Somos distintos

La renuncia de Raúl Sendic elevó la vara a niveles que no están dispuestos a igualar quienes se erigen como jueces y fiscales de todos menos de los propios. Es que, al momento de medir para adentro esa regla cambia y se relativiza al punto de someter a procedimientos jurídicos y/o administrativos la decisión final de llevar o no a la Justicia a quien cometió un delito o una falta fungiendo un cargo con fueros parlamentarios. Eso solo me basta para darme cuenta que somos distintos y que si Sendic cometió errores o hasta algún delito, su renuncia (a todo) lo llevó a un lugar al que no están dispuestos a llegar otros cuyas responsabilidades no están en duda como el caso del diputado Ezquerra, responsable de haber atropellado a una mujer -fracturándole la cadera- mientras conducía bajo los efectos del alcohol.

Es una cuestión de principios, es la ética en la función pública la que rige al momento de hacer frente a este tipo de conductas, y ella no se compra, se aprende y/o enseña con el ejemplo.

Una cuestión de votos
La opinión de los constitucionalistas ante la Comisión de Constitución y Códigos de Diputados confirmó la opinión de la necesidad de votar el desafuero aunque se trate de una falta la cometida por el diputado nacionalista. Y todo parece indicar que finalmente el 7 de noviembre se votaría el desafuero del legislador y este comparecerá ante la Justicia para rendir cuentas de ese acto.

Es previsible que no tenga consecuencias luego, las lesiones ya fueron determinadas como graves y no gravísimas -lo que hubiera permitido a la Justicia actuar de oficio en un caso donde no hubo denuncia del ofendido tampoco- con lo que ya se puede adelantar el resultado.

Lo llamativo es que se haya tenido que llegar a este punto de dirimir la pertinencia o no del desafuero, no por razones legales que deben cumplirse sino porque si primara el sentido ético que tuvo Sendic a la hora de hacer frente a las denuncias en su contra, el diputado nacionalista habría seguido el mismo camino de renunciar a su banca y hacer frente con hidalguía y responsabilidad las consecuencias de un acto condenable que le ocasionó un daño grave a otra persona.

Es cierto que nadie está libre de sufrir o causar un accidente, pero cuando el accidente está condicionado por una acción directa y libérrima de nuestra parte, la responsabilidad aumenta y descarta toda posibilidad aleatoria de suerte o desgracia. Acá el legislador tuvo la libertad de elegir beber alcohol más allá de los límites permitidos para conducir vehículos pero allí debió primar su sentido de la responsabilidad para no conducir su coche y con ello habría evitado lo que pasó después. Y cuando uno ejerce un cargo público la responsabilidad se multiplica y crece, ya no somos responsables solo por nosotros mismos sino por aquellos a quienes representamos y que nos pusieron en ese lugar. Por ello es que si la responsabilidad es mayor, también lo es el compromiso para responder a ese grado, y las consecuencias ante un error también deben ser mayores.

No se aprecia -por lo menos hasta hoy- que exista la intención de renunciar a su banca por parte del diputado, tras el curso de todo este tiempo en que se han dirimido cuestiones jurídicas de pertinencia o no del desafuero.

El tema pasa por ser una cuestión personal que llevó a comprometer al cuerpo con la decisión de solicitar su desafuero. Una movida inteligente -si se puede llamar inteligencia a una acción pensada en proteger los privilegios- pues de ese modo no solo gana tiempo sino que, de aprobarse la suspensión y a estar por cómo se han dirimido los hechos, su caso no pasará de una falta la cual cumplida la sanción que se le imponga volverá a la banca como si nada hubiera ocurrido. En cambio, si su conducta se rigiera por principios éticos como los que aplicó el ex Vice Presidente, su posición sería otra y la concurrencia a los estrados como el más común de los uruguayos habría tenido otro valor.

Con todo esto, ya lleva varios meses el tema dando vueltas en el Parlamento y todo parece indicar que finalmente habrá resolución. Tiempo y dinero invertido en saber si corresponde o no corresponde, cuando -aplicando un valor superior como la ética- ya se habría resuelto con la renuncia del involucrado.

Pero claro, la ética no se vende en las farmacias ni en los supermercados, esa se tiene o no se tiene, según los ejemplos que hayan pasado por nuestras vidas.

el hombre buscaba ética en el diccionario,
el perro ladraba pidiendo un ejemplo…

Por Julio Fernando Gil Díaz – El Perro Gil

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