¿Trabajar menos reduce la presión ambiental?

Este estudio tiene como objetivo estimular el debate sobre el efecto de la jornada laboral en cuanto a las presiones ambientales. Al distinguir entre diferentes períodos de tiempo para los grupos de países desarrollados y en desarrollo, se confirmó la relación significativa entre las horas de trabajo y los impactos ambientales de las economías desarrolladas, aunque este no es el caso de las economías en desarrollo. Curiosamente, las correlaciones significativas para el grupo de países desarrollados pasaron de positivas durante el primer subperiodo (1980-2000) a negativas durante el segundo subperiodo (2001-2010). Conectando estos resultados con la literatura anterior, creemos que esto sería debido al consumo de energía derivado de determinadas actividades de ocio que serían más intensivas en uso de la energía si se proporciona tiempo de no trabajo excesivo.

La creciente atención hacia el tema de la jornada laboral en las comunidades académicas y la arena política está estrechamente relacionada con los temas de mayor relevancia para la sociedad, tales como la desigualdad de ingresos, el mercado laboral y el bienestar. Las perspectivas y teorías sobre la jornada laboral son muy diversas, así que, lejos de abordarlas de una manera integral, modestamente nos centramos en los aspectos ambientales.

Nuestros resultados empíricos implican que la relación entre horas de trabajo y presiones ambientales se han desvinculado en el caso de las economías con altos ingresos durante los últimos diez años de evaluación. Una posible explicación podría ser que el aumento de las horas no laborales aumentaron los impactos ambientales, dado que más tiempo libre tendía a fomentar más actividades intensivas en energía en algunos casos. Este resultado indica un rebote de la carga ambiental debido al aumento de las horas de ocio. Esto podría ser visto como sorprendente, dada la visión convencional sobre este tema, que siempre se ha basado en la suposición de que las horas de trabajo son más exigentes en energía que las horas no laborables.

En principio, las políticas de reducción de la jornada laboral están destinadas a contribuir al ahorro de energía y la protección del medio ambiente, según la idea de la reestructuración de las rutinas diarias personales hacia actividades menos consumidores de energía. Sin embargo, esto no siempre fue así, porque las horas de ocio podrían ser más intensivas en energía que las horas de trabajo. Como Nørgård señaló, “más tiempo libre no garantiza un menor impacto ambiental” y “el tiempo libre extra tiende a requerir más energía, pero la cantidad dependerá de cómo se utiliza el tiempo de ocio”.

En esta línea de pensamiento, la reducción de horas de trabajo puede llegar a ser contraproducente e imponer cargas más pesadas sobre el medio ambiente, bajo la condición de que las actividades de ocio (como por ejemplo viajar en coche y hacer vacaciones en el extranjero) pedirían más energía. Esta situación es más probable que ocurra en los países de altos ingresos. En consecuencia, el aumento de las horas de ocio en los países con una media más alta de ingresos tendió a proporcionar a sus habitantes el aumento de las oportunidades de organizar actividades múltiples y costosas que consumen mucha energía.

En general, parece que la renta juega un papel importante en la reducción de los tiempos de trabajo hasta cierto punto más allá del cual el impacto de las horas de trabajo en el medio ambiente se debilita gradualmente. Una razón subyacente es que los trabajadores con salarios más bajos en las economías en desarrollo prefieren cobrar horas extras o encontrar un trabajo a tiempo parcial con el que mantener a sus familias. Los efectos del alivio de la presión ambiental generado por la reducción de la jornada laboral en las economías en desarrollo también se pueden debilitar debido a la borrosa frontera entre las horas de trabajo y las horas no laborables. Esto podría explicar que los tiempos de trabajo en las economías en desarrollo se correlaciona menos significativamente con los impactos ambientales que en las economías desarrolladas.

 

Por Qing-long Shao

Beatriz Rodríguez-Labajos

Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales (ICTA) 

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