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Las malas artes de la provocación

Emboscados en la escalera – El gobierno había convocado a la mesa de diálogo, el lunes 19 de febrero en la sede del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, a los representantes de las tradicionales organizaciones patronales del agro y al movimiento de los llamados “autoconvocados”. Estos últimos venían insistiendo, obsesivamente, en su independencia de los partidos políticos de la oposición. Se arrogaban la representación del campo y de los más diversos sectores de la sociedad y por ende de todo el país, mediante un nacionalismo ramplón e intentos coreografiados  para apoderarse del himno y la bandera. Se vienen dedicando a una campaña sistemática de ataque al gobierno frenteamplista, mediante el intransigente todo o nada de sus reivindicaciones, y ahora han sido sorprendidos claramente involucrados en una provocación por el propio Presidente de la República.

En la reunión participaría buena parte de los ministros del gabinete y aunque no hubo un anuncio oficial todo el mundo sabía que el Presidente Tabaré Vázquez, personalmente comprometido con la problemática, impulsor de la soluciones y político dialogante si los hay, se haría presente. Los objetivos se habían fijado con antelación: buscar una segunda serie de medidas para atender a los sectores más afectados, especialmente a los pequeños y medianos productores agropecuarios.

Tampoco era un misterio que quienes organizan y financian tras bambalinas la movilización de los “autoconvocados” y el bloque de sus aliados (los grandes medios de comunicación, los latifundistas arrendadores de tierras, los poderosos intermediarios, rematadores, vendedores de maquinaria, inmobiliarios y todo tipo de patrones oportunistas, caudillejos locales, sectores del transporte de carga, etc.) conscientes de que no son capaces de movilizaciones masivas apelarían a las viejas técnicas de provocación que los poderosos siempre han desencadenado, contra las instituciones republicanas y contra la población, para defender sus intereses.

Sus convocatorias a grandes movilizaciones fracasaron a pesar de haber contado con el respaldo de los dueños de la televisión y las radios, de la mayoría de la prensa y de todo tipo de aparatajes de difusión robótica en las redes sociales, para una campaña de atracción y expectativa por un lado y por otro, especialmente en el abrigado anonimato de las redes, para incitar a la violencia mediante la multiplicación de consignas soeces, insultos, acoso, difamación, uso de fotos trucadas, difusión de rumores catastrofistas y llamados a echar a patadas al gobierno que la mayoría de la población eligió democráticamente y respalda en forma creciente porque este bloque ha mostrado la hilacha: su falta de espíritu de diálogo, el carácter oportunista y manipulador de sus reclamos, el cinismo de sus propósitos y la cobardía de sus métodos.

Se ve la hilacha – Con variantes entre sus diversos sectores, esta gente suele practicar el juego de suma cero, del todo o nada, quieren ganar todo y a cualquier costo. Son insaciables e intransigentes. Apenas por detrás de su plataforma aparece su verdadera propuesta política: el retorno del neoliberalismo salvaje, el ajuste de cuentas con los trabajadores de la ciudad y del campo, los jubilados, los pequeños comerciantes y productores rurales, los maestros, policías, personal de la salud, para volver a la antigua distribución de la riqueza donde el 10% de los uruguayos se apropiaban de más del 60% de la misma.

Todo ello por los medios conocidos: liquidación de los consejos de salarios, persecución a los sindicatos, represión y militarización, mano dura y gatillo fácil. En el espejo del Brasil de Temer y la vorágine de violencia que ese enano y la derecha han desatado, podrán mirarse políticos con poco aceite en el carter como el senador blanco Larrañaga que quiere sacar los tanques a la calle, sus correligionarios, el pituco Lacalle Pou con la cadena perpetua y la senadora Verónica Alonso, la madrina de la castración química. Desde ya cuentan con el riverismo-bordaberrismo perpetrador histórico de las dictaduras del siglo XX en el Uruguay y por sus políticas que han conducido, además, a la virtual extinción del Partido Colorado y al retorno de zombis como Hierro López y otros especímenes que hacen gárgaras con plomo.

En Durazno, donde anunciaban cientos de miles a duras penas alcanzaron unos miles de personas y casi la misma cantidad de vehículos, el pasado 23 de enero. En las “vigilias” que armaron después al borde de las carreteras anunciaban 200 o 300 concentraciones y apenas mantuvieron, a punta de whisky, mate, chorizos y tortas fritas, medio centenar donde los asistentes se contaban por docenas.

¿Qué dice el manual? –  El manual de los provocadores contiene una regla de oro:  el acoso, es decir no darle descanso al adversario o a la presa, perseguirla permanentemente, de día y de noche, con calor o frío, en todos los sitios, en todas las oportunidades. Con ese espíritu venatorio cazaban los humanos primitivos y cazan los lobos y los grandes felinos. La presa puede ser más grande, más poderosa, sus defensas más temibles, su velocidad o su número mayores pero mediante una persecución incesante se la puede agotar. No se trata solamente de corretear sino de morder, de causar heridas, de debilitar, de irritar, de dividir. No se necesita invocar a Sun Tzu (tan citado como poco leído) para saber que ese método gradualista, de acoso y tanteo, de desgaste, de fragmentación, precedió históricamente a las grandes batallas de aniquilamiento y las complementó en todos los tiempos.

Antes y durante los grandes choques entre Ramsés II y los hititas, entre Alejandro y los persas, de Julio César en las Galias o de Federico el Grande o de Napoleón Bonaparte, hubo acoso, reconocimiento, establecimiento y ruptura permanente del contacto. También esto se tradujo en actividades no bélicas pero sangrientas como, por ejemplo, en las corridas de toros y sus picadores, banderilleros y toreros.

Los “manuales de contrainsurgencia” y los especialistas que los han aplicado asi como los movimientos guerrilleros por todo el mundo han practicado este principio del acoso permanente y no corresponde hacer aquí una digresión histórica sino simplemente advertir contra las trasposiciones facilongas y peligrosas que hacen los técnicos de la manipulación, como el asesor  de Macri, el ecuatoriano Durán Barba.

El acoso permanente es una escalada de violencia, que en algún momento deberá involucrar la violencia física, la destrucción del enemigo. No siempre el acosador es más débil y el acosado más fuerte pero siempre existe una asimetría en el despliegue, el desarrollo o la potencialidad de las distintas fortalezas. Por eso mismo los especialistas en contrainsurgencia han desarrollado los llamados golpes “de falsa bandera” que consiste en hacerse pasar por el enemigo para perpetrar crímenes y facilitar acciones.

Los colonialistas británicos, franceses e italianos, entre otros, practicaron estas técnicas en distintos lugares del mundo. Los israelíes los han desarrollado sistemáticamente en el Medio Oriente y como asesores de los paramilitares en África (al servicio de los racistas sudafricanos) y en Colombia con el entrenamiento y dirección de los terroristas paramilitares (las denominadas Autodefensas Unidas de Colombia).

Como suele suceder cuando se sigue este camino no es posible predecir cual será el final y cuando y como tendrá lugar. El acoso como principio básico de la provocación debe tomarse en el sentido propiamente etimológico del término: del latín provocatio, emparentado con ‘promover’ y también con ‘probar’. En segunda acepción, la provocación es un delito que consiste en incitar públicamente a alguien para que cometa una acción delictiva. El tipo de acción, su significado, profundidad o gravedad, depende de las circunstancias complejas que siempre entrañan un grado importante de incertidumbre para todos los actores.

Los franceses, desde el siglo XIX, hablaron de “agente provocador” pero para ellos se trataba de una figura muy específica: un agente policial encubierto que se infiltraba en una movilización o manifestación pacífica para incitar o cometer actos violentos que sirvieran para justificar o provocar la intervención de las fuerzas de choque. Este tipo de agentes provocadores han existido en nuestro país y seguirán existiendo aunque no necesariamente como agentes encubiertos de la policía pero si, seguramente, como agentes encubiertos de determinados operadores que, de ese modo, no quedan en evidencia como autores intelectuales, organizadores o promotores del delito consumado, de la intentona frustrada o de la prueba o tanteo, que de todo eso puede tratarse.

¿Qué sucedió en la puerta del ministerio? –  El lunes 19 de febrero, desde temprano en la mañana, se habían ubicado media docena de señoras de atuendo impecable y disposición típicamente concheta. Era el mismo tipo de damas, tal vez las mismas, envueltas en la bandera nacional y protegiendo su espera con sombrillas, que saludaban la venida de los que llegaban a la convocatoria campestre en Durazno. Además había un grupo pequeño, no más de diez o doce, acompañante de los delegados que habían entrado a la reunión y un gran número de periodistas, movileros y camarógrafos de los canales privados de televisión, de radios y fotógrafos de prensa. Diseminados entre los expectantes se encontraban unos ocho o diez individuos que habrían de tener una participación concreta a la salida del Presidente de la República.

El clima era de “escrache” porque aunque se sabía que se trataba de una reunión técnica, donde el gobierno propondría nuevas medidas para ayudar a los pequeños productores a superar las dificultades reales que enfrentan,  los llamados “autoconvocados”, las gremiales patronales, los grandes medios de comunicación y los voceros de los partidos de oposición ya habían lanzado la consigna de que las medidas que se propondrían serían insuficientes, inadecuadas, inútiles. Lo venían haciendo desde el primer paquete de medidas promovidas por el Poder Ejecutivo que el Parlamento aprobó en 48 horas durante el mes de enero.

Hasta ahí todo estaba dentro de lo que es normal esperar en una democracia plena como la que rige en Uruguay donde ninguno de los agravios sistemáticos ni las campañas mediáticas de descalificación a través de las redes sociales ha sido objeto de censura alguna. Entonces salió el Presidente, acompañado por dos o tres funcionarios, con el estilo abierto y desprevenido que caracteriza a los presidentes de nuestro país en los últimos años.

Nada de guardaespaldas con lentes negros intercomunicados ni caravana de vehículos blindados. Los camarógrafos no podían dejar de filmar y eso permitió que todos los televidentes pudiéramos, en un primer momento, ver casi todo lo que sucedió en pocos minutos. Después, pasado el furor de la primicia, los noticieros de los canales privados editaron a mansalva para concentrarse en las tomas que les parecieron más jugosas y para recortar otras que creían dejaban mal parados a los manifestantes.

Ocho o diez de las personas que esperaban, muy mayoritariamente varones,  que eran claramente identificables como el grupo de “autoconvocados” que acompañaba a los delegados empezó a corear, a voz en cuello, “Uruguay, Uruguay”, que es la manifestación coral de sus consignas más recientes: “todos somos Uruguay” y “un solo Uruguay”. De inmediato, el Presidente que se abría paso lentamente entre quienes le gritaban, levantó las manos y empezó a su vez a corear “Uruguay, Uruguay”. Entonces se produjo algo asombroso, quienes gritaban se callaron inmediatamente y se miraban cariacontecidos. El Presidente los encaró sonriente y les preguntó “¿por qué no gritan? ¿acaso no somos todos Uruguay?”. Silencio total. Luego de esperar unos segundos sin que los coreutas salieran de su ensimismamiento, Tabaré Vázquez les dio la espalda y volvió a dirigirse al auto que le esperaba.

Por su espalda un manifestante empezó a gritarle “nos vemos en las urnas” y el Presidente inmediatamente y siempre sonriente se dio vuelta y replicó “si, nos veremos en las urnas, eso es político, ustedes dicen que el suyo no es un movimiento político pero eso es político y está muy bien”. Cabe señalar que “Nos vemos en las urnas” había sido título de tapa en El Observador – el diario de los Peirano, la rancia derecha neoliberal y una de las puntas de lanza ideológica de la oposición – pocos días antes.

En ese momento empezaron a intervenir los manifestantes que se habían dispersado entre los presentes, a esa altura mayoritariamente periodistas. Increpaban al Presidente con “latiguillos temáticos” e insultos soeces ostensiblemente concertados de antemano para ser lanzados, a los gritos, desde distintos puntos entorno al mandatario.

Tabaré Vázquez, sin perder la calma pero con determinación, volvió sobre sus pasos, evitó dirigirse a los que insultaban y encaró, uno por uno, a media docena de los que lanzaban consignas. Por ejemplo a una señora que le reclamaba a los gritos la eliminación del IRAE (impuesto a la renta de la actividades económicas), le preguntó “¿qué es el IRAE?” ante lo cual la interpelada quedó demudada, como estudiante que se rifó la bolilla. Después de esperar unos instantes y al cerciorarse que no habría respuesta, el Presidente afirmó “bueno, usted no sabe que es el IRAE”. Se dirigió a otro manifestante que vociferaba pidiendo una rebaja de los combustibles porque el precio del petróleo había bajado y la escena se repitió; la pregunta fue “¿a cuánto está el barril de petróleo?” a lo que siguió otro interpelado mudo.

Otro de los vociferantes le gritó en la cara al Presidente reprochándole que no hubiera sido capturado el delincuente que había asesinado a una trabajadora el sábado anterior. El Presidente le reiteró que eso no tenía nada que ver con los problemas del agro y siguió su camino entre la gente. Poco le importaría al gritón que cinco horas después el asesino fuera cercado y capturado por la policía, en el momento su único propósito era hostigar al mandatario.

En el último episodio, el Presidente había subido al auto y un sujeto se aproximó a gritarle mentiroso, entre otros improperios. Entonces el mandatario se bajó, lo encaró y argumentó con él. El sujeto se identificó como colono, es decir concesionario de un predio del Instituto Nacional de Colonización y se quejó de que estaban por desalojarle. El Presidente, sin sonreir, le dijo “yo no soy mentiroso, no me digas mentiroso” y como el presunto colono seguía vociferando, Vázquez le dijo “tu eres un mentiroso”, volvió al auto y cerró la puerta. Fin.

Después de la provocación – Por cierto el episodio del lunes 19 de febrero fue una provocación menor pero no aislada sino parte de un proceso en donde se está apelando a todos los recursos para atacar al gobierno. El problema no está en las críticas, las griterías, el encono e incluso la violencia, que siempre pueden ser parte de la lucha política. Especialmente las primeras deben ser bienvenidas. La provocación es un proceso de falsedad, manipulación, inducción deliberada y acoso a los adversarios que nada respeta y ante nada se detiene, que debe ser denunciado y rechazado como un atentado contra la institucionalidad democrática y las libertades públicas.

La provocación y los mayores crímenes tienen un trasfondo común, la desvalorización o descalificación total de otro ser humano, de su vida en última instancia. Los grandes crímenes de lesa humanidad se basan en privar a los demás de su carácter humano. Por eso la provocación – independientemente de su entidad puntual – no puede ser considerada como un simple truco, una picardía, un recurso admisible por aquello de que “en la guerra todo vale” sino como un delito precedente, como un antecedente por ser la incitación a cometer crímenes mayores. Los organizadores de provocaciones suelen ser autores intelectuales de homicidios y otros delitos graves contra las personas debido a sus campañas de odio, difamación y desprestigio. Incluso, hoy en día, especialistas como el citado Durán Barba se jactan acerca de la eficacia de sus métodos de campaña que han conducido a quienes se les oponen al suicidio.

Que la increpación del Presidente por parte de los manifestantes fue un acto organizado para nada espontáneo quedó al descubierto rápidamente como veremos enseguida. Era un circo mediático del que se esperaba sacar provecho. Si conseguían que el Presidente se retirara abucheado, escupido y cabizbajo como el Dr. Jorge Batlle en el 2002, hubiera sido un éxito para los provocadores; si hubiera sido extraído en medio de un grupo infranqueable de guardaespaldas hubiera sido un éxito para los provocadores. Si el Presidente hubiera perdido los estribos y se hubiera enojado por las invectivas y la falta de respeto hubiera sido un éxito para los provocadores. Si los que se acercaron gritando a la cara del Presidente hubieran sido reducidos, empujados o golpeados por guardaespaldas hubiera sido un éxito para los provocadores.

En otros países donde los magnicidios y atentados contra los mandatarios son o han sido frecuentes, los encargados de la seguridad no pueden facilitar desprevenidamente una aproximación que puede culminar en un puñetazo, una cuchillada, un disparo o una explosión. Se necesitan las agallas y la inteligencia de un Presidente como Tabaré Vázquez para enfrentar con argumentos, con ingenio y con bonhomía, un episodio como el que tuvo lugar el 19 de febrero. El Presidente Vázquez no es impulsivo ni propenso a perder el control de sus actos, de modo que la respuesta que produjo ha de haber sido deliberada y jugada con mano maestra para dejar en evidencia e incluso en ridículo a los provocadores.

Quien en las redes mata en las redes muere – A confesión de parte relevo de pruebas. En la tarde del 19 de febrero se emitieron dos comunicados. Por un lado el movimiento de los “autoconvocados” produjo un comunicado desmarcándose tajantemente de la agresión sufrida por el Presidente, rechazando la violencia y afirmando que los provocadores no tenían nada que ver con los miembros de su organización.

Por su parte, la oficina de prensa de la Presidencia dio a conocer la identidad del último de los provocadores, el que le gritó mentiroso al Presidente y motivó su réplica. El presunto colono es ocupante de tierras del Instituto Nacional de Colonización desde hace una década y deudor contumaz con un proceso de desalojo en desarrollo desde hace cinco años.

Inmediatamente los grandes medios de comunicación empezaron a tratar los comunicados y a recabar opiniones sobre los episodios con un abordaje por lo común sesgado contra el gobierno. El comunicado de los “autoconvocados”, sin firma, se identificaba al pie con la consigna “Un solo Uruguay” y se presentaba como demostración fehaciente de que el movimiento – presuntamente integrado por pacíficos productores apolíticos – no tenía responsabilidad alguna en la provocación.

En cuanto al comunicado de Presidencia fue presentado, inmediatamente, como un “abuso de poder” del Dr. Vázquez, una violación de la privacidad del pobre colono. De hecho, el montaje mediático fue un intento desembozado para justificar la provocación, para explicarla como una explosión espontánea de ira popular y para que, los oportunistas de todo pelaje, aprovecharan para descalificar de antemano las medidas concretas concebidas para ayudar a los productores agropecuarios en problemas, las medidas que fueron el tema central de la reunión.

Como el historiador y politólogo Gerardo Caetano advirtió, tan o más grave que la provocación organizada, fue la alarmante ausencia de una condena unánime y sin medias tintas por parte de los operadores políticos de la oposición y de los representantes de organizaciones sociales. Caetano señaló que no era la primera vez que se producían provocaciones organizadas contra primeros mandatarios uruguayos, inclusive contra el propio Tabaré Vázquez, aunque los presidentes en este país no son “monarcas electos” y si personas asequibles y dialogantes por lo que se estaba atacando a las instituciones democráticas, republicanas, y se atentaba contra la convivencia pacífica.

Lo que los manipuladores ignoraban es que la trama de la provocación quedaría rápidamente al descubierto antes de las 48 horas. Las mentiras tenían patas muy cortas. Para empezar la información sobre el falso colono era pública y no reservada desde que figuraba en las actas del Instituto Nacional de Colonización y sus acciones habían sido denunciadas por los colonos vecinos. El sujeto vive en un ómnibus transformado en casa rodante, ocupa tierras que a su vez arrienda ilegalmente a sus vecinos y se hace pasar como persona de izquierda. En suma, un sujeto aprovechador y carente de hábitos de trabajo como los que son habitualmente reclutados para provocaciones.

La trama quedó expuesta, poco después, en un audio que Álvaro Rivas, vocero de los “autoconvocados”, dirigió por Whatsapp a sus compañeros y desveló que la provocación había sido organizada por ellos y que el comunicado donde rechazaban la violencia y se desvinculaban de la misma había sido una farsa destinada al público. Rivas respondía así a sus cómplices, resentidos porque el comunicado de “Un solo Uruguay” los había dejado expuestos. “Los que nos pegan como un mazazo (sic) no saben que antes de emitir un comunicado hablamos con cada una de la gente involucrada. Se sabe como se fueron dando los acontecimientos pero igual se habló que teníamos que emitir un comunicado duro (eludiendo responsabilidad). No nos peguemos entre nosotros. El comunicado es para afuera, para la prensa, para dar una señal para afuera, para el resto de la sociedad que está involucrada con esto. Razonemos un poquito – siguió diciendo, entre otras cosas, el dirigente – no hay casualidades y el comunicado no es una casualidad y no intenta pegarles con una palo a los compañeros que estaban ahí”.

Pocas horas después trascendió que los “autoconvocados” seguirán su escalada contra el diálogo y las soluciones: no participarán más en las mesas de trabajo con el gobierno. Otro de los dirigentes, Marcelo Nougué, tal vez el que reemplaza al quemado Rivas, relativizó la medida al señalar que no se trata de abandonar la mesa de negociaciones sino de que no participarán hasta que no se traten las medidas que ellos han propuesto: el contradictorio e irresponsable paquete del todo o nada de los grandes patrones.

Las campañas de odio se han potenciado considerablemente en las llamadas redes sociales. Los políticos tuiteros, de los cuales es un ejemplo ridículo y peligroso Donald Trump, tienen muchos émulos nacionales. Los robots y recicladores de basura política, generadores de posverdades campean por doquier. Los pseudo periodistas, los encuestadores que sesgan las preguntas para obtener las respuestas que quieren. Los manipuladores de toda calaña que hoy buscan “descontentos” para un presunto “focus group”, mañana pueden instrumentar sicarios o “chacales” o animar golpistas. Las diferencias son cualitativas pero no hay que olvidar que a los grandes cambios cualitativos se llega por saltos en los cambios de cantidad. El odio y la intolerancia son multiformes, contagiosos, acumulativos y esa espiral debe ser interrumpida sin demora.

 

 

Lic. Fernando Britos V.

La ONDA digital Nº 849 (Síganos en Twitter y facebook)

 

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