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La ola cambia de signo

El año 2016, bicentenario de la independencia argentina, puede simbólicamente ser en el futuro, recordado como el punto de inflexión de un ciclo que se sostuvo en América Latina durante largo tiempo. En efecto, en las últimas décadas los movimientos populistas protagonizaron la marcha de esta porción del continente, y en todos los casos en que han ocurrido las mutaciones en el poder, han sido por el escaso éxito, o por decirlo más crudamente, por el fracaso de sus políticas.

A despecho de haber desaprovechado lo que muchos analistas han calificado como la década de oro para los países emergentes, aquella transcurrida en el inicio del siglo XXI, donde todas las condiciones globales “conspiraban” hacia el éxito de estos países: precios inimaginados en commodities, afluencia vertiginosa de capitales, casi nulas tasas de interés internacional, y la tracción de demanda del fenómeno chino, que aparentaba succionar cuanta oferta de bienes se presentaba en el mundo, entre otros factores.

Todo ello brindaba a los países en desarrollo, la mayoría de América Pablo-Broder-EconomistaLatina, un marco de posibilidades que, dada su extensa duración, hubieran permitido, en base a políticas tendientes a generar en sus áreas procesos de genuino desarrollo sustentable, el despegue tan ansiado hacia el fortalecimiento solvente de sus economías.

Algunos países del continente tomaron debida cuenta de esta oportunidad. Otros en cambio, optaron por procesos que privilegiaban el distribucionismo en lugar de la sana inversión reproductiva, aquella que una vez afirmada permite mantener sustentablemente y en forma duradera los procesos de elevación del nivel de vida de las mayorías mejorando la equidad social.

Así también, en algunos de los regímenes populistas que salen de escena, se mezclan junto a las malas políticas públicas fenómenos de corrupción y/o de impericia en el manejo de la cosa pública, tal que tarde o temprano determinan que sus respectivos pueblos, con la fuerza de la voluntad popular, obliguen al cambio.

Ocurrió a fines del año 2015 en la Argentina, donde más de una década dominada por un régimen que deterioró no sólo las bases económicas del país, sino que produjo entre otros efectos, una profunda división en la sociedad argentina (el “ellos “ o “nosotros”), introduciéndose a estos efectos en los distintos estamentos e instituciones, vio su revés en las urnas, y tuvo de abandonar el poder a la par que simultáneamente empezaron a emerger incontables denuncias y evidencias de una corrupción, en algunos casos casi desembozada y torpe, como si quienes eran sus protagonistas hubieran tenido una sensación de eterna impunidad.

Y en el año 2016 a la par que el sector moderado peruano le dio el triunfo a su candidato (aun cuando ajustadísimo) evitando la reaparición de un modelo perimido, los sucesos que se han producido y son noticias al momento de redactar estas líneas, conmueven profundamente la estructura política de esta parte del mundo, algunos de ellos como el caso de Venezuela, advirtiendo el final de un ocaso que inevitablemente se debería producir para alivio del pueblo venezolano que està atravesando una de las peores épocas de su historia.

A su vez, reiterando lo ocurrido con otro presidente (Collor de Melo), la democracia brasileña ha destituido a su presidente.

Brasil

En un polémico juicio político por manipulación de las cuentas públicas, el Senado , con el voto de 61 de los 81 senadores, destituyó a la ahora ex presidente Dilma Rousseff , cuya gestión dejó un país en recesión y con altos índices de desempleo e inflación. El PBI se contrajo un 3,8% el año 2015 y la perspectiva para 2016 es de una caída del 3,2%; la inflación superó el 10%; el desempleo trepó al 11% y ya afecta a más de 11 millones de brasileños. (1)

Venezuela
Cientos de miles de venezolanos, se desperdigaron en las tres avenidas elegidas para la llamada «Toma de Caracas». (2)
Hubo mareas incesantes de gente que accedía desde todos lados, incluidas las zonas más populares de la ciudad. Entre todos ellos destacaban los llegados desde el interior del país, pese a los obstáculos y la intimidación oficialista que se agudizaron durante la noche y la madrugada previas.

La marcha, convocada para reclamar que se acelere la celebración del referéndum revocatorio contra Maduro, superó las expectativas de los organizadores, quienes calcularon la asistencia entre 450.000 personas y un millón.

La oposición necesitaba demostrar en la calle su aplastante victoria en las elecciones parlamentarias de diciembre pasado y también recoger el rechazo generalizado que suscita la figura de Nicolás Maduro (el 65% votaría hoy por su salida del Palacio de Miraflores, según la última encuesta de la consultora Delphos).

Los miles de opositores que desde los cuatro puntos cardinales del país llegaron hasta la capital tuvieron que soportar un verdadero calvario: túneles cerrados, rutas cortadas, colectivos atacados a pedradas y a tiros, manifestantes reprimidos con gases lacrimógenos y perdigones. La maquinaria estatal para impedir la demostración.

Razones no le faltan a las protestas. Venezuela ostenta en general los últimos puestos en casi todas las estadísticas continentales.

Según la consultora Latinbaròmetro la expectativa social es de las más sombrías del continente; registra uno de los niveles más bajos de satisfacción con la economía en la región, con sólo el 7% de respuestas positivas; en las expectativas de progreso como país también está en los últimos puestos del sondeo, sólo superado por Brasil (4%); la mayoría de los venezolanos (72%) afirma no haber tenido suficiente comida «algunas veces» o «seguido» en los últimos 12 meses; el 48% de los encuestados señaló que ellos mismos o algún pariente fueron asaltados en el último año; es el nivel más alto en la región. (3)

Y en la Argentina….
Mientras que el Presidente Macri asiste en China junto a sus pares a la reunión del G-20, (el selecto grupo de las veinte naciones más evolucionadas), esta oportunidad lo hace ya festejando que la Argentina será presentada para presidir en el año 2018 la reunión anual.

Este reconocimiento, uno más de los varios que la comunidad internacional ha prodigado a la Argentina a partir del cambio de gobierno, se contrapone con una realidad distinta, hostigada y crispada por movilizaciones callejeras que afectan, además del Gobierno, al ciudadano común.

En momentos de redactar estas líneas, cientos de manifestantes colapsaron la ciudad de Buenos Aires, con cortes en diferentes accesos de ingreso, a la espera de las columnas que integran la denominada “Marcha Federal contra el tarifazo, los despidos y el ajuste», convocada por las dos centrales obreras que no integran la CGT unificada, y varios movimientos sociales.

Asimismo, se registraron bloqueos en los accesos a la zona de Puerto Madero, la más moderna de la ciudad, en tanto se producían cortes y piquetes en diversos puntos de la ciudad.

Esta movilización, se complementa además con un nuevo paro de docentes, médicos bonaerenses, y obreros y empleados telefónicos, entre otros.

Por fuera del objetivo político de estas acciones, uno de los lemas esgrimidos era reclamar “trabajo genuino” y por otro lado, rechazo al ajuste tarifario emprendido por el Gobierno, ajuste este compensado por subsidios del Estado que llevaron al paroxismo el déficit fiscal en la década kirchnerista.

A pesar de sus logros iniciales (eliminación o rebaja de retenciones a las exportaciones, normalización cambiaria, arreglo con los holdhouts, salida del default, baja del riesgo país, eliminación de cepos cambiarios y comerciales, etc) resulta indudable que el manejo desafortunado o poco exitoso del ajuste tarifario por parte del Gobierno, y su parco estilo comunicacional ha generado un retroceso en la muy buena imagen que gozaba al momento de su asunción.

En este contexto poco ayudan los datos de la economía del primer semestre, proporcionados por un Instituto nacional de estadísticas y censos normalizado, que muestran en su comparación con el año 2015 cifras poco exitosas.

Caída de la actividad económica
Según datos oficiales, dos sectores vitales de la economía sufrieron caídas muy significativas: la actividad industrial cayó en julio un 7,9% respecto del mismo mes de 2015, mientras que la construcción sufrió un desplome del 23,1% en igual período. (4)

A su vez, el Estimador Mensual Industrial (EMI) muestra que en el acumulado de los primeros siete meses del año la actividad fabril cayó 4%. De esta manera, julio es hasta el momento el mes de caída interanual más pronunciada del año.

En cuanto a expectativas, el informe también incluye la Encuesta Cualitativa Industrial, que reflejó que las empresas del sector prevén para el tercer trimestre del año un ritmo estable de la demanda interna (53,7% de los encuestados), en tanto que el 29,8% anticipa una baja y el 16,5%, un aumento.

Como viene sucediendo desde que empezó a normalizarse la producción de estadísticas oficiales, los datos del Indec prácticamente coinciden con los relevados por la muy reconocida consultora FIEL quien informó que el índice de producción industrial (IPI) que releva desde hace décadas cayó en julio un 7,4% en relación a igual mes del año anterior, y acumuló en siete meses una baja del 4,3%. No obstante, un dato alentador es que el indicador marca un crecimiento en julio de 2,3% sobre el mes anterior en su medición desestacionalizada, y ésta fue «la primera recuperación en los últimos cinco meses”.

Respecto al desempeño de la construcción, otro poderoso sector de la economía por su formidable poder multiplicador hacia diversos rubros industriales, el Indec reflejó la caída ya señalada del 23,1% interanual en julio, la baja más fuerte desde agosto de 2002, cuando había descendido 26,7%, mientras que el acumulado de los primeros siete meses del año marcó un retroceso de 14,1%.

Los datos también dieron cuenta de que en junio la cantidad de puestos de trabajo registrados en el sector retrocedió 15,7% frente a igual mes del año pasado.

En relación con la capacidad expansiva de la construcción, frente a estas bajas los datos del consumo de sus insumos en julio muestran, con relación a igual mes del año anterior, descensos de entre 31 y 41 %. A su vez, las ventas de combustibles dan muestra en el mismo sentido. Si bien entre enero y junio 2016, las ventas cayeron 3,51%, el dato que mejor muestra la baja en el nivel de actividad lo registró el gasoil, producto directamente relacionado con el mundo del trabajo, que se desplomó 12,43%.

Las perspectivas
El cambio de gobierno en Brasil podría ayudar a que la mayor economía sudamericana se recupere y contribuya a mejorar las perspectivas económicas de la Argentina. Se estima que por lo menos 0,5% de la caída del PBI local se explica por la recesión brasileña. Desde 2001 las exportaciones argentinas a Brasil se redujeron a la mitad. (4)

Es de prever que el cambio de gobierno coincide con el final de ese deterioro. El real dejó de devaluarse y, al revés, recuperó fuerza. Desde comienzos de año la paridad con el dólar pasó de 4 reales a 3,20. La inflación, que había llegado al 11%, se iría a estabilizar en 7,5%. El mineral de hierro, que es el principal commodity que exporta Brasil, está recobrando su valor. La actividad industrial, desestacionalizada, creció 4% desde el piso de la recesión. Las estimaciones señalan que este año la retracción del PBI no superará el 3% y que el año 2017 crecerá 1,5%.

Por su parte, la inflación argentina da muestras de ir desacelerándose, y el proceso recesivo estaría tocando fondo. Los indicadores actuales de la economía deberían ser los peores del año, avizorando una recuperación basada en una mas laxa política fiscal, aumentos a la clase pasiva y a ciertos sectores en los salarios reales,. a la vez que varias consultoras estiman que tanto la inversión, como el consumo y las exportaciones comiencen un sendero de recuperación, estimando un incremento del PBI para el año 2017, del 3 al 4%, pero cuyas consecuencias sólo se harían mas visibles a partir del segundo trimestre.

La difícil realidad vigente, las dificultades que el tránsito de un régimen que no se resigna a abandonar el poder, hacia otro con intenciones de convivir con un estado de derecho y transparencia, descartando la demagogia, por ejemplo, de las insoportables cadenas nacionales casi diarias de hace menos de un año, son el marco en el que la vida económica del país intenta deslizarse hacia un mejor sendero. Y en tal sentido, no resulta ocioso rescatar algunas premisas fundamentales: 1) no existe contradicción entre mercado interno y mercado externo. Ambos son los brazos de una virtuosa pinza para posibilitar el desarrollo. 2) No hay contradicción entre campo e industria. A los mismos efectos ambos se necesitan mutuamente. 3) Para que exista un proceso de desarrollo sustentable, es imprescindible incentivar en forma acelerada la inversión reproductiva, aquella que exige universalmente como condición la vigencia del Estado de Derecho, posibilidades de realizar negocios rentables y tener previsibilidad en el marco jurídico e institucional donde se desarrollará su actividad. Sin esta triple condicionalidad, la inversión seguramente optará por buscar otros caminos que se le ofrezcan en un mundo globalizado.

Por Pablo Broder*
– Economista argentino
*Economista argentino. Su último libro: “El ocaso de la era K”. Editorial Turmalina. Buenos Aires.
Referencias: Diario LA NACION de Buenos Aires, año 2016. (1) 31-8; (2) 2-9; (3) 4-9; (4) 1-9.

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