Como se construye y destruye la ciudad

Confitería Cantegril en Pocitos, la virgen en el Buceo y los Shoppings en todas partes.

Todo el territorio, su porción urbana, es escenario de puja de poderes humanos incluyendo su usufructo. Si este comienzo les parece radical, me gustaría saber como piensan luego de estos ejemplos.

Edificio Confitería Cantegril
Si bien el caso de la confitería Cantegril es un ejemplo puntual se incluye en la percepción integral de Montevideo. La preservación de un edificio icónico en un barrio histórico de la ciudad se discute entre pocos participantes casi auto castillo.j22convocados. La discusión, que no es pública, parece reducirse a la supremacía de los derechos de propiedad privada contra cuestiones arquitectónicas vinculadas a la posible condición patrimonial del inmueble. Apenas agrega una referencia al espacio urbano que integra. El mismo, que mantiene una morfología con locales comerciales de mediana altura difícilmente será enriquecido con un nuevo edificio. Los existentes, correctos, aptos para la función de vivienda, poco influyen en la imagen urbana distintiva de la zona. (Cuya densidad, por lo demás se trata de bajar con las exoneraciones del Estado a la Ley de viviendas de interés social en otras zonas). Pocitos es significativo en la singularidad de la capital. Cuando viajamos y compartimos referencias a Montevideo en otros lares aparece, junto al Palacio Salvo y la Rambla, en los primeros lugares. Por eso su conservación, no solo edilicia, debería dilucidarse en una consulta más amplia con las organizaciones profesionales y sociales representativas, idóneas en el tratamiento de los variados valores a preservar.

Símbolos e iconos: El caso de la virgen junto a la Aduana de Oribe
La ciudad democrática es de todos. Comprende las realizaciones materiales y también los universos simbólicos creados por las comunidades. Cuando ingresan al dominio social, a la conciencia colectiva, superan, evaden el marco de las leyes y normas. La democracia representativa no otorga poder irrestricto sobre la ciudad. Las disposiciones de quienes por un tiempo ínfimo en la historia urbana están al frente de las instituciones deben ajustarse a Derecho, pero también a la tradición y costumbres. Que son fuente de derecho. Las construcciones sociales son más duraderas que las edificaciones físicas. Trascienden en la memoria colectiva e integran la personalidad urbana. Basta un ejemplo: con tantos años transcurridos y carteles colocados, bulevar Batlle y Ordoñez sigue siendo Propios.

Esa permanencia no impide cambiar la ciudad, implica cuidar los medios. El más idóneo es el Concurso. De participación abierta, con igualdad de oportunidades y, sobre todo con un Jurado representativo de la ciudadanía. Cuando, como en este caso, la propuesta de inserción urbana es definida a priori existe el democrático mecanismo del plebiscito. Las modernas tecnologías permiten reducir, con mínimos costos y garantías, la consulta a una masiva encuesta pública.

Los shoppings
Las históricas galerías comerciales ya insinuaban la segregación. Con sus boutiques personalizadas, la moda allí encerrada promovía el consumo diferencial. Para captarlo se ubicaron sobre las principales, tradicionales arterias de la vida urbana. En realidad, los antecedentes europeos eran abiertos. Como aún lo es la famosa Galería Vittorio Emanuelle de Milán en cuyo acceso peatonal mimetizado en la trama vial se mezclan razas y clases sociales. Pero la transferencia de la vida comercial desde el espacio exterior al interior (casi privado) se intensificó con los shoppings. Amén de segregar la demanda, alegando necesidad de espacio, el shopping se ubicó a distancia de las zonas centrales en una sutil maniobra de segmentación territorial pautada por la restricción al acceso peatonal. Al poco tiempo amplió su atracción a todo público, inducida por la promoción en los medios masivos de comunicación, con prescindencia de su condición social y lugar de residencia.

Porque superando su génesis pudo más el afán mercantil; quedarse con toda la demanda. Se verifica en la imagen visual de sus accesos, la conexión física con la trama vehicular urbana y la amplitud y dispersión de la circulación peatonal interna. Ni los puestos callejeros se salvan de esta competencia. Aprecien la introducción de kioscos en los pasajes y corredores, plagiando el recorrido sinuoso y con gente, natural de las ferias callejeras. Aún con estos cambios estos espacios se mantienen segregados de la ciudad, controlados, vigilados, restringidos y por eso mismo excluyentes.

A esa condición unen la de ser, con sus tiendas y marcas internacionales, un símbolo de la globalización del consumo. El lugar físico invadido por las multinacionales con tecnología de avanzada que compiten en productos básicos como vestimenta y calzado. No solo entre ellas, también con los autóctonos, induciendo la sustitución de usos y costumbres locales.

Sostengo que hay relación directa entre el aumento del shopping y la degradación de los clásicos Centros urbanos incluidos en la trama urbana. En estos espacios privados, su vida interior es en desmedro de la vida exterior de buena parte de la ciudad. Han degradado la vida comercial, de trabajo, de diversión, de relaciones múltiples, de interacción social. En esta privatización del espacio urbano no están incluidos solamente los comercios, monitoreados y dependientes de una administración concentrada. Las sendas peatonales, las vehiculares, los estacionamientos, los servicios higienices y la policía (que llaman seguridad) son privados. De manera que, entre unos pocos, han acaparado la actividad comercial, gastronómica y de entretenimiento, incluyendo la timba! de Montevideo. Peor aún, visible en la opinión pública parece haber una sola persona que monitorea los espacios edificados más valiosos y con mayor facturación comercial de la capital. ¿O del país? Hemos asistido a este proceso concentrador no solamente sin cuestionarlo; al principio festejándolo, en todo este tiempo sin considerar seriamente su impacto.

Y ahora mismo van por más: otro mega shopping en Avenida Italia. Las dos “ventajas “que filtra la prensa son la apertura de una nueva calle y el pago de un canon a la Intendencia por utilizar más espacio que el normativo. Porque es espacio y no solo más altura. Tal vez la nueva calle sea muy importante y beneficie a la ciudad. Pero, no tenemos ya suficientes?

Conclusión
Dejar la continuada en el tiempo, ocupación, diseño, construcción y destrucción de la ciudad en manos de otros nos hace responsables por omisión. Como en nuestra familia tenemos derechos y deberes para con la comunidad urbana. Lo que sobre la ciudad se hace en tiempos interelectorales no espera nuestro voto futuro. Tenemos que expresarnos a tiempo. Esta es mi forma.

 

Por el Arq. Luis Fabre

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