Cuando el relato es el gol

Héctor Enrique la tocó en corto para Maradona en cancha argentina como tantas veces por partido hacían él y los otros volantes argentinos. Buscaban dársela a Maradona sin demorar y si lo tenían cerca, como en este caso, mejor. Diego la recibió en su cancha e inició el camino del segundo gol a Inglaterra en México 86, el más famoso de la historia de los mundiales por el tendal que dejó gambeteando hasta al golero, pero casi tan famoso como el gol, es el relato del último abrazo del festejo hecho por el propio Diego y luego por todos quienes lo escucharon esa noche en la concentración argentina: Después que llegaron a abrazar a Maradona todos los que estaban más cerca de él en el final de la jugada, llegó Héctor Enrique y le dijo: “¡qué pase que te di, Pelu!”

El chiste lo hizo Enrique, con el chiste inició el cuento, con el cuento se ubicó en la memoria de los futboleros que sin ese relato no recordarían, salvo algunos fanáticos, quién le dio el pase a Maradona, pero el toque corto en cancha propia existió y se lo recuerda asociado a la jugada individual del mayor golazo de la historia de los mundiales.

Ahora imaginemos un instante que por oscuras artes políticas, el video de la jugada sólo hubiese cargado el toque de Héctor Enrique y el último abrazo y el audio, “¡Qué pase que te di, Pelu!”.

Todos nos hubiésemos ido a dormir esa noche del 86 y todas las posteriores, sin haber visto la totalidad de la jugada, seguros de que el toque fue en cortada, al vacío a las espaldas del último defensa inglés o, aún más probable -porque una sentencia repetida mil veces vale más que mil imágenes apenas incipientes- seguros de que Enrique, con un cambio de frente de cuarenta metros en chanfle y con pique hacia atrás, dejó solo a Maradona para que no tuviera más que tocarla para hacer el gol. Y todavía más, según el último comentario de la tele, Maradona lo erró y Argentina perdió el partido. El abrazo fue de consuelo y reproche.

“¡Qué pase que le dio!”, comentaríamos, admirando sin embargo.

Ahí ya estamos en el terreno de lo que hoy se llama la “posverdad”, en el terreno embarrado del manejo mediático e institucional de las elecciones primarias argentinas para las legislativas de octubre.

Los asesores de Macri cargaron primero los resultados que le favorecían a éste, enseguida lo pusieron a bailar en la tele frente a sostenedores de globos de caucho o plástico aluminizado y rodeado de otros globos. Después interrumpieron el escrutinio y ya está: nadie se enteró de que la manipulación de la información constituyó el centro del escenario electoral. A la hora diez, el presidente junto con su equipo realizó su primera alocución pública anunciando su victoria. A esa hora, seis puntos daban ventaja a Esteban Bullrich sobre Cristina Fernández de Kirchner en Provincia de Buenos Aires y desde entonces el proceso se ralentizó al tiempo que la tendencia cambió. Unidad Ciudadana terminó el conteo provisorio a centésimas de Cambiemos.

La oposición denunció la disminución del personal encomendado a la carga de datos -que se redujo a tan sólo el veinte por ciento del personal contratado- y la elección del orden de los distritos cargados -la tercera sección electoral donde el kirchnerismo contó con ventaja a su favor se congeló-. El objetivo político fue la construcción de un imaginario de Cambiemos victorioso en la tapa de los diarios y postergar los resultados hasta el recuento definitivo.

El conteo provisorio cerró a las 6.55 del lunes 14 de agosto con el 95,68% de las mesas escrutadas, con un empate técnico entre los dos grandes antagonistas: Cambiemos y Unidad Ciudadana, con una diferencia final de 6.915 votos -ocho centésimas- a favor del oficialismo y faltaban cargar votos de la tercera sección.

La estrategia para Provincia de Buenos Aires fue la misma utilizada en Santa Fe, donde los resultados no se transmitieron en el orden de costumbre sino que su capital, Rosario, no fue contabilizada hasta el final. El dato fue llamativo, en primer lugar por tratarse de una ciudad de mediana densidad, y en segundo lugar porque durante las primeras horas los resultados pronosticaban un triunfo de Cambiemos y sin embargo el escrutinio final “se daría vuelta” y daría como ganador al Frente Justicialista y a su precandidato a diputado nacional, Agustín Rossi, con un 27,87% frente al 25,13% de Cambiemos.

Rossi acusó al Gobierno de «manipular los datos» de los resultados en las provincias de Buenos Aires y Santa Fe para evitar que en los «diarios saliera ‘ganó Cristina Fernández'».

En política, a veces, el relato es el gol, pero lo cuenten como lo cuenten, si Cristina gana o no Provincia de Buenos Aires, si consigue fuero de Senadora con qué perspectivas para 2019, se define en Octubre. La jugada verdadera empieza en Octubre.

Y encender en Octubre los motores es tradición mundial centenaria.

(continúa)

 

Por José Luis González Olascuaga
Periodista y escritor uruguayo

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