Arturo Ardao: periodista de ideas
y destacado filósofo

Profesora Lía Berisso*

El 30 y 31 de agosto se realizó un homenaje al Dr. Arturo Ardao quien fuera Decano de la Facultad de Humanidades, periodista del Semanario Marcha y destacado filósofo. En el evento que se realizó en momentos en que se cumplen 100 años de su nacimiento, intervinieron el profesor Juan Fló por la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación; Inés Moreno, coordinadora académica del Departamento de Filosofía; Yamandú Acosta, director del Instituto de Historia de las Ideas de la Facultad de Derecho; Horacio Cerutti Guldberg (México), Clara Alicia Jalif de Bertranou (Argentina); Hugo E. Biagini (Argentina); Raquel García Bouzas, Laura Vargas Mendoza (México), Lía Berisso y Jorge Liberati.

Las jornadas fueron Organizadas por la Udelar, el Centro de Estudios Interdisciplinarios Latinoamericanos, el Instituto de Filosofía de la Facultad de Humanidades, el Instituto de Historia de las Ideas de la Facultad de Derecho y por la Administración Nacional de la Educación Pública.

Lo que sigue son los tramos más salientes recogidos por La ONDA digital, de la exposición de la profesora Lía Berisso* durante este homenaje, que denominó “La filosofía política de Arturo Ardao: emancipación política y emancipación mental”.


“Ardao es, fuera de toda discusión, un filósofo de la generación uruguaya que florece entre 1939 y 1974 y que llamamos, siguiendo a Ángel Rama, “Generación Crítica” y es, muy especialmente, un hombre de “Marcha”. Su pensamiento puede - a los efectos de su estudio - separarse en tres grandes líneas, el trípode de una personalidad comprometida con la búsqueda de la luz. No sería inoportuno recordar, a propósito de él, las últimas palabras que se atribuyen a Goethe: “luz más luz”.

Distinguimos tres líneas fundamentales: filosofía política, historia de las ideas y filosofía teórica. Su trayectoria es meteórica. A los 21 años, secretario general de la Federación de Estudiantes y editor de “Jornada”. A los 23 se levanta en armas contra la dictadura de Terra en la tricolor revolución de enero. A los 26 escribe, en coautoría con su amigo de todas las horas - el maestro Julio Castro, su primer libro: “Vida de Basilio Muñoz”. A los 27 es autor del primer editorial de “Marcha”. Antes participa con Quijano en “El Nacional” - tenía entonces 19 años - y “Acción” y es partícipe de la Agrupación Nacionalista Demócrata Social, que funda Quijano en 1928. Ya no se separarán hasta la noche del exilio, impuesto por la dictadura más larga y sangrienta que vivió el país.

La profesora Berisso indicó también que su intención no es hacer “aquí una relación de su larga trayectoria espiritual o moral, siempre enlazada con la historia uruguaya. Hemos querido, simplemente, anotar los inicios de su vida militante. Vamos a hablar de Arturo Ardao periodista. ¿Qué tipo de periodismo? Periodismo de ideas, que es su forma básica de hacer filosofía política. Vamos a tomar para el análisis tres de los seis artículos por él firmados y publicados en los últimos seis números de “Marcha”, 1671 al 1676. Es obvio que es una parte muy pequeña de su producción en la temática, pero permite definir algunos rasgos fundamentales. Partimos para nuestro ejercicio del N° 1671 del 8 de febrero del 74, que titula “De la coexistencia a la cooperación”. Allí relata, esquemáticamente pero con trazo firme, la evolución del poder entre las potencias, desde 1940 cuando eran seis - Gran Bretaña, EE.UU., la Unión Soviética, Alemania, Italia, Japón - y ubica un hito en 1947, cuando se abre la “Era de los dos grandes”. Ardao los suele nombrar “Washington y Moscú” y, a veces, dice “La Casa Blanca” y el “Kremlin”. Son dos etapas históricas, la Guerra Fría y la coexistencia pacífica, y Ardao afirma aquí que esta última ha dirimido cooperación pacífica. Naturalmente nada sabe, en 1974, de la ulterior caída estrepitosa del régimen de Moscú que nosotros hemos presenciado. En 1947, nos recuerda, se preguntaba angustiado Toynbee, cuáles eran las perspectivas de que Estados Unidos y la Unión Soviética practiquen recíprocamente una no cooperación no violenta, durante un lapso de 30, 50, 100 años. Para Ardao, la expresión doblemente negativa, ha devenido - de hecho - doblemente afirmativa.

Nos encontramos, en 1974 en la cooperación pacífica. Y una vez más, ¿cuánto podrá durar la activa coparticipación de las dos potencias en una común conducción del planeta y hasta de la conquista del espacio? De este modo Ardao se sitúa, una vez más en este artículo, en lo que suele llamar “La Tercera Posición”.

El racconto analítico desemboca en la afirmación de que a América Latina, más perentoriamente que nunca, le urge la unión como único nombre de la autonomía posible. Autonomía, en primer lugar, respecto de los dos grandes, autonomía, como le gustaba señalar a Mario Sambarino - el otro gran filósofo de la Generación Crítica - directamente relacionada con la autenticidad (del griego “autentes”, dueño de sí mismo). En el número que resultará el final de la agonía del semanario en la agonía de la dictadura, el 22 de noviembre del 74 - el número 1676, el artículo de Arturo Ardao se titula “Independencia y Unión”. Dice Ardao: “Ayacucho, cuyo sesquicentenario ahora se celebra, significa ante todo independencia, pero significa también unión”. Luego se desenvuelve el racconto analítico y crítico de los hechos históricos y señala: “este espíritu unionista estaba ya presente en los estallidos emancipadores del año 10”. Refiere especialmente al gran mexicano Hidalgo. “Pero fue necesario que transcurrieran casi tres lustros”, dice Ardao, “para que se extendiera, se intensificara y se orquestara hasta el punto de dar por fruto la victoria de Sucre”. Refiere también a Artigas y a Bolívar en 1819 y cita: “unidos íntimamente por vínculos de naturaleza y de intereses recíprocos, por la mejor armonía y la unión más estrecha”. De este modo habla aquí, una vez más, su americanismo. Refiere finalmente a la histórica Circular de Lima, Bolívar, 1824, dos días antes de Ayacucho, que forma un todo con esa victoria de Ayacucho. Estoy citando uno y otro episodios, la circular y la batalla virtualmente simultáneos, fueron resultados de un mismo espíritu hispanoamericano, llegado entonces en tierras del Perú al máximo de su tensión y de su concentración, momento único no repetido antes ni después, en toda la historia del continente. Y culmina con aquello que nos anticipó desde el principio y se vincula de un modo directo con lo que había dicho en el artículo anteriormente considerado: “para las generaciones actuales”, dice Ardao, “tanto como de independencia, el de Ayacucho sigue siendo un mensaje de unión”.

Esto es americanismo de “América la nuestra”, como a Ardao le gustaba decir, es independencia - léase emancipación - que sólo es posible en la unión. Ese mensaje de unión serán las últimas palabras de Arturo Ardao en el Semanario “Marcha”. Entre estos artículos que hemos seleccionado para esta exposición, hay un tercero del 1° de noviembre del 74 - el N° 1674 de “Marcha” - que se ubica entre los otros dos, “El Gran Sesquicentenario”. Es más breve, repasa los mismos hechos históricos cambiando un poco los acentos y remarca el carácter de Hispanoamérica como una sola patria. Pero tiene algo peculiar: aquí se nombra la “segunda emancipación”, expresión que se encuentra en numerosos escritos de nuestro autor, pero no en los dos que anteceden en esta, nuestra breve presentación. Hay que notar que esa segunda emancipación de la cual aquí se está hablando, es una “segunda emancipación”, no sólo mental.

Algunos rasgos de la filosofía política de Ardao:
1) En primer lugar: “Nacionalismo y Antiimperialismo”, que son dos caras de la misma moneda. Vamos a citar a Carlos Quijano: “En un mundo dominado por las multinacionales, que son las formas más refinadas del capitalismo monopólico y, por lo mismo, son las antinacionales, todos los países - a excepción del Imperio, cuna y raíz de estas antinacionales y de otros pocos grandes - marchan hacia la desaparición. La unión no es una concepción teórica, una bachilleresca utopía. Es una exigencia vital: unirse o perecer. El lema “Nación Latinoamericana: juntos o dominados”, se resume en independencia y unión. Esto es alguna suerte de confederación de las patrias chicas en la Patria Grande latinoamericana”. Pero, ¿de qué nacionalismo nos habla Ardao? Por bajo el rótulo de “nacionalismo” hemos conocido variadas formas de sojuzgamiento humano. No se trata aquí del nacionalismo estrecho de la tierruca ni de la tierra y de la sangre. Aquí se trata de nacionalismo popular, de defensa de los pueblos frente al imperialismo. La guerra de defensa - como enseña el gran teórico de la estrategia Karl von Clausewit en el tomo II de “De la Guerra”, su obra cumbre - se caracteriza por dos rasgos: 1) es la única legítima; 2) a largo plazo, siempre se gana. Ejemplos clásicos: el fracaso de Napoleón en España y en Rusia; otro el de Francia primero y Estados Unidos después en Vietnam. Vamos nosotros a retroceder en el tiempo al libro “Vida de Baslio Muñoz” que fue escrito por Ardao, como decíamos, en coaturía con Julio Castro - como ustedes saben, desaparecido en 1977 y cuyos restos se encontraron recientemente, como todos los presentes (con la excepción probable de los invitados de otros países hermanos) deben conocer. Eran muy jóvenes y se apoyaron mutuamente en esta primera aventura libresca. El libro se terminó en 1937 y salió de la imprenta en 1938. Expresamente declaran los coautores: “No es este un trabajo histórico ni una tentativa de carácter literario. Es la nuestra una actitud militante”. E, inmediatamente, caracterizan: “País sudamericano el nuestro, vale decir, país de economía semifeudal, dependiente del capital extranjero”. El Cap. XIV y final de este libro, se titula: “La segunda emancipación” y contiene, entre otras cosas, el histórico Manifiesto de Río de Janeiro, dirigido al continente por Roberto Bosch y Basilio Muñoz que por ciertas circunstancias - que no son ahora del caso - salió sólo con la firma de Basilio Muñoz. Manifiesto que Ardao transcribe y del cual me voy a permitir leer las líneas finales: “El problema de la hegemonía democrática, la lucha antiimperialista en lo exterior y lo antidictatorial en lo interior…”, recuerdan ustedes, por supuesto, que eran tiempos de la dictadura de Terra en Uruguay y de la de Uriburu en Argentina, “… es común a todo el continente americano, por la libertad política, por la independencia económica”. Nosotros queremos resaltar que se nombran juntas: la libertad política y la independencia económica.

2) La necesaria emancipación mental, que es inseparable de las otras formas necesarias de emancipación - tal vez más materiales, pero idénticamente reales y necesarias - en Ardao se presenta (él prefiere, a veces) como la expresión “emancipación humana”. Dice Ardao: “La estima de lo propio constituye su origen en aquel radical punto para el que las comunidades, como para los individuos, el ser y el valor se identifican”. Dice también Ardao: “El problema de la emancipación mental que la generación romántica, retomando algunos anticipos de la anterior a ella, se planteara el día siguiente de la independencia política, se reformula en nuestros días en términos nuevos”. ¿Cuáles son esos términos que Ardao califica de “nuevos”? “La autonomía técnica en el plano profesional, ligada a la concepción de la filosofía como determinado tipo de conocimiento históricamente acumulado, organizado y hasta institucionalizado, se ha alcanzado por diversas vías y contribuye - paradójicamente - cuando es sólo autonomía técnica”, dice Ardao, “…a consolidar la dependencia mediante una acción colonizadora, ejercida ahora desde el interior de la propia latinoamérica. De este modo es necesaria la reasunción o prolongación de los tradicionales centenios de emancipación mental”, (estamos citando “De la inteligencia latinoamericana”) la toma de conciencia de una dependencia histórica global, externa e interna, de la que la intelectual es un aspecto cargado de responsabilidad social”. Hasta aquí Ardao. “Toda emancipación implica la autonomía técnica y la autonomía espiritual. La filosofía concebida como propósito, tarea o misión del filósofo, puede y debe nutrirse del apreciado bagage teórico e histórico, como de los recursos metodológicos alcanzados. La emancipación mental es una posición teórica, una actitud de espíritu a la cual se llega por virtud de profundas afinidades axiológicas y está indisolublemente ligada a la emancipación política, económica y social. No se lograrán emancipaciones parciales que resulten estables y duraderas, si separamos estos factores, priorizando exageradamente los unos sobre los otros, si bien pueden priorizarse taxativamente según el tiempo y el espacio. Pero no pueden separarse”. Estamos aquí también hablando de antiimperialismo, el cual atraviesa todos los planos. De lo que se trata es de emancipación humana y el hombre es, para Ardao, un ser total, no escindido. La antropología de Ardao marca su filosofía política y es política.

3) La idea artiguista de Confederación, que articulará el principio de la Patria Grande (“América la nuestra”). La expresión “popular” y “revolucionario” atravesará sus escritos desde que se suma, en su temprana juventud, a la tricolor revolución de enero. El análisis del nombre de “Nuestra Patria Grande”, ocupará un lugar señalado en su obra y es interesante observar el uso de la expresión “América latina” (“América” con mayúscula y “latina” con minúscula, donde “latina” es adjetivo) y la expresión final de “América Latina” (con “L” mayúscula) y que alterna en su uso con la expresión “Latinoamérica”.

4) La opción “demócrata social” - también de carácter medular - lo acompaña en forma explícita, por lo menos desde los 19 años. La democracia social de la que se trata, no se relaciona con la socialdemocracia histórica. Refiere a la idea de un socialismo democrático enraizado en la realidad de los uruguayos. La plataforma de principios de la Agrupación Nacionalista Demócrata Social debe ser releída cuidadosamente, entre otras cosas, porque los principios rectores que allí se expresan estarán presentes todo a lo largo de la vida de Ardao. Un detalle para ejemplificar y resaltar la importancia de los mismos: allí se hablaba ya de reforma agraria - “La reforma más urgente que necesita este país es la reforma agraria”. En la Declaración se afirma que lo económico prima sobre lo político, textualmente, “mejor dicho, lo determina”. Ardao - ya integrado a la Agrupación (era muy joven cuando se funda) - precisa que “no se puede hacer de la democracia un medio. Es un fin. No es posible separar lo político, lo social y lo espiritual”. Y define: “Eso es la democracia: libertad de conciencia e igualdad de derechos”. Estamos citando del periódico “Acción”, del 29 de junio de 1933, un artículo que tituló “Democracia y Eficacia”.

5) En cuanto al marxismo-leninismo, tal vez la mayor precisión con la firma de Ardao, sea la que se encuentra en el editorial de su autoría, oficiando como Director Responsable Interino de “Marcha” (Quijano se encontraba de viaje), en el número inmediatamente siguiente a la llegada a Montevideo de la noticia de la muerte del “Che”: “No somos comunistas. No lo somos porque no somos marxistas-leninistas en ninguno de los sentidos, estrictos o lactus, con que hoy se usa esta expresión en el lenguaje político militante. Y no somos marxistas-leninistas porque no compartimos el invisible contexto de teorías y métodos en el plano nacional e internacional que son propios del marxismo-leninismo. Dicho que de lo anterior, sin perjuicio de consignar a la vez nuestra deuda doctrinaria con los textos fundamentales - no sólo de Marx, sino del mismo Lenin - para la comprensión científica de los fenómenos de la sociedad y de la historia y para la orientación política en el seno de las grandes realidades del mundo contemporáneo”. Ya en 1958, en el editorial de “Marcha” que marca la disolución de la Agrupación Nacionalista Demócrata Social, Quijano también precisaba: “A Marx, una vez conocido, no se lo puede olvidar. Marca e impregna. Volveremos siempre a él para refutarlo, para contradecirlo, para negarlo, pero también para confirmarlo y confirmarnos”. Del texto de Ardao a la muerte del “Che”, al que hace un momento referíamos, queremos aún citar algunas palabras: “La causa por la cual Guevara ofrendó y generosamente su vida, es nuestra causa. La causa de la liberación de los pueblos de la América Latina del yugo imperialista”. Y refiere, una vez más, al texto del Manifiesto de Río de Janeiro antes citado. Estamos en “Marcha” 1375, del 20 de octubre del año 67.

6) En cuanto al tema del “Tercerismo”, Ardao preferirá la expresión “Tercera Posición”, que resalta que se trata de una posición de política internacional, no de una concepción filosófica medular y, tampoco, de una ideología. Así escribía Ardao en “Marcha” en 1966 (N° 1288 del 14 de enero de 1966) en el marco de una polémica con Aldo Solari y Carlos Real de Azúa: “Fue un término polémico (tercerismo) creado e impuesto por los adversarios de derecha, los pro Washington, para reunir bajo una sola denominación y atacar juntos a todos los sostenedores de una tercera posición. Crearon el término “tercerismo” precisamente para utilizarlo conforme a sus fines, como sinónimo de “comunismo” o, por lo menos, de “pro-comunismo””.

Luego de desarrollar estos 6 rasgos en el proceso de la elaboración intelectual de Ardao, Lía Berisso, recordo “una cita de Quijano, que es retomada por Ardao, quien hace suya estas expresiones: “La médula de nuestra acción es el enfoque antiimperialista de los problemas. Tenemos la conciencia de nuestra pequeñez nacional. Medimos las fuerzas entre las cuales, por la imposición de la geografía, vivimos. El imperialismo - no es la primera vez que lo decimos - no es un hecho que dependa de la buena o mala voluntad de los gobernantes foráneos. Es un hecho económico, sustancialmente, y por derivación, un hecho político. América Latina es hoy, por imposición de aquella geografía antes aludida y por imposición de las formas del supercapitalismo avasallador que domina en otros países, una zona de influencia de uno de los grandes. Continente productor de materias primas, semi-colonial, de masas populares atrasadas y sin clarificada conciencia nacional, regido por oligarquías venales, escépticas y corroídas por la ambición siniestra de asemejarse al extranjero, admirado y también, envidiado”.

“Algunas observaciones en relación a tres artículos de nuestro autor, que nos quedan del conjunto de los últimos seis números de “Marcha”, de los incontables que ha publicado, que hemos elegido para releer en este homenaje. El 24 de mayo de 1974, N° 1672, el artículo de Ardao se titula: “Constitución y Desarrollo”. Y plantea una crítica pragmática al “desarrollismo”. “La reforma constitucional aprobado en noviembre de 1966 se propagandeó como presidencialista y desarrollista. Se trababa de consagrar una constitución para el desarrollo”. Ardao constata que no ha habido tal desarrollo, y dice: “En ninguna otra de las reformas constitucionales que se han sucedido en el país durante este siglo XX, se había relacionado de semejante modo la cuestión constitucional con la cuestión económica”. Como ustedes saben, esa constitución creó la Oficina de Planeamiento y Presupuesto que, de hecho, sería la continuación y realización de la CIDE (Comisión de Inversiones y Desarrollo Económico) que a nivel administrativo y con carácter de asesor, funcionó a comienzos de la década de los 60 y formuló un Plan de Desarrollo Económico y Social, cuyos numerosos tomos, duermen aún en muchas bibliotecas.

Ardao establece meticulosamente el vínculo entre el “desarrollismo” y el “presidencialismo” - el Ejecutivo fuerte de la Reforma Constitucional de 1966 - vínculo que fue dominante en la imagen que del cambio constitucional presentaron sus impulsores. “De marzo de 1967 a mayo de 1974, la OPEP ha recorrido una parábola que la ha llevado de la más alta a la más baja cotización de sus acciones. De hecho ha venido a ser una “oficina agendística” de planeamiento presupuestal, concepción no ajena a la filosofía económica misma del “desarrollismo” en boga en la década del 60 y en plena crisis en la década del 70”. Hay que ubicar lo que se dice en el contexto histórico en el cual se dice. En mayo de 1974, la dictadura era desembozada y la Constitución de la cual habla, ya ha sido violada reiteradamente y de un modo más o menos absoluto.

Pero la pretensión del régimen, sigue siendo desarrollista, de hecho. El desarrollo en las condiciones de dependencia, es muy escasamente posible, si no simplemente imposible. Como es imposible una emancipación mental que no esté acompañada de emancipación política, económica y social. Pero Ardao no lo dice en este texto. Habla, simplemente, de la crisis del modelo desarrollista. “Marcha” se publica en este número después de una clausura de tres meses y medio. Su artículo sobre “Métodos de Reforma” del número siguiente, publicado el 31 de mayo de 1974, fue motivo alegado por la dictadura para cerrar el semanario por otras veinte semanas. Y buen cuidado tenía el académico, el profesor y decano, para moverse en la malla alevosa de las circunstancias. El diario “La Mañana” del 7 de junio de 1974, publica la resolución de clausura con un copete según el cual ésta se basa en que se atribuye en el artículo de Ardao: “…propósitos dictatoriales al Poder Ejecutivo”. Ya estábamos en plena dictadura. No vamos a transcribir el decreto.

En el que resultó ser el penúltimo número de “Marcha”, publicado el 15 de noviembre del 74 - el 1675 - Ardao nos habla de Pedro Figari. Ya lo había hecho antes en “Marcha” misma, por ejemplo en el N° 1499 del 26 de junio del 70 - “Figari en la generación uruguaya del 900”. Pero aquí no se trata simplemente de Figari - a quien cita largamente - sino de decir ciertas cosas a propósito de él o con el pretexto de él. El artículo se titula: “Arte e Industria”.

Finalmente indicó que quería; “terminar estas palabras en homenaje a Arturo Ardao con el lema de “Marcha”: “Navegar es necesario, vivir no es necesario”.

* Lía Berisso: Ingeniera Electromecánica (UBA, Argentina, 1983), con estudios de postgrado en telefonía digital internacional (San Pablo y Estocolmo). Licenciada en Filosofía (UdelaR, 1997). Actualmente redactando tesis doctoral (UBA) 15 años de ejercicio profesional de Ingeniero. Docente de Facultad de Humanidades (UdelaR) desde 1993. Pertenece actualmente al Departamento de Filosofía de la Práctica.

LA ONDA® DIGITAL

Portada


Contáctenos

Archivo

Números anteriores

Reportajes

Documentos

Recetas de Cocina

Marquesinas


© Copyright 
Revista
LA ONDA digital