Susana Soca: Poetisa, crítica literaria y
difusora generosa de la literatura

por la escritora Julia Galemire

"Ella sometió secretamente su existencia

a la existencia de la poesía, y la poesía

que ve en lo secreto, la recompensará

en público, rescatándola de los ardides

de la muerte": ( "La Licorne, Nº 12, 1959)

 

Susana Soca, nació en Montevideo el 19 de julio de 1906 y murió el 11 de enero de 1959 en un accidente de aviación sobre la selva del Amazonas. Los uruguayos actualmente conocen poco de esta valiosa poetisa y gran difusora de la literatura. Pero en particular lo que menos se conoce en profundidad, es la amplia actitud solidaria de Susana Soca desde Paris donde residía,

 especialmente durante la Segunda Guerra Mundial.

 

Nacida en una familia de clase alta, única hija del médico Francisco Soca y de Luisa Blanco Acevedo, En 1948 aparecieron sus primeros textos poéticos y póstumamente la antología que tenía preparada, "En un país de la memoria".

 

El pasado 14 de abril  organizado por la Comuna de Canelones en conjunto con la Alianza Francesa, bajo el auspicio de la Embajada de Francia en Uruguay, se inauguró una muestra sobre  Susana Soca en la Capilla de la localidad de Soca.  Esta capilla por años abandonada  es obra del arquitecto Antonio Bonet, quien la diseñó, la capilla se construyo en honor de Susana en la localidad que recuerda a su padre. La muestra se podrá ver en los próximos días en Montevideo, en la Alianza Francesa y la Biblioteca Nacional.  Lo que se puede leer a continuación es el trabajo de la escritora Julia Galemire, escrito para La ONDA Nº 46 y 47, sobre esta poetisa uruguaya.

 

- Un silencio difícil de explicar, ha rodeado la trayectoria poética y también los detalles de la vida habitual de Susana Soca, salvo las circunstancias de su trágica muerte que, en su momento tuvieron amplia repercusión en la prensa local. Personalmente, yo tenía vagos conocimientos sobre su obra, hasta que en un puesto de venta callejera de libros, pude adquirir una de sus poemarios -difíciles de hallar hoy en día-, "Noche cerrada", cuya lectura me atrajo de inmediato, comprobando que su poesía encerraba, a mi juicio, significativos valores. Por lo demás, me interesó conocer su labor de crítica literaria y difusora generosa de la literatura nacional y extranjera. 

 

Su nombre y sus trabajos, están ligados estrechamente a las entregas de la revista que ella imaginó, fundó y dirigió hasta su desaparición física, "La Licorne" y a su labor poética publicada en dos libros póstumos editados en nuestro país por quienes fueron sus amigos. "En un país de la memoria", en 1959 y "Noche cerrada", en 1962, a los que se agregó un tercer libro, en 1966, que recoge una serie de artículos literarios publicados en "La Licorne" y en otras publicaciones, en los  que se analiza la obra y personalidad de Rilke, Jules Supervielle, Kierkegaard, Sor Juana de la Cruz y otros. 

 

Agreguemos que su muerte se produjo en  aquel año de 1959, en un accidente de aviación cuyas características, digamos episódicas, parecen encerrar en verdad, una burla del destino. Susana Soca, siempre viajaba por distintas líneas aéreas, pero enterada de que los aviones de la Lufthanza nunca habían sufrido un accidente, cambió a última hora su pasaje para viajar con mayor seguridad. El avión en el que viajaba cayó en plena selva amazónica.

 

Tenía entonces 52 años de edad y era hija de un eminente médico, el doctor Francisco A. Soca, perteneciendo por lo tanto a una familia tradicional del Montevideo de la época, lo que le permitió alcanzar una educación esmerada, no sólo en el Uruguay, sino también en París. 

 

A su desaparición, en el número 12 de "La Licorne", que ella alcanzó a programar antes de emprender el que sería su último viaje, se publicó una nota de redacción, sin firma, en la que se trazó, no ya una nota biográfica de Susana, sino más bien, y ello es lo interesante, un retrato espiritual de quien ya, había cumplido su destino y sus mandatos terrenales. En esas líneas, podemos percibir los rasgos esenciales de su personalidad, de las inquietudes que animaban su sentido de lo real. Por ejemplo, hallar los signos de la fidelidad que profesaba a quienes la habían acompañado en algunas de las instancias decisivas de su vida. Así, en el primer número de la revista uruguaya, en 1953, recordó con singular afecto a su amigo Paul Eluard, que había muerto un año antes, el insigne poeta que la había animado a fundar "La Licorne" en el París de 1947 y que fue uno de los incansables colaboradores de la misma. 

 

La revista fue, como lo hemos señalado, un hito inseparable de su existencia desde esa primavera del 47. cuando se publícó su entrega inicial en idioma francés en París, con un índice en el que figuraban Jules Supervielle, Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Thomas S. Eliot y nuestro narrador Felizberto Hernández, en tanto en la segunda, que se editó en el otoño de 1948, se pueden encontrar las firmas de Jorge Guillén, Roger Caillois, Rafael Alberti, Alfonso Reyes y otros. Como hemos señalado en 1953, "La Licorne", inició su segunda etapa, ya en Montevideo y en español. En ese nuevo tiempo, el formato y presentación tomaron un tono de marcada elegancia, que hacían recordar a ciertas revistas culturales francesas y en su presentación, Susana, en una suerte de prólogo, recordó las circunstancias que la llevaron a realizar tan difícil empresa. 

 

Mencionó en la oportunidad que en la capital francesa ocupada por los nazis, una tarde de mucho calor, en la trastienda de un pequeño restaurante  ubicado en las cercanías de los Inválidos, entre un mundo de noticias dolorosas en cuanto revelaban los fusilamientos, los arrestos y deportaciones de los patriotas franceses por parte de las tropas de ocupación, sus amigos hablaron de sus proyectos, de sus sueños, de lo que iban a hacer cuando pasara la pesadilla en la que se encontraban inmersos. 

 

Fue entonces, cuando Susana dijo que deseaba fundar "una revista que se ocupe con particular atención de un intercambio entre nuestras dos lenguas y sus literaturas respectivas".  Eluard, asistente a la reunión y que vivía, por otra parte, bajo nombre supuesto, apoyó la idea, afirmando; "Esta revista no sólo puede hacerse, sino que hay que hacerla. Y yo ayudaré. No necesita justificación, está justificada de antemano". Bajo esos auspicios nació "La Licorne". 

 

Y agrega un dato a tener en cuenta: el nombre "La Licorne". fue elegido, no como una referencia al animal fabuloso, el Unicornio, sino a la figura astronómica que representa a una constelación pequeña y discreta perteneciente al cielo del norte y vista desde el mar.  

 

Al comenzar la nueva etapa y viviendo en otra latitud, su creadora consideró que ya no tenía razones valederas para cambiarle el nombre, al que le agregó la palabra castellana " Entregas", para certificar la relación profunda en "La Licorne" francesa y la uruguaya. 

 

(2) Susana Soca: poetisa, crítica literaria

y  difusora generosa de la literatura

En ese mismo número, el recordado José Bergamín, abordó la ejecutoria de Paul Eluard, a quien consideraba "uno de los significativos y singulares poetas de nuestro tiempo" y cuya gran virtud fue la de no haber traicionado el secreto místico, misterioso y santo de la poesía.

 

La misma Susana, definió la poesía de su amigo Eluard, el que había muerto un tiempo antes, afirmando que el poeta francés "usaba un lenguaje propio, en el que las palabras de todos los días adquirían propiedades específicas y en el vertía la totalidad de su experiencia". En ese texto, puede apreciarse el criterio con que Susana enfocaba la obra ajena.

 

En el tercer número y en unas diez páginas, hizo un estudio crítico de la obra de María Eugenia Vaz Ferreira, en el que se ponen de manifiesto algunas peculiaridades de la autora de "La isla de los cánticos", como ser esa armadura retórica muy difícil de comprender con la que revestía sus poemarios y que en cierta manera, revelaba el pudor universal que María Eugenia sentía frente al mundo y a las cosas.

 

Otro punto destacable que Susana encontró en la poesía de quien era objeto de un análisis, es que en la misma no se menciona a los seres que continuamente o en algún momento, la rodearon. María Eugenia, recordaba, a propósito -caso extraño, en verdad- que nunca había podido escribir una sola línea dedicada a su padre, a pesar de que continuamente pensaba en él, a partir de su muerte. Católica que, domingo a domingo concurría a misa, sólo una vez en su producción poética mencionó a Cristo.

 

Estas breves anotaciones, nos revelan a una Susana Soca en función de ejercer la crítica literaria, una tarea que en ella coexistía con la empresaria cultural -llamémosla así-, fundadora y directora de "La Licorne" y con la creadora. En esta última faceta de su personalidad, Susana puede ser considerada una genuina representante de la escritura poética uruguaya. Aunque, como sucede con muchos otros, pienso en poetas de nuestro país como Pedro Picatto, Saúl Pérez Gadea, Alberto Mediza ¿y en cuantos más?, que se encuentran hoy en un olvido inexplicable..

 

En esa tarea, expresaba un estilo definido de creación. Un cierto esteticismo de cuño afrancesado -no podía ser de otro modo- impregnaba su discurso poético. A esa cualidad, se unía un lirismo que en ningún momento decaía. Por el contrario, se afirmaba en cada estrofa con matices delicados, mostrando una elocuencia poco frecuente.

 

Podemos en tal sentido, recordar un fragmento de su poema "Amanecer", en el que utilizó un lenguaje pleno de nostalgia y en el que dice, en sus primeras estrofas: "Ninguna voz, ninguna mano / me han de llevar al recorrido / país de la memoria. / Se cierra ahora como una nube / el camino del día primero al nuevo día / que brilla y se prolonga / en los canteros de la mañana". En ese lirismo profesado cuidadosamente, jugaban sus roles la memoria, la vida y la muerte, el tiempo que en ella era transparencia, las imágenes de los seres y las cosas, las fronteras entre el cielo y la tierra tan inaccesibles. Pero, ¿ que pensaba Susana de la poesía ?. En tal sentido, sus ideas eran ambiciosas, en tanto aspiraba a la grandeza poética en su más alta acepción. Ello, se puede percibir en el poema "A las 7, la luna", en la que Susana evoca algunos fantasmas de su sensibilidad, la noche, los espejos y con mayor precisión, la luna: así, nos dice en un fragmento: "Vuelva a su infancia en medio de la escarcha / aquella que tomaba para sí / el esplendor de la reciente noche / y en transitoria casa de espejos recogía / el largo centelleo. / Avecindado a nuestros ojos cabe / alto y sin soledad el esplendor más solo./ " Para concretar esa aventura espiritual, pensaba, "que pertenecen al dominio de la grandeza poética, la posibilidad de encarnar la multitud, el mundo real, las aspiraciones comunes, superadas y confundidas en una exaltación particular, y el poder de hacerlas perceptibles para todos". Ese concepto que ella escribiera, y que se insertó a manera de prólogo en la edición póstuma de 1962 de "Noche cerrada", precede a una muy valiosa definición de las tareas que cumple el poeta, y así nos dice Susana lo siguiente, que se nos aparece a manera de consejo para quienes se inician en este difícil arte.

 

"El poeta -afirma- es un ser que intenta describir sin tregua lo que sin tregua percibe en la vigilia y en los multiplicados planos del sueño". Y prosigue; "Se acerca con peculiar sigilo al silencio de las cosas, observa, describe, adapta el lenguaje a esas zonas próximas al silencio". Susana en su concepción de lo poético, considera además que el poeta hace música, pero que por razones que no aclara en su artículo, "no puede escucharla nunca", aunque otros si la escuchan, concluyendo entonces que alguna vez esa música se hace concreción en sus oyentes, y "como siempre, está en la realidad de la poesía".

 

Era en definitiva, una poeta de largo aliento -se puede apreciar esa condición en sus poemas de considerable extensión-, cuidadosa al extremo en el lenguaje y, da la impresión al leerla que debía escribir y corregir mucho, diría en forma implacable. Es cierto, que hay que leerla con detenimiento, valorando cada palabra, cada frase, tratando de penetrar con fina paciencia, en lo que ella quería expresar; sus emociones, sus nostalgias, sus experiencias sentimentales.

 

Todo en su poética se mueve por el terreno del símbolo, de la interpretación. No es por lo tanto, una creadora de fácil lectura. Sin embargo, eso es lo importante, Susana Soca nos dejó en sus textos, una riqueza expresiva que lleva al lector a un goce estético de significación.

 

Ella dijo alguna vez que el poeta debe subsistir en cada poema, debe comunicar algo a alguien en cada poema: ella, indudablemente lo logró.

 

No podría en tanto, concluir estas nota, sin recordar que en 1960, Jorge Luis Borges escribió un soneto para su amiga Susana Soca, fallecida el año anterior y cuyo texto dice:

 

"Con lento amor miraba los dispersos colores de la tarde. Le placía perderse en la compleja melodía, en la curiosa vida de los versos.

 

No el rojo elemental sino los grises hilaron su destino delicado, hecho a discriminar y ejercitado en la vacilación y en los matices.

 

Sin atreverse a hollar este perplejo laberinto, atisbaba desde afuera las formas, el tumulto y la carrera, como aquella otra dama del espejo. Dioses que moran más allá del ruego la abandonaron a ese tigre, el Fuego. La ONDA® digital Nº 46, 47.

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