Ser conscientes que nuestras vidas están en riesgo

Hace poco más de un mes, estábamos esperando la llegada de un nuevo año, cargando al aún no estrenado 2017 de un montón de proyectos, expectativas y deseos que no habían podido ser cumplidos en los trescientos sesenta y cinco días anteriores.

En esa lista imaginaria, el primer lugar de mis expectativas colectivas lo ocupa la 200Xdisminución de la violencia de género. Es que todavía no puedo entender que el año pasado, cada dieciséis días una mujer haya sido brutalmente asesinada por su pareja o ex pareja.

A pesar de la ilusión que genera una nueva vuelta alrededor del sol, los hechos nos han mostrado una dura realidad: las mujeres seguimos siendo las víctimas silenciosas de un sistema patriarcal donde la violencia que el hombre ejerce sobre la mujer se justifica porque la considera un objeto de su pertenencia, a la que puede humillar, desvalorizar, maltratar y agredir física, sexual, sicológica y patrimonialmente, simplemente para demostrar su dominio tan naturalizado.

En treinta y un días del mes de enero tenemos sucesos trágicos que lamentar: cuatro mujeres fueron violentamente asesinadas, en Montevideo y en departamentos del interior del país. Se suma una mujer joven de dieciocho años que está internada grave en un CTI víctima de las heridas ocasionadas por su ex pareja.

Pero también otras hechos han encendido luces de alarma: cinco trabajadores de Cutcsa fueron procesados por explotación sexual infantil, situación que se venía dando desde hace ya algunos años; veinte jugadoras de un reconocido cuadro de fútbol uruguayo denuncian violencia de género de parte de su entrenador a través de una carta pública luego de que pasara más de un mes sin tener noticias de las gestiones realizadas a la interna del Club; el Intendente de Durazno arremete públicamente contra la ley de cuota que exige la incorporación de mujeres en las listas, tratando de “un puñadito” a aquellas mujeres que batallan a favor de la ley a discutirse en los próximos meses, asignándoles además un espacio de dominio sobre el sistema político.

Al mismo tiempo, en otras latitudes, las mujeres también fueron protagonistas de grandes marchas bajo la consigna “porque los derechos de las mujeres son derechos humanos”, contra las políticas del Presidente de Estados Unidos que ya en campaña electoral había deslizado comentarios machistas. La solidaridad mundial hizo que en numerosas ciudades alrededor del globo se alzara la voz en defensa de las mujeres y la población migrante, víctimas seguras de las políticas de Estado de quien ocupará el sillón de la Casa Blanca durante los siguientes cuatro años.

Sin dudas que enero ha sido un mes amargo.
Estos acontecimientos tienen que hacernos reaccionar como sociedad. Hombres y mujeres tenemos que exigir que el feminicidio, tan visible y que nos horroriza cada vez que ocupa las noticias centrales de los medios de prensa, sea tipificado como delito.

Tenemos que ser responsables de la educación de nuestros niños y niñas para que crezcan en condiciones de igualdad, bajo ningún tipo de estereotipo.

Proteger a los adolescentes de noviazgos violentos es sumamente importante para que no se naturalicen los vínculos de poder del varón hacia la mujer. Demandar al sistema político, medidas eficientes para disminuir la violencia de género, con el mismo o mayor énfasis que se ha puesto en otras campañas que han dado buenos resultados.

Y por último, ser conscientes que nuestras vidas están en riesgo. Las vidas de las mujeres están en riesgo. El desafío es gigante pero sin el compromiso cotidiano todos y todas, no hay cambio posible.

 

Por Mariana Felartigas
Edila de la Juta Departamental Montevideo. 
Preside la Comisión de  Legislación y Apelaciones y además integra las comisiones de Equidad y Género y Planeamiento Urbano. 

  

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