China y sus vasallos

¿Tiene razón China cuando pretende derechos sobre Tibet, Sinkiang, Manchuria y las islas del Mar de la China? ¿Y sobre Macao, los fragmentos indios de Ladakh y el norte de jaime150x100la línea McMahon, sobre Mongolia Exterior? Vamos a hacerlo más exótico, ¿sobre Japón, Sumatra, Birmania? ¿Y España? Antes de entrar a estudiar mapas y tratados viejos para cada situación, conviene definir de qué estamos hablando.

Todos hemos oído mil veces que el actual concepto europeo de estado nación es fruto de la paz de Westfalia en 1648, y eso es más o menos así. Básicamente el tratado (o los tratados) reconocía a cada gobierno la soberanía sobre su territorio y sus habitantes y se comprometían mutuamente a respetarla (más o menos). Antes, más bien había monarcas que tenían rentas o dominio sobre distintos feudos. Lo sabemos, pero nos cuesta no usar el concepto de soberanía para interpretar otras realidades.

No es el único caso de confusión conceptual. Por ejemplo, se usa el término de imperios africanos para agrupamientos históricos que no tenían base territorial, de manera que podían superponerse. O, un ejemplo más clásico, los terratenientes ingleses del siglo XVIII, herederos del señorío con derecho a trabajos gratuitos de una comunidad rural, comenzaron a interpretar que eran propietarios en sentido capitalista de tierras comunes e incluso de tierras de sus labradores, por lo que podían impedirles el uso de pasturas o bosques comunes y hasta desalojarlos como si fueran arrendatarios.

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La canalización del río Amarillo y la construcción de terraplenes para controlar sus inundaciones, había permitido, en efecto, una sociedad próspera sobre un territorio extenso. Los chinos del primer milenio antes de nuestra era tenían razones para considerar “bárbaros” a los demás pueblos. Y, como ha sucedido en toda la historia, esos bárbaros nómades no cesaron de intentar el saqueo de sus prósperos vecinos sedentarios. Pero si la Roma clásica intentó solucionar el problema conquistando a los sucesivos pueblos linderos hasta terminar con un imperio inmanejable, China apostó más bien a divulgar su civilización y pacificarlos.

No es que no se hayan expandido. En los últimos siglos antes de nuestra era, debido a las guerras continuas, muchos chinos emigraron hacia el Sur, al valle del río Yangtzé, región que hoy queda más bien al centro de la República Popular China. Unos siglos después, otros debieron internarse en el “Sur Peligroso” o “Nuevo Sur”, hasta el Si Kiang, entrando en tierras ocupadas y tropicales.

Pero el principio general no fue asimilar a los bárbaros ni desplazarlos, sino hacerlos adoptar “La” civilización. Hoy se repite a menudo la aleccionadora historia del general que derrotó una y otra vez a un jefe bárbaro que invadía China y luego lo liberaba recomendándole adoptar la civilización. Finalmente, el hombre lo hizo y se encontró la paz.

La República Popular China hereda a la China imperial. China se llamaba Shen Zhou, la tierra de lo divino. Sus emperadores interpretaban que los dioses les habían enviado a unos gobernantes legendarios que les hicieron conocer sucesivamente el fuego, la vivienda, la agricultura, el regadío, la escritura, la medicina. En suma, la civilización. Los dioses le habían dado a los emperadores siguientes responsabilidad por el tianxia, los cuatro rincones -o zonas- del mundo y los diez mil reinos.

La civilización incluía, por supuesto, rendir vasallaje al emperador y enviarle embajadas con regalos. Aquí había variedad de situaciones. Si el territorio había sido conquistado por alguna excursión expansionista, como las que realizó la dinastía Han (206 a.n.e. – 220), se creaban provincias y se instalaba todo el sistema burocrático de administración. Algunos de esos territorios fueron colonizados por la etnia china -han- hasta asimilar a los lugareños. En otros casos, China se limitaban a exigir vasallaje a los jefes tradicionales algunos de los cuales, a su vez, adoptaban una copia del sistema administrativo chino. Más cerca de nuestro tiempo, las situaciones se multiplicaron. En algunos reinos se estableció un protectorado que reservaba a China el manejo de las relaciones exteriores y a veces se envió a delegados imperiales sin cuya opinión, de hecho no podía tomarse ninguna resolución.

Muchos reyes pedían voluntariamente el vasallaje, porque con él obtenían beneficios, como que se dejara entrar a sus comerciantes. Y, en regiones relativamente lejanas, el solo hecho de ser amigo de China podía intimidar a los vecinos o a quien pretendiera usurpar un trono. China podía otorgar títulos honoríficos a los reyes extranjeros y muy excepcionalmente, concederles una princesa real. Por eso había reinos que insistían en enviar embajadas no solicitadas ni aceptadas, hasta llegar a irritar al Imperio. Está también el caso de Japón, que a finales del siglo XVI invadió Corea -entonces provincia china- en represalia porque le hacían quitado el estatus de estado tributario debido a que acogía piratas. Japón amenazó con invadir la propia China si no se le devolvía el estatus de vasallo.

El historiador Witold Roszinski relativiza el aislamiento comercial de China en distintos períodos, asegurando que los regalos enviados, constituían un comercio en sí, ya que los emperadores devolvían ricos presentes. Otros, más pícaros, notaron que los barcos, además de los tributos traían “lastre” que tenían que esperar autorización para desembarcar y vender. Y luego, claro, volvían a cargar “lastre” (mercaderías chinas).

Aquí es necesario simplificar todas esas situaciones de dependencia, pero puede ayudar la similitud con cómo en los últimos años Beijing ha firmado acuerdos con unos 60 países y organizaciones, declarando la asociación cooperativa, la asociación estratégica, la asociación estratégica integral o la asociación cooperativa estratégica. Toda una escala en que los países pueden ir ascendiendo y obteniendo beneficios de distinto tipo.

Casos concretos
Lo anterior puede ser muy abstracto. Vamos a ver un puñado de episodios ilustrativos.
En 243 Fan Chan, rey de Funan (reino ubicado al sur de Tailandia, Camboya y Vietnam) envió una primera misión a China con objetos de arte, regalos y músicos que fueron bien apreciados. En 503, un sucesor recibió de China el título de General del sur Pacificado y rey de Funan.

En 1129, la región de Kediri, Sumatra, que hasta entonces era provincia de Sri Vijaya, envió una expedición a China que fue aceptada y su rey recibió un título del emperador. Este reconocimiento implicaba un reconocimiento de su independencia y una garantía de seguridad. De hecho pasó a ser la única zona de la isla que podía comerciar con China. Hacia 1225 otra región, Chan-pei pasó a mandar sus propias embajadas. Poco después de 1400, el Emperador ordenó a los tailandeses no molestar a los malayos. Léase, detener su expansión hasta el Sur. Y ahí se dibujó la frontera que aún delmita a esos países.

En Vietnam, se estableció un reino independiente en 196 a.n.e. cuya soberanía nominal fue reconocida por un emperador como feudatario. Pero hacia 111 a.n.e. el reino había sido anexado como provincia China, como parte de la política de anexión de la dinastía Han. El territorio recibió inmigrantes chinos que cambiaron la sociedad; sin embargo, hacia 187 se nombró el primer gobernador nativo. En 618 el país se transformó en un protectorado. En adelante, la situación fue de independencia efectiva, pero hasta 1802, cuando ya estaban por ser acosado por los franceses, los gobernantes enviaban embajadores a Beijing para recibir sus investiduras. En 1945, tras la derrota de Japón, China envió un ejército a Vietnam para reivindicar su soberanía, que se retiró a instancias de los ingleses que habían mandado otro para desarmar a los japoneses. Luego de la guerra con los EE.UU., en 1975, China libró -y perdió- una breve guerra contra Vietnam y, si bien reconoce su independencia, no acepta la soberanía vietnamita sobre las islas que hay frente a sus costas.

Un caso interesante es el Champa, el reino de los Cham, ubicado más o menos en Vietnam del Sur. En 340 su rey envió una embajada con una carta “en caracteres bárbaros” (indios) que pidió que la frontera se fijara en el puerto de Anam, lo que le fue concedido; pero pocos años después, los vietnamitas le había vuelto a conquistar territorio. En 484 el rey de Funan envió una carta al emperador recordando cómo su reino se había amoldado a la civilización y, veladamente, le pedía ayuda contra Champa. El emperador respondió que había adoptado la civilización hacía muy poco tiempo y que era política imperial atraer a los pueblos distantes demostrándoles la superioridad de la cultura y las virtudes chinas, y no someterlos por la fuerza. Champa siguió en un juego peligroso de luchar contra los vietnamitas -en general perdiendo- y enviar tributos a China. A veces, Champa era tributario al mismo tiempo de A-nam y de China. Cuando los mongoles conquistan China, Kublai Kan pretendía que todos los tributarios aceptaran gobernadores mongoles. Es famosa la desastrosa invasión marítima mogola a Champa, que en seguida de la victoria mandó una embajada confirmando su vasallaje.

China no conquistó a Mongolia ni Manchuria, sino al revés. Los mongoles quedaron independientes cuando fue derrocada su dinastía, pero los Ming y los Manchúes atendieron con celo sus movimientos tribales. Tibet había convertido a los mongoles a su versión del budismo, de manera que entraron en el radar de Beijing. En 1717, por rivalidades, uno de los estados mongoles, los oirates, invadieron Tibet y el emperador intervino para impedir la consolidación de un gran reino en su frontera. Desde entonces, junto al Dalai y el Panchen Lama habría dos ambanes o veedores manchúes. Los chinos se reservaban las relaciones extranjeras y el derecho a revalidar la elección de los cargos religiosos -o sea, el “reconocimiento” de las reencarnaciones.

En 1301 Champa invadió A-nam para saquearla. Al año siguiente envió una carta al emperador asegurando que los agresores habían sido los vietnamitas y pidiendo pertrechos militares, músicos e instrumentos musicales. En respuesta el emperador insistió en que hicieran la paz, se negó a enviar armas y en cuanto a los músicos, dijo que era inútil, puesto que el idioma en que cantaban y los sonidos que hacían no los conocían los cham. Es decir, los trató de incivilizados.

Ejemplos de tierra firme
Los ejemplos anteriores son de países muy al sur, porque queda más clara la relación. Buena parte del oeste de China son zonas conquistadas. China no conquistó a Mongolia ni Manchuria, sino al revés. Los mongoles quedaron independientes cuando fue derrocada su dinastía, pero los Ming y los Manchúes atendieron con celo sus movimientos tribales. Tibet había convertido a los mongoles a su versión del budismo, de manera que entraron en el radar de Beijing. En 1717, por rivalidades, uno de los estados mongoles, los oirates, invadieron Tibet y el emperador intervino para impedir la consolidación de un gran reino en su frontera. Desde entonces, junto al Dalai y el Panchen Lama habría dos ambanes o veedores manchúes. Los chinos se reservaban las relaciones extranjeras y el derecho a revalidar la elección de los cargos religiosos -o sea, el “reconocimiento” de las reencarnaciones-. Esa prerrogativa la reivindica hasta hoy el gobierno comunista chino. En la década de 1890 Gran Bretaña se vio confundida sobre con quién convenir los límites de la India, ya que chinos y tibetanos se desautorizaban mutuamente. Si directamente no conquistó Tibet y reconoció la soberanía China, fue por el acuerdo anglo-ruso de 1907 en el que ambas potencias limaron sus tensiones -y pretensiones- en el Extremo Orienta en vistas a la inminente guerra europea en la que serían aliados. Sin embargo, la descomposición del imperio Chino hizo que sus contactos con Tibet fueran mínimos durante los siguientes cuarenta años.

El llamado Turquestán Chino -básicamente Xinkiang-, fue ocupado en varias etapas.
En cuanto a Mongolia, en la región llamada Interior, se asentó población china y se terminó creando una administración china. En cuanto a la Exterior, en 1911 declaró su independencia coincidiendo con la caída de la última dinastía china y pidió protección al zar. Luego de la Revolución del 17, la Guerra Civil rusa llegó a esa nación de la mano de tropas blancas perseguidas por el ejército Rojo. Pero en 1924 el comisario soviético de asuntos internacionales emitió una curiosa declaración que decía: “Reconocemos a la República Popular de Mongolia como parte de la República China, pero también reconocemos su autonomía en el sentido de que no solo consideramos que es independiente de China en sus asuntos internos, sino que es capaz de llevar a cabo independientemente su política exterior.”

Ningún reino fue muy cumplidor con el envío anual de tributos y varias veces China envió flotas para recaudar tributos atrasados. Así y todo, los anales chinos tienen minucioso registro de las embajadas recibidas y las solicitudes de vasallaje. Ahí, pueden encontrarse lugares insospechados, como Bagdad y algunas potencias europeas como España y Portugal, Holanda y Gran Bretaña, que firmaban lo que fuera preciso para abrir el comercio.

 

Por Jaime Secco
periodista uruguayo
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