España, 20-D, elecciones a la vista el fin del bipartidismo

(Crónica de nuestro corresponsal en Madrid) – El Partido Popular (PP), que gobierna en España, parece haber lavado en estas últimas semanas su imagen. Como si los españoles se hubieran olvidado de los sufridos recortes, la mala imagen de su líder se ha transformado en una general aceptación a tenor de la gestión realizada en los dos frentes más conflictivos: las votaciones catalanas por la independencia, y los atentados terroristas del día 13 en París.

Gran parte de la opinión pública que anteriormente estaba en contra de su gestión, y auguraba un tremendo fracaso en las próximas elecciones del 20-D, parece que se ha olvidado de sus errores, de sus promesas incumplidas, como la subida del IVA y otros impuestos, los múltiples recortes, el paro en aumento, las privatizaciones, el deterioro de los servicios públicos, y la corrupción que afecta a su partido, y a antiguos ministros de su partido, como el que fuera vicepresidente, y Ministro de Hacienda, y también Director del FMI, Rodrigo Rato, imputado por varios delitos, como evasión de impuestos, prevaricación, blanqueo de capitales, etc, al mismo Rajoy, y a la secretaria general Dolores de Cospedal.

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En estos últimos días, en algunas encuestas, se nota una subida en la intención de voto en favor de la derecha como si todos esos borrones que marcaban la política del gobierno del PP y su caída en picado, se hubieran olvidado. A este cambio ha contribuido sin duda alguna la buena gestión llevada a cabo con motivo de los atentados, manteniendo al país en la intención de colaborar con Francia pero sin llegar a la participación en su declarada guerra al Estado Islamista (EI). Ayuda a Francia, sí, pero dentro de los parámetros de la ONU. Apoyo logístico humano y técnico pero no en armamento. El actual presidente ha debido tener presente, en esta labor de cooperación, el evitar enviar tropas a Siria para no caer en el error del anterior gobierno de su partido con el sr. Aznar, la famosa foto de las Azores (Bush-Blair-Aznar) y su decisión conjunta de enviar tropas a Irak, cuya respuesta por parte del fundamentalismo islamista fue el atentado que costó la vida a casi 200 ciudadanos españoles, y a su partido dejar el gobierno por el fracaso electoral. Lección bien aprendida por su sustituto, el señor Rajoy, que le ha hecho ganar confianza y votantes en las próximas elecciones.

Hace unos meses parecía que iba en caída libre, pero los acontecimientos de los últimos días, sobre todo la gestión de los atentados, sumados a la actitud ante el afán secesionista de Cataluña, le han levantado.

Mientras tanto, el PSOE, que podía hacer sombra al PP, incluso subir bastante por encima, parece que se ha quedado estancado y las expectativas que podía despertar en principio su nuevo líder van disminuyendo a medida que el electorado aprecia que entre la vieja directiva y la actual, a pesar de haber cambiado muchas caras, hay poca diferencia de intenciones y que no es tanto su giro a la izquierda como se auguraba. Dan la sensación, como ocurre con el otro partido de Izquierda Unida (IU), que andan más preocupados sus dirigentes por ocupar primeros puestos en las listas que en elaborar un programa atractivo para el votante. Esta desunión en el ala izquierda, inclina la balanza indudablemente a la derecha con el PP como principal beneficiario de votos.

La derecha avanza
Si a esto unimos el avance vertiginoso de otro partido emergente, Ciudadanos (C,s), apoyado por los medios de comunicación, la derecha tiene todos los visos de seguir en el poder tras unas elecciones en las que semanas antes se preveía su derrota. No habrá mayoría absoluta en ningún partido, esto se vislumbra claramente, pero las coaliciones y pactos se darán sin duda para que se afiance la derecha con el apoyo al actual gobierno por parte del emergente Ciudadanos (C,s). Ellos dicen que no va a ser así, y hasta ahora su líder, el joven y fotogénico Albert Rivera, así lo promete y anuncia, que no va a dar su apoyo a la investidura del sr. Rajoy para que repita como gobernante de la nación cuatro años más. Pero muy pocos vaticinan que lo cumpla, es más, hay quien dice que el líder de C,s está convencido de que va a obtener más votos el C,s que el PP, y que por eso hace las promesas de no apoyarle, que sus declaraciones no tienen otro objetivo que desmarcarse de la gestión del PP y procurar que la opinión pública no le identifique como igual.

Sea como sea, el nuevo partido surgido hace unos años en Cataluña, posee una ideología afín al PP, por mucho que no quieran parecerse. No es sino una operación de marketing político para asegurar que el poder lo siga ostentado la derecha, la oligarquía, grandes empresas y grandes medios, como explicamos en nuestro anterior artículo al hablar de los partidos emergentes. Se trata de una derecha moderna, sin la rémora franquista, latente y quizá más dura que el mismo PP, promovida precisamente por el establishment catalán, extendida luego a toda España. Ambos partidos, C,s y PP, van a inclinar la balanza a la derecha en las próximas elecciones generales, superando la suma de la izquierda que podría estar integrada por el PSOE, Podemos e Izquierda (IU).

La izquierda indecisa
Todo esto viene favorecido porque el PSOE no parece mostrarse unido con las decisiones de la nueva directiva, y sus luchas y depuraciones llevadas a cabo por el nuevo secretario general de los socialistas, así como su negativa a los pactos con PODEMOS. Algo parecido ocurre con IU (Izquierda Unida) que también ha apartado de la dirección a significativos dirigentes de Madrid, una circunscripción muy poderosa en la estructura del partido, pues la capital era su lugar de mayor asentamiento y donde mayor cantidad de votos adquiría. IU, a pesar del carisma de su nuevo dirigente el joven abogado Alberto Garzón, no es capaz de atraer el número de votantes que se esperaba para su repunte; caída de IU que se ha venido sucediendo desde que se retirara de la escena política uno de sus emblemáticos dirigentes, conocido como el “Califa Rojo”, Julio Anguita. Muchos de sus antiguos militantes y personajes más significativos han pasado a engrosar las filas de otros partidos, como los Verdes, Equo, etc, integrados la mayor parte en la mayoría que ahora gobierna algunas ciudades como el Ayuntamiento de Madrid, y cuyas intenciones parecen ser integrarse definitivamente en la “marca” Podemos, pero todavía sin aclararse ni decidir.

En el indeciso panorama de la izquierda, nos queda por analizar finalmente el partido más nuevo, PODEMOS. Con un año apenas de presencia, irrumpió en la escena política con una fuerza social inimaginable. El único partido que prometía ascender en el ámbito de la izquierda política. Se veía como la única alternativa para un cambio; sin apenas propaganda, siendo casi desconocido por la inmensa mayoría, dio la sorpresa en los comicios del año pasado consiguiendo cinco escaños en el Parlamento Europeo. Parece que después de las elecciones municipales de mayo, a las que se presentó con nombres distintos, ha perdido ilusión y fuerza, entre otras cosas porque sus dirigentes no están apoyados como por ejemplo Cs, por los medios de comunicación, y se mueven dentro de una economía libre, sin apoyo de grandes emporios empresariales y bancos, por lo que cuentan con pocos medios materiales para lanzar grandes campañas de propaganda. Ya se sabe de la fuerza sobre todo de la TV, donde si apareces, existes, y si no, no existes, y del manejo de los medios de comunicación para orientar a la opinión pública e inclinar la balanza a uno u otro lado.

De todos modos, PODEMOS cuenta con otras armas como son las redes sociales que tan buen papel jugaron en las anteriores elecciones, causando sorpresa su éxito. Su arraigo entre la gente joven es importante, una juventud que ha pasado del “pasotismo” a implicarse en la actividad política para remediar su terrible situación de desempleo (en España llega casi al 80 % entre los 19 y 28 años) y la falta de perspectivas laborales y académicas, así como la frustración causada por los anteriores representantes políticos a los que acusaron de no representarlos. No votaban muchos ciudadanos, sobre todo jóvenes, porque no apoyaban esas políticas, pero ahora, se han implicado en política y han vuelto a interesarse ante el mensaje lanzado por este nuevo partido. No les quedaba otra salida.

Quizá se repita la sorpresa de PODEMOS, y vuelvan a ser foco de la ilusión de aquellos que sabiendo lo que han tenido y padecido, opten por votar algo nuevo con visos de cambio y con políticos más cercanos al pueblo y más honrados.

Se presentan, en fin, unas elecciones inciertas, cuyo resultado nadie se atreve a predecir, y menos todavía, si seguirá o no gobernando el PP con su actual líder y presidente, Mariano Rajoy, pese a la buena imagen que le ha favorecido en las encuestas estos últimos días. Algo sí se puede asegurar, y se da por hecho, será el fin del bipartidismo. Esto en sí mismo constituye un cambio positivo. No habrá mayorías absolutas y los partidos tendrán que recurrir a unos y otros para poder tomar decisiones. Salvo sorpresa mayor.

Por Ramón Hdez de Ávila*
(Corresponsal de La ONDA digital en Madrid)

* Licenciado en Filosofía y Letras, Ciencias de la Información y Literatura, Profesor de Lengua y Literatura, Periodista y Escritor, con varios libros de historia de Madrid y de España en el mercado.

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