Descontentos y desencantos en el 2016

El año 2016 fue un año difícil y complicado, tanto para el mundo desarrollado como para la América Latina. En el mundo desarrollado hay un alto descontento con la globalización imperante y un fuerte desencanto con la política. En EE UU y en Europa hay muy lento crecimiento económico, y especialmente la Unión Europea no ha podido salir de la crisis del 2007 y sigue aplicando ajustes económicos, que afectan económica y socialmente a sus poblaciones. En ambas regiones desarrolladas se manifiestan fuertes regresiones en la distribución del ingreso y los salarios reales permanecen estables durante varias décadas. La concentración del ingreso y altos niveles de desocupación abierta, especialmente de los jóvenes, caracterizan a la zona europea.

En Europa, a ello se agregan elevados procesos inmigratorios provenientes de África y de Medio Oriente, AlbertoCouriel1fruto de problemas económicos y de la absurda continuidad de guerras como la de Siria. Esto profundiza los problemas económicos y políticos del mundo desarrollado y termina manifestándose en descontentos y desencantos de los cuales el Brexit que aleja al Reino Unido de la Unión Europea, el triunfo de Trump en los EE UU, el resultado del plebiscito en Italia y los avances de la extrema derecha en el mundo desarrollado, son sus más claras manifestaciones.

Estas situaciones generan muy fuerte incertidumbre en el plano económico y sobre todo es muy difícil de prever el camino que tomará el nuevo gobierno de los EE UU, por el discurso electoral de Trump y los nombramientos de militares, grandes empresarios privados y políticos de extrema derecha en su conducción. Mientras tanto China se sigue consolidando como nueva potencia mundial con predominio comercial, siendo para la América del Sur un socio fundamental, al transformarse en el primer comprador de las commoditties que venden la mayoría de sus países.

En nuestra región los desencantos y descontentos se manifiestan con la llegada del gobierno de Macri en la Argentina que tuvo resultados económicos muy magros en el 2016, la caída de Dilma Roussef en Brasil, los graves problemas económicos y políticos del gobierno de Maduro en Venezuela, las dificultades y pérdida de imagen de Bachelet en Chile, Evo Morales en Bolivia que perdió un plebiscito para alcanzar una nueva reelección y Correa en Ecuador que no aceptó su reelección. Estos ejemplos marcan dificultades y pérdidas relevantes de la izquierda sudamericana.

Todo ello se manifiesta con retrocesos económicos de la región, fruto especialmente de la caída de los precios internacionales de sus principales productos de exportación basados en recursos naturales. Ni la izquierda ni la derecha aprovecharon de altos precios internacionales del pasado para modificar la estructura de exportaciones y no quedar dependiente de sus recursos naturales, cuyos precios derivaron de la alta demanda de China y la desvalorización del dólar a nivel internacional. Vivimos en el mundo del conocimiento y los países desarrollados exportan rubros de alta y media tecnología, mientras que los países de la América Latina venden especialmente productos primarios, no han integrado cadenas de valor regionales y son muy bajas sus exportaciones de alta y media tecnología.

En la actualidad los gobiernos del Frente Amplio en el Uruguay son los más consolidados, con tres elecciones consecutivas donde se obtienen mayorías parlamentarias. Es la izquierda más fuerte en la América Latina. Pero también en Uruguay surgen descontentos y desencantos. Las distintas encuestas, aunque muy lejos de las elecciones nacionales del 2019, muestran un retroceso del electorado frentista y crítico por el mantenimiento de problemas centrales de la seguridad y de la educación. La pérdida de votantes del FA no van a ningún sector político. El FA podría perder en una futura elección, pero no se vislumbra ningún partido ni líder político con la capacidad mínima suficiente para declararse ganador de una próxima elección. La situación económica mantiene leves ritmos de crecimiento – 2% en el tercer trimestre del 2016 pese a una fuerte caída de la inversión pública- descensos de la desocupación abierta pero con cifras superiores al 7%, y leve mejora de los salarios reales. La derecha y los economistas ortodoxos se preocupan constantemente del déficit fiscal, con las presiones de las calificadoras de riesgo, y de la inflación. El déficit fiscal sigue relativamente alto pero sin afectar ni a la deuda externa ni a la inflación. Ésta se mantiene controlada con cifras de un dígito, que no afectan las posibilidades de futuras inversiones privadas.

En el plano político el Frente Amplio, como organización política, vive momentos difíciles. Hay posibilidades de que para algunos temas no tenga la mayoría parlamentaria, no surge una dirección política con capacidad de debatir e influir en los grandes temas nacionales, pese a los esfuerzos del nuevo presidente de la institución, no tiene fuerza para apoyar al gobierno nacional ni para controlarlo y le falta la necesaria cercanía con la sociedad. Tampoco tiene fuerza para conducir a la bancada parlamentaria en temas donde hay dificultades de unidad. Hay también problemas programáticos que analizaremos en notas futuras.

La oposición política se dedica a la crítica casi destructiva, tanto del gobierno nacional como del propio FA. Pero no tiene ninguna capacidad para generar ideas programáticas para resolver los grandes temas nacionales, máxime cuando el neoliberalismo está en crisis en el mundo al igual que las ideas de derecha.

La sociedad manifiesta sus protestas, sus descontentos, sus desencantos pero siempre de manera muy civilizada, con organizaciones sociales como el PIT CNT con mucha responsabilidad, pese a algunas desviaciones de algunos sindicatos. Hay como una especie de retracción de la sociedad, pero es fundamental que el FA tenga la capacidad de buscar sus causas centrales para elaborar una estrategia muy necesaria con una mirada hacia el 2019.

Por Alberto Couriel
Economista y ex senador

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