La inseguridad y el delito

Dice Li Ch´uan: “Las armas son herramientas de mal agüero. La guerra es asunto serio; inspira gran temor el solo hecho de considerar que los hombres puedan embarcarse en ella sin la previa reflexión que la misma exige.

(el arte de la guerra y la estrategia de Sun Tzu.)

Quizás sea el manual guerrero más antiguo que se haya divulgado. Lo cierto es que la guerra nos ha acompañado a lo largo de todo nuestro recorrido como especie. De construcción más moderna se la ha definido como la realización de la política por otros medios.

Detrás de los predominios de un pueblo sobre otro, o de una nación sobre otra, los conflictos bélicos han sido grandes protagonistas de los hechos históricos. Han marcado predominios, hegemonías y derrotas. La riqueza de unos, ha terminado en otros por las guerras.

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Un ejemplo claro de ello pudimos apreciar luego de finalizada la segunda guerra mundial. La Europa devastada y como fruto del plan Marshall, se reconstruyó, con economías e industrias para la paz, para el consumo. Los países del continente europeo recuperaron su bonanza económica, Alemania incluida. Otros sin embargo, nuevos gendarmes del mundo, sostuvieron su predominio en base a economías bélicas construidas. Tuvimos un escenario mundial, en la segunda mitad del siglo XX, donde la amenaza de guerra permitió que la carrera armamentista se desarrollara al infinito y fuera fuente de acumulación de enormes riquezas. Los focos de tensión en el mundo proliferaron al ritmo de las crisis de los sistemas económicos, permitiendo que éstos sobrevivieran y hasta se expandieran, por la venta de armas cada vez más sofisticadas y costosas.

Casi como el viejo asuntito de “que fue primero, la gallina o el huevo” los conflictos políticos, adoptan formas bélicas y terminan traducidos en buenos negocios. Podría también enunciarse exactamente al revés. Los buenos negocios, se realizan con conflictos bélicos que necesitan problemas políticos, como buenas excusas.

Pensando en esto de los grandes conflictos, caí en la historia de los pequeños conflictos, la inseguridad, el delito, las distintas formas de violencia que hacen que los ciudadanos de este tiempo vivamos con miedo , con reparos para transitar o simplemente debamos encerrarnos detrás de puertas blindadas, cercas eléctricas. Marcos jurídicos cada vez más complejos que abarcan las mil variantes del delito y por supuesto, un menú de sanciones cada vez más duro para castigar a quien lo realice.

Camino por Montevideo, la ciudad ha cambiado su fisonomía. Recuerdo haber leído en un texto de urbanística la diferencia de concepción de la vieja burguesía liberal uruguaya, que construía sus casas abiertas, con grandes ventanales y amplios jardines que terminaban en la vereda. Como contraste, los habitantes de los barrios acomodados de Buenos Aires, se escondían detrás de muros y rejas. Sin dudas, eran dos maneras de vivir, en modelos de ciudad donde pasaban cosas distintas.

La violencia de las grandes ciudades se va universalizando, nuestro apacible Montevideo, como dije, cambió de aspecto. Por suerte tenemos mucho verde y flores aún, pero éstos no esconden o esconden cada vez menos, la proliferación de rejas y cercas eléctricas. Los perros ladradores son alarmas caseras que avisan frente a cualquier intruso. De mascotas amables prolongadoras de afecto, han cambiado de rol asumiendo el papel de guardianes.

Nuestra ciudad además de cámaras, tiene drones de verdad, yo los disfrutaba, como adicto a las series de ficción, en la pantalla de televisión. La “oferta” publicitaria de seguridad en el rubro que quiera se multiplica, ejércitos privados pequeños o no tanto, custodian el traslado de caudales, ofrecen respuestas rápidas. Las alarmas, que cada vez parece que son más inteligentes, se han incorporado al paisaje sonoro. De noche o a cualquier hora, disparan sonidos estridentes. Los medios de comunicación suben sus ratings reproduciendo los sucesos delictivos.

La descripción que se me ocurre sería interminable, tenemos presos como nunca, penas que se endurecen, nuevos delitos que se incorporan a los sucesos y a las formas de castigarlos. Tenemos iniciativas políticas que proponen castigos más duros a edades más tempranas.

Es allí donde comparé asombrado y alarmado, que la inseguridad ha generado un mercado tan, tan diverso y lucrativo que me pregunto si su propio desarrollo no necesitará de violencia y delito como explicación o justificación.

Volviendo así a lo de la gallina y el huevo, sería complejo y peligroso que termináramos concluyendo con que la oferta de seguridad privada necesita cada vez más de inseguridad ciudadana para obtener beneficios económicos, allí entonces podría pensar que el delito cotidiano termina siendo una buena excusa.

Por Walter Martinez Pisani
Dibujante y publicista

La ONDA digital Nº 672

  

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