La seguridad privada goza de muy buena salud

Por estos días la muerte de un agente de policía haciendo servicio de vigilancia particular filmado por cámaras de seguridad y reproducida en redes  tuvo una exposición mediática enorme.

Ni las cámaras intimidaron al ladrón, ni el guardia, que terminó muerto.  Aparentemente la recaudación del robo fueron diez mil pesos. 

No me estaría dando una comparación proporcional entre el producto del robo, o sea el bien a proteger y la vida de una persona.

Bombardeados por los índices de aumento del delito, la sociedad asustada  e indignada reclama una y otra vez gestión del Estado para combatir a los delincuentes. El  gobierno, en una lógica de aumentar la eficiencia para que los índices de delito bajen apela a modificaciones de funcionamiento, tecnología y vaya si ha tenido resultados. Las cárceles tienen trece mil presos, más o menos. Un índice que se encuentra entre los más altos del mundo en relación con los habitantes que somos. La incorporación de tecnología, cámaras y drones, ha permitido proceder en el momento mismo en que se producen los delitos, la velocidad de respuesta de la policía es mayor.

No hace mucho se reclamaba que la respuesta policial era tardía. Equipos especializados como el PADO, logran rápidos resultados. O sea, el Ministerio del interior, respondiendo a la escalada delictiva, contrapone  una clara y eficiente escalada represiva. No obstante ello parece que el delito sigue asolando en nuestra sociedad.

En esta dirección solo estaría faltando que la ciencia ficción se volviera realidad.  La película donde Tom Cruise es un policía del futuro que persigue y detiene delincuentes antes que realicen el delito que hipotéticamente iban a realizar podría ser el siguiente paso y la policía te podría detener  a cuenta de futuros delitos.

Parecería ser una especie de acción-reacción de nunca acabar.

Pero en realidad no me quiero detener en esto, me llama si, poderosamente la atención el silencio de toda la sociedad sobre la “seguridad privada”. Pasan inadvertidos, excepto por uniformes que cuidan más la pulcritud, que la seguridad de quien los lleva. Logotipos que realzan el “estar alerta”. Son una alternativa de cuidado complementario, se han expandido enormemente, no cuentan ni de cerca con la enorme infraestructura del Ministerio del Interior. Sin embargo, son protagonistas privilegiados, ya que realizan servicios por los que cobran, nunca están cuestionados, ni interpelados sobre la eficiencia de su gestión.

En realidad desconozco sin son evaluados. Pero la curiosidad mediática e informativa no los alcanza. Son parte del espiral creciente de las medidas que la sociedad toma para “protegerse”, junto con las alarmas, rejas, hasta alambradas de púas. Estoy seguro que es un sector económicamente muy dinámico de la sociedad. Va a parar a manos privadas mucho dinero porque la gente aparentemente “invierte en seguridad”.

No parece ser este el camino para que se revierta el delito, para que nuestra sociedad sea más segura. Si a lo que gasta el Ministerio del Interior le sumara lo que mes a mes la sociedad uruguaya gasta en seguridad privada, rejas y alarmas me imagino que las cifras serían exorbitantes. Pero vuelvo a mi interrogante, que extraño sortilegio produce esta” forma privada de la seguridad” a la que la gente le dedica tanto dinero, con resultados que no conocemos y que la prensa no cuestiona nunca.

Por Walter Martinez
Columnista uruguayo

La ONDA digital Nº 825 Síganos en Twitter y facebook)

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