San Jácinto: El almacén de Hugo

Era una noche fría, sin luna; en el cielo de San Jacinto brillaban las estrellas en toda su plenitud libres de la refracción lumínica de la capital. En un salón de la Sociedad Rural se daban cita los productores de cerdo organizados quienes tendrían una asamblea para evaluar la marcha de un convenio del que todavía no dan crédito. Pero, la realidad puede más y a la hora de pasar raya de los primeros meses de actividad, las expectativas se van colmando y más de uno se pellizca para convencerse de que es verdad…

Y los chanchos siguen chiflando…
El proceso de cría es sacrificado pero tiene sus satisfacciones, cuando tras los ocho meses se da la parición de las crías y la piara empieza a crecer. La realidad es dispar entre los productores ya que algunos cuentan con un promedio de 200 madres mientras otros tienen 8, 10, 30 o 50. También es dispar la distribución de los mismos y así como están los de la zona metropolitana (Montevideo, Canelones y San José), también se suman de Tacuarembó, Flores y Salto, por citar los que estaban en esta asamblea. Distribución que tiene su particularidad ya que no es lo mismo entregar una producción para uno de la zona metropolitana que para quienes están al norte del Río Negro. Punto que mejora con la incorporación de centros penitenciarios que está cumpliendo el INR, que acorta las distancias de entrega para aquellos productores.

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El proceso productivo empezó con una meta de lograr ejemplares de 80 kg en pie, pero la suma de nuevas oportunidades llevó a incrementarla a 100 kg por pieza para poder cumplir con todos los clientes. Es que está en ciernes la concreción de otro convenio con el Ministerio de Defensa, lo que multiplica las oportunidades y abre excelentes expectativas para el sector.

El Presidente de la Cooperativa Agraria Limitada Uruguaya de Productores de Cerdo (CALUPROCERD), dió la bienvenida y abrió la sesión de una asamblea que tuvo la particularidad de contar con la presencia del ministro Bonomi entre los asistentes. La razón era compartir una primera evaluación del recientemente firmado convenio con los productores encargados de proveer carne de cerdo a los establecimientos carcelarios del INR.

Un acuerdo del que todavía no se convencen los protagonistas pero que es una realidad concreta y bien aprovechada por los entusiastas miembros de esta cooperativa. Esta noche asistieron no solo los pioneros de la iniciativa sino también productores de otros departamentos, ávidos de contar con una distribución regional que abarate los costos de traslado de su producción, circunstancia que es viable y que seguramente sea cuestión de organizar en el corto plazo.

Lo que nadie discute hoy es la pertinencia del acuerdo y el fiel cumplimiento de todas las partes involucradas, aunque sea prematuro advertirlo por lo exiguo del plazo de aplicación del mismo. Es que las primeras entregas tuvieron una muy buena aceptación y los pagos comenzaron a efectivizarse tal cual lo acordado por contrato.

Una experiencia de la que dan cuenta -incluso- actores de la región como la compañera de la Patagonia argentina, integrante del colectivo “Trigo limpio”, quien compartió la reunión y se lleva la experiencia para su país con gran expectativa de poder impulsar propuesta similar con sus pares. Es que la producción familiar es indispensable y un sostén fundamental en las economías de países que necesitan dinamizar esos sectores para consolidar la estabilidad financiera de sus trabajadores.

Uno de los puntos que tocó la asamblea tuvo una singular repercusión por cuanto hizo referencia a los precios acordados por convenio. Precios que obedecen a una relación directa con los costos de los productores y no a circunstancias de mercado (oferta y demanda). Mercado que, en momentos de suscribirse el acuerdo, era manifiestamente contrario a los intereses de los productores. Mercado que comienza a tener reacciones y a manifestarse generando “ruido” entre los cooperativistas.

La primera muestra fueron los precios, comenzando una tentadora suba de los mismos, cual canto de sirenas que pretendiera convencerlos de operar por fuera del acuerdo. Pero, con buen tino, la dirección de la cooperativa hizo un llamado a la reflexión acerca de esas circunstancias que hoy podían parecer ventajosas pero no aseguran el futuro como sí lo hace el proyecto acordado con Interior.

También las formas de pago, como lo reconocen los mismos productores: “antes nos pagaban a 60 días… ahora ya nos ofrecen pagar a 30 días como el Ministerio…” – dijo uno de los asistentes con la aprobación de varios.

Llegado el momento, dieron la palabra a Bonomi y este relató una anécdota que valió más que mil discursos. Contó la historia del almacenero de su barrio, contó la historia del “almacén de Hugo”.

-Hugo era el almacenero del barrio y prestaba servicio a una comunidad de vecinos mayoritariamente compuesta por trabajadores bancarios, que soportaron épocas de huelgas y tuvieron en Hugo a un buen vecino y mejor comerciante, que confió en ellos dando fiado a clientes que atravesaban una situación complicada. Eso le generó fidelidades que le fueron devueltas en ocasión de instalarse el primer supermercado en el barrio.

-Hugo mantuvo su agradecida clientela y aquel supermercado cerró; luego vino otro y Hugo siguió firme con su política comercial confiado en sus clientes, (vecinos y amigos), y otra vez un supermercado cerraba sus puertas mientras el “almacén de Hugo” seguía indemne a cualquier competencia.

-Pero un día llegó un supermercado diferente, uno perteneciente a una cadena de supermercados, que compraban mercaderías a gran escala y empezó a hacer de los precios un instrumento eficaz para derrotar a Hugo y derribar aquellas fidelidades.

-Y así, llegó un día en que aquel “almacén de Hugo”, cerró.

-No alcanzaron los fiados, la confianza ni las fidelidades, los vecinos prefirieron comprar más barato y obtener un beneficio, que duraría muy poco. Porque esos precios estuvieron mientras Hugo daba pelea, después los subieron y cuando los vecinos quisieron reaccionar ya era tarde.

Este ejemplo sirvió para advertirles que a veces querer ganar más con los precios circunstanciales del mercado, puede ser muy tentador pero poco duradero. Hoy el Estado -a través del Ministerio del Interior- garantiza un proyecto de emprendedores familiares que no tenían opciones, en un negocio rentable para todas las partes. Porque el productor tiene un fuerte cliente asegurado y el Estado obtiene un mejor precio por un buen producto, con el invalorable agregado de fomentar el trabajo familiar con todo lo que ello implica y dinamiza.

El “almacén de Hugo” cerró, pero experiencias como la suya sirven para que otros no repitan el mismo error… y los chanchos puedan seguir chiflando fuerte y claro.

el hombre los juntó en asamblea,
el perro ladró el orden del día

Por El Perro Gil

 La ONDA digital N° 669 

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