Una crisis de gobernabilidad en el Mercosur

Desde tiempo atrás, los miembros del Mercosur no han logrado alcanzar los consensos mínimos sobre temas centrales para el desarrollo del bloque, postergando decisiones y permitiendo excepciones que lo terminaron sometiendo a una crisis de gobernabilidad.

La columna analiza la mencionada crisis desde dos situaciones. El papel de Venezuela en el Mercosur y el traspaso de la presidencia pro témpore del bloque por parte de Uruguay.

El papel de Venezuela en el Mercosur
Debe reconocerse que la cuestión de Venezuela ha sido uno de los temas centrales en ignacio-bartesaghila agenda interna del Mercosur de los últimos años, ya sea por la forma en que se concretó su ingreso al bloque (en momentos en que Paraguay estaba suspendido), como por el nivel de excepciones permitidas durante todo el proceso de incorporación de normas, lo que fue posible por decisiones políticas.

En los hechos, como ya fue señalado en informes anteriores, el Mercosur es hoy en mayor medida un foro político que un proceso de integración, aseveración que puede comprobarse fácilmente con el análisis de las normas aprobadas en los últimos años o con el solo repaso de las agendas de las presidencias del bloque. Parece quedar en el olvido la premisa de que los procesos de integración deberían ser instrumentos para alcanzar el desarrollo de los pueblos. Sin embargo, muchos de ellos devinieron en foros políticos para imponer estrategias nacionales de corto alcance.

Es una realidad que la crisis de Venezuela no fue gestionada adecuadamente por los gobiernos del bloque, desatendiendo que la emergencia económica, política y social que vive dicho país, así como el bajo involucramiento del mismo en los asuntos regionales, llevaría tarde o temprano al bloque a enfrentar una crisis de gobernabilidad.

La situación de Venezuela estuvo bajo control mientras los gobiernos del Mercosur coincidieron en un apoyo irrestricto a dicho país, especialmente el caso de las presidentas Dilma Rousseff y Cristina Fernández, pero también por el apoyo del presidente Mujica. En definitiva, los mismos mandatarios que suspendieron a Paraguay y aceptaron el ingreso de Venezuela en condiciones jurídicamente inaceptables.

El nuevo contexto regional a partir de la asunción de Macri y del gobierno interino de Temer, así como el cambio de gobierno en Uruguay, quebró rápidamente los consensos respecto a la situación de Venezuela. Ahora bien, debe reconocerse que las posiciones mostraron idas y vueltas, lo que hace aún más compleja la situación. Si bien existe honda preocupación por la situación presentada en Venezuela, el papel de la UNASUR (cabe recordar que Venezuela tiene la presidencia pro témpore de este organismo), el debate generado en el marco de la OEA, como así también las posiciones de los gobiernos en el Mercosur, confirman que no están dadas las condiciones para aplicar la cláusula democrática.

La profundidad de los debates sobre la situación interna de Venezuela, así como su rol en el Mercosur, enfrentan un límite natural. Todos los países del bloque, pero especialmente Brasil y Argentina, afrontan contextos distintos pero complejos para la toma de decisiones de relevancia en política internacional. En el caso de Brasil, deberá esperarse el resultado del juicio político a la presidenta para confirmar el cambio de política exterior en el Mercosur, lo que no solo incluye la posición de la potencia del bloque con respecto a Venezuela, sino también el acompañamiento respecto a acelerar la apertura comercial del Mercosur y modernizar el bloque regional. Por otra parte, Argentina no ha mostrado una posición clara en los últimos meses en cuanto a la situación de Venezuela, evidenciando ciertas diferencias entre Macri y Malcorra, que busca una solución menos traumática en base al diálogo, lo que entre otras cosas puede favorecer su carrera hacia la Secretaría General de las Naciones Unidas.

El traspaso de la presidencia pro témpore del Mercosur
En primer lugar, debe quedar claro que desde el momento en que no se aplicó la Cláusula Democrática a Venezuela (lo que entre otras cosas le impediría participar en los órganos con capacidad decisoria del bloque), Uruguay debe entregar la presidencia a Venezuela. No hacerlo sería incumplir una obligación y anteponer nuevamente lo político sobre lo jurídico. En este sentido fue clara la posición del canciller uruguayo.

Por otro lado, en los últimos días Brasil y Paraguay presentaron su objeción respecto al traspaso que llevaría adelante Uruguay y que contó con el apoyo de Argentina (que cabe recordar matizó muy fuertemente su posición respecto a Venezuela en el marco de la OEA en las últimas semanas). De cierta forma y más allá de la debilidad mostrada por el gobierno interino de Brasil, este país pretende recuperar el liderazgo del bloque asumido por Argentina en los últimos meses. El viaje del canciller Serra a Uruguay y el pedido expreso de postergar el traspaso de la presidencia debido a la situación de Venezuela en cuanto a la incorporación de los compromisos regionales, confirman el cambio de posición y presionan a Uruguay en cuanto a la decisión, que finalmente deberá tomarse en la reunión de cancilleres del bloque prevista para la semana que viene.

Respecto a los posibles escenarios, es probable que se acuerde la postergación del traspaso de la presidencia, pero Uruguay deberá cumplir tarde o temprano con dicho mandato, no hacerlo sería un nuevo desvío jurídico que va contra los principios de la política exterior de Uruguay. En el caso de asumir la presidencia, Venezuela deberá delegar en otros miembros gran parte de sus funciones, dado que es evidente que su situación política, le impide afrontar el compromiso de llevar adelante la presidencia pro témpore del bloque con normalidad. Este punto es bien claro en los temas referidos a la inserción internacional y muy especialmente a las negociaciones en curso con la Unión Europea (negociaciones que Venezuela no integra).

Las otras dos posibilidades, si bien algo más remotas, podrían ser la aplicación de la Cláusula Democrática que llevaría a la suspensión de Venezuela, por lo que no podría asumir la presidencia, o la renuncia voluntaria de Venezuela a asumir la magistratura regional. En cualquier caso, la situación que enfrenta el Mercosur es de suma gravedad y confirma la necesidad de acelerar las reformas, que de una vez, introduzcan las flexibilidades para que los miembros no queden atados a una crisis de gobernabilidad, la que a la postre posterga decisiones de crucial importancia para el desarrollo económico de sus miembro.

Por el Dr. Ignacio Bartesaghi 1

1 Director del Departamento de Negocios Internacionales e Integración de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Católica del Uruguay. Doctor en Relaciones Internacionales, integra el Sistema Nacional de Investigadores de
la ANII. Columna de opinión publicada el 7 de julio de 2016.

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Fuente: FCE. Universidad Católica del Uruguay

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