Una historia de hermanos: Homenaje al 57º aniversario de la victoria cubana sobre la invasión de EEUU.

El próximo 17 de abril se cumplen 27 años desde que Estados Unidos invadiese Cuba para derrocar al gobierno cubano, con una fuerza contrarrevolucionaria compuesta por militares estadounidenses y fuerzas paramilitares entrenadas por la CIA. El pasado sábado 10 de marzo la Universidad Internacional de Florida, la empresa de ingeniería de puentes FIGG y la constructora Munilla Construction Management anunciaron en Miami, con bombos y platillos, la instalación de un puente que duraría 100 años, pero que se derrumbó por su propio peso a los pocos días, matando a varias personas. Más allá de que tanto la invasión como el puente se derrumbaron en menos de una semana, ambos acontecimientos están históricamente más relacionados de lo que parece a primera vista.

Los hermanos constructores y donantes
La empresa Munilla está dirigida por los hermanos Pedro, Juan, Jorge, Raúl y otros Munilla, exiliados cubanos establecidos en Miami desde hace varias décadas. Según cuentan ellos mismos en su página Web (1) el padre (Fernando Munilla) tenía en Cuba una empresa de construcción pero al triunfo de la revolución se dedicó más bien a ”operaciones clandestinas dirigidas por la CIA”, fue encarcelado varias veces y al tiempo decidió exiliarse junto a su esposa e hijos en Estados Unidos, donde fundó la empresa constructora que actualmente dirige exitosamente junto a su familia.

Según el periódico Miami Herald, los hermanos Munilla recibieron varias veces contratos millonarios para obras públicas asignadas por los mismos políticos que habían recibido donaciones de los Munilla para su campaña electoral. También se informó que los Munilla habían empleado a dos hijos del alcalde de Miami-Dade. Estas donaciones a políticos suman cientos de miles de dólares pero los hermanos Munilla también han donado anualmente miles de dólares a la US-Cuba Democracy PAC, una de las organizaciones que trabajan contra la normalización de las relaciones entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba (2).

Dos hermanos contrarrevolucionarios, Lincoln y Mario.
En Miami, uno de los políticos locales que más dinero recibió de la PAC y amigo personal de los hermanos Munilla, fue el congresista republicano Lincoln Díaz-Balart. Al terminar su último mandato en 2011, Lincoln Díaz-Balart fue sustituído en el puesto por Mario Díaz-Balart, su hermano. Ambos son hijos de Rafael Díaz-Balart, quien fuera en Cuba Vice-ministro del Interior durante la dictadura de Batista. La madre del dictador, Carmela Valdívar, trabajó como empleada doméstica en la casa de la familia Díaz-Balnart. A pesar de apoyar a Batista e integrar su gobierno, Díaz-Balart discrepó públicamente cuando el dictador anunció que le otorgaría la amnistía a su cuñado, Fidel Castro (por entonces Fidel estaba casado con Mirta Díaz-Balart, hermana de Rafael), quien cumplía pena de prisión en Isla de Pinos luego de fracasar en su intento de derribar a la dictadura atacando el cuartel Moncada.

Dos hermanos revolucionarios, Fidel y Raúl.
En Cuba, la familia Díaz-Balart le debía parte de su fortuna a su relación con una empresa bananera responsable de matanzas de campesinos y peones zafrales, violaciones, golpes de Estado, prostitución, coimas, amenazas, miseria e injusticias sin cuento, cuya reputación llegó a ser tan mala que se vio obligada a cambiar de nombre (la United Fruit Company). En 1960, Fidel Castro anunció la expropiación de las propiedades en Cuba de la United Fruit Company y otras 25 empresas. Poco antes del anuncio Fidel quedó afónico y le pasó el micrófono a su hermano Raúl, quien continuó el discurso hasta que Fidel recuperó la voz (3). Dicho sea de paso: ambos hermanos (Fidel y Raúl Castro) pronunciaron muchos de sus discursos en la Plaza de la Revolución de la Habana, a la sombra de la imponente torre del Memorial José Martí, construída por Fernando Munilla, en épocas pre-revolucionarias.

La torre del monumento a José Martí, recubierta de mármol gris proveniente de la Isla de Pinos, en la Plaza de la Revolución de La Habana.

Otros dos hermanos contrarrevolucionarios, John y Allen.
Uno de los invitados de honor al acto donde se anunció en La Habana la medida revolucionaria de la expropiación a grandes capitalistas fue el ex-presidente de Guatemala, derrocado poco antes por un golpe de estado militar promovido por la United Fruit Company y apoyado por dos hermanos con altos cargos en Estados Unidos: el Secretario de Estado (John Foster Dulles) y el director de la CIA (Allen Dulles). Conspirando a favor de la empresa bananera, los hermanos Dulles prepararon una invasión a Guatemala con la cual sustituyeron al gobierno de Arbenz por una dictadura militar favorable a la United Fruit y usaron luego el apoyo de esa dictadura para preparar, desde Guatemala, una intervención militar contra Cuba que resultó una seria derrota militar y política para Estados Unidos y para Allen, el fin de su carrera al frente de la CIA: el desembarco de tropas contrarrevolucionarias en Playa Girón con protección marina y aérea a cargo de naves y aviones militares con identidad falsa.

Una recensión del libro escrito por Stephen Kinzer sobre los hermanos Dulles y titulado The Brothers, publicada por The New York Times, comienza con una frase que dice más o menos así: “Si alguno quiere saber porqué la gente odia tanto a Estados Unidos alcanza con que lea este libro”.

Dos hermanos a mitad de camino, John y Robert.
El presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy y su principal consejero, su hermano el Fiscal General Robert Kennedy, aprobaron la invasión pero no estaban dispuestos a involucrarse de lleno y no querían enviar tropas regulares oficialmente, como los hermanos Dulles quizás habían deseado. En análisis autocríticos sobre la fallida invasión, publicados en su propia página web (4), la CIA tiene en cuenta su mala comunicación con los hermanos Kennedy. Según la CIA, una debilidad del plan fue la mala evaluación de las intenciones políticas y la capacidad de mando de los hermanos Castro y los hermanos Kennedy, cuatro líderes que deberían haber sido analizados cuidadosamente, pero a quienes los hermanos Dulles subestimaron y consideraron apenas superficialmente.

Otro error, debido probablemente a que la agencia estaba muy mal informada sobre la realidad cubana, fue considerar que una vez establecida la cabeza de puente en playa Girón, los 1500 combatientes de la CIA recibirían inmediatamente el apoyo del pueblo cubano; la CIA creía que habría sublevaciones en favor de la invasión y que sus mercenarios podrían reclutar unidades del ejército cubano que se pasarían con sus armas al campo contrarrevolucionario, tal como los hermanos Dulles habían logrado en Guatemala años antes. Nada de eso ocurrió.

La mayoría de los 1500 invasores derrotados en Playa Girón en 1961 se rindieron a las tropas cubanas luego de apenas cuatro o cinco días de lucha.

Llama la atención que la CIA no reconozca en su análisis que sus acciones preparatorias – basadas principalmente en actos terroristas, sabotaje y amenazas prepotentes contra la población civil – habían tenido un efecto contrario al esperado, al generar entre los cubanos entusiasmo combativo y patriótico, lo cual reforzó las posibilidades del gobierno de enfrentar exitosamente a la fuerza invasora. Según la CIA, uno de sus principales errores fue planificar la invasión previendo que si el desembarco salía mal y los invasores no podían avanzar, estos podrían pedirle ayuda militar al gobierno de Estados Unidos y Kennedy se sentiría obligado a mandar tropas. Kennedy no lo hizo.

Enfrentada a una defensa heroica y entusiasta en la cual no solo participaron los militares sino también las milicias de voluntarios obreros y estudiantes, la invasión duró casi tanto como el puente de los Munilla: menos de una semana.

Documentos desclasificados muchos años más tarde (5), que incluyen notas manuscritas de Robert Kennedy confirman las hipótesis manejadas por la propia CIA sobre algunas causas del fracaso, en cuanto a la mala comunicación entre las autoridades, las múltiples debilidades del plan contrarevolucionario y principalmente la malísima calidad de la información conseguida por sus espías: “Jamás habría intentado esta operación si hubiese sabido que las fuerzas cubanas eran tan buenas y pelearían tan bien”, escribió Kennedy.

 (1)www.mcm-us.com/about-us/history

(2)www.opensecrets.org/pacs/pacgave2.php?cmte=C00387720&cycle=2016

(3)www.cuba.cu/gobierno/discursos/1960/esp/f060860e.html

(4)www.cia.gov/library/center-for-the-study-of-intelligence/csi-publications/csi-studies/studies/winter98_99/art08.html

(5)http://legacy.wbur.org/2012/10/11/robert-kennedy-paper

 

Por Ismael Acosta

La ONDA digital Nº 854 (Síganos en Twitter y facebook)

 

  

(Síganos en TwitterFacebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA

Las notas aquí firmadas reflejan exclusivamente la opinión de los autores.

Más del Autor: