Nunca más, en serio

La noticia de la semana no fue la inauguración del nuevo estadio de Peñarol, ni las propuestas sobre seguridad del senador Larrañaga, por citar dos de las noticias que los medios multiplican por estas horas. La noticia que más debe preocuparnos es el robo en la Facultad de Humanidades, teñido por señales mafiosas que ponen de manifiesto el trabajo de un cuerpo de investigadores que están tocando terminales nerviosas que afectan a gente que hizo terrorismo de Estado y gozó de impunidad durante mucho tiempo. Hoy se ven afectados, se sienten inseguros y apelan a acciones como estas para dar señales que creíamos extinguidas.

Alguien está nervioso y está dispuesto a hacerlo saber mediante acciones como las sufridas por esta casa de estudios que tiene sobre sí la responsabilidad histórica de devolver verdad y justicia a la Perro- lad.sociedad uruguaya. Alguien está percibiendo que cada día está más cerca esa verdad y esa justicia que sepultaron durante muchos años; alguien está vislumbrando que la impunidad está llegando a su fin.

 No son improvisados
Después del último ciclista el país empieza a caminar, según reza un dicho popular uruguayo. Lo que nadie se esperaba era que, mientras tanto, había quienes estaban dedicados a menesteres mafiosos.

No hay indicios de manipulación de alarma, puertas, rejas ni cerraduras. Los funcionarios llegaron ese día a las instalaciones del GIAF (Grupo de Investigación en Arqueología Forense), dependiente de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. El interruptor fue presionado varias veces sin éxito, la computadora no levantaba el sistema operativo y llamó la atención de varios a los que les pasó lo mismo.

“Se llevaron discos duros y discos externos”, informaban varios medios de prensa, pero lo que más preocupa es un mensaje expresado claramente. Un mapa con las direcciones de los miembros del grupo de investigadores que viven en Montevideo con fotos de los mismos tachadas con una cruz, según reportó Búsqueda.

La Policía Científica y la Dirección General de la Inteligencia Policial asumieron la investigación bajo la dirección del Juez Penal de 4º turno, Dr. Eduardo Pereyra. El caso preocupa por la connotación política que tiene y porque los uruguayos no estamos acostumbrados a acciones de este tipo.

Se podrá decir que hoy día la seguridad ha sufrido tal deterioro que nada asombra pero lejos, bien lejos de esa postura no podemos admitir bajo ningún concepto este tipo de acciones que procuran sellar con la misma impunidad con la que gozaron siempre, crímenes de lesa humanidad de la que fueron víctimas uruguayos que cometieron “el delito” de pensar distinto.

Pasó mucho tiempo, demasiado, como para que sigan existiendo intentos de este tipo que oculten la verdad e impidan la justicia. No aceptaron -siquiera- el secreto de confesión que ofreciera el recordado cura “Perico” Pérez Aguirre. Siempre se manejaron con soberbia (institucional y personal), hasta que llegó la izquierda al gobierno, y, aplicando las mismas leyes, derivó en detenciones y condenas que hoy se están purgando.

La investigación será de las más difíciles de seguir, se sospecha el uso de alta tecnología o la participación de profesionales de alto nivel. No obstante ello, hoy en día se cuentan con recursos que nada tienen que envidiar a otras policías del mundo. Asimismo, la profesionalización y capacitación de nuestros investigadores ha permitido la rápida resolución de casos tanto o más complicados que este. Ese caudal de experiencia y equipamiento empujan a la credibilidad y confianza de quienes nos sentimos víctimas de estos grupos organizados que operan con esta audacia.

Sepan que todos compartimos el mismo sentimiento de ultraje y amenaza. Porque amenazados estamos todos en este momento y ese sentimiento colectivo debe operar como un solidario abrazo que derrote la impunidad y derribe los mitos de que la Justicia no llega a estos casos. Que no quede impune esta acción es responsabilidad de todos y cada uno de los que hoy sentimos asco por este hecho y abogamos por su rápida resolución.

Hay un colectivo que espera la verdad de sus desaparecidos; madres, hijos, abuelos, nietos que esperan saber qué pasó. Y hay un pueblo que reclama esa verdad para sellar un nunca más definitivo que garantice que la justicia, esa señora de ojos vendados y balanza en mano, sigue viva.

el hombre buscó el disco duro,
el perro olfateaba un rastro…

El Perro Gil
Columnista uruguayo
elperrogil@gmail.com

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