La cabeza de los brasileños

BRASIL
by Arnaldo Angeli F°, desenhista paulista

En la Cámara de Diputados, su Presidente, Eduardo Cunha – PMDB – ya es reo por corrupción en el Supremo Tribunal Federal y cerca de la mitad de sus miembros corren el mismo riesgo. La lista de la gran empresa ODEBRECHT, investigada por la Operación “LAVAJATO” nombra a 200 parlamentarios como beneficiarios de sus dineros.
“Nós, Os Brasileiros” – Coletânea- P.Timm Org.

Quisiera inaugurar mi columna en La ONDA digital describiendo la entrada del otoño, cuando mi arbolada ciudad se despide en hojas de los veranos sofocantes. Pero nuestros tiempos no lo permiten. Parecen despedir también a la poesía. Tempestades de indignación exaltan los sentidos de los brasileños y los llevan a las calles. Unos a favor del sol, otros de la luna.

Cada cual con sus razones, recordando la vieja máxima de los antiguos griegos para los cuales en todo el mundo había lo justo y lo injusto y ambos eran igualmente justificables. ¿Será verdad…?

A CABEÇA DOS BRASILEIROS Paulo Timm. Versión en portugués

Además de ello, aunque el doble de personas se hubieran manifestado ruidosamente en los últimos días 13 y 18 (marzo/2016), faltaría indagar sobre los restantes 200 millones de silentes. Ellos están en casa, en el trabajo, en los largos trayectos de los ómnibus entre uno y otro punto. ¿Qué pensarán ellos?

Para comprender mejor la cuestión de la opinión pública es importante, antes, asociarla a la idea de Capital Social, en el cual la Educación cumple un papel tan decisivo como positivo, en tanto que la pérdida de Confianza, lo hace de modo negativo.

Pero es importante decir que así como existe un tipo de capital social positivo hay también un capital social negativo. (…) Aquí la confianza cumple un papel perverso. Daniel Ribeiro, en La confianza en las instituciones.

Este autor, Daniel Ribeiro, al analizar las investigaciones de tres organizaciones que, en el Brasil, midieron la confianza de los brasilleños en las principales instituciones, IBOPE, OAB y la Fundación Getúlio Vargas- FGV-, en los últimos años llega a preocpuantes conclusiones que apuntan a la crisis actual. Los brasileños no confían en la Política:

ics-2013

Las tres investigaciones tienen algo en común. Los políticos no tienen casi ninguna credibilidad ante la población. Es cierto que la cuestión es genérica y no distingue al político A del B. Se concluye que, de manera general, que tanto un Partido Político como el Congreso Nacional no gozan de la confianza de sus representados. He aquí un retrato de un país cuya sociedad civil aun es muy frágil. Incluso el Poder Judicial no consigue dar credibilidad a la población. Los magistrados alegan que sólo pueden juzgar en los límites de la ley y como quien hace las leyes son los congresistas, el Brasil es tomado por un círculo vicioso cuyo origen, en mi opinión, reside en la relación ciudadano X representantes políticos.

Sobre ese telón de fondo es que se revelan las grandes tendencias políticas actuales y que han sido divulgadas por el Instituto Data Popular, cuyo Presidente, Renato Meireles, es hoy consultado por todos los protagonistas de la coyuntura datapopular.

Meireles ha dado últimamente innumerables entrevistas. Él afirma que el 90% de los brasileños están insatisfechos con el Gobierno de Dilma Roussef, lo que explicaría la aprobación de apenas un 10%, constatada por otro Instituto, el DATAFOLHA. La indignación política, mientras tanto, no se restringe al Gobierno, sino a los políticos en general: un 92% encuentra que todos ellos son ladrones, lo que reitera la baja credibilidad en las instituciones políticas captadas por otros tantos analistas desde 2013. En todas ellas se ve el desmoronamiento de la confianza de los brasileños en el Congreso Nacional, en los Partidos Políticos, en el Gobierno y en la persona de la Presidente da República, salvándose, apenas, la familia, las Iglesias y las Fuerzas Armadas y, en cierto nivel el Poder Judicial. Véase cómo la evidencia Cesar Maia, Ex Prefecto de Rio de Janeiro:

IBOPE: ¡Cae la confianza en las instituciones políticas! (31 de julio de 2015) 
1. El Índice de Confianza Social de 2015 del Ibope, mostrará una caída abrupta del prestigio de todo lo relacionado a la política. El Congreso Nacional y la Presidencia de la República se derrumbaron en los ojos del público. En una escala en la que 0 es desconfianza total y 100 implica una confianza absoluta, ambos empataron en unos míseros 22 puntos. La confianza en la institución Presidencia, comandada por Dilma, cayó a la mitad desde el año 2014. Tenía 44 y perdió 22 puntos. Respecto de los congresistas comandados por Cunha y Renan Calheiros perdió 13 de los 35 puntos que tenía.

2. Es la primera vez, en siete años de investigaciones, que la Presidencia no es más confiable para la población que el Congreso. Dilma quebró otro récord. Por primera vez, la institución que representa la Presidencia de la República, es menos confiable que el gobierno que dirige. De 2009 a 2012, la Presidencia quedó entre 7 y 13 puntos por encima del gobierno federal. Este año, la confianza en el gobierno es 8 puntos mayor que la de la presidente: 22 a 30. Fuente: Ex-blog de Cesar Maia

Meireles, de DATAPOPULAR, ha mostrado , también, el perfil de los manifestantes:
El conjunto de los manifestantes a favor del impeachment, hoy aprobado por cerca del 70% del conjunto de la población, es más viejo, más educado y ostenta un mayor nivel de ingresos que los manifestantes contra el impeachment. De ahí que son llamados de “coxinhas” (competentes, diligentes), en contraposición a los “coqrétis” o “mortadelas” (avivados, interesados), más afectos a las bandejas que a los restaurantes. Estos, a su vez, están más asociados a la sociedad civil organizada: sindicatos, movimientos sociales, centros estudiantiles y partidos políticos. De una manera muy general, por consiguiente, es válido afirmar que la clase media está a favor del impeachment y que el pueblo no tanto. Eso en nada descalifica al movimiento a favor del impeachment. La clase media brasileña fue protagonista decisiva de muchos avances progresistas en el proceso de modernización del país.

Además de ello, según Meireles, los manifestantes pro-impeachment se dividen, prácticamente a la mitad, entre los que son contra las políticas del Gobierno, como Bolsa Familia y Políticas Sociales y Afirmativas de apoyo a la población más pobre y negra, y los que las apoyan, habiendo incluso votado a Dilma en el último pleito, o a Lula, en los anteriores, pero que no aprueban la gestión actual. Aquí es importante resaltar una cosa: contrariamente a lo que parece, una razonable mayoría del electorado es más socialdemócrata, esto es, (moderadamente) de izquierda y favorable a la presencia de un Estado promotor de ciudadanía que la neoliberal, menos inclinada al Estado fuerte. Eso fue lo que determinó la victoria del proyecto del PT, con las victorias de Lula y Dilma por dos veces sucesivas, si bien que circunstancialmente debilitado por la crisis.

La cabeza política de los brasileños, por consiguiente, revela una cierta coherencia estructural.

Lo que se llama de clase media tradicional, hoy en el entorno del 20% de la población, alrededor de 40 millones de personas, con un nivel de ingresos, educación y oportunidades sociales más elevadas, tiene una preferencia por un proyecto liberal de tipo republicano, más volcado a las ideologías del mercado. En su rastro, y a flirtear con opciones ideológicas también más liberales, se suma otro 30% de la población, en ascenso en las dos últimas décadas.

El resto de la población brasileña, esto es, cerca de 100 millones de personas, los más pobres, con menor escolaridad y menores oportunidades sociales, cuya mitad se hallanen condiciones económicas muy precarias, dentro de los cuales los 27 millones de beneficiarios del programa Bolsa Familia, que se insertan en el segmento cercano a los 50 millones que ganan hasta 1 salario mínimo (US$ 200), se inclinan a la izquierda.

Los datos citados abajo no evidencian exactamente lo que fue dicho, una vez que proceden de una clasificación que no supera los estratos de Media Clase Media y, principalmente, de la Baja Clase Media, pero ilustra lo dicho:

Estratificación social de la población brasileña “Estándares de vida”

                                      2012 (Mil personas)      2013 (Mil)  – PNAD

Alta Clase Media 17.719 17.097
Media Clase Media 31.182 28.857
Baja Clase Media 85.893 89.043  
Masa Trabajadora 50.101 50.218  
Miserables 14.794 16.253  
Total 199.689                         201.467             

Las manifestaciones recientes reflejan, por lo tanto, al Brasil real. Una parte, minoritaria, mejor situada socioeconómicamente favorable a un proyecto republicano regulado por la competencia y por el mérito; otra, sensible a lo que se ha denominado últimamente como proyecto democrático bolivariano, inspiración nativa de América Latina para un proyecto de Reforma Social.

Coyunturalmente, la cuestión del impeachment de Dilma, trajo para las calles y para la causa explícita de su apartamiento, una porción significativa de los segundos, demostrando la incapacidad de la izquierda en el Poder en sustentar su propia base. O sea, muchos brasileños quieren a Dilma fuera del Gobierno, no por lo que ella representa ideológicamente sino por el tumulto de la crisis, exacerbado por las denuncias de la Operación LAVAJATO.

Todo indica, pues, que el Gobierno está perdiendo el “discurso”. A partir de ahí se habla de su aislamiento, que es también en lo relativo el aislamiento del Partido de los Trabajadores (PT) y de las poderosas organizaciones sociales que le dan sustentación en el conjunto de la opinión pública. Prueba de ello es el rechazo a Lula, en la última encuesta de DATAFOLHA, divulgada el 24 de marzo, por lo tanto, actualísima, del orden del 57%, diez puntos por encima de la verificada en noviembre de 2015, hace 4 meses.

La verdad es que la crisis se agudiza y penaliza, por la inflación, por el desempleo y por los cortes en los gastos públicos, justamente, para los más pobres. Pero si hubiera una chance de diálogo, las dos facciones podrán reconstruir la unidad nacional, no como amalgama de ideas, que “no son metales que se funden”, sino de un proyecto de desarrollo capaz de retomar la estabilidad política y reeditar los grandes hechos del Brasil del siglo pasado, proyectándolo, más fuerte, socialmente más justo y republicanamente democrático para el futuro. ¡Haya tiempo!

Por Paulo Timm
Porto Alegre,  Março, 24 -2016

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