Lo macro está bien. Pero, hay vida más allá…

El Comité de Representantes de la Asociación Latinoamericana de Integración, celebró una sesión extraordinaria (*) para recibir al Presidente Ejecutivo de la CAF – banco de desarrollo de América Latina, Economista de nacionalidad boliviana, Enrique García Rodríguez. Lo que sigue a continuación son los tramos más salientes del discurso del presidente García, recogidos por la Revista La ONDA digital.

“Es muy grato para mí estar nuevamente en esta casa de integración, porque – en realidad – CAF es una institución que, dentro de su misión, uno de los pilares de la misión de CAF es, precisamente, la integración regional. La naturaleza de la institución, es una institución de corte latinoamericano y lo que, quizás, me permitiría resaltar – en primera instancia – es que en la transformación que se hizo de una institución pequeña a una institución de las dimensiones que tiene hoy día, cuidamos un elemento: tener una característica que nos diferencie de los otros multilaterales que hay a nivel global, que son los bancos más tradicionales, llámense el Banco Asiático de Desarrollo, el Banco Mundial, el Banco Interamericano, mi alma mater – a propósito – del Banco Africano. Y esa diferenciación era preguntarnos si era posible construir una institución relevante, manteniendo la membresía de los países exclusivamente emergentes. E hicimos el trabajo. Y por eso me permito destacar el hecho que somos el único banco multilateral de carácter regional – hay subregionales más pequeños, pero regional – que, en esencia, es propiedad de países emergentes, ya que salvo una participación – que es del 3% de capital de España y Portugal – el 97% está en países de América Latina. Entonces, esta es una característica sumamente importante. Porque la agenda de la institución responde a la agenda de la región y es una responsabilidad muy seria, porque el éxito o el fracaso de la institución, depende exclusivamente de nosotros. Este ha sido el contexto. Y hoy en día, en realidad, de los 600 o 700 millones de dólares que aprobábamos hace 20 años, estamos aprobando un promedio de 12.000 millones de dólares en todos los países y con una característica que la gobernabilidad de la institución nos permite, que tenemos un respeto absoluto a las diferencias que puedan existir en la región, en términos de enfoques. Unos tienen mayor énfasis en el sector público, otros en el privado, prioridades, respetando esas situaciones y, sin embargo, pidiendo que haya un rigor adecuado en las operaciones de programas y proyectos que se financian. Esa es un poco la característica.

PRESIDENTE DE CAF

Ahora, en este tema de la región, hay cosas muy positivas y hay señales de preocupación. Y creo que la responsabilidad de instituciones como la que yo presido es, no solamente estar en la complacencia de decir: “¡qué bien lo estamos haciendo!” y que todos pensamos que hemos saltado el bache, sino más bien dar algunas señales sobre los temas que son delicados y que son importantes para el cambio que requiere nuestra región. Al final del día, lo que se busca en el desarrollo, es lograr que la mayoría de los ciudadanos tengan una calidad de vida digna, que estén integrados a la sociedad en una forma equilibrada. Y, para eso, hay que trabajar en todos los frentes – en el frente económico, en el frente financiero, en el frente ambiental, en el frente político – para lograr dichos efectos. Y nosotros pensamos – y voy a comentar un poco más y es lo que voy a decir ahora – que la integración regional no es un lujo, es una necesidad. Y que precisamente, el estar en esta casa, es muy significativo. Porque, como bien lo destacaba Enrique Iglesias, que fue un actor más directo en esto, aquí está el germen de lo que han sido los diversos procesos de integración y es una gran responsabilidad de los gobiernos y de todos nosotros, el poder reconstruir o construir las bases para que esa integración avance en una forma efectiva, para el logro de los objetivos de desarrollo e inserción de América Latina en una forma adecuada, en las nuevas realidades que existen hoy día en el mundo.

Yendo a los temas, ¿cuáles son en nuestra opinión los grandes desafíos? El desafío es cómo América Latina puede tener un patrón de desarrollo que signifique un crecimiento económico, que no puede ser… No sé los que estuvieron presentes en el día de ayer, en el coloquio que tuvimos con Enrique, coincidíamos en que no podemos estar satisfechos con una región que crezca a un promedio del 3%. No podemos estar satisfechos. Se requiere, por lo menos, crecer en forma sostenida al doble de eso. Pero, además, no es cualquier crecimiento. Es un crecimiento que implica otro tipo de calidad. Lo que ha sucedido en estos últimos años – que han sido exitosos para la región – es que una combinación de buenas políticas macro con un factor que no es menor, como el dinamismo de las economías asiáticas – particularmente la china y otras -, han significado que para América Latina – y muy particularmente para Sudamérica – hemos tenido un choque positivo de una magnitud increíble en términos de intercambio y buenos precios en los llamados “commodities”. Esto ha sido un factor muy importante y no menor en el éxito económico que hemos tenido en los últimos años. Y el otro – más reciente – es que, como resultado de la crisis que se planteó en EE.UU. y varios de los países europeos, las políticas monetarias adoptadas en dichos países han significado que las tasas de interés han sido extremadamente bajas, lo cual ha significado – al mismo tiempo – un flujo de recursos de capital hacia América Latina, en condiciones muy favorables. Y eso, realmente, no es un tema que pueda considerarse como permanente, porque en el momento en que se reactive la economía de EE.UU. – que ya está en proceso y, pase lo mismo con Europa – va a haber una reversión en esa política monetaria, con lo cual se va a producir un aumento en las tasas de interés y, consecuentemente, una tendencia a que muchos de esos flujos retornen a los países del centro.

Entonces, viendo cuales son los desafíos principales, nosotros precisamente en el Directorio que tuvimos aquí, en Montevideo anteayer – que el Directorio de CAF no es un Directorio residente, como es el caso del BID o del Banco Mundial, sino que son los propios ministros o gobernadores de Bancos Centrales los que se reúnen unas tres veces al año, en esa sesión -, introduje para la consideración de los ministros, la necesidad que tenemos como región y como institución, el mirar el mundo, no de ayer, sino el mundo que se nos viene mañana. Y, en ese contexto, ver cuales son las estrategias que como región, debemos mantener en todos los planos y, definitivamente, las implicaciones que esta nueva realidad deba tener en instituciones como la que yo presido. Y aquí están algunos de los temas centrales. Y quizás, lo primero, es que – y voy a repetir un poquito lo que en alguna de las respuestas del coloquio de ayer señalé – cuando vamos a América Latina hay una tendencia a compararnos entre nosotros y si lo ponemos de esa manera, evidentemente, con sus altos y bajos, temporalmente, los países tienen crisis, unos u otros y salen de las crisis. En los años que tengo de experiencia, tanto en CAF como en mi vida anterior en el BID o en el gobierno de Bolivia, yo he visto que las crisis vienen y pasa y los países han tenido la virtud de ajustar y arreglar los temas. Pero lo bueno es preguntarse cómo estamos en el mundo y cómo nos comparamos en este mundo. Y claro, aquí, la noticia no es tan buena. Porque si uno mira el peso de América Latina en el mundo, comparándonos – especialmente – con las zonas más dinámicas (que sería el caso de Asia), les doy algunos datos. Por ejemplo, nuestra participación en el PBI mundial ha estado estancada, prácticamente en los últimos 25 años, en un 6 o 7%. Contrariamente a lo que sucede con las economías asiáticas. Otro dato que no es menor, por ejemplo, es el ingreso per cápita de la región, en promedio, comparado con la economía de los EE.UU. en precios de poder de compra, que reflejan mucho más claramente todos los factores importantes, que hace 20 o 25 años representaba el 35% y hoy es el 23 o 24%. Si vamos al comercio, el comercio de la región ha disminuido notablemente en su peso relativo mundial, estamos en el orden del 7% u 8%, comparado con más del doble hace unos años. En términos de inversión, el promedio de la inversión es más o menos del 20%, comparado – por ejemplo – con China, que es del 40%. Claro, no quiere decir que debamos hacer eso, porque invertir tanto significa que uno tiene que ajustar el consumo. Pero digamos que América Latina debe tender a invertir, por lo menos, un 28%, es decir, unos 8 puntos más. Pero aquí viene el otro lado de la moneda, el ahorro, es decir, la capacidad de ahorro que tienen los países en relación a su producto. Y si tomamos el ahorro de las familias, el ahorro de las empresas, el ahorro de los gobiernos, también el promedio es – más o menos – del 20%. Si vamos a la zona de prosperidad más dinámica, el ahorro es el doble. Pero tampoco quiere decir que debamos hacer eso. Lo que estoy tratando de demostrar es que tenemos algunos temas estructurales extremadamente importantes, que debemos buscar como corregir. En cuanto al tema de la productividad – que es otro tema importante -, hemos mejorado, sí. Pero si comparamos con lo que ha sucedido en esa zona del mundo, estamos muy rezagados. Bueno, esto es en el plano más económico.

Pero si vamos al plano de la inclusión social, de la equidad, que – a mi juicio – es, quizás, uno de los temas más sensibles que tiene la región, hemos tenido un gran éxito y hay que felicitar – prácticamente – a todos los gobiernos de la región, a todos los países, dado que en los últimos años ha habido una reducción dramática, sustancial, de los niveles de pobreza. ¡Es espectacular! Pero si vamos al tema de la equidad, o sea, la distribución de la riqueza, lamentablemente ahí – a pesar que se ha mejorado algo, especialmente en los últimos años – la región, nuestra región, lamentablemente, es la que tiene la peor distribución de la riqueza en el mundo. Esto nos lleva a la pregunta que nosotros nos hacíamos al haber preparado – hace tres años – un trabajo de prospectiva que dice: “América Latina 2040”. Y la pregunta es: ¿qué debemos hacer? Una de las conclusiones que sale es que, si queremos llegar a una convergencia con los países “industrializados” en ingresos per cápita, tendríamos que – como dije anteriormente – estar en un promedio de crecimiento económico del 5 al 6%. Es fácil decirlo, pero el asunto es cómo hacerlo. Y eso, además, es un requisito para dar sostenibilidad al éxito que se ha tenido en la reducción de la pobreza y para lograr una distribución mucho más satisfactoria.

Ahí se plantean temas que yo siempre digo: la macro está muy bien y nos felicitamos finalmente por la macro, ¡qué bien lo hacemos! Y los colegas que son ministros de Economía y Finanzas, siempre están contentos, porque la macro está bien. Pero hay vida más allá de la macro. Es decir, en la micro estamos mal, en la actividad social estamos mal y, en el tema ambiental, hemos cometido errores que deben corregirse, pero no estamos tomando suficiente conciencia de las implicaciones que esto tiene.

Entonces aquí, y ya bajando de nivel los temas que consideramos más importantes para una agenda de largo plazo… Bueno, lo primero, es que debe haber una agenda de largo plazo, una agenda consensuada. Porque la responsabilidad de esas agendas, no es exclusivamente de los gobiernos, es una responsabilidad de todos. Es responsabilidad del sector privado, es responsabilidad de los sindicatos, es responsable la sociedad civil que tenga un común denominador en objetivos de largo plazo. Y aquí, tres o cuatro temas que son críticos y luego voy a incidir sobre cómo la institución que presido trata de ayudar en forma más directa y más pragmática. El primero es la educación: educación, educación, educación. Educación en dos matices: lo que es el acceso a una educación adecuada a la gente en la fase inicial, o sea, la primaria, el sector rural, el tema de género. Porque la inequidad que muestran las cifras comienza ahí. El niño que no tiene acceso a una educación en sus primeros seis o siete años, ya de partida está limitado. Segundo, educación para el siglo XXI y no para el siglo XIX. Con todo el cariño y aprecio que tengo por mi profesión de economista y por la de muchos de ustedes abogados, necesitamos menos de esos y necesitamos más gente que esté en tecnología e innovación. Cuando uno entra en China y ve lo que están estudiando y ve lo que se hace y lo comparamos con nosotros, es impresionante. El otro, que es un rezago extremadamente importante, es el de la infraestructura. La región invierte, en promedio, 3% del PBI. Los asiáticos, por ejemplo, el 10%. Hay que duplicar. Eso significa carreteras, puertos, energía, el mantenimiento de obras. Todo esto que requiere un esfuerzo descomunal, es el segundo. El tercero es instituciones. Y hay institucionalidad en términos generales. Y a veces, cuando hablamos de institucionalidad, nos referimos a los gobiernos. No. No son los gobiernos, es todo el aparato del Estado, pero también es el sector privado, los gremios y también los sindicatos. Bueno, esa construcción. Entonces, todo esto y el modelo. Un tema que es crítico y que es preocupante es lo que, a fines de los 50, Don Raúl Prebisch planteó en CEPAL, la preocupación por la dependencia de las materias primas. Hubo en un momento muchas críticas a Don Raúl. Don Raúl fue un hombre sabio en términos del diagnóstico de uno de los problemas que tiene la región. ¿Qué ha pasado en los últimos años? En los últimos años, debido a esta situación tan de bonanza en los mercados de “commodities”, lo que ha sucedido es que hay una reprimarización. Es decir, la proporción de la dependencia de las exportaciones de América Latina, particularmente en Sudamérica. Si quitamos México, inclusive, la situación es mucho más delicada, en términos de la alta concentración en las materias primas. Y eso trae consigo una alta volatilidad, por un lado y, por otro lado, un modelo que no necesariamente es el que va a crear el valor agregado necesario para incorporar a una masa importante de ciudadanos en el aparato productivo y que mejore los salarios y lleve a lo que ha crecido mucho en la región, que es la percepción de un grupo grande de ciudadanos que se sienten en la clase media.

Cuando uno mira las protestas que se dan en varios de nuestros países, donde ha habido prosperidad y reducción de pobreza, es porque el ciudadano ahora tiene demandas que no existían hace unos años y no ve que los servicios, la educación, el transporte, son adecuados. Y esas demandas, que cada vez son más crecientes, sólo van a ser posibles de atender dentro de un equilibrio económico razonable, en la medida que el sector productivo tenga una transformación que esté basada en mayor innovación, mayor tecnología, cadenas productivas que se inserten en el nuevo modelo de transacciones que existen a nivel mundial.

Entonces, en todo esto, viene la pregunta: y, ¿dónde está la integración? Y vuelvo al tema central. Si América Latina no retoma la bandera de la integración, pero de una forma mucho más profunda, los problemas son mayores. Tomemos el caso de la China. En los últimos años, yo he ido más a Beijing que a Nueva York y, eso, algo tiene que ver. Pero veamos, ¿dónde invierte China? ¿Qué compra? Materias primas, recursos naturales. Y eso, desde el punto de vista económico no es bueno, porque hay asimetrías. Pero tampoco desde el punto de vista geopolítico, eventualmente. Entonces, discutiendo en seminarios con los chinos, les dije: ¿por qué no pensar en que muchos de los que han tenido éxito en materia de innovación, en tecnología, viene también de esa inversión a los sectores? Pero aquí viene un problema y el problema es el mercado. Y aquí viene la integración. En la medida que tengamos un proceso de integración en el área que especialmente ALADI maneja tan bien, que es el comercio, podemos tener inversión, ser competitivos y poder penetrar en el mundo, no solamente con las tradicionales exportaciones de las materias primas, que en este momento nos dan mucho rédito. Entonces, ahí es donde nosotros creemos que hay que trabajar, pero yendo a la práctica.

Nosotros, al margen de los altibajos que tiene el proceso de integración, hay que ser francos y realistas, no es el mejor momento de la integración. Hay muchos esquemas, muchísimos, pero la verdad es que no están funcionando. Cada día tenemos más esquemas. Por ejemplo, la Alianza del Pacífico. Muy interesante. ¿Cuánto es el comercio en la Alianza del Pacífico entre los países? El 4%. Si no llegamos a niveles de intercambio, de inversión, de producción, de comercio mayores, es imposible hablar de integración.

Nosotros como CAF, ¿qué hemos hecho? Hemos sido prácticos. Nosotros no podemos interferir en los temas que son más de la jurisdicción de los Ministerios de Comercio, o mismo de la ALADI, pero hemos tomado el tema de la integración física. Y ahí sí se han hecho avances muy importantes, especialmente en el ámbito sudamericano. Lo que originalmente fue el IRSA – el programa de integración y que hoy continúa -, si uno mira lo que es el mapa de América del Sur, puede ver que ha habido progresos muy importantes. Sólo nosotros, hemos sido la principal fuente de financiamiento de infraestructura en América Latina, por encima de los otros multilaterales y en el caso de integración, absolutamente. Nosotros, solamente como CAF, en los últimos 15 años, hemos financiado cerca de 65 proyectos de integración física regional, que representan una inversión de unos 35 o 40 mil millones de dólares, que están ahí. Están en carreteras, están en puentes, están en la parte de energía. Es interesante ver los mapas. Y les voy a citar un par de ejemplos. Voy a tomar un país, Bolivia, que está en el centro de Sudamérica. Si uno mira el mapa de Bolivia de hace 15 años, prácticamente no tenía comunicaciones. Hoy en día, están las conexiones que van Brasil, vía Bolivia, a Chile y a Perú, al sur y al norte. Tomemos el caso de Perú, más recientemente, y tenemos toda la conexión con Brasil, que baja por… Y así sucesivamente. La relación Argentina-Uruguay, todos, Venezuela, la conexión desde Manaos hacia el norte. Todo eso ha sido realizado. Pero no es suficiente.

El otro tema que ha marchado, también, y que es muy importante en la integración, es el desarrollo fronterizo. Hay un gran esfuerzo de programas y proyectos en la frontera, en la que participan muy seriamente los gobernadores de varios de los Estados. Eso en lo que se refiere a Sudamérica. En el caso de Panamá para arriba, yo creo que en este momento se está replanteando fortalecer varios programas como “Plan Puebla Panamá”, todo ese conjunto de iniciativas que es ahora el “Proyecto Mesoamérica”, también está avanzando. No al ritmo que ha avanzado el tema sudamericano, pero precisamente nosotros somos vistos por los países – en el caso de México, Guatemala, Costa Rica y varios de los países que son parte del esquema – como un instrumento. Entonces, hay este tipo de desafíos que, indudablemente, hay que manejar.

Yo diría que el futuro de la integración es clave y nosotros vemos con mucha satisfacción el poder colaborar con ustedes. Porque, realmente, aquí está la casa de la integración en los orígenes y yo creo que eso hay que fortalecerlo y hay que hacer que la ideología de la integración – no como lujo, sino como necesidad – sea expandida, para que los gobernantes y los actores de los sectores productivos, tengan conciencia que América Latina puede ser un jugador mucho más importante si vamos juntos. Si vamos separados, ni Brasil – con la dimensión que tiene – puede jugar solo en las realidades de hoy. Hay un mapa que me gustaría tener para mostrárselos: ¿cómo se ve el impacto en los próximos 15 años en el mundo? El 60% del crecimiento del producto, está visualizado en Asia. América Latina, el 7%, Norte América, el 10%. Entonces, aquí, hay mucho para reflexionar.

Y una palabra final respecto a CAF y nosotros. Como decía la presidenta y “Chacho”: la mayor parte de los países miembros de ALADI son de CAF. Y quiero decirles que estamos en un proceso de incorporar a todos. Por ejemplo, estamos en conversaciones con Cuba para ver de qué manera podemos colaborar en esa materia. Y creo que una de las fortalezas de CAF es la independencia que tiene, tanto financiera, como respecto a la neutralidad. Así que yo quiero nuevamente agradecerles por la atención y les prometo que volveré dentro de un año y medio”.

Por Enrique García Rodríguez
Presidente Ejecutivo de la CAF, en ALADI – Montevideo

La ONDA digital Nº 681 (Síganos en Twitter)

 

(*) La Presidenta del Comité de Representantes de la ALADI, Embajadora Aída Naranjo al darle la bienvenida en nombre de sus pares expresó que es muy grato recibir al Ec. Enrique García, destacando su extraordinario trabajo y rol que tiene la CAF en la región convirtiéndose en la primera organización financiera en el apoyo a sus países miembros.
El Vicecanciller de la República Oriental del Uruguay, Luis Porto, resaltó la importancia de la presencia del titular de la CAF y se refirió a la incertidumbre económica en un mundo bipolar donde surgen revoluciones tecnológicas que serán un gran desafío que generarán grandes cambios económicos.
Por su parte el Secretario General, Carlos Chacho Alvarez, al darle la bienvenida expresó que “Enrique García es uno de los hombres que en ésta década más conocen la realidad estructural de cada uno de los países de América Latina y del conjunto de la región» y destacó como recientemente, en el grupo de los BRICS han tomado como modelo el Banco de la CAF por ser uno de losprincipales Bancos de América del Sur, para la creación de su banco de desarrollo. (Servicio de prensa de ALADI)

 

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