La pura verdad y la información avasallante

Lidia fagale ha citado en Rebelion el libro La Sociedad de la Transparencia del filosofo coreano alemán, Byung-Chul Han,http://rebelion.org/noticia.php?id=210992: «Transparencia y verdad no son idénticas. Esta última es una negatividad en cuanto se pone e impone declarando falso todo lo otro. Más información o una acumulación de información por sí sola no es ninguna verdad. Le falta la dirección, a saber, el sentido. Precisamente por la falta de la negatividad de lo verdadero se llega a una pululación y masificación de lo positivo. La hiperinformación y masificación y la hipercomunicación dan testimonio de la falta de verdad, e incluso de la falta de ser. Más información, más comunicación no elimina la fundamental imprecisión de todo. Más bien la agrava.»

Los 12 millones de documentos de la firma forense panameña Mossack Fonseca que el periódico alemán Süddeutshe Zeitung dice poseer, dan cuenta de la existencia de empresas off shore y algunos de los nombres revelados por el Consorcio Internacional Periodistas financiados por Open Societjoselo-olascuagay y la Usaid, han generado un cúmulo de información que no constituye por sí sola ninguna verdad. Algunos medios y sus periodistas sean o no del establishment no han colaborado en esto, o sólo lo han hecho parcialmente, a la hora de aportar categorías de comprensión que permitan saltar de la oscura transparencia informativa a un escalón más próximo a la claridad siempre imprecisa de la verdad. Curiosamente uno de los que más ha aportado en Uruguay ha sido el diario El Observador, en la contratapa del sábado escrita por Miguel Arregui, «Panamá Papers: barquito de papel».http://www.elobservador.com.uy/panama-papers-barquito-papel-n893949. Ocurre que El Observador, así como El País, es de los implicados en los nombres que aparecieron en las muy distintas listas que otros medios publicaron sobre los llamados «papeles panameños». El Observador se dio el lujo de contextualizar que se trata de una sola de las cientos de empresas panameñas del ramo, de uno solo de los (precisamos nosotros) más del cien países del rubro y el propio Fonseca señala en su defensa que «entre sus socios más importantes se encuentran bancos y abogados en Miami (Florida) y el estado de Nevada en EEUU. Este último, junto con Delaware, son las ‘lavadoras’ más grandes del mundo. Compiten con sus contrapartes en el Canal de la Mancha (Gran Bretaña). Estas lavadoras, sin embargo, no son consideradas ‘off-shore’ (extranjeras) y pueden operar debido a la protección que reciben de sus respectivos gobiernos (Washington y Londres, respectivamente)»http://rebelion.org/noticia.php?id=210924. Marco Gansásegui, en Alai,agrega: «Hay que aclarar, en primer lugar, que los documentos electrónicos de la firma panameña no fueron filtrados (leaked). Fueron ‘hackeados’. En otras palabras, el sistema fue penetrado y la información fue robada por agentes profesionales cuya identidad, por el momento, se desconoce. Según la Gazeta del Sur de Alemania, “la información provino de una fuente anónima”. Pero el diario agrega que “se supone que algunas computadoras del despacho Mossack Fonseca fueron intervenidas por hackers a fin de obtener correos electrónicos, certificados, estados de cuenta y otros muchos documentos”.

La entidad que se hace responsable del ‘hackeo’, el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), con sede en Washington, DC, EEUU, es financiada por los Think Tanks más reconocidos del establishment conservador de EEUU y Europa. El periódico alemán, Süddeutshe Zeitung, asumió el liderazgo en el reportaje sobre la firma panameña que maneja Ramón Fonseca Mora.

Curiosamente, entre los millones de documentos que le fueron hackeados a Fonseca, muy pocos se refieren a los negocios que la firma realiza con sus contrapartes en EEUU, Gran Bretaña o Europa occidental. Son en estos países donde se realizan las transacciones más grandes. Las revelaciones se detienen con detalle en Rusia, Islandia, México, Brasil, Argentina y España. Países importantes, pero con economías enanas comparadas con EEUU y Europa occidental».

Leído desde Uruguay resulta hasta un poco decepcionante que no aparezca el nombre de nuestro país en esas consideracioees, cuando hace diez años, para los medios, los únicos uruguayos que tenían empresas panameñas eran José Pedro Damini y Francisco Casal y ahora, con los «papeles panameños» parecería que los empresarios uruguayos que no las tienen de muy antiguo podrían reunirse en el ascensor de cualquier edificio, pero por cientos y miles que sean, esos nombres fueron usados solo en Uruguay y muy arbitrariamente. Uypress, para no eclipsar los que hacen a la interna frentemplista o más precisamente a la del FSL, ocultó los más atractivos de los medios: Pettinati, Scheck, Peirano… Caras y Caretas, cuidadosa de la unidad frentesmplista, los destacó, El Observador decidió no dar nombres y El País no sale de lo que tenga relación con Cristina Fernández, aunque CNN ponga en portada las off-shore de Mauricio Macri.

Como señala Fagale: «no se trata se ser crípticos frente a hechos reales y concretos. Es que se impone cada vez más sospechar de la sobreabundancia informativa y su dinámica demoledora que tritura el tiempo de la reflexión y todo atisbo que nos lleve a revelar el verdadero fin de todo esto. Por otro lado ha quedado claro que cada país y, de acuerdo al sector que tiene una clara posición dominante en sus estructuras mediáticas y que conforman la dirección de la hegemonía cultural, ha encontrado en el baúl de estos documentos la materia prima para denostar, salpicar, ensalzar, ocultar o manipular “a piachere” de acuerdo a la aspiración y al escenario local. Mientras el sistema económico sigue impoluto y ajeno a todo reproche y condena, así como los principales factores de poder real que lo sostienen, las políticas domésticas juegan su guerrita política en la última división de este partido que abreva en las cuevas del imperio y claro, también de sus tentáculos y representantes nacionales».

RUIDO A PUREZA

Lo que pasó con Uruguay es bastante grotesco. Simplemente unos servicios descubrieron en esa firma panameña al pez gordo que más buscan, Vladimir Putin. Tiraron las redes y en la pesca de arrastre, entre la majuga desechable salió por casualidad que era la empresa más frecuentada por la majuga uruguaya. Un diario como El País, que fue el de la dictadura del Plan Condor, que todos los días saca dos o cuatro páginas sábana de internacionales más pentagonistas que el Pentágono, que siempre pegó para acá, ahora le pegan a él para acá, pero no hay que confundirse. Hoy el gobierno de Estados Unidos de América no está interesado en la desestabilización de Latinoamérica ni lo está el Reino Unido. Por motivos geopolíticos necesitan como nunca la estabilidad y hasta cierta unidad autónoma en esta región. Para ellos las regiones a desestabilizar y destruir si es posible son parte de Eurasia, del sudeste asiático y la confluencia sinorrusa. Es decir las zonas del centro de la isla global influenciables por China, incluída Africa, con naturalidad geopolítica. El gobierno de Obama estaría dispuesto a pagar el precio del desbloqueo cubano antes que seguir aislándose de América Latina, pero Obama tampoco quería invadir Libia (no deja de ser un descendiente de africanos al que las palabras de Fidelhttp://www.lr21.com.uy/mundo/1283909-el-hermano-obamacalaron bien), sin embargo Libia fue invadida por la alianza que dirige Estados Unidos. Es como en la novela de Stevenson «Doctor Sheckill y mister Hyde», El País es parte del robótico entramado gestionado por Washington en los años 70, que hoy éste no puede controlar, es parte de un Mister Hyde que en todo el continente quiere recuperar posiciones de aquellos años. Y habla de corrupción, de ética, de moral, palabras que llenaron los legajos de las justificaciones de los mayores crímenes de la historia. El sonido a pureza, con su frufrú de sedas anuncia ruido de sables, como las calmas ominosas que anteceden las tormentas.

«Algunos medios han vociferado en un tono didáctico moralista su condena a “la corrupción”, como un mal que es actuado por “algunos individuos” y en clave de “fenómeno indeseado” dentro del sistema de las democracias actuales. Está claro que un funcionario, un presidente, no puede y no debe verse envuelto en hechos que se insertan en escenarios donde confluyen los negocios sucios de la clase económica y política mundial y a la vez evadir impuestos de los capitales colocados en los paraísos fiscales. Sin embargo, la condena queda en la inconducta y falta de ética del funcionario que se esconde del fisco estatal de su país, sin que esto colabore en darle otra vuelta a la llave que nos abre la puerta del corazón del sistema hacia su verdadera naturaleza. En esta versión mediática más benévola «la trapisonda económica» torna “transparente” la información, mientras oculta la verdad, o una de las verdades más esenciales del sistema económico global. Tras el crack financiero de 2008, el control sobre los paraísos fiscales fue literalmente derrotado. La fuerza del capital se antepuso, incluso a las medidas adoptadas por la OCDE» (Fagale).

Sin embargo esta vez aparece Alemania en el asunto (vecino del centro territorial de la isla global que desobedeció a EEUU en Ucrania). Desde el comienzo imaginé que la caza de Putin tendría su contrapartida. Los documentos revelan que varios directivos de Fox integraron el organigrama de T&T Sports Marketing LTD, una compañía creada en las Islas Caimán que, según el Departamento de Justicia de Estados Unidos, transfirió sobornos a los dirigentes del fútbol sudamericano a cambio de conseguir, año tras año, los derechos de televisación de torneos como las Copas Libertadores y Sudamericana.

LES ESTAMOS GANANDO LA CRÍTICA

Durante el período especial Silvio Rodríguez señaló que un error de Cuba en los años setenta fue haberse dejado ganar la crítica de la revolución. Hoy es más fácil ganar la crítica del imperialismo porque éste -que en la batalla cultural de la guerra fría supo ganar todas las críticas-, hoy, extremadamente concentrado, ha perdido en gran medida su capacidad de autodisidencia. En América Latina el asedio mediático al llamado «ciclo progresista» o «la década larga (poniéndole término temporal)», es tan feroz que nuestra incapacidad de resistencia a la censura imperialista se ha convertido en la victoria de nuestra propia crítica.

Cuando Wikileaks informa a través de Twitter sobre la financiación alemana norteamericana de los «papeles panamaños» nos recuerda cómo sus primera filtraciones las repartió entre los más famosos medios (The New York Times, The Guardian, Le Monde, Der Spiegel y El País de Madrid) suponiendo que irán a publicarlas en sus aspectos medulares. Poco después tuvieron que enviarlas a medios más críblemente alternativos, como La Jornada, Página 12, Público de España… para que el porcentaje de publicación fuese mayor. Aún así quedaron noticias sustanciales en el tintero, que resultó habían sido censuradas. Ahora Wikileaks aprendió la máxima de Enric Durán, «la información se ha convertido en una de las principales fuentes de poder y de conflicto. Quien puede controlar cómo se difunde una información, tiene mucho ganado».

No en balde la primera medida (la primerísima en su agenda particular) del gobierno de Macri fue retirar el aporte argentino a Telesur. El tratamiento mediático benévolo que tuvo el tema en torno a la vinculación del presidente Macri con dos empresas off shore, no se condice con la beligerancia que tuvo y tiene el tratamiento mediático de otros casos de corrupción de funcionarios públicos o empresarios allegados a la gestión anterior.

Ganar la crítica no significa necesariamente perder los gobiernos. Yo estaba en Chile cuando ganó Piñera. La crítica de la Concertación por la izquierda chilena generó una nueva mayoría más a la izquierda de la Concertación. En Argentina Cristina Kirchner advirtió en su página web, meses antes de la derrota electoral de Scioli, que los siguientes cinco años estarían marcados por el debilitamiento económico de los BRICS, un análisis crítico y realista de los límites del «progresismo» en nuestra revolución continental.

Por Joselo Olascuaga
(LA PIEDRA EN EL CHARCO)

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