Jean-Marie Le Pen en el laberinto europeo

La primera evidencia que las agencias «occidentales» sustraen a la información y análisis de las europeas en Francia, es la consolidación del Frente de Izquierda que había nacido como cuarta fuerza política en 2012, con el 11% de los votos. Jean Luc Mélenchon, con su Frente de Izquierda, había luego caído en las municipales para recuperarse en parte y llegar al 7% del electorado en éstas (finalmente 6,3). Mantener esa fuerza política real dos años después significa que no es flor de un día, pero las agencias escamotean el dato cubriéndolo con la derrota de Francois Hollande a manos de Marine Le Pen.

«Con el 30% del electorado francés, la extrema derecha se convirtió en la primera fuerza política de Francia» dicen y es verdad y es lo más relevante, pero no es verdad que porque haya perdido un Partido Socialista indigno de su historia decimonónica y de Jean Jaurés, perdió la izquierda. Perdieron un Presidente y un Primer Ministro que están haciendo todo lo contrario a lo que dijo el PSF que haría en el gobierno. Mélenchon, en cambio, con sus referencias al ALBA y a la CELAC, con su apertura a las mil rutas de la seda para un siglo en el que Eurasia pueda ser otro protagonista, se proyecta como la alternativa al ya viejísimo fraude de la «socialdemocracia» viejoeuropea, para enfrentar al fascismo de Marine y Jean Marie, con algo distinto a seguir los dictados de Estados Unidos y de la Troika.

joselo-olascuaga

Después de todo, la primera mayoría del electorado francés votó por Le Pen, por Vicky, por Hitler, por las svásticas en los cementerios judíos y a las entradas de los barrios árabes, sudacas, esteurpeos… con un discurso antiyanqui completamente falso. Sin Estado Unidos, sin la UE y sin la OTAN, con su reclamada «soberanía francesa», ¿qué acto terrorista contra los pueblos del mundo puede perpetrar Le Pen que ya no hayan perpetrado Hollande, Sarkozy (los grandes derrotados del domingo; Sarkosy perdió 10 eurodiputados y aún así el PSF quedó por detrás de él, como tercera fuerza -el gobierno del PS y sus aliados no llegó al 24%- y antecesores? ¿Pulverizar Trípoli, Bagdad, Belgrado… llevar la guerra a todo lugar donde sea posible? Ya lo hicieron. ¿Armar y financiar a los nazis en Ucrania? Ya está. Hace bien el portal Adinet de la empresa presidida por Carolina Cosse en no destacar el cable de AFP sobre las europeas en Francia. Lo único realmente nuevo -la proyección de Mélenchon como alternativa al centroderechista PSF- no aparece en la «noticia». Tampoco en la de El País de Madrid. ¿Por qué?

Porque además, la mayor derrota de Hollande no fue ante Le Pen. Fue ante Pablo Iglesias y Willy Meyer en España. Ésa es la que le duele por adversario e importa un cambio a fondo -que puede traducirse al francés-, con la irrupción de la izquierda como opción de gobierno y de poder: Se cae el bipartidismo PP-PSOE (cayó del 42,05 en las anteriores al 49,07 en éstas), con mayor estrépito del llamado Partido Socialista Obrero Español, que pagó, aparte de sus derechazos, los de su homónimo francés.

Los pitucos vascos y los españoles africanos
No Arnaldo Otegui, entre miles de otros euskaldunes, que se considera tan indígena como su respetado Evo, pero los vascos pitucos dicen que Europa termina en el Ebro. «De aquí para abajo, es África».

¡Territorio irredento si los hay!

En todo caso, España, lo mismo que Grecia con el triunfo de Syriza (¿será Grecia cartaginesa?), rompió el mapa europeo de avances neofascistas o neonazis (iridiscente, como hemos visto, en Francia; brutal en Inglaterra; más tenue en Alemania, nítido en Holanda, en Dinamarca… indiferente en la Europa central y oriental de enorme abstención), para colocar a la izquierda como opción de gobierno y de poder en el Estado español, cual Syriza en el griego.

A la subida de Izquierda Unida (Meyer), de Esquerra Republicana Catalana, así como de grupos de izquierda más pequeños, a los resultados aceptables de la izquierda vasca, de la gallega, a que el bloque CIU-PNV mantuvo sus escaños, se suma que Podemos, de Pablo Iglesias, se ha ubicado como cuarta fuerza política, detrás de IU y ambos tienen vocación unitaria para las generales.

El discurso de Iglesias también remite a América Latina como referente y comprende la categoría política «pueblo», como nunca la había leído comprendida por un dirigente español verdaderamente popular. ¡Por fin! Tiene por principio ganar y espero que en su política de alianzas sepa incluir también a todos los nacionalismos democráticos, por «periféricos» que los nombren.

La cuestión catalana
Entre los «periféricos» nada menos que los Catalanes en pleno planteo de proceso soberanista, como señala Jesús Sánchez Rodríguez: «El tercer factor originado en estas elecciones europeas y que ha provocado el pequeño terremoto del que hablamos ha tenido lugar en un territorio concreto, en Cataluña (…). En primer lugar, en Cataluña la participación en las elecciones ha sido un 10% superior a la registrada en 2009 y, en segundo lugar, los resultados han reflejado el contencioso por el derecho a decidir. Así el partido gobernante, CiU, que ha aplicado una política de austeridad similar a la del PP en el resto de España, sin embargo apenas ha sufrido un ligero desgaste del 0,65%, aunque ha sido desbancado por ERC que ha triplicado el número de votos y se ha convertido en la fuerza más votada en Cataluña. La izquierda, ICV-EUiA, que también apoya el derecho a decidir y ha combatido las medidas de austeridad ha duplicado sus apoyos hasta el 10,3%. Estos resultados, especialmente el de ERC (la izquierda republicana catalana), sin duda que servirán para reforzar la voluntad en Cataluña de celebrar el referéndum en noviembre próximo, en contra de la posición del gobierno y el parlamento español».

Estos cambios no disuenan de las perspectivas de España o de Europa en el mundo, porque la cuestión de fondo es que, cuando Le Pen echa la culpa a los extranjeros y dice que Francia se arreglaría en tres semanas con un brote de ébola entre los inmigrantes (Huffington Post), suena tremendo pero tiene su lado razonable:

El problema no es Francia. Es ese maldito extranjero Lula que impidió que la crisis de 2008 bajara a América Latina (y avisó que lo impediría, ¡qué tupé!), son esos malditos chinos que deslocalizan los capitales inversores, los indios que les siguen la onda, los negros sudafricanos que nadie sabe por qué mierda siguen votando al CNA (una nota interesante al respecto: (Rebelión) y, por supuesto, el villano del mes y quizás del año: Vladimir Putin.

Las previsiones de marx
Algunos piensan que, respecto a Europa, Carlos Marx equivocó el diagnóstico, pero no fue así.

El más reciente homenaje que la historia ha hecho a Marx es el crecimiento del BRICS, porque confirma otra de sus previsiones fundamentales, el desarrollo de las fuerzas productivas una vez que se destraban relaciones de producción opresivas y en la historia del BRICS ya está confirmada otra: que la violencia revolucionaria es la partera de la historia (Lenin, Mao, Mandela, que procuraron todos medios no violentos antes de tener que empuñar las armas; Gandhi con su huelga general, a la que Marx consideraba violencia; los libertadores de la primera independencia latinoamericana, a los que Marx, desde su Berlín, su París, su Bruselas y su Londres, no logró entender).

Que por estas dos previsiones fundamentales, hayan errado de momento otras subsidiarias, al no haberle alcanzado la vida a Marx para comprobar y analizar a fondo la fase imperialista de la concentración del capital financiero, no sólo no las invalida sino que señala lo asombroso y brillante de que precisamente las determinantes sean las acertadas.

Marx llegó a vislumbrar que en Rusia se daría una primera revolución excepcional, sin considerar que acontecerían quiebres en eslabones débiles de una fase terminal del capitalismo, fase a cuyo desarrollo no asistió su teoría -él preveía que, por lo general, sería en los países colonialistas, en la Vieja Europa, donde avanzaría la izquierda (en el siglo XIX así fue) en tanto que en los coloniales y con resabios feudales, éstos trababan el desarrollo de las fuerzas productivas, desarrollo que liberaría el modo capitalista-.

Sin embargo, este modo o modernización capitalista, llegó en los BRICS (+Vietnam, + otros), sin dominar, tras procesos de liberaciones nacionales ante las trabas del comercio desigual, el comercio de deuda perversa, el factor militar (porque ambos comercios -el de fijación de precios y exclusividades tecnológicas por las metrópolis, que hoy están dejando de definir incluso monedas de reserva excluyentes y el de deuda- fueron apuntalados a cañoneras, marines, portaaviones, bombarderos o drones, según el siglo) y el ideológico, el actual neoliberalismo, en prolongada «guerra de trincheras (Gramsci)» contra bloques de poder e históricos, democráticos avanzados, convergentes contra el imperialismo.

(El antiimperialismo es la única medida concreta del anticapitalismo y en él se mide la dirección -o, en su imposibilidad, la hegemonía- popular).

¿Cómo puede Europa subirse al carro de las actuales tendencias mundiales?

Abriéndose a América Latina desde España, también desde Grecia, pero trabajando con Mélechon y con la izquierda alemana (que también mantuvo su fuerza real) y con el Paritdo Democrático de Italia, que salió airoso y puede abrevar en aquella contemplación berlingüeriana de contrapesos, por un siglo que contenga a Eurasia como otro de sus protagonistas. La geopolítica volvería así, como tras la caída del colonialismo (con los planes Marshall y el estatus de parapeto de guerra fría), a salvar a Europa de los mil años de desaparición que siguieron, por ejemplo, al ocaso del imperio romano hasta la constitución de Italia.

Probablemente una Europa conversa a la izquierda resulte en la previsión culminante de Marx, si se supera el dilema «socialismo o barbarie»: que el desarrollo de las fuerzas productivas sea tan abundante en bienes que permita la fórmula «a cada cual según su capacidad, de cada cual según su necesidad», aunque hoy, el 25% promedio de voto xenófobo, a la extrema derecha, haga temer la barbarie.

Por Joselo Olascuaga
De su blog “la piedra en el charco

La ONDA digital Nº 674

 

Más del Autor: