Hegel, para quien sólo contaba el trabajo intelectual, el del filósofo. ¿Y el obrero? Como el antiguo egipcio que pagaba sus impuestos en trabajos que le eran ajenos y “no respetaban su libertad subjetiva”, nunca podrá conocer su potencial quien durante doce horas aprieta tuercas de una máquina que ni sabe cómo funcionará. No es entonces, que él se enajene como el Espíritu de Hegel, ni que el hombre genérico de Feuerbach enajene sus cualidades y las ponga en un fantasma. Es el producto del trabajo el que se transforma en algo ajeno en todos los sentidos de la palabra y lo transforma a él en una herramienta ajena de sí mismo.

Después de la Revolución
¿Y cómo seguir desde aquí? Marx tampoco publicó este manuscrito que no lo satisfizo. Otra vez decidió cambiar y empezar por otro lado. Incorporar lo aprendido aquí y lo que aprendería en la práctica. Estudiar más economía para poder discutir con los clásicos de igual a igual, como lo hacía con Hegel.

Primero, escribió una hojita resumiendo su posición sobre Feuerbach. Las famosas Tesis. básicamente, le critica que ve el mundo como objeto de contemplación y no como campo de práctica humana, cuando hasta la propia demostración de la verdad es un problema derivado de la práctica. Y hasta en la postura materialista de ver al hombre como producto de las circunstancias y la educación olvida que el hombre es activo: con su práctica también modifica esas circunstancias. Marx no hablará del hombre como producto de circunstancias, sino que dirá que el hombre es el conjunto de sus relaciones sociales. Finalmente, despeja la ilusión de que revelar a la gente que Dios no existe iba a aclarar todas las fantasías. No se trata de analizar el mundo, sino de cambiar aquello que nos provoca representaciones ilusorias.

Los historiadores franceses de la Restauración habían interpretado distintas etapas de la historia de su país como movidas por lucha entre clases. Ese era el factor activo y a la vez histórico que estaba faltando para que hoy podamos decir que había llegado a una nueva concepción del mundo.

Pero necesidades polémicas y el ingreso a la Liga de los Justos y con ellos a la Revolución de 1848, lo tuvieron ocupado. Recién hacia 1849, en Londres, pudo retomar su trabajo. El 2 de abril de 1851 escribió a Engels a Manchester: “He llegado tan lejos que podré terminar con toda esta porquería económica en cinco semanas.”

Sabemos hoy que no terminó en cinco semanas. En 1859 publicó su Contribución a la Crítica de la Economía Política, cuyo Prefacio menciona, entre sus antecedentes, su Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel. Interesa la referencia porque no reniega de este estudio inédito como un mero escrito juvenil. Luego, continuó sus estudios económicos, ahora para analizar exhaustivamente cómo funciona la sociedad que mucho después y por otro sería bautizada “capitalista”. Varias veces anunció que luego de terminar con la economía quería volver a escribir sobre filosofía, o sobre la dialéctica o sobre la superestructura. Es decir, iba a escribir la segunda parte de aquel proyecto económico-filosófico. En general, tenemos que suponer, iba desarrollar su concepción de la sociedad y la política, que solo había expuesto casi de contrabando en un breve prólogo. Engels, de viejo, lamentó que con Marx nunca hubieran escrito sobre la política.

¿Era eso Marx?
La pregunta obligada, desde Althusser, es si todo lo anterior a 1845 puede considerarse plenamente marxista. No. Hemos visto cómo evolucionó, incorporó y abandonó cosas. Pero si hubiera renegado de todo no se podría hablar de evolución. Y Marx no lo hizo.

Lucio Colletti se tomó el trabajo de seguir la mayor parte de las ideas de la Crítica a Hegel hasta los Grundrisse, el Capital, la Historia Crítica de las Teorías de la Plusvalía, La Guerra Civil en Francia y otros de los últimos trabajos de Marx.

¿Para qué nos sirve Marx?
La tradición de discutir basándose en “lo que verdaderamente dijo Marx” fue típica de los socialistas rusos, no de los alemanes ni de ningún otro. Recordemos a Lenin, basando en una revisión de las citas de Marx el fundamentación de su táctica en 1905 y de su concepción del Estado en 2017.

Pero tampoco tiene sentido quedarse con un Marx solamente economista. En su época, ciencia era todo conocimiento, incluido el filosófico. Hoy, alguien podría decir que las ciencias van descartando lo publicado antes, porque estudios posteriores lo confirmaron o refutaron. En todo caso, Marx sería una figura de la historia de la economía, como Lavoisier lo es de la química.

En sentido contrario, el sociólogo Jeffrey Alexander explicó por qué en las ciencias sociales los clásicos no son sólo parte de la historia. Mostró que la misma recopilación de datos Empíricos no puede desligarse de la teoría y esta siempre es algo complejo y controvertido. Aludiendo a los clásicos, los cientistas sociales simplifica las posiciones. Los clásicos no son historia, son herramientas para seguir forjando conocimiento.

Entonces, no tenemos que preocuparnos por ser ortodoxos, lo que es un poco infantil. Se trata de identificar nuestros problemas y pensar en qué nos puede ayudar Marx.

Se ha dicho que el principal aporte de Marx al pensamiento contemporáneo es la idea de fetichismo de la mercancía, variante de lo que planteaba en su Crítica a Hegel, en su crítica a Feuerbach y lo que escribieron con Engels en La Ideología Alemana: Hay mecanismos que actúan de una manera pero se nos presentan como otra cosa. Se lo ha descrito como una versión social del inconsciente de Freud. Trabajemos eso, pero no repitamos; analicemos cómo se presenta hoy. La tendencia a la fragmentación de las luchas por grupos de identidad, que dificulta pensar en lo universal del cambio social, ¿tendrá que ver con que la propia realidad está fragmentada?

Puede que su principal aporte no haya sido este, sino la necesidad de la práctica incluso para adquirir conocimiento. Práctica social; lucha.

Tampoco le pidamos respuestas a Marx para los problemas de hoy. “En el marxismo está todo” me contestó hace décadas un militante. Gerald Cohen dice que en su juventud de posguerra, “la impresión que los comunistas tenían de la clase trabajadora era que sus miembros 1) constituían la mayoría de la sociedad, 2) producían la riqueza de la sociedad, 3) eran los explotados de la sociedad y 4) eran los necesitados de la sociedad. Además…, 5) no tendrían nada que perder con la revolución, cualquiera que pudiera ser su resultado y… 6) podrían transformar la sociedad.” Argumenta que ningún sector reúne hoy ni siquiera las primas cuatro de esas características. Puede ser, y eso nos plantea problemas cuya solución la tenemos que buscar nosotros; de Marx sólo podemos esperar inspiraciones.

No cabe duda de que no hay igualdad, que estamos sometidos al consumo y que es razonable pensar en la emancipación humana. ¿Qué viene a ser esa emancipación? ¿Sólo que las fábricas sean estatales? ¿No seguirá siendo el fin de esa escisión entre la sociedad política y la sociedad civil, guerra de todos contra todos? No se trata de desmontar una maquinaria, es algo distinto.

¿Una democracia radical? Luego de nuestras dictaduras, las izquierdas del Cono Sur tuvieron motivos para revalorizar la democracia. Pero mientras los liberales discuten abiertamente los fundamentos mismos de la democracia, la izquierda quedó atrapada en lo existente, salvo algún esfuerzo en materia de descentralización y participación. Y, en el caso de Brasil, el sistema político institucional era particularmente deficiente y convivir con él terminó causando problemas graves. Volver a hablar de una dictadura del proletariado no nos va a ayudar mucho. Pensar en la revolución como una toma de timón y después que todo el mundo se aguante, hoy ya puede considerarse canallesco. Entonces, ¿qué otra ayuda nos puede dar Marx? Creo que su concepción del Estado no como una maquinaria impuesta adrede sino como una escisión que a la vez nos escinde, es un campo diría que inexplorado.

Eso era lo que quería venir a proponer.

 

Jaime Secco (*)
(*) Periodista. Ponencia leída el 3 de mayo en las jornadas Marx Binacional, Contrabandeando Ideias en Livramento y Rivera.

 

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